El feminicidio que conmocionó a México: el asesinato de Liliana
Liliana Rivera Garza parecía dormida, pero estaba muerta. El pelo le ocultaba parte de la cara, tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta, y la habían tapado casi por completo con una colcha a cu
CRÍMENES VERÍDICOS El feminicidio que conmocionó a México: el asesinato de Liliana Cristina Rivera Garza publicó más de tres décadas después 'El invencible verano de Liliana', donde recuperaba la memoria de su hermana asesinada y denunciaba la impunidad de la violencia contra las mujeres Regala esta noticia Añádenos en Google Liliana Rivera Garza. (Random House) Marina Sanmartín 01/08/2026 a las 01:31h. Liliana Rivera Garza parecía dormida, pero estaba muerta. El pelo le ocultaba parte de la cara, tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta, y la habían tapado casi por completo con una colcha a cuadros.
La encontró Manolo, un buen amigo, compañero de ... universidad, cuando fue a recogerla a las ocho de la mañana a la habitación de estudiante que Liliana alquilaba en la calle de las Mimosas, en Ciudad de México. Ocurrió el 16 de julio de 1990 y Liliana tenía 20 años. La tarde anterior, Manolo también había estado con ella.
Estudiaban juntos, se preparaban para ser arquitectos y el plazo para presentar un trabajo estaba a punto de concluir, así que se despidieron con el acuerdo de volver a reunirse temprano al día siguiente, para entregarlo en la facultad. Manolo cumplió su parte del trato y se presentó a primera hora en la casa donde Liliana alquilaba un cuarto independiente, casi un pequeño apartamento. Le abrió el personal de servicio y, como ya lo conocían, le permitieron el paso.
Atravesó el patio y entró en la estancia donde Liliana dormía. Allí lo envolvió un silencio extraño, sobrecogedor. Le pareció raro no encontrar a Liliana despierta y no le pasó desapercibido que, en medio del desorden habitual que caracterizaba la cotidianidad de su amiga, los cacharros sucios de la noche anterior siguieran intactos, congelados en el sitio donde él los había dejado al despedirse.
«¿Liliana?», la llamó tal vez. No hubo respuesta. Noticia relacionada Crímenes verídicos El sanguinario mal que atormenta a Tokio, la ciudad más segura del mundo Marina Sanmartín Enseguida distinguió el perfil de su cuerpo tumbado al fondo, totalmente cubierto.
A Manolo esto le llamó la atención, pero quiso tranquilizarse y se dijo que Liliana le estaba gastando una broma. Se acercó hasta ella y la destapó, pero no hubo reacción, ni un grito de impacto, ni una carcajada… solo el mismo silencio que lo había recibido al entrar, como un augurio. Ahí fue cuando Manolo vio los ojos cerrados de Liliana y su boca entreabierta, la expresión de alguien que se resiste a abandonar el sueño, pero también se percató de que Liliana llevaba la misma ropa con la que lo había despedido un día antes.
No se había cambiado para acostarse. Entonces la tocó y estaba fría. Liliana Rivera Garza parecía dormida, pero estaba muerta.
Se sabría después que alguien la había estrangulado alrededor de las cinco de la madrugada. Newsletter Tras dar la voz de alarma, llegó la ambulancia, luego la policía, luego la prensa. Todo pasó muy rápido.
Empezaron a circular las preguntas entre los amigos y los vecinos. Se comprobó que no se había forzado la puerta. Sin embargo, sí que había signos de que alguien había saltado la cancela y se había colado durante la noche.
Al principio, Manolo se perfiló como el principal sospechoso. Gran error. Inmediatamente, el cuarto de Liliana adquirió una doble dimensión.
Por un lado, se convirtió en una aséptica escena del crimen, donde poco importaba la personalidad de la víctima, que se reducía exactamente a eso, a ser «víctima» y nada más, despojada de toda carga de identidad y vida. Por otro, el cuarto y cada uno de los detalles que acogía —las notas, los libros, el menaje, la ropa y la música, los muebles— obtuvieron el valor de los testigos. Se transformaron en los rasgos del retrato invisible de Liliana, de la mujer maravillosa que fue y no debía olvidarse.
