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Internacional
miércoles, 29 de julio de 2026

La oportunidad peruana

La llegada de Keiko Fujimori a la presidencia de Perú cierra una década de profunda inestabilidad institucional. Su victoria, además, ha sido extraordinariamente ajustada, reflejo de un país dividido

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

La oportunidad peruana Keiko Fujimori dispone de una ocasión excepcional. Puede refugiarse en los viejos reflejos del poder personalista o construir una legitimidad propia Escucha el artículo. 3 min Regala esta noticia Añádenos en Google Fujimori toma juramento a su gabinete ministerial. (EFE) Editorial 29/07/2026 Actualizado a las 20:11h. La llegada de Keiko Fujimori a la presidencia de Perú cierra una década de profunda inestabilidad institucional.

Su victoria, además, ha sido extraordinariamente ajustada, reflejo de un país dividido y de un fujimorismo que sigue despertando odios tan intensos como adhesiones. Esos temores tienen fundamentos históricos que no pueden ser ignorados. Alberto Fujimori dejó un legado ambivalente.

Bajo su presidencia, Perú derrotó a Sendero Luminoso y estabilizó una economía devastada por la hiperinflación, sentando las bases del prolongado crecimiento posterior. Pero aquel éxito quedó empañado por el autoritarismo, las vulneraciones de derechos fundamentales y, sobre todo, por la corrupción sistémica encarnada por Vladimiro Montesinos y la red de poder clandestino que terminó descomponiendo al régimen. Sin embargo, sería un error dar por hecho que la hija está condenada a reproducir la historia del padre.

Keiko Fujimori llega al poder en un contexto distinto, con un sistema político fragmentado, una opinión pública más vigilante y unas instituciones sometidas al escrutinio permanente. Además, durante los últimos años ha estrechado relaciones con el centroderecha europeo y ha moderado parte de su discurso. Esa evolución no constituye una garantía, pero sí una posibilidad que merece ser juzgada por los hechos.

Su verdadero desafío consistirá en demostrar que el fujimorismo puede evolucionar hacia un conservadurismo democrático plenamente compatible con el Estado de derecho. Su promesa más importante, la que atiende a la demanda generalizada de orden y seguridad (que se da en casi toda Iberoamérica) frente al narcotráfico y una criminalidad creciente, solo será legítima si se ejerce dentro de los límites constitucionales, con respeto a la independencia judicial, la libertad de prensa y las garantías individuales. La reciente reforma constitucional, con el restablecimiento del Senado, ofrece una oportunidad para corregir los incentivos perversos que convirtieron la política peruana en una sucesión de bloqueos y crisis.

Si esa nueva arquitectura institucional aporta estabilidad y favorece acuerdos duraderos, Perú podrá empezar a superar la excepcionalidad política que ha hecho que en diez años haya tenido ocho presidentes y veintiún primeros ministros. Tan solo en los últimos cinco años, ha habido más de 170 ministros y quince ministros del Interior Perú representa desde hace años una paradoja latinoamericana: una economía razonablemente sólida conviviendo con un sistema político precario. Esa divergencia no puede prolongarse indefinidamente.

El crecimiento necesita instituciones previsibles; estas recuperarán legitimidad si traducen ese crecimiento en seguridad, servicios públicos y oportunidades. Keiko Fujimori dispone de una ocasión excepcional. Puede refugiarse en los viejos reflejos del poder personalista o construir una legitimidad propia.

Su victoria ha sido demasiado estrecha para gobernar únicamente para los suyos. La reconciliación entre la política y la economía peruanas exige fortalecer las instituciones y demostrar que el orden solo resulta duradero cuando descansa sobre la legalidad. Y esa elección marcará generaciones.

Temas Política Perú Iberoamérica Keiko Fujimori comentarios Reportar un error La oportunidad peruana Keiko Fujimori dispone de una ocasión excepcional. Puede refugiarse en los viejos reflejos del poder personalista o construir una legitimidad propia Escucha el artículo. 3 min Regala esta noticia Añádenos en Google Fujimori toma juramento a su gabinete ministerial. (EFE) Editorial 29/07/2026 Actualizado a las 20:11h. La llegada de Keiko Fujimori a la presidencia de Perú cierra una década de profunda inestabilidad institucional.

Su victoria, además, ha sido extraordinariamente ajustada, reflejo de un país dividido y de un fujimorismo que sigue despertando odios tan intensos como adhesiones. Esos temores tienen fundamentos históricos que no pueden ser ignorados. Alberto Fujimori dejó un legado ambivalente.

Bajo su presidencia, Perú derrotó a Sendero Luminoso y estabilizó una economía devastada por la hiperinflación, sentando las bases del prolongado crecimiento posterior. Pero aquel éxito quedó empañado por el autoritarismo, las vulneraciones de derechos fundamentales y, sobre todo, por la corrupción sistémica encarnada por Vladimiro Montesinos y la red de poder clandestino que terminó descomponiendo al régimen. Sin embargo, sería un error dar por hecho que la hija está condenada a reproducir la historia del padre.

Keiko Fujimori llega al poder en un contexto distinto, con un sistema político fragmentado, una opinión pública más vigilante y unas instituciones sometidas al escrutinio permanente. Además, durante los últimos años ha estrechado relaciones con el centroderecha europeo y ha moderado parte de su discurso. Esa evolución no constituye una garantía, pero sí una posibilidad que merece ser juzgada por los hechos.

Su verdadero desafío consistirá en demostrar que el fujimorismo puede evolucionar hacia un conservadurismo democrático plenamente compatible con el Estado de derecho. Su promesa más importante, la que atiende a la demanda generalizada de orden y seguridad (que se da en casi toda Iberoamérica) frente al narcotráfico y una criminalidad creciente, solo será legítima si se ejerce dentro de los límites constitucionales, con respeto a la independencia judicial, la libertad de prensa y las garantías individuales. La reciente reforma constitucional, con el restablecimiento del Senado, ofrece una oportunidad para corregir los incentivos perversos que convirtieron la política peruana en una sucesión de bloqueos y crisis.

Si esa nueva arquitectura institucional aporta estabilidad y favorece acuerdos duraderos, Perú podrá empezar a superar la excepcionalidad política que ha hecho que en diez años haya tenido ocho presidentes y veintiún primeros ministros. Tan solo en los últimos cinco años, ha habido más de 170 ministros y quince ministros del Interior Perú representa desde hace años una paradoja latinoamericana: una economía razonablemente sólida conviviendo con un sistema político precario. Esa divergencia no puede prolongarse indefinidamente.

El crecimiento necesita instituciones previsibles; estas recuperarán legitimidad si traducen ese crecimiento en seguridad, servicios públicos y oportunidades. Keiko Fujimori dispone de una ocasión excepcional. Puede refugiarse en los viejos reflejos del poder personalista o construir una legitimidad propia.

Su victoria ha sido demasiado estrecha para gobernar únicamente para los suyos. La reconciliación entre la política y la economía peruanas exige fortalecer las instituciones y demostrar que el orden solo resulta duradero cuando descansa sobre la legalidad. Y esa elección marcará generaciones.

Temas Política Perú Iberoamérica Keiko Fujimori comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Javier Ruiz, sobre sus orígenes humildes: «Mi abuelo era minero y la familia de mi madre viene de un camionero que montó una yesería y trabajaba el olivar» Inés Romero Mercadona confirma el origen de las sandías que vende en sus supermercados este verano David Maroto Valencia

Publicado por Redacción · miércoles, 29 de julio de 2026

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