Las familias que consiguen la conciliación imposible en verano: "La supervivencia agudiza el ingenio"
Acudo a mis grupos de WhatsApp en busca de respuestas y me encuentro con que, más allá del sota, caballo, rey del verano –campamentos, abuelas y teletrabajo–, ante la falta de medidas para conciliar,
Las familias que consiguen la conciliación imposible en verano: “La supervivencia agudiza el ingenio” Acudo a mis grupos de WhatsApp en busca de respuestas y me encuentro con que, más allá del sota, caballo, rey del verano –campamentos, abuelas y teletrabajo–, ante la falta de medidas para conciliar, las familias terminan inventándose fórmulas alternativas — Una educadora, sobre la conciliación en verano: “Uno de los mayores errores es intentar que hagan un horario laboral” El sálvese quien pueda de la conciliación en verano. Cedida Lucía M. Quiroga 27 de julio de 2026 22:04 h Actualizado el 28/07/2026 05:30 h 0 Verano tras verano, la conciliación es el tema estrella entre las familias con niños y niñas.
Más bien la falta de ella. Malabares, estrés, “mataciones”, rompecabezas imposibles para cuadrar horarios. Así que todos los años por esta época me pregunto lo mismo: ¿cómo lo están haciendo las familias?
¿Cómo se sostiene toda esta carga, que acaba recayendo tantas veces sobre las madres? Acudo a mis grupos de WhatsApp sobre crianza y maternidad para buscar la respuesta a estas preguntas. Y me encuentro con que, más allá del sota, caballo, rey del verano –campamentos, abuelas y teletrabajo–, las familias terminan inventándose fórmulas alternativas para conciliar.
Alquilar un piso en la playa entre amigas que son madres, bajar por turnos a la piscina, contratar a una profesora que rota entre casas de familias del cole o teletrabajar desde una cafetería o coworking con zona de juegos son algunas de esas “soluciones creativas” para aquellos que pueden permitírselas. Mi mensaje empieza así: “¡Hola! Supongo que a estas alturas del verano todos y todas estáis desbordadas de cuidar y trabajar al mismo tiempo.
Estoy escribiendo un reportaje y me gustaría conocer fórmulas alternativas de conciliación, más allá de los clásicos campamentos, abuelas y teletrabajo. ¿Me contáis cómo os organizáis?”. Lo pongo a circular en todos los grupos de WhatsApp en los que estoy: crianza, clases del cole, AMPA, parque, piscina e incluso en un par de grupos de trabajo.
Las respuestas no tardan en llegar. Desde el grupo de WhatsApp de crianza de mi barrio me contesta rápidamente Agnès, madre de dos: “Este verano he conseguido no tirar tanto de campamentos y de abuelos alquilando un apartamento en la playa con tres amigas. Entre las tres tenemos cinco hijos con edades similares: los dos míos, otra tiene uno, y la otra dos (entre ellos, un bebé).
Son dos de mis amigas más cercanas y las tres somos autónomas, así que nos hemos ido a la playa a teletrabajar. Hemos conseguido una fórmula que nos funciona a base de organizarnos muy bien: mientras una trabaja, la otra cuida y la otra cocina, por ejemplo, y así todos los días”, explica. Agnès ha alquilado un piso en la playa con otras dos amigas, entre las tres tienen cinco hijos: 'Hemos conseguido una fórmula que nos funciona a base de organizarnos muy bien: mientras una trabaja, la otra cuida y la otra cocina' Poco después me llega un mensaje de Mar, desde el AMPA del colegio.
Ella recuerda que en el verano de 2020 consiguieron montar una forma de “organización alternativa”: “Éramos cinco familias amigas, con ocho peques en total: cinco niños que tenían en aquel momento tres años, uno de dos y dos bebés. Lo que hicimos fue contratar a la que había sido su profe en la escuela infantil, que en ese momento estaba cerrada por la pandemia, y le pagábamos para que cuidase de todos mientras los adultos trabajábamos”. El sistema estaba muy bien organizado: “Tres familias dejaban sus casas para que estuviera la profe con todos los niños y las otras dos familias se encargaban de la comida de todos”, recuerda. “Fue un verano genial para los peques: pintaban, se disfrazaban, hacían pintacaras, jugaban con crema de afeitar…”. “Fue muy especial”, añade Merel, otra de las madres del grupo, que junto con su pareja se encargaban de organizar las comidas: “Había tanta cantidad que la llevábamos de una casa a otra en un carrito de bebé”, rememora.
Otra de las madres lo recuerda como un verano “genial” pero “intenso”. Mario, Yaiza y Ana son vecinos desde hace años, con hijos e hijas de edades semejantes. Viven en un pueblo pequeño donde hay piscina municipal.
