Los cocodrilos marinos usan el océano como autopista y la ciencia replantea cómo colonizaron nuevas islas
Migraciones animales - Las investigaciones reunieron pruebas procedentes de museos y revisiones anteriores para aclarar el origen de aquellos animales y reconstruir la amplitud de su antiguo territori
Los cocodrilos marinos usan el océano como autopista y la ciencia replantea cómo colonizaron nuevas islas Migraciones animales — Las investigaciones reunieron pruebas procedentes de museos y revisiones anteriores para aclarar el origen de aquellos animales y reconstruir la amplitud de su antiguo territorio Un cocodrilo cambió de costa para avanzar con la corriente Sebastian Castelier / Ballena Blanca Héctor Farrés 4 de agosto de 2026 16:10 h 0 La corriente invirtió su dirección cerca del estrecho de Torres y el animal corrigió el rumbo hacia el oeste, y recorrió 130 kilómetros por la costa opuesta durante tres días. Antes de ese giro había avanzado más de 200 kilómetros hacia el norte, de modo que el trayecto completo superó 400 kilómetros en 19 días. Aquel desplazamiento, registrado en Australia, muestra cómo el cocodrilo marino aprovecha el movimiento del agua para cubrir distancias que su resistencia física difícilmente permitiría con esfuerzo continuado.
El ADN confirmó el origen de los cocodrilos desaparecidos de Seychelles Un estudio publicado en Royal Society Open Science ha confirmado mediante ADN mitocondrial que los cocodrilos desaparecidos de Seychelles pertenecían a Crocodylus porosus. El equipo extrajo material genético de cráneos y dientes conservados en museos y lo comparó con muestras actuales. Los marcadores coincidieron con los del cocodrilo marino, de modo que esa población no era una rama del cocodrilo del Nilo ni una especie propia.
Frank Glaw, experto en reptiles de las Colecciones Estatales de Historia Natural de Baviera y coautor del estudio, calculó que los fundadores de aquella población tuvieron que recorrer al menos 3.000 kilómetros por el Índico. La distribución histórica alcanzó unos 12.000 kilómetros de este a oeste, desde Vanuatu hasta Seychelles. El resultado no implica que un ejemplar completara toda esa distancia, porque la expansión pudo avanzar durante generaciones mediante desplazamientos esporádicos entre costas e islas.
Las corrientes facilitaron recorridos imposibles con un esfuerzo continuo CC0 Los restos que permitieron resolver la identificación proceden de una población exterminada tras la llegada de colonos a finales del siglo XVIII. Las notas de expediciones redactadas hace más de 250 años describían una presencia abundante, pero la persecución humana acabó con todos los ejemplares del archipiélago. Solo quedaron piezas dispersas en Seychelles y en museos de Londres y París, entre ellas tres cráneos incompletos del Museo Nacional del archipiélago.
Kathrin Glaw, autora de la fotografía del muestreo, documentó el trabajo sobre esos restos. La clasificación había cambiado antes de que la genética ofreciera una respuesta definitiva, ya que los primeros científicos occidentales los relacionaron con cocodrilos africanos. En 1994, otros investigadores revisaron los rasgos físicos de los ejemplares conservados y los asignaron al cocodrilo marino.
El nuevo análisis confirmó aquella revisión y permitió medir la amplitud de su antiguo territorio. El cuerpo del cocodrilo favorece los viajes con ayuda del mar La capacidad para atravesar mar abierto depende de adaptaciones que reducen el coste de permanecer en agua salada, aunque el animal no está preparado para nadar sin descanso durante jornadas enteras. Sus glándulas linguales expulsan el exceso de sal, mientras el cuerpo acorazado limita el ejercicio prolongado junto con la cabeza ancha y las extremidades cortas.
Estas condiciones favorecen una estrategia basada en aprovechar las mareas y las circulaciones estacionales en vez de mantener un esfuerzo continuo. Un seguimiento realizado en 2010 con transmisores acústicos mostró esa conducta en 27 adultos del río Kennedy, al norte de Queensland. Ocho emprendieron 42 trayectos largos hacia la desembocadura y empezaban a moverse cuando la marea iba a favor, cerca de la superficie, donde el agua circulaba más deprisa.
Los restos históricos cambiaron la clasificación de la especie CC0 Cuando el flujo se invertía, salían a la orilla o descendían hasta el fondo. Un macho de 3,84 metros recorrió al menos 590 kilómetros por la costa occidental de cabo York, y otro superó 400 kilómetros en 19 días. Los experimentos de traslado añadieron una dificultad distinta, porque tres machos llevados en helicóptero a lugares desconocidos regresaron hacia sus zonas de captura.
Uno fue liberado en la costa oriental de cabo York, separada de su origen por toda la península, y permaneció varios meses cerca del punto de suelta. Después avanzó hacia el norte, rodeó el extremo terrestre y bajó por la costa occidental durante más de 400 kilómetros en 20 días, aunque al principio tuvo que alejarse de su río. El estudio todavía deja preguntas sobre la navegación Stefanie Agne, bióloga evolutiva de la Universidad de Potsdam y coautora del estudio, señaló que los patrones genéticos encontrados apuntan a conexiones prolongadas entre poblaciones separadas por grandes distancias.