Con esta intención, la de reconstruir la imagen de su hermana viva, capaz y fuerte, y devolverle así todo lo que una muerte injusta le había arrebatado a su memoria, Cristina Rivera Garza (México, 1964) publicó en 2021, más de tres décadas después del suceso, 'El invencible verano de Liliana' (Literatura Random House). La crónica la convirtió en la primera autora latinoamericana en ganar el Premio Pulitzer de Memorias por su capacidad para emocionar e interesar a partes iguales y, sin renunciar al componente del afecto (de hecho, más bien enfrentándose a él como si se tratara de un fantasma al que superar al final del duelo), trascender la historia concreta gracias a la forma de contarla, una exploración literaria muy reveladora, que mezcla registros, puntos de vista y fragmentos vitales, a menudo cristalizados en objetos diminutos y corrientes. La sombra del feminicidio Pero ¿quién mató a Liliana en Ciudad de México?
Otra de las razones por las que Cristina Rivera Garza escribió su libro —en él lo cuenta— fue denunciar la impunidad del feminicidio (la impunidad del asesino, pero también la de las instituciones y su desidia para detenerlo). A Liliana no la asfixió su amigo Manolo, sino su exnovio Ángel González Ramos, a quien conocía prácticamente desde la niñez y con el que nunca había conseguido romper del todo, porque Ángel se resistía a aceptar que la historia con ella había terminado. Lo paradójico es que, a pesar de dar con el responsable del crimen con relativa celeridad, la policía no logró capturarlo y, actualmente, González Ramos sigue en busca y captura.
Con la intención de reconstruir la imagen de su hermana viva, capaz y fuerte, Cristina Rivera Garza publicó más de tres décadas después 'El invencible verano de Liliana' La desaparición, agresión y asesinato de las mujeres es una realidad planetaria, que adquiere en México la condición de símbolo a causa de su extrema virulencia. Un buen puñado de luces rojas salpican el camino y se reflejan en la literatura, desde la crónica criminal de Rivera Garza, más reciente, a la indescriptible por excepcional '2666' (Alfaguara), la novela póstuma de Roberto Bolaño (Chile, 1953 – España 2003) en la que la ficticia ciudad de Santa Teresa es un trasunto de Ciudad Juárez, donde, desde 1991 y hasta hoy, han asesinado a más de dos mil mujeres y no deja de crecer el número de desaparecidas, mientras la mayoría de los casos continúan sin resolver. A Liliana no la asfixió su amigo Manolo, sino su exnovio Ángel González Ramos, que sigue en busca y captura treinta años después Incluso antes, en 1977, Jorge Ibargüengoitia (México, 1928 – España, 1983) publicó su magnífica novela 'Las muertas' (Antonio Machado), ambientada en el México rural, donde sus protagonistas, las hermanas Baladro, se inspiran en las Poquianchis, un grupo de cuatro hermanas proxenetas que, entre 1945 y 1964 levantaron un imperio de prostíbulos en Guanajuato y Jalisco, y, aparte de su brutalidad en el trato cotididano, mataron a sangre fría a las mujeres más rebeldes de sus locales, cuando estas se rebelaron, enfermaron o intentaron escapar.
El modus operandi, enterrar en los terrenos anexos a los burdeles los cuerpos de las chicas. La tentación de quedarnos con las tramas concretas es tremenda y merece la pena adentrarse en los títulos mencionados, porque su altura literaria prende el acontecimiento terrible y lo denuncia —hasta ese punto es importante la calidad del narrador, de la que muchas veces depende la proyección y permanencia del hecho—. Aún así, lo más interesante de este brevísimo repaso de sangre es la posibilidad que nos ofrece de entender uno de los espacios más globales y oscuros de la historia de México Temas Asesinatos cultura Verano comentarios Reportar un error CRÍMENES VERÍDICOS El feminicidio que conmocionó a México: el asesinato de Liliana Cristina Rivera Garza publicó más de tres décadas después 'El invencible verano de Liliana', donde recuperaba la memoria de su hermana asesinada y denunciaba la impunidad de la violencia contra las mujeres Regala esta noticia Añádenos en Google Liliana Rivera Garza. (Random House) Marina Sanmartín 01/08/2026 a las 01:31h.
