Pactos de Estado, dice
Un pacto de Estado contra los incendios (o contra la 'emergencia climática' en el lenguaje del Gobierno). Un pacto de Estado sobre la vivienda. Un pacto de Estado por la educación. Un pacto de Estado
Pactos de Estado, dice El presidente es un fraude con patas. Un personaje tóxico cuya proximidad contamina como una turbina nuclear averiada Regala esta noticia Añádenos en Google Pedro Sánchez durante presentación de la Red de Refugios Climáticos, en el marco del Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática. (EFE) Ignacio Camacho 30/07/2026 a las 20:25h. Un pacto de Estado contra los incendios (o contra la 'emergencia climática' en el lenguaje del Gobierno).
Un pacto de Estado sobre la vivienda. Un pacto de Estado por la educación. Un pacto de Estado por la Justicia.
Un pacto de Estado sobre la ... inmigración (y la 'ley de nietos'). Un pacto de Estado sobre defensa y asuntos europeos. Un pacto de Estado para aprobar los Presupuestos.
Y, por qué no, un pacto de Estado sobre el Estado mismo para impedir que los separatistas acaben convirtiéndolo en una confederación de hecho. Sería estupendo que los dos grandes partidos abordasen los principales problemas del país de mutuo acuerdo. Lástima que el presidente se empeñase hace tiempo en levantar un muro –la metáfora es suya– para impedir el más mínimo atisbo de consenso.
A buenas horas. Todo el mandato de Sánchez se basa justamente en lo contrario. Su precaria estructura de poder está construida sobre los enemigos declarados de una Constitución redactada mediante un complejo proceso de diálogo.
El Parlamento, el lugar donde corresponde debatir los temas de interés general, está bloqueado. La oposición, ninguneada cuando no insultada, y las instituciones y organismos independientes, ocupados por la parentela política del Ejecutivo para desactivar su función de contrapesos democráticos. Los tribunales, 'última ratio' de la igualdad ante la ley, deslegitimados como brazo legal de un contubernio de golpismo subterráneo.
Y la sociedad civil, dividida por una estrategia de enfrentamiento de bandos. He aquí, como puede apreciarse, la situación ideal para acordarse de la necesidad de establecer compromisos transversales. Un sintagma que en el concepto sanchista significa que los adversarios deben aceptar sus propuestas y plegarse en actitud de vasallaje.
El líder fija el marco, pone las condiciones innegociables y decide cuándo se abre y se cierra un debate, que para eso está en el lado correcto y tiene, por definición, la razón de su parte. Los demás son invitados y ya es bastante con que les dejen sentarse en la mesa y hablar un rato, más que nada para desahogarse y soltar su deplorable retahíla de banalidades. Un verdadero acuerdo de esta clase, deseable aunque sólo por sea por nostalgia del tiempo en que la política se ocupaba de cuestiones necesarias, requiere ante todo un clima de recíproca confianza.
Pero Pedro ni la inspira ni la ofrece; se ha convertido en un personaje tóxico cuya proximidad contamina como una turbina nuclear averiada. Lo más llamativo es que miente con tanta naturalidad que a veces parece, sólo parece, creerse sus propias palabras. Su cinismo tiene hasta gracia – la de las avispas– cuando propone una ley ¡¡de integridad pública!! con todo su entorno saturado de corrupción hasta las trancas.
Comenzó la legislatura riéndose del vencedor electoral a carcajadas y al final le pide de boquilla que caiga en la trampa de ayudarle a mutualizar la frustración ciudadana. El único pacto de Estado posible sería el que desalojara de la Moncloa a este fraude con patas. Temas Pactos de la Moncloa Inmigración ilegal Parlamento Pedro Sánchez comentarios Reportar un error Pactos de Estado, dice El presidente es un fraude con patas.
Un personaje tóxico cuya proximidad contamina como una turbina nuclear averiada Regala esta noticia Añádenos en Google Pedro Sánchez durante presentación de la Red de Refugios Climáticos, en el marco del Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática. (EFE) Ignacio Camacho 30/07/2026 a las 20:25h. Un pacto de Estado contra los incendios (o contra la 'emergencia climática' en el lenguaje del Gobierno). Un pacto de Estado sobre la vivienda.
Un pacto de Estado por la educación. Un pacto de Estado por la Justicia. Un pacto de Estado sobre la ... inmigración (y la 'ley de nietos').
Un pacto de Estado sobre defensa y asuntos europeos. Un pacto de Estado para aprobar los Presupuestos. Y, por qué no, un pacto de Estado sobre el Estado mismo para impedir que los separatistas acaben convirtiéndolo en una confederación de hecho.
Sería estupendo que los dos grandes partidos abordasen los principales problemas del país de mutuo acuerdo. Lástima que el presidente se empeñase hace tiempo en levantar un muro –la metáfora es suya– para impedir el más mínimo atisbo de consenso. A buenas horas.
Todo el mandato de Sánchez se basa justamente en lo contrario. Su precaria estructura de poder está construida sobre los enemigos declarados de una Constitución redactada mediante un complejo proceso de diálogo. El Parlamento, el lugar donde corresponde debatir los temas de interés general, está bloqueado.
La oposición, ninguneada cuando no insultada, y las instituciones y organismos independientes, ocupados por la parentela política del Ejecutivo para desactivar su función de contrapesos democráticos. Los tribunales, 'última ratio' de la igualdad ante la ley, deslegitimados como brazo legal de un contubernio de golpismo subterráneo. Y la sociedad civil, dividida por una estrategia de enfrentamiento de bandos.
He aquí, como puede apreciarse, la situación ideal para acordarse de la necesidad de establecer compromisos transversales. Un sintagma que en el concepto sanchista significa que los adversarios deben aceptar sus propuestas y plegarse en actitud de vasallaje. El líder fija el marco, pone las condiciones innegociables y decide cuándo se abre y se cierra un debate, que para eso está en el lado correcto y tiene, por definición, la razón de su parte.
Los demás son invitados y ya es bastante con que les dejen sentarse en la mesa y hablar un rato, más que nada para desahogarse y soltar su deplorable retahíla de banalidades. Un verdadero acuerdo de esta clase, deseable aunque sólo por sea por nostalgia del tiempo en que la política se ocupaba de cuestiones necesarias, requiere ante todo un clima de recíproca confianza. Pero Pedro ni la inspira ni la ofrece; se ha convertido en un personaje tóxico cuya proximidad contamina como una turbina nuclear averiada.
Lo más llamativo es que miente con tanta naturalidad que a veces parece, sólo parece, creerse sus propias palabras. Su cinismo tiene hasta gracia – la de las avispas– cuando propone una ley ¡¡de integridad pública!! con todo su entorno saturado de corrupción hasta las trancas. Comenzó la legislatura riéndose del vencedor electoral a carcajadas y al final le pide de boquilla que caiga en la trampa de ayudarle a mutualizar la frustración ciudadana.
El único pacto de Estado posible sería el que desalojara de la Moncloa a este fraude con patas. Temas Pactos de la Moncloa Inmigración ilegal Parlamento Pedro Sánchez comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Tony Aguilar explica el estado de salud de su hijo Biel tras estar ingresado por una picadura de garrapata Francisco J. Jurado El chef José Andrés estalla por un ranking sin platos españoles: «Si necesitáis ayuda, aquí estoy»
Borja Sánchez