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Internacional
lunes, 17 de agosto de 2026

El hábito que muchos padres olvidan enseñar a sus hijos antes de ir a la playa o al campamento

Cuando llega el verano, las familias suelen repetir casi de memoria el mismo ritual antes de salir de casa: crema solar, gorra, agua y, si el plan es largo, algo de comida. Sin embargo, hay una parte

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

El hábito que muchos padres olvidan enseñar a sus hijos antes de ir a la playa o al campamento Gafas de sol, gorra y pequeños gestos cotidianos ayudan a proteger los ojos de los niños durante las vacaciones Regala esta noticia Añádenos en Google El cristalino de los niños filtra una menor cantidad de radiación ultravioleta que el de los adultos. (ABC) Soledad Barbacil Madrid 18/08/2026 a las 01:55h. Cuando llega el verano, las familias suelen repetir casi de memoria el mismo ritual antes de salir de casa: crema solar, gorra, agua y, si el plan es largo, algo de comida. Sin embargo, hay una parte de esa protección que todavía no ... forma parte de las rutinas de muchos niños: el cuidado de los ojos.

Playa, piscina, montaña, campamentos y actividades deportivas multiplican durante estas semanas el tiempo que los menores pasan al aire libre y, con ello, su exposición al sol, al viento, al polvo, a la arena o al agua. «La mayoría de las familias tiene muy interiorizado que la piel de los niños necesita protección frente al sol, pero todavía no hemos adquirido el mismo hábito con los ojos», explica Cortés Pozo, Product Manager de Grupo Prats y óptico-optometrista. En su opinión, proteger la vista debería incorporarse a la educación cotidiana de los menores con la misma naturalidad con la que se les enseña a ponerse crema solar o utilizar una gorra.

No se trata de añadir una nueva obligación a la lista de tareas de los padres, sino de incorporar determinados gestos a las rutinas que los niños ya conocen. La razón está también en las características del ojo infantil: el cristalino de los niños es más transparente que el de los adultos y filtra una menor cantidad de radiación ultravioleta, por lo que una mayor proporción puede alcanzar las estructuras internas del ojo. Además, la exposición acumulada comienza desde edades tempranas.

El verano ofrece multitud de planes al aire libre, pero cada uno presenta unas circunstancias diferentes. En la playa, tanto la arena como el agua reflejan una cantidad importante de radiación solar. En la montaña, la intensidad de la radiación aumenta con la altitud y también puede existir un fuerte reflejo.

En la piscina se añaden factores como el cloro, mientras que el viento, el polvo o la propia actividad de los niños pueden favorecer irritaciones. A estos escenarios se suman los campamentos de verano, donde los menores pasan buena parte del día jugando, practicando deporte, haciendo excursiones o participando en actividades acuáticas. El Instituto Oftalmológico Fernández-Vega advierte de que la radiación ultravioleta, el agua de las piscinas, el viento, el polvo y el contacto estrecho entre los niños pueden favorecer diferentes afecciones oculares, entre ellas conjuntivitis, fotoqueratitis y traumatismos.

Estos últimos constituyen, además, una de las causas frecuentes de atención urgente en la infancia. Un estudio multicéntrico realizado en cinco hospitales españoles identificó que el 54,7% de las lesiones oculares infantiles se produjeron mientras los niños jugaban y que un 6,8% presentó secuelas inmediatas, entre ellas disminución de la agudeza visual. Noticia relacionada ¿Debo tener a mi hijo al sol sin crema solar un rato para que absorba vitamina D?

Laura Peraita La fotoqueratitis es otra de las lesiones que pueden aparecer después de una exposición intensa a la radiación ultravioleta. Se trata de una inflamación aguda de la córnea que puede provocar dolor, lagrimeo, sensación de cuerpo extraño y una elevada sensibilidad a la luz. Según el cuestionario elaborado por Cortés Pozo, este tipo de cuadros se observa especialmente después de exposiciones prolongadas en entornos como la nieve, la montaña o determinadas actividades acuáticas sin protección adecuada.