Liliana Rivera Garza parecía dormida, pero estaba muerta. El pelo le ocultaba parte de la cara, tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta, y la habían tapado casi por completo con una colcha a cuadros. La encontró Manolo, un buen amigo, compañero de ... universidad, cuando fue a recogerla a las ocho de la mañana a la habitación de estudiante que Liliana alquilaba en la calle de las Mimosas, en Ciudad de México.
Ocurrió el 16 de julio de 1990 y Liliana tenía 20 años. La tarde anterior, Manolo también había estado con ella. Estudiaban juntos, se preparaban para ser arquitectos y el plazo para presentar un trabajo estaba a punto de concluir, así que se despidieron con el acuerdo de volver a reunirse temprano al día siguiente, para entregarlo en la facultad.
Manolo cumplió su parte del trato y se presentó a primera hora en la casa donde Liliana alquilaba un cuarto independiente, casi un pequeño apartamento. Le abrió el personal de servicio y, como ya lo conocían, le permitieron el paso. Atravesó el patio y entró en la estancia donde Liliana dormía.
Allí lo envolvió un silencio extraño, sobrecogedor. Le pareció raro no encontrar a Liliana despierta y no le pasó desapercibido que, en medio del desorden habitual que caracterizaba la cotidianidad de su amiga, los cacharros sucios de la noche anterior siguieran intactos, congelados en el sitio donde él los había dejado al despedirse. «¿Liliana?», la llamó tal vez.
No hubo respuesta. Noticia relacionada Crímenes verídicos El sanguinario mal que atormenta a Tokio, la ciudad más segura del mundo Marina Sanmartín Enseguida distinguió el perfil de su cuerpo tumbado al fondo, totalmente cubierto. A Manolo esto le llamó la atención, pero quiso tranquilizarse y se dijo que Liliana le estaba gastando una broma.
Se acercó hasta ella y la destapó, pero no hubo reacción, ni un grito de impacto, ni una carcajada… solo el mismo silencio que lo había recibido al entrar, como un augurio. Ahí fue cuando Manolo vio los ojos cerrados de Liliana y su boca entreabierta, la expresión de alguien que se resiste a abandonar el sueño, pero también se percató de que Liliana llevaba la misma ropa con la que lo había despedido un día antes. No se había cambiado para acostarse.
Entonces la tocó y estaba fría. Liliana Rivera Garza parecía dormida, pero estaba muerta. Se sabría después que alguien la había estrangulado alrededor de las cinco de la madrugada.
Newsletter Tras dar la voz de alarma, llegó la ambulancia, luego la policía, luego la prensa. Todo pasó muy rápido. Empezaron a circular las preguntas entre los amigos y los vecinos.
Se comprobó que no se había forzado la puerta. Sin embargo, sí que había signos de que alguien había saltado la cancela y se había colado durante la noche. Al principio, Manolo se perfiló como el principal sospechoso.
Gran error. Inmediatamente, el cuarto de Liliana adquirió una doble dimensión. Por un lado, se convirtió en una aséptica escena del crimen, donde poco importaba la personalidad de la víctima, que se reducía exactamente a eso, a ser «víctima» y nada más, despojada de toda carga de identidad y vida.
Por otro, el cuarto y cada uno de los detalles que acogía —las notas, los libros, el menaje, la ropa y la música, los muebles— obtuvieron el valor de los testigos. Se transformaron en los rasgos del retrato invisible de Liliana, de la mujer maravillosa que fue y no debía olvidarse. Con esta intención, la de reconstruir la imagen de su hermana viva, capaz y fuerte, y devolverle así todo lo que una muerte injusta le había arrebatado a su memoria, Cristina Rivera Garza (México, 1964) publicó en 2021, más de tres décadas después del suceso, 'El invencible verano de Liliana' (Literatura Random House).
