Es imposible despejar esta X
Tercera noche consecutiva en la que el Alcázar se convierte en la guarida del mejor flamenco que se pueda escuchar. Anda la piedra de las murallas recubierta de la esencia, con el león del azulejo ens
Bienal 2026 Es imposible despejar esta X Dolores Agujetas, Antonio de la Malena y Luis el Zambo funden con 'Xerezanías' la pureza de su tierra en el Patio de la Montería del Alcázar Regala esta noticia Añádenos en Google Dolores Agujetas arrancándose las duquelas con su cante. (Juan Flores) Santi Gigliotti 16/09/2026 a las 23:14h. Tercera noche consecutiva en la que el Alcázar se convierte en la guarida del mejor flamenco que se pueda escuchar. Anda la piedra de las murallas recubierta de la esencia, con el león del azulejo ensayando en un delirio infantil rugidos de arte, aguardando ... para acoger en su interior una de las propuestas más auténticas, la que protagonizan tres de los clanes que vertebran uno de los territorios cuya singular impronta marcó y sigue marcando la historia del flamenco.
En Jerez de la Frontera el flamenco no se aprende, se mama. Sale de los bordillos, de las calichas, habita en el líquido amniótico, en los pies descalzos, en las cazuelas, en las sillas de plástico, en los moños. A eso vienen los tres representantes de cada uno de los rincones de la tierra del vino, a traer ese personalísimo concepto a los altares del cante, a honrar el legado de sus genealogías.
Luis el Zambo, por parte del barrio de Santiago, Dolores Agujetas, encarnando a la Plazuela y Antonio de la Malena portando ese divino cruce entre Jerez y Lebrija. Todos ellos bajo la batuta y el toque de Manuel Valencia, que dirige este espectáculo bautizado como 'Xerezanías'. En la Plaza del Triunfo corre un aire muy rico, que hace que algunos se congratulen del clima y que otros se preocupen por si luego van a echar en falta haber cogido una rebequita.
Dentro, en el Patio de la Montería los acomodadores van ordenando la afluencia, a algunos les piden que ejerzan de fotógrafos de oficio. Un hombre, loco por la música, comenta que echa en falta un ambigú. Él mismo termina de responderse que claro, que estamos en el Alcázar, y que tampoco es plan de que rueden botellines.
Emilio Morenatti, en mitad del pasillo, prepara su objetivo como el que prepara un cañón que petrifica momentos, apuntando hacia la fachada mudéjar del Palacio del Rey Pedro I. De los focos sale una neblina embaucadora que se aprecia cuando se apagan las luces y solo se ilumina el escenario. Manuel Valencia y Manuel Salado salen con las sonantas y tras unos toques sobre el envés de la guitarra comienzan a tocar mientras que Javier Peña y Juan Diego Valencia hacen palmas.
Antonio de la Malena sale de una esquina con un traje azul mediodía en Sevilla, pelo blanco hacia atrás, camisa por fuera y nudo de la corbata en huelga. Canta con los ojos cerrados mientras los nudillos de los percusionistas se chocan con una pequeña mesa. Soleá por bulerías.
De la otra esquina aparece Luis El Zambo con un traje negro y los cuellos de la camisa blanca abiertos. Un escalofrío recorre al público. Los dos cantaores se miran de frente.
Dolores Agujetas sale arrastrándose, cojeando con la elegancia de las señoras que van a hacer los mandaos, melena negra orientada al hombro y un traje largo azul rematado en flecos. Su voz es un puñado de arena rugosa, de la que se pega en los pies morenos en las tardes de playa. Ya están los tres puntales de Jerez sobre el tapete.
Cada uno tiene su hueco en solitario en lo que no es un duelo de estilos, sino una prueba de todo lo que cabe en las calles donde nacieron. El de la Malena es pólvora, relámpago, dientes clavados sobre el aire. Alegrías de Cádiz.
Devora las notas de la guitarra de Manuel Salado y las posa en las palmas de sus manos. El pendiente de su oreja izquierda tiembla con el ritmo de sus pulsos. Los tientos los canta a tientas, con sus párpados entornados en agonía, buscando furia en sus pulmones, alegría en la velocidad.
Tangos por Triana. Manuel Valencia introduce por seguiriyas a Dolores Agujetas, que sube despacio, muy despacio, los escalones que la separan de la tarima. Con el sello de su familia a cuestas se pone a firmar sobre el aire.
Es una matriarca sentada al fresco, ordenando al viento que se abra para que quepa la grandeza de los arañazos de su ronquera. Se da golpes en el pecho que resuenan en las conciencias, es parte de lo que dice. Levanta el dedo, apoya el puño sobre el muslo, y cuenta verdades que parece que solo pueden transitar por su garganta.
Fatigas negras que hacen que uno se replantee lo que es padecer. Se deshace en una corriente de espasmos que pone a tiritar a las estrellas: «Ay, omaíta, aquí está Jerez». Por fandangos pone oscuridad sobre la oscuridad, pierde hilos con los que teje un sueño de estrofas.
El Zambo canta por malagueñas. Lleva espinas de pescao en las manos. Va y viene de un viaje de dolores.
Se arruga y se plancha, metal antiguo del que lleva la sangre a la cabeza. La fiesta termina por bulerías con las Tatas sobre el escenario. El Patio de la Montería se convirtió en una calle de Jerez.
Todo fue de verdad, duquelas y jaleos, una honestidad misteriosa. Es imposible despejar la X de estas 'Xerezanías'. Pureza.