Enseñarles a protegerse también es crianza Uno de los primeros hábitos que pueden incorporar las familias es el uso de gafas de sol cuando las condiciones de exposición lo requieran. No existe una edad mínima concreta para utilizarlas: lo importante es que sean adecuadas para el niño, se adapten correctamente a su rostro y cuenten con un filtro que bloquee el 100% de la radiación ultravioleta. La elección tampoco debería hacerse únicamente por el color de la lente o por el diseño que más guste al pequeño.

«No debemos fijarnos únicamente en que sea una lente oscura o en el diseño de la montura», advierte Cortés Pozo. Una lente oscura que no incorpore un filtro UV adecuado puede resultar incluso contraproducente. Por ello, recomienda que las gafas estén homologadas, sean resistentes, cómodas y se adapten correctamente al rostro del niño para evitar que la radiación entre por los laterales.

También conviene tener en cuenta que las gafas graduadas transparentes pueden incorporar filtros que bloqueen la radiación ultravioleta. Sin embargo, cuando la exposición al sol es intensa, como sucede en la playa, la montaña o determinadas actividades al aire libre, las gafas de sol continúan siendo una opción adecuada porque, además de proteger frente al UV, reducen el deslumbramiento. La protección ocular puede acompañarse de otros gestos sencillos que los padres pueden enseñar a sus hijos.

Utilizar una gorra o sombrero con visera, buscar la sombra durante las horas centrales del día y evitar mirar directamente al sol forman parte de estas recomendaciones. También es importante enseñar a los menores a no frotarse los ojos con las manos sucias, especialmente después de jugar en la playa o en la piscina, ya que la arena y otras partículas pueden provocar irritaciones. «Lo importante es no restar importancia a las molestias persistentes y evitar la automedicación»

Cortés Pozo Newsletter En los campamentos aparece además otro hábito relacionado con la convivencia entre niños: la higiene. El Instituto Oftalmológico Fernández-Vega señala que el contacto estrecho entre menores puede favorecer la aparición de conjuntivitis infecciosas, tanto víricas como bacterianas. Por ello, lavarse las manos antes de tocarse los ojos y evitar compartir objetos de uso personal son medidas preventivas importantes.

Toallas, fundas de almohada, gafas de sol o gafas de buceo deben ser de uso individual. Para los padres, la clave está también en enseñar a los niños a reconocer determinadas señales. Después de una exposición intensa al sol, síntomas como dolor ocular, lagrimeo abundante, sensibilidad exagerada a la luz, sensación de tener arena dentro del ojo, enrojecimiento o visión borrosa justifican una valoración por un profesional sanitario.

«Lo importante es no restar importancia a las molestias persistentes y evitar la automedicación», señala Cortés Pozo. La protección frente al sol, además, no responde únicamente a las molestias que puedan aparecer durante una jornada concreta. La exposición a la radiación ultravioleta es acumulativa y la evidencia científica ha relacionado la exposición prolongada sin protección adecuada con un mayor riesgo de determinadas alteraciones oculares a lo largo de la vida.

Una revisión de 22 estudios epidemiológicos publicada en Ophthalmic Epidemiology encontró evidencia consistente de la asociación entre la exposición ocular a radiación UV-B y la catarata cortical. Por eso, la recomendación de los especialistas pasa por convertir la protección ocular en un hábito más dentro de la rutina familiar. «Les diría que incorporen la protección ocular a la rutina familiar con la misma naturalidad con la que aplican la crema solar antes de salir de casa», señala Cortés Pozo.

«Los ojos de los niños también necesitan protección y crear ese hábito desde pequeños es una de las mejores inversiones que podemos hacer en su salud ocular futura». En la misma línea, la oftalmóloga pediátrica del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega, Lucía Fernández-Vega, destaca que «los campamentos son una oportunidad extraordinaria para que los niños disfruten del verano y desarrollen hábitos saludables». La especialista apunta que medidas como proteger los ojos del sol, mantener una buena higiene y prestar atención a los síntomas oculares permiten evitar la mayoría de las complicaciones durante las vacaciones. comentarios Reportar un error El hábito que muchos padres olvidan enseñar a sus hijos antes de ir a la playa o al campamento Gafas de sol, gorra y pequeños gestos cotidianos ayudan a proteger los ojos de los niños durante las vacaciones Regala esta noticia Añádenos en Google El cristalino de los niños filtra una menor cantidad de radiación ultravioleta que el de los adultos. (ABC) Soledad Barbacil Madrid 18/08/2026 a las 01:55h.