La crónica la convirtió en la primera autora latinoamericana en ganar el Premio Pulitzer de Memorias por su capacidad para emocionar e interesar a partes iguales y, sin renunciar al componente del afecto (de hecho, más bien enfrentándose a él como si se tratara de un fantasma al que superar al final del duelo), trascender la historia concreta gracias a la forma de contarla, una exploración literaria muy reveladora, que mezcla registros, puntos de vista y fragmentos vitales, a menudo cristalizados en objetos diminutos y corrientes. La sombra del feminicidio Pero ¿quién mató a Liliana en Ciudad de México? Otra de las razones por las que Cristina Rivera Garza escribió su libro —en él lo cuenta— fue denunciar la impunidad del feminicidio (la impunidad del asesino, pero también la de las instituciones y su desidia para detenerlo).
A Liliana no la asfixió su amigo Manolo, sino su exnovio Ángel González Ramos, a quien conocía prácticamente desde la niñez y con el que nunca había conseguido romper del todo, porque Ángel se resistía a aceptar que la historia con ella había terminado. Lo paradójico es que, a pesar de dar con el responsable del crimen con relativa celeridad, la policía no logró capturarlo y, actualmente, González Ramos sigue en busca y captura. Con la intención de reconstruir la imagen de su hermana viva, capaz y fuerte, Cristina Rivera Garza publicó más de tres décadas después 'El invencible verano de Liliana' La desaparición, agresión y asesinato de las mujeres es una realidad planetaria, que adquiere en México la condición de símbolo a causa de su extrema virulencia.
Un buen puñado de luces rojas salpican el camino y se reflejan en la literatura, desde la crónica criminal de Rivera Garza, más reciente, a la indescriptible por excepcional '2666' (Alfaguara), la novela póstuma de Roberto Bolaño (Chile, 1953 – España 2003) en la que la ficticia ciudad de Santa Teresa es un trasunto de Ciudad Juárez, donde, desde 1991 y hasta hoy, han asesinado a más de dos mil mujeres y no deja de crecer el número de desaparecidas, mientras la mayoría de los casos continúan sin resolver. A Liliana no la asfixió su amigo Manolo, sino su exnovio Ángel González Ramos, que sigue en busca y captura treinta años después Incluso antes, en 1977, Jorge Ibargüengoitia (México, 1928 – España, 1983) publicó su magnífica novela 'Las muertas' (Antonio Machado), ambientada en el México rural, donde sus protagonistas, las hermanas Baladro, se inspiran en las Poquianchis, un grupo de cuatro hermanas proxenetas que, entre 1945 y 1964 levantaron un imperio de prostíbulos en Guanajuato y Jalisco, y, aparte de su brutalidad en el trato cotididano, mataron a sangre fría a las mujeres más rebeldes de sus locales, cuando estas se rebelaron, enfermaron o intentaron escapar. El modus operandi, enterrar en los terrenos anexos a los burdeles los cuerpos de las chicas.
La tentación de quedarnos con las tramas concretas es tremenda y merece la pena adentrarse en los títulos mencionados, porque su altura literaria prende el acontecimiento terrible y lo denuncia —hasta ese punto es importante la calidad del narrador, de la que muchas veces depende la proyección y permanencia del hecho—. Aún así, lo más interesante de este brevísimo repaso de sangre es la posibilidad que nos ofrece de entender uno de los espacios más globales y oscuros de la historia de México Temas Asesinatos cultura Verano comentarios Reportar un error Crímenes verídicos El sanguinario mal que atormenta a Tokio, la ciudad más segura del mundo Marina Sanmartín Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero. Los niños iban al comedor y yo, con ocho años, comía en las escaleras sola»
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