Temas La Bienal de Flamenco de Sevilla comentarios Reportar un error Bienal 2026 Es imposible despejar esta X Dolores Agujetas, Antonio de la Malena y Luis el Zambo funden con 'Xerezanías' la pureza de su tierra en el Patio de la Montería del Alcázar Regala esta noticia Añádenos en Google Dolores Agujetas arrancándose las duquelas con su cante. (Juan Flores) Santi Gigliotti 16/09/2026 a las 23:14h. Tercera noche consecutiva en la que el Alcázar se convierte en la guarida del mejor flamenco que se pueda escuchar. Anda la piedra de las murallas recubierta de la esencia, con el león del azulejo ensayando en un delirio infantil rugidos de arte, aguardando ... para acoger en su interior una de las propuestas más auténticas, la que protagonizan tres de los clanes que vertebran uno de los territorios cuya singular impronta marcó y sigue marcando la historia del flamenco.
En Jerez de la Frontera el flamenco no se aprende, se mama. Sale de los bordillos, de las calichas, habita en el líquido amniótico, en los pies descalzos, en las cazuelas, en las sillas de plástico, en los moños. A eso vienen los tres representantes de cada uno de los rincones de la tierra del vino, a traer ese personalísimo concepto a los altares del cante, a honrar el legado de sus genealogías.
Luis el Zambo, por parte del barrio de Santiago, Dolores Agujetas, encarnando a la Plazuela y Antonio de la Malena portando ese divino cruce entre Jerez y Lebrija. Todos ellos bajo la batuta y el toque de Manuel Valencia, que dirige este espectáculo bautizado como 'Xerezanías'. En la Plaza del Triunfo corre un aire muy rico, que hace que algunos se congratulen del clima y que otros se preocupen por si luego van a echar en falta haber cogido una rebequita.
Dentro, en el Patio de la Montería los acomodadores van ordenando la afluencia, a algunos les piden que ejerzan de fotógrafos de oficio. Un hombre, loco por la música, comenta que echa en falta un ambigú. Él mismo termina de responderse que claro, que estamos en el Alcázar, y que tampoco es plan de que rueden botellines.
Emilio Morenatti, en mitad del pasillo, prepara su objetivo como el que prepara un cañón que petrifica momentos, apuntando hacia la fachada mudéjar del Palacio del Rey Pedro I. De los focos sale una neblina embaucadora que se aprecia cuando se apagan las luces y solo se ilumina el escenario. Manuel Valencia y Manuel Salado salen con las sonantas y tras unos toques sobre el envés de la guitarra comienzan a tocar mientras que Javier Peña y Juan Diego Valencia hacen palmas.
Antonio de la Malena sale de una esquina con un traje azul mediodía en Sevilla, pelo blanco hacia atrás, camisa por fuera y nudo de la corbata en huelga. Canta con los ojos cerrados mientras los nudillos de los percusionistas se chocan con una pequeña mesa. Soleá por bulerías.
De la otra esquina aparece Luis El Zambo con un traje negro y los cuellos de la camisa blanca abiertos. Un escalofrío recorre al público. Los dos cantaores se miran de frente.
Dolores Agujetas sale arrastrándose, cojeando con la elegancia de las señoras que van a hacer los mandaos, melena negra orientada al hombro y un traje largo azul rematado en flecos. Su voz es un puñado de arena rugosa, de la que se pega en los pies morenos en las tardes de playa. Ya están los tres puntales de Jerez sobre el tapete.
Cada uno tiene su hueco en solitario en lo que no es un duelo de estilos, sino una prueba de todo lo que cabe en las calles donde nacieron. El de la Malena es pólvora, relámpago, dientes clavados sobre el aire. Alegrías de Cádiz.
Devora las notas de la guitarra de Manuel Salado y las posa en las palmas de sus manos. El pendiente de su oreja izquierda tiembla con el ritmo de sus pulsos. Los tientos los canta a tientas, con sus párpados entornados en agonía, buscando furia en sus pulmones, alegría en la velocidad.
Tangos por Triana. Manuel Valencia introduce por seguiriyas a Dolores Agujetas, que sube despacio, muy despacio, los escalones que la separan de la tarima. Con el sello de su familia a cuestas se pone a firmar sobre el aire.
Es una matriarca sentada al fresco, ordenando al viento que se abra para que quepa la grandeza de los arañazos de su ronquera. Se da golpes en el pecho que resuenan en las conciencias, es parte de lo que dice. Levanta el dedo, apoya el puño sobre el muslo, y cuenta verdades que parece que solo pueden transitar por su garganta.
Fatigas negras que hacen que uno se replantee lo que es padecer. Se deshace en una corriente de espasmos que pone a tiritar a las estrellas: «Ay, omaíta, aquí está Jerez». Por fandangos pone oscuridad sobre la oscuridad, pierde hilos con los que teje un sueño de estrofas.
El Zambo canta por malagueñas. Lleva espinas de pescao en las manos. Va y viene de un viaje de dolores.
Se arruga y se plancha, metal antiguo del que lleva la sangre a la cabeza. La fiesta termina por bulerías con las Tatas sobre el escenario. El Patio de la Montería se convirtió en una calle de Jerez.
Todo fue de verdad, duquelas y jaleos, una honestidad misteriosa. Es imposible despejar la X de estas 'Xerezanías'. Pureza.
Temas La Bienal de Flamenco de Sevilla comentarios Reportar un error Moldeador de pelo Cecotec AirGlisse 14in1: 14 accesorios en un solo aparato Teresa Rodríguez García El Gran Wyoming, sobre sus estudios universitarios: «Hice Medicina y trabajé como médico, pero había mucho paro» Inés Romero Juan del Val, sobre las próximas elecciones: «Hay gente que piensa que lo que viene es mucho peor y por eso se queda con Pedro Sánchez» Marina Ortiz