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Internacional
miércoles, 19 de agosto de 2026

La zona gris

Hay un peligroso sobrentendido general, un lapsus mental que hasta la oposición ha dejado pasar en el debate sobre la crisis de Ceuta. Reside en la idea de evitar que los ocupantes pasen a la Penínsul

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

La zona gris La preocupación por que los ocupantes no crucen el Estrecho excluye de facto a Ceuta como parte del proyecto común europeo Escucha el artículo. 3 min Escucha el artículo. 3 min Regala esta noticia Añádenos en Google Uno de los cayucos con inmigrantes llegados a la isla canaria de El Hierro. (Reuters) Ignacio Camacho 19/08/2026 Actualizado a las 19:07h. Hay un peligroso sobrentendido general, un lapsus mental que hasta la oposición ha dejado pasar en el debate sobre la crisis de Ceuta. Reside en la idea de evitar que los ocupantes pasen a la Península Ibérica, como si ahora estuviesen en zona gris, en ... tierra de nadie, en una suerte de limbo extraterritorial de donde no importa si se van o se quedan.

Y si ya es grave que ésa sea la única preocupación de la Unión Europea, mucho peor es que los españoles terminemos perdiendo la conciencia sobre nuestra integridad territorial, o sea, sobre nuestras propias fronteras. Ceuta y Melilla son parte de España y el hecho de que los asaltantes lo entiendan mejor que nosotros debería sonrojarnos de vergüenza. Ellos sí saben dónde han entrado y por eso se arriesgan.

Esas dos ciudades están en África pero son Europa, o son Europa aunque estén en África. Más lejos está Nueva Caledonia y sus habitantes son franceses de pleno derecho que votan en las elecciones de Francia y comparten la ciudadanía comunitaria. Europa no es un mero concepto geográfico sino una noción política, cultural, social, cívica e histórica, sobre el que las naciones de la UE han construido un proyecto de valores compartidos y convivencia jurídicamente reglada.

Y cuando se olvida, desde una estricta mirada etnocéntrica, la existencia de territorios extraeuropeos acogidos a ese ordenamiento supranacional, dicho proyecto fracasa y con él el esfuerzo colectivo de décadas de integración bajo un mismo espacio de leyes democráticas. Sin embargo, en Bruselas y en Madrid sólo inquieta que los inmigrantes que no han regresado a Marruecos puedan cruzar el Estrecho. Ésa es la cuestión bajo la que queda soslayado el problema de devolverlos o qué hacer con ellos.

Se trata de mantenerlos como sea al otro lado del mar para que no aumenten las cuitas de los respectivos gobiernos. De convertir a Ceuta en Albania o Ruanda, los países que Meloni o Johnson utilizaron como aparcadero. De dejar que se las compongan los ceutíes, con los servicios públicos colapsados y las fuerzas de seguridad sufriendo brotes de sarna en míseras condiciones de alojamiento.

De aplicar a ochenta mil españoles la infamante doctrina del patio trasero. Con semejante política migratoria poco puede extrañar el creciente rechazo de los votantes y el auge de los populistas que los cautivan con promesas de soluciones inaplicables. En Ceuta y Melilla no puede haber xenofobia porque la mitad de los vecinos son musulmanes; lo que existe es hartazgo ante la ausencia de medidas eficaces.

Hay justificada sensación de abandono, de desprecio constante de unas autoridades nacionales que discriminan a los compatriotas allí establecidos como ciudadanos de tercera clase. Los están dejando tirados y allá que se apañen con los hospitales saturados y el caos en las calles mientras el contingente irregular no traspase los límites continentales. Si el presidente Vivas no fuese un hombre responsable fletaría barcos para ponérselo delante a quienes se niegan a enterarse. comentarios Reportar un error La zona gris La preocupación por que los ocupantes no crucen el Estrecho excluye de facto a Ceuta como parte del proyecto común europeo Escucha el artículo. 3 min Escucha el artículo. 3 min Regala esta noticia Añádenos en Google Uno de los cayucos con inmigrantes llegados a la isla canaria de El Hierro. (Reuters) Ignacio Camacho 19/08/2026 Actualizado a las 19:07h.

Hay un peligroso sobrentendido general, un lapsus mental que hasta la oposición ha dejado pasar en el debate sobre la crisis de Ceuta. Reside en la idea de evitar que los ocupantes pasen a la Península Ibérica, como si ahora estuviesen en zona gris, en ... tierra de nadie, en una suerte de limbo extraterritorial de donde no importa si se van o se quedan. Y si ya es grave que ésa sea la única preocupación de la Unión Europea, mucho peor es que los españoles terminemos perdiendo la conciencia sobre nuestra integridad territorial, o sea, sobre nuestras propias fronteras.

Ceuta y Melilla son parte de España y el hecho de que los asaltantes lo entiendan mejor que nosotros debería sonrojarnos de vergüenza. Ellos sí saben dónde han entrado y por eso se arriesgan. Esas dos ciudades están en África pero son Europa, o son Europa aunque estén en África.

Más lejos está Nueva Caledonia y sus habitantes son franceses de pleno derecho que votan en las elecciones de Francia y comparten la ciudadanía comunitaria. Europa no es un mero concepto geográfico sino una noción política, cultural, social, cívica e histórica, sobre el que las naciones de la UE han construido un proyecto de valores compartidos y convivencia jurídicamente reglada. Y cuando se olvida, desde una estricta mirada etnocéntrica, la existencia de territorios extraeuropeos acogidos a ese ordenamiento supranacional, dicho proyecto fracasa y con él el esfuerzo colectivo de décadas de integración bajo un mismo espacio de leyes democráticas.

Sin embargo, en Bruselas y en Madrid sólo inquieta que los inmigrantes que no han regresado a Marruecos puedan cruzar el Estrecho. Ésa es la cuestión bajo la que queda soslayado el problema de devolverlos o qué hacer con ellos. Se trata de mantenerlos como sea al otro lado del mar para que no aumenten las cuitas de los respectivos gobiernos.

De convertir a Ceuta en Albania o Ruanda, los países que Meloni o Johnson utilizaron como aparcadero. De dejar que se las compongan los ceutíes, con los servicios públicos colapsados y las fuerzas de seguridad sufriendo brotes de sarna en míseras condiciones de alojamiento. De aplicar a ochenta mil españoles la infamante doctrina del patio trasero.

Con semejante política migratoria poco puede extrañar el creciente rechazo de los votantes y el auge de los populistas que los cautivan con promesas de soluciones inaplicables. En Ceuta y Melilla no puede haber xenofobia porque la mitad de los vecinos son musulmanes; lo que existe es hartazgo ante la ausencia de medidas eficaces. Hay justificada sensación de abandono, de desprecio constante de unas autoridades nacionales que discriminan a los compatriotas allí establecidos como ciudadanos de tercera clase.

Los están dejando tirados y allá que se apañen con los hospitales saturados y el caos en las calles mientras el contingente irregular no traspase los límites continentales. Si el presidente Vivas no fuese un hombre responsable fletaría barcos para ponérselo delante a quienes se niegan a enterarse. comentarios Reportar un error La cancelación de ruido no es de auriculares de 200 euros: 5 modelos por menos que un tope de gama Alejandra Santisteban Guiu Javier Bardem: «Sé que tipo de padre quiero ser. No quiero estar encima de ellos diciéndoles qué hacer y cómo hacerlo»

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Publicado por Redacción · miércoles, 19 de agosto de 2026

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