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Internacional
sábado, 1 de agosto de 2026

El Lebrijano de bronce

Con el dedo de bronce apuntando a la campana del convento, retando a los metales de la música jonda, Juan se ha parado en la confluencia de todas las calles del cante para convertirse en un vestigio a

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

El Lebrijano de bronce Porque el tiempo ha alcanzado a uno de los más grandes artistas de nuestra historia. Lo ha congelado con fuego en el metal de la eternidad Regala esta noticia Añádenos en Google Alberto García Reyes 01/08/2026 a las 20:49h. Con el dedo de bronce apuntando a la campana del convento, retando a los metales de la música jonda, Juan se ha parado en la confluencia de todas las calles del cante para convertirse en un vestigio arqueológico.

En el suelo del callejón de las ... Monjas está escrito el cante de Antonio de Nebrija: «Aquí, por primera vez para mí, recién nacido, resonaron las risas de mis padres y este lugar oyó mi primer llanto». En el aire que otrora respiraron Bernardo Peña y la Perrata suena la gramática del Lebrijano: «Gitanos en caravana/ vienen desde el horizonte/ mientras nace la mañana».

El primer llanto de la jondura. A Juan le han puesto un monumento en las entrañas del patrimonio de Lebrija porque no hay un templo mayor en su pueblo que su eco. Augusto Arana le ha tallado con líneas rectas, como su cante por soleá, que no especulaba, siempre por derecho, sin rodeos.

El gitano rubio abría la boca y te partía la boca. Quienes no lo entienden han intentado hacer una polémica con la ubicación del bronce, junto a la fachada renacentista del Convento de la Purísima Concepción. No saben que han culminado el homenaje.

Porque la polémica es lo que siempre dio sentido a la obra lebrijanista. Él decía que una creación no es realmente buena si no hay nadie que protesta. Se enfrentó al mairenismo siendo el más mairenista, encontró una forma nueva de cantar que sonaba a siglos de gitanería, fue de la música andalusí a la palabra de García Márquez con excelsa naturalidad, metió a compás las bienaventuranzas sin cambiar ni un acento y creó el flamenco narrativo en las galeras de la persecución a su pueblo.

Por eso lo que pasó en esos callejones cuando la familia destapó la escultura fue lo que Gabo le escribió en la servilleta: se mojó el agua. Su sobrino Dorantes llamó al cura para que doblara las campanas. Por una costana se escucharon las lágrimas de cera.

Por la otra, las corraleras. Más allá, las caravanas. Y, de repente, todo el pueblo estaba cantando: «Libre como el aire,/ libre como el viento,/ como las estrellas/ en el firmamento».

Todo el pueblo. En la plaza, en los balcones, en las tabernas. Lo juro.

Porque en esa estatua está Juan redivivo a punto de salir por seguiriya. Encogiendo la nariz. Con el pecho lleno.

Aurora Vargas no pudo resistirse y en cuanto la encrucijada de callejas se despejó, se puso delante con su queja. Concha Vargas le levantó las manos como cuando eran niños. Y luego le bamboleó las caderas Pepa Montes.

Y después le marcó las llamadas Pastora Galván. Y mientras el Renacimiento escuchaba, Carmen Ledesma le ponía movimientos barrocos a la tarde. Porque el tiempo ha alcanzado a uno de los más grandes artistas de nuestra historia.

Lo ha congelado con fuego en el metal de la eternidad para que cuando pasen los siglos podamos recitar a quienes no le entienden su bulería lorquiana: «Ni tú ni yo estamos/ en disposición/ de encontrarnos./ Tú... por lo que ya sabes./ ¡Yo lo he querido tanto!» Temas Flamenco comentarios Reportar un error El Lebrijano de bronce Porque el tiempo ha alcanzado a uno de los más grandes artistas de nuestra historia. Lo ha congelado con fuego en el metal de la eternidad Regala esta noticia Añádenos en Google Alberto García Reyes 01/08/2026 a las 20:49h.

Con el dedo de bronce apuntando a la campana del convento, retando a los metales de la música jonda, Juan se ha parado en la confluencia de todas las calles del cante para convertirse en un vestigio arqueológico. En el suelo del callejón de las ... Monjas está escrito el cante de Antonio de Nebrija: «Aquí, por primera vez para mí, recién nacido, resonaron las risas de mis padres y este lugar oyó mi primer llanto».

En el aire que otrora respiraron Bernardo Peña y la Perrata suena la gramática del Lebrijano: «Gitanos en caravana/ vienen desde el horizonte/ mientras nace la mañana». El primer llanto de la jondura. A Juan le han puesto un monumento en las entrañas del patrimonio de Lebrija porque no hay un templo mayor en su pueblo que su eco.

Augusto Arana le ha tallado con líneas rectas, como su cante por soleá, que no especulaba, siempre por derecho, sin rodeos. El gitano rubio abría la boca y te partía la boca. Quienes no lo entienden han intentado hacer una polémica con la ubicación del bronce, junto a la fachada renacentista del Convento de la Purísima Concepción.

No saben que han culminado el homenaje. Porque la polémica es lo que siempre dio sentido a la obra lebrijanista. Él decía que una creación no es realmente buena si no hay nadie que protesta.

Se enfrentó al mairenismo siendo el más mairenista, encontró una forma nueva de cantar que sonaba a siglos de gitanería, fue de la música andalusí a la palabra de García Márquez con excelsa naturalidad, metió a compás las bienaventuranzas sin cambiar ni un acento y creó el flamenco narrativo en las galeras de la persecución a su pueblo. Por eso lo que pasó en esos callejones cuando la familia destapó la escultura fue lo que Gabo le escribió en la servilleta: se mojó el agua. Su sobrino Dorantes llamó al cura para que doblara las campanas.

Por una costana se escucharon las lágrimas de cera. Por la otra, las corraleras. Más allá, las caravanas.

Y, de repente, todo el pueblo estaba cantando: «Libre como el aire,/ libre como el viento,/ como las estrellas/ en el firmamento». Todo el pueblo. En la plaza, en los balcones, en las tabernas.

Lo juro. Porque en esa estatua está Juan redivivo a punto de salir por seguiriya. Encogiendo la nariz.

Con el pecho lleno. Aurora Vargas no pudo resistirse y en cuanto la encrucijada de callejas se despejó, se puso delante con su queja. Concha Vargas le levantó las manos como cuando eran niños.

Y luego le bamboleó las caderas Pepa Montes. Y después le marcó las llamadas Pastora Galván. Y mientras el Renacimiento escuchaba, Carmen Ledesma le ponía movimientos barrocos a la tarde.

Porque el tiempo ha alcanzado a uno de los más grandes artistas de nuestra historia. Lo ha congelado con fuego en el metal de la eternidad para que cuando pasen los siglos podamos recitar a quienes no le entienden su bulería lorquiana: «Ni tú ni yo estamos/ en disposición/ de encontrarnos./ Tú... por lo que ya sabes./ ¡Yo lo he querido tanto!» Temas Flamenco comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero.

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Publicado por Redacción · sábado, 1 de agosto de 2026

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