El ADN mitocondrial, utilizado en esta investigación, solo se hereda por vía materna y puede pasar por alto diferencias regionales ligadas a los machos, por lo que futuros análisis del ADN nuclear permitirán obtener una visión más completa del intercambio genético entre estos grupos. Esa limitación deja abierta la pregunta sobre las señales de navegación que utilizaban durante sus desplazamientos y la frecuencia con la que esos viajes llegaban realmente a completarse con éxito. Etiquetas / Mundo animal / Fauna / Investigación Los cocodrilos marinos usan el océano como autopista y la ciencia replantea cómo colonizaron nuevas islas Migraciones animales — Las investigaciones reunieron pruebas procedentes de museos y revisiones anteriores para aclarar el origen de aquellos animales y reconstruir la amplitud de su antiguo territorio Un cocodrilo cambió de costa para avanzar con la corriente Sebastian Castelier / Ballena Blanca Héctor Farrés 4 de agosto de 2026 16:10 h 0 La corriente invirtió su dirección cerca del estrecho de Torres y el animal corrigió el rumbo hacia el oeste, y recorrió 130 kilómetros por la costa opuesta durante tres días.
Antes de ese giro había avanzado más de 200 kilómetros hacia el norte, de modo que el trayecto completo superó 400 kilómetros en 19 días. Aquel desplazamiento, registrado en Australia, muestra cómo el cocodrilo marino aprovecha el movimiento del agua para cubrir distancias que su resistencia física difícilmente permitiría con esfuerzo continuado. El ADN confirmó el origen de los cocodrilos desaparecidos de Seychelles Un estudio publicado en Royal Society Open Science ha confirmado mediante ADN mitocondrial que los cocodrilos desaparecidos de Seychelles pertenecían a Crocodylus porosus.
El equipo extrajo material genético de cráneos y dientes conservados en museos y lo comparó con muestras actuales. Los marcadores coincidieron con los del cocodrilo marino, de modo que esa población no era una rama del cocodrilo del Nilo ni una especie propia. Frank Glaw, experto en reptiles de las Colecciones Estatales de Historia Natural de Baviera y coautor del estudio, calculó que los fundadores de aquella población tuvieron que recorrer al menos 3.000 kilómetros por el Índico.
La distribución histórica alcanzó unos 12.000 kilómetros de este a oeste, desde Vanuatu hasta Seychelles. El resultado no implica que un ejemplar completara toda esa distancia, porque la expansión pudo avanzar durante generaciones mediante desplazamientos esporádicos entre costas e islas. Las corrientes facilitaron recorridos imposibles con un esfuerzo continuo CC0 Los restos que permitieron resolver la identificación proceden de una población exterminada tras la llegada de colonos a finales del siglo XVIII.
Las notas de expediciones redactadas hace más de 250 años describían una presencia abundante, pero la persecución humana acabó con todos los ejemplares del archipiélago. Solo quedaron piezas dispersas en Seychelles y en museos de Londres y París, entre ellas tres cráneos incompletos del Museo Nacional del archipiélago. Kathrin Glaw, autora de la fotografía del muestreo, documentó el trabajo sobre esos restos.
La clasificación había cambiado antes de que la genética ofreciera una respuesta definitiva, ya que los primeros científicos occidentales los relacionaron con cocodrilos africanos. En 1994, otros investigadores revisaron los rasgos físicos de los ejemplares conservados y los asignaron al cocodrilo marino. El nuevo análisis confirmó aquella revisión y permitió medir la amplitud de su antiguo territorio.
El cuerpo del cocodrilo favorece los viajes con ayuda del mar La capacidad para atravesar mar abierto depende de adaptaciones que reducen el coste de permanecer en agua salada, aunque el animal no está preparado para nadar sin descanso durante jornadas enteras. Sus glándulas linguales expulsan el exceso de sal, mientras el cuerpo acorazado limita el ejercicio prolongado junto con la cabeza ancha y las extremidades cortas. Estas condiciones favorecen una estrategia basada en aprovechar las mareas y las circulaciones estacionales en vez de mantener un esfuerzo continuo.
Un seguimiento realizado en 2010 con transmisores acústicos mostró esa conducta en 27 adultos del río Kennedy, al norte de Queensland. Ocho emprendieron 42 trayectos largos hacia la desembocadura y empezaban a moverse cuando la marea iba a favor, cerca de la superficie, donde el agua circulaba más deprisa. Los restos históricos cambiaron la clasificación de la especie CC0 Cuando el flujo se invertía, salían a la orilla o descendían hasta el fondo.
Un macho de 3,84 metros recorrió al menos 590 kilómetros por la costa occidental de cabo York, y otro superó 400 kilómetros en 19 días. Los experimentos de traslado añadieron una dificultad distinta, porque tres machos llevados en helicóptero a lugares desconocidos regresaron hacia sus zonas de captura. Uno fue liberado en la costa oriental de cabo York, separada de su origen por toda la península, y permaneció varios meses cerca del punto de suelta.
Después avanzó hacia el norte, rodeó el extremo terrestre y bajó por la costa occidental durante más de 400 kilómetros en 20 días, aunque al principio tuvo que alejarse de su río. El estudio todavía deja preguntas sobre la navegación Stefanie Agne, bióloga evolutiva de la Universidad de Potsdam y coautora del estudio, señaló que los patrones genéticos encontrados apuntan a conexiones prolongadas entre poblaciones separadas por grandes distancias. El ADN mitocondrial, utilizado en esta investigación, solo se hereda por vía materna y puede pasar por alto diferencias regionales ligadas a los machos, por lo que futuros análisis del ADN nuclear permitirán obtener una visión más completa del intercambio genético entre estos grupos.
Esa limitación deja abierta la pregunta sobre las señales de navegación que utilizaban durante sus desplazamientos y la frecuencia con la que esos viajes llegaban realmente a completarse con éxito. Etiquetas / Mundo animal / Fauna / Investigación