También me cuentan su caso. Lo hace Ana en nombre de los tres: “Nos conocemos desde que nosotros éramos pequeños, y ahora que tenemos hijos compartimos muchas tardes en la piscina. Charlamos mientras los peques se bañan y siempre comentamos lo largo que se nos hace el verano.
De manera bastante natural hemos ido estableciendo un sistema de turnos para quedarnos en la piscina con los peques. Mientras uno está con ellos la otra puede irse a casa para una reunión de trabajo sin interrupciones o para preparar la cena. No es un sistema organizado, vamos improvisando día a día.
Incluso hay tardes en las que los más mayores, que ya son adolescentes, se quedan a cargo de los pequeños”, cuenta. Una mañana de verano compartiendo cuidados y trabajo en casa. Cedida Mientras que en los pueblos pequeños las redes familiares o de amigas pueden suplir la falta de servicios, en grandes ciudades han surgido fórmulas diferentes para facilitar la conciliación.
Es el caso de los play café (cafeterías con zonas de juego) o los coworkings kidfriendly (espacios para el teletrabajo con recursos para niños y niñas). Isabel es la dueña, junto a su marido, de Little and Latte, un “café familiar” en Madrid. Sabiendo de las dificultades de las familias para conciliar –ellos también son padres–, este verano han contratado una monitora. “Hemos alucinado con la cantidad de familias que vienen.
Como mínimo cada día teletrabajan aquí cinco o seis padres y madres con sus peques. La monitora les organiza actividades y juegos mientras ellos trabajan. Funciona muy bien”, explica Isabel.
Cada día teletrabajan aquí cinco o seis padres y madres con sus peques. La monitora les organiza actividades y juegos mientras ellos trabajan Isabel — copropietaria de Little and Latte, "café familiar" Desde Barcelona, Laura me cuenta que han utilizado una fórmula parecida: varios días a la semana acuden a trabajar a El refugi de les mares, un espacio multidisciplinar donde se puede teletrabajar mientras bebés, niños y niñas juegan, o acudir a talleres sobre maternidad y clases de deporte. “Es una fórmula muy chula porque permite integrar todo en un mismo espacio.
A mí me facilita muchísimo la vida con peques, especialmente en verano. ¡Es que es muy largo!”, bromea. Andrea Ros también es madre y es la responsable del Refugi.
Intenta explicar su proyecto en un audio de WhatsApp. “Te resumo, a ver si me dejan mis hijos, que están por aquí revoloteando”, comienza su mensaje. “El Refugi de les mares es un espacio de bienestar y salud para madres durante todo el año. Tenemos grupos de acompañamiento, clases de fuerza y de yoga, consultas de fisios, osteópatas y psicólogas. Y luego está el coworking, un espacio 100% diseñado para la infancia donde puedes venir a trabajar con tu hijo.
Lo que reforzamos en verano es la parte de refugio climático, porque tenemos aire acondicionado, y ampliamos la edad de los niños y niñas con más propuestas y materiales”, expone Andrea. Muchos otros mensajes de madres y padres se quedan en la denuncia y la queja: no encuentran esas fórmulas alternativas para cuidar y trabajar, así que me piden que comparta con ellas las ideas que estoy recopilando. “¿De verdad existen los coworkings con espacios de juegos? ¿Me pasas las referencias?”, pregunta Manuel en el grupo de crianza.
En el chat del parque, lo mismo. “Yo no puedo más, estoy agotada”, me dice Paula. “Si encuentras soluciones compártelas, por favor”. María me cuenta que con un peque de dos años todavía no sabe qué va a hacer en agosto, cuando cierre la escuela infantil. “Para su edad apenas hay campamentos y yo no tengo vacaciones ahora”. Tania acaba bromeando con las temidas “mataciones”, esa mezcla entre trabajo, cuidados y carga mental que termina agotando a las familias. “Y todavía nos quedan días y días, esto es una carrera de fondo”.
Cierra su mensaje con varios emoticonos: el de la cabeza que explota, el del que tiene sueño y el del bíceps, como para darse fuerza a sí misma. La ausencia de medidas efectivas para conciliar, la escasez de plazas públicas en campamentos o las dificultades para teletrabajar con niños y niñas en casa acaban haciendo del verano una auténtica gymkana para madres y padres. Un sálvese quien pueda en el que cada familia se lo monta como puede. “Al final, es pura supervivencia, y eso agudiza el ingenio”, me dice Ana desde la piscina.