Cuando llega el verano, las familias suelen repetir casi de memoria el mismo ritual antes de salir de casa: crema solar, gorra, agua y, si el plan es largo, algo de comida. Sin embargo, hay una parte de esa protección que todavía no ... forma parte de las rutinas de muchos niños: el cuidado de los ojos. Playa, piscina, montaña, campamentos y actividades deportivas multiplican durante estas semanas el tiempo que los menores pasan al aire libre y, con ello, su exposición al sol, al viento, al polvo, a la arena o al agua.

«La mayoría de las familias tiene muy interiorizado que la piel de los niños necesita protección frente al sol, pero todavía no hemos adquirido el mismo hábito con los ojos», explica Cortés Pozo, Product Manager de Grupo Prats y óptico-optometrista. En su opinión, proteger la vista debería incorporarse a la educación cotidiana de los menores con la misma naturalidad con la que se les enseña a ponerse crema solar o utilizar una gorra. No se trata de añadir una nueva obligación a la lista de tareas de los padres, sino de incorporar determinados gestos a las rutinas que los niños ya conocen.

La razón está también en las características del ojo infantil: el cristalino de los niños es más transparente que el de los adultos y filtra una menor cantidad de radiación ultravioleta, por lo que una mayor proporción puede alcanzar las estructuras internas del ojo. Además, la exposición acumulada comienza desde edades tempranas. El verano ofrece multitud de planes al aire libre, pero cada uno presenta unas circunstancias diferentes.

En la playa, tanto la arena como el agua reflejan una cantidad importante de radiación solar. En la montaña, la intensidad de la radiación aumenta con la altitud y también puede existir un fuerte reflejo. En la piscina se añaden factores como el cloro, mientras que el viento, el polvo o la propia actividad de los niños pueden favorecer irritaciones.

A estos escenarios se suman los campamentos de verano, donde los menores pasan buena parte del día jugando, practicando deporte, haciendo excursiones o participando en actividades acuáticas. El Instituto Oftalmológico Fernández-Vega advierte de que la radiación ultravioleta, el agua de las piscinas, el viento, el polvo y el contacto estrecho entre los niños pueden favorecer diferentes afecciones oculares, entre ellas conjuntivitis, fotoqueratitis y traumatismos. Estos últimos constituyen, además, una de las causas frecuentes de atención urgente en la infancia.

Un estudio multicéntrico realizado en cinco hospitales españoles identificó que el 54,7% de las lesiones oculares infantiles se produjeron mientras los niños jugaban y que un 6,8% presentó secuelas inmediatas, entre ellas disminución de la agudeza visual. Noticia relacionada ¿Debo tener a mi hijo al sol sin crema solar un rato para que absorba vitamina D? Laura Peraita La fotoqueratitis es otra de las lesiones que pueden aparecer después de una exposición intensa a la radiación ultravioleta.

Se trata de una inflamación aguda de la córnea que puede provocar dolor, lagrimeo, sensación de cuerpo extraño y una elevada sensibilidad a la luz. Según el cuestionario elaborado por Cortés Pozo, este tipo de cuadros se observa especialmente después de exposiciones prolongadas en entornos como la nieve, la montaña o determinadas actividades acuáticas sin protección adecuada. Enseñarles a protegerse también es crianza Uno de los primeros hábitos que pueden incorporar las familias es el uso de gafas de sol cuando las condiciones de exposición lo requieran.

No existe una edad mínima concreta para utilizarlas: lo importante es que sean adecuadas para el niño, se adapten correctamente a su rostro y cuenten con un filtro que bloquee el 100% de la radiación ultravioleta. La elección tampoco debería hacerse únicamente por el color de la lente o por el diseño que más guste al pequeño. «No debemos fijarnos únicamente en que sea una lente oscura o en el diseño de la montura», advierte Cortés Pozo.