Tanto ella como el resto de familias que me cuentan sus casos denuncian que la situación es insostenible. A falta de soluciones globales, solo buscan sobrevivir hasta septiembre con los recursos que tienen. Etiquetas / Nidos / Conciliación / verano / Niños / familias Las familias que consiguen la conciliación imposible en verano: “La supervivencia agudiza el ingenio” Acudo a mis grupos de WhatsApp en busca de respuestas y me encuentro con que, más allá del sota, caballo, rey del verano –campamentos, abuelas y teletrabajo–, ante la falta de medidas para conciliar, las familias terminan inventándose fórmulas alternativas — Una educadora, sobre la conciliación en verano: “Uno de los mayores errores es intentar que hagan un horario laboral” El sálvese quien pueda de la conciliación en verano.
Cedida Lucía M. Quiroga 27 de julio de 2026 22:04 h Actualizado el 28/07/2026 05:30 h 0 Verano tras verano, la conciliación es el tema estrella entre las familias con niños y niñas. Más bien la falta de ella.
Malabares, estrés, “mataciones”, rompecabezas imposibles para cuadrar horarios. Así que todos los años por esta época me pregunto lo mismo: ¿cómo lo están haciendo las familias? ¿Cómo se sostiene toda esta carga, que acaba recayendo tantas veces sobre las madres?
Acudo a mis grupos de WhatsApp sobre crianza y maternidad para buscar la respuesta a estas preguntas. Y me encuentro con que, más allá del sota, caballo, rey del verano –campamentos, abuelas y teletrabajo–, las familias terminan inventándose fórmulas alternativas para conciliar. Alquilar un piso en la playa entre amigas que son madres, bajar por turnos a la piscina, contratar a una profesora que rota entre casas de familias del cole o teletrabajar desde una cafetería o coworking con zona de juegos son algunas de esas “soluciones creativas” para aquellos que pueden permitírselas.
Mi mensaje empieza así: “¡Hola! Supongo que a estas alturas del verano todos y todas estáis desbordadas de cuidar y trabajar al mismo tiempo. Estoy escribiendo un reportaje y me gustaría conocer fórmulas alternativas de conciliación, más allá de los clásicos campamentos, abuelas y teletrabajo.
¿Me contáis cómo os organizáis?”. Lo pongo a circular en todos los grupos de WhatsApp en los que estoy: crianza, clases del cole, AMPA, parque, piscina e incluso en un par de grupos de trabajo. Las respuestas no tardan en llegar.
Desde el grupo de WhatsApp de crianza de mi barrio me contesta rápidamente Agnès, madre de dos: “Este verano he conseguido no tirar tanto de campamentos y de abuelos alquilando un apartamento en la playa con tres amigas. Entre las tres tenemos cinco hijos con edades similares: los dos míos, otra tiene uno, y la otra dos (entre ellos, un bebé). Son dos de mis amigas más cercanas y las tres somos autónomas, así que nos hemos ido a la playa a teletrabajar.
Hemos conseguido una fórmula que nos funciona a base de organizarnos muy bien: mientras una trabaja, la otra cuida y la otra cocina, por ejemplo, y así todos los días”, explica. Agnès ha alquilado un piso en la playa con otras dos amigas, entre las tres tienen cinco hijos: 'Hemos conseguido una fórmula que nos funciona a base de organizarnos muy bien: mientras una trabaja, la otra cuida y la otra cocina' Poco después me llega un mensaje de Mar, desde el AMPA del colegio. Ella recuerda que en el verano de 2020 consiguieron montar una forma de “organización alternativa”: “Éramos cinco familias amigas, con ocho peques en total: cinco niños que tenían en aquel momento tres años, uno de dos y dos bebés.
Lo que hicimos fue contratar a la que había sido su profe en la escuela infantil, que en ese momento estaba cerrada por la pandemia, y le pagábamos para que cuidase de todos mientras los adultos trabajábamos”. El sistema estaba muy bien organizado: “Tres familias dejaban sus casas para que estuviera la profe con todos los niños y las otras dos familias se encargaban de la comida de todos”, recuerda. “Fue un verano genial para los peques: pintaban, se disfrazaban, hacían pintacaras, jugaban con crema de afeitar…”. “Fue muy especial”, añade Merel, otra de las madres del grupo, que junto con su pareja se encargaban de organizar las comidas: “Había tanta cantidad que la llevábamos de una casa a otra en un carrito de bebé”, rememora. Otra de las madres lo recuerda como un verano “genial” pero “intenso”.
Mario, Yaiza y Ana son vecinos desde hace años, con hijos e hijas de edades semejantes. Viven en un pueblo pequeño donde hay piscina municipal. También me cuentan su caso.