Una lente oscura que no incorpore un filtro UV adecuado puede resultar incluso contraproducente. Por ello, recomienda que las gafas estén homologadas, sean resistentes, cómodas y se adapten correctamente al rostro del niño para evitar que la radiación entre por los laterales. También conviene tener en cuenta que las gafas graduadas transparentes pueden incorporar filtros que bloqueen la radiación ultravioleta.

Sin embargo, cuando la exposición al sol es intensa, como sucede en la playa, la montaña o determinadas actividades al aire libre, las gafas de sol continúan siendo una opción adecuada porque, además de proteger frente al UV, reducen el deslumbramiento. La protección ocular puede acompañarse de otros gestos sencillos que los padres pueden enseñar a sus hijos. Utilizar una gorra o sombrero con visera, buscar la sombra durante las horas centrales del día y evitar mirar directamente al sol forman parte de estas recomendaciones.

También es importante enseñar a los menores a no frotarse los ojos con las manos sucias, especialmente después de jugar en la playa o en la piscina, ya que la arena y otras partículas pueden provocar irritaciones. «Lo importante es no restar importancia a las molestias persistentes y evitar la automedicación» Cortés Pozo Newsletter En los campamentos aparece además otro hábito relacionado con la convivencia entre niños: la higiene.

El Instituto Oftalmológico Fernández-Vega señala que el contacto estrecho entre menores puede favorecer la aparición de conjuntivitis infecciosas, tanto víricas como bacterianas. Por ello, lavarse las manos antes de tocarse los ojos y evitar compartir objetos de uso personal son medidas preventivas importantes. Toallas, fundas de almohada, gafas de sol o gafas de buceo deben ser de uso individual.

Para los padres, la clave está también en enseñar a los niños a reconocer determinadas señales. Después de una exposición intensa al sol, síntomas como dolor ocular, lagrimeo abundante, sensibilidad exagerada a la luz, sensación de tener arena dentro del ojo, enrojecimiento o visión borrosa justifican una valoración por un profesional sanitario. «Lo importante es no restar importancia a las molestias persistentes y evitar la automedicación», señala Cortés Pozo.

La protección frente al sol, además, no responde únicamente a las molestias que puedan aparecer durante una jornada concreta. La exposición a la radiación ultravioleta es acumulativa y la evidencia científica ha relacionado la exposición prolongada sin protección adecuada con un mayor riesgo de determinadas alteraciones oculares a lo largo de la vida. Una revisión de 22 estudios epidemiológicos publicada en Ophthalmic Epidemiology encontró evidencia consistente de la asociación entre la exposición ocular a radiación UV-B y la catarata cortical.

Por eso, la recomendación de los especialistas pasa por convertir la protección ocular en un hábito más dentro de la rutina familiar. «Les diría que incorporen la protección ocular a la rutina familiar con la misma naturalidad con la que aplican la crema solar antes de salir de casa», señala Cortés Pozo. «Los ojos de los niños también necesitan protección y crear ese hábito desde pequeños es una de las mejores inversiones que podemos hacer en su salud ocular futura».

En la misma línea, la oftalmóloga pediátrica del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega, Lucía Fernández-Vega, destaca que «los campamentos son una oportunidad extraordinaria para que los niños disfruten del verano y desarrollen hábitos saludables». La especialista apunta que medidas como proteger los ojos del sol, mantener una buena higiene y prestar atención a los síntomas oculares permiten evitar la mayoría de las complicaciones durante las vacaciones. comentarios Reportar un error ¿Debo tener a mi hijo al sol sin crema solar un rato para que absorba vitamina D? Laura Peraita Navegación, música y manos libres del móvil en la misma pantalla para modernizar el coche Alejandra Santisteban Guiu Eugenia Martínez de Irujo: «El desayuno más sabroso es el que tomo en mi casa, tostada integral con aceite de oliva y un café con hielo»

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Publicado por Redacción · lunes, 17 de agosto de 2026

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