Lo hace Ana en nombre de los tres: “Nos conocemos desde que nosotros éramos pequeños, y ahora que tenemos hijos compartimos muchas tardes en la piscina. Charlamos mientras los peques se bañan y siempre comentamos lo largo que se nos hace el verano. De manera bastante natural hemos ido estableciendo un sistema de turnos para quedarnos en la piscina con los peques.
Mientras uno está con ellos la otra puede irse a casa para una reunión de trabajo sin interrupciones o para preparar la cena. No es un sistema organizado, vamos improvisando día a día. Incluso hay tardes en las que los más mayores, que ya son adolescentes, se quedan a cargo de los pequeños”, cuenta.
Una mañana de verano compartiendo cuidados y trabajo en casa. Cedida Mientras que en los pueblos pequeños las redes familiares o de amigas pueden suplir la falta de servicios, en grandes ciudades han surgido fórmulas diferentes para facilitar la conciliación. Es el caso de los play café (cafeterías con zonas de juego) o los coworkings kidfriendly (espacios para el teletrabajo con recursos para niños y niñas).
Isabel es la dueña, junto a su marido, de Little and Latte, un “café familiar” en Madrid. Sabiendo de las dificultades de las familias para conciliar –ellos también son padres–, este verano han contratado una monitora. “Hemos alucinado con la cantidad de familias que vienen. Como mínimo cada día teletrabajan aquí cinco o seis padres y madres con sus peques.
La monitora les organiza actividades y juegos mientras ellos trabajan. Funciona muy bien”, explica Isabel. Cada día teletrabajan aquí cinco o seis padres y madres con sus peques.
La monitora les organiza actividades y juegos mientras ellos trabajan Isabel — copropietaria de Little and Latte, "café familiar" Desde Barcelona, Laura me cuenta que han utilizado una fórmula parecida: varios días a la semana acuden a trabajar a El refugi de les mares, un espacio multidisciplinar donde se puede teletrabajar mientras bebés, niños y niñas juegan, o acudir a talleres sobre maternidad y clases de deporte. “Es una fórmula muy chula porque permite integrar todo en un mismo espacio. A mí me facilita muchísimo la vida con peques, especialmente en verano.
¡Es que es muy largo!”, bromea. Andrea Ros también es madre y es la responsable del Refugi. Intenta explicar su proyecto en un audio de WhatsApp. “Te resumo, a ver si me dejan mis hijos, que están por aquí revoloteando”, comienza su mensaje. “El Refugi de les mares es un espacio de bienestar y salud para madres durante todo el año.
Tenemos grupos de acompañamiento, clases de fuerza y de yoga, consultas de fisios, osteópatas y psicólogas. Y luego está el coworking, un espacio 100% diseñado para la infancia donde puedes venir a trabajar con tu hijo. Lo que reforzamos en verano es la parte de refugio climático, porque tenemos aire acondicionado, y ampliamos la edad de los niños y niñas con más propuestas y materiales”, expone Andrea.
Muchos otros mensajes de madres y padres se quedan en la denuncia y la queja: no encuentran esas fórmulas alternativas para cuidar y trabajar, así que me piden que comparta con ellas las ideas que estoy recopilando. “¿De verdad existen los coworkings con espacios de juegos? ¿Me pasas las referencias?”, pregunta Manuel en el grupo de crianza. En el chat del parque, lo mismo. “Yo no puedo más, estoy agotada”, me dice Paula. “Si encuentras soluciones compártelas, por favor”.
María me cuenta que con un peque de dos años todavía no sabe qué va a hacer en agosto, cuando cierre la escuela infantil. “Para su edad apenas hay campamentos y yo no tengo vacaciones ahora”. Tania acaba bromeando con las temidas “mataciones”, esa mezcla entre trabajo, cuidados y carga mental que termina agotando a las familias. “Y todavía nos quedan días y días, esto es una carrera de fondo”. Cierra su mensaje con varios emoticonos: el de la cabeza que explota, el del que tiene sueño y el del bíceps, como para darse fuerza a sí misma.
La ausencia de medidas efectivas para conciliar, la escasez de plazas públicas en campamentos o las dificultades para teletrabajar con niños y niñas en casa acaban haciendo del verano una auténtica gymkana para madres y padres. Un sálvese quien pueda en el que cada familia se lo monta como puede. “Al final, es pura supervivencia, y eso agudiza el ingenio”, me dice Ana desde la piscina. Tanto ella como el resto de familias que me cuentan sus casos denuncian que la situación es insostenible.
A falta de soluciones globales, solo buscan sobrevivir hasta septiembre con los recursos que tienen. Etiquetas / Nidos / Conciliación / verano / Niños / familias