Luis Uruñuela, la serenidad de la democracia: el alcalde que abrió las puertas del Ayuntamiento a Sevilla
Luis Uruñuela nos ha dejado para la posteridad una de esas ausencias que obligan a detener el paso y mirar su aportación a la historia de Sevilla con serenidad y agradecimiento. No desaparece solo un
Luis Uruñuela, la serenidad de la democracia: el alcalde que abrió las puertas del Ayuntamiento a Sevilla Luis fue un alcalde que se recuerda por una manera de estar en la ciudad, más que de gobernar la ciudad Regala esta noticia Añádenos en Google José Luis Sanz 31/07/2026 a las 20:46h. Luis Uruñuela nos ha dejado para la posteridad una de esas ausencias que obligan a detener el paso y mirar su aportación a la historia de Sevilla con serenidad y agradecimiento. No desaparece solo un exalcalde; desaparece una figura esencial para la política municipal que ... ocupa un lugar singular en la memoria democrática de nuestra ciudad.
Será recordado siempre como el primer alcalde elegido democráticamente tras la dictadura, pero pasará a la historia como el hombre que, el 21 de abril de 1979, devolvió al Ayuntamiento de Sevilla una legitimidad nacida de las urnas y del acuerdo entre las diferentes fuerzas políticas que pasaron a formar parte de su Pleno. Ese dato no es una anécdota más de la historia de la Transición en nuestra ciudad. Hoy, cuando sentimos su pérdida, es también una lección política de plena actualidad.
Recuerdo que el día de su toma de posesión, Luis Uruñuela salió al balcón del Ayuntamiento y saludó a una Plaza Nueva llena de esperanza. Cuarenta y siete años después, ese gesto adquiere un significado más profundo. Porque gobernar una ciudad no consiste solo en asomarse al balcón de la historia, sino en sentirse responsable de la esperanza de los ciudadanos.
Luis Uruñuela entendió esa responsabilidad con honestidad, con mesura y con respeto a todos los sevillanos. Aquel momento tuvo un valor que hoy conviene recordar. Sevilla salía de una etapa de profundas divisiones y afrontaba el desafío de construir instituciones democráticas sólidas.
Uruñuela llegó a la Alcaldía con 42 años, desde el andalucismo político y con un importante bagaje profesional desarrollado en el mundo de la abogacía laboralista y la defensa de las libertades públicas. Por eso hizo suyo, desde el primer día, un estilo propio en el que la capacidad de entendimiento fue su principal herramienta en la tarea de gobernar la ciudad en un primer mandato, entre 1979 y 1983, que estuvo fuertemente condicionado por enormes limitaciones económicas y por un marco legal que todavía distaba mucho de adaptarse a la gestión pública de finales del siglo XX. Aun así, su gobierno dejó decisiones de largo alcance.
Defendió la continuidad de las obras del Metro como una apuesta estratégica para el futuro de Sevilla, impulsó medidas de protección del patrimonio histórico mediante la paralización cautelar de derribos y apoyó proyectos de expansión urbana que resultarían decisivos para el crecimiento posterior de la ciudad, como el desarrollo del Polígono Aeropuerto, hoy Sevilla Este. Pero reducir a Luis Uruñuela a un sumatorio de actuaciones sería injusto, además de inexacto. Luis fue un alcalde que se recuerda por una manera de estar en la ciudad, más que de gobernar la ciudad.
Quienes tenemos la responsabilidad de gobernar Sevilla sabemos que la ciudad avanza más cuando sus dirigentes son capaces de reconocer al adversario político como un interlocutor legítimo. En tiempos de discrepancias intensas y de ruido permanente, la figura de Luis Uruñuela nos recuerda que la firmeza en las convicciones no está reñida con el respeto, y que la búsqueda de acuerdos no debilita la política, sino que la ennoblece. Los testimonios de quienes trabajaron con él coinciden en describir a una persona dialogante, sobria en las formas, poco inclinada al enfrentamiento estéril y muy consciente de la dimensión institucional del cargo.
Entendía que el Ayuntamiento no era patrimonio de un partido, sino la casa común de los sevillanos. Esa idea, tan sencilla y tan exigente, nos guía también a quienes ocupamos responsabilidades públicas. La imagen que se vio en 2009, cuando Luis Uruñuela recibía la Medalla de Sevilla junto a Manuel del Valle y Soledad Becerril, simboliza precisamente esa continuidad democrática por encima de las legítimas diferencias partidistas fruto de las distintas sensibilidades políticas.
Todos forman parte de la historia de la ciudad y merecen respeto institucional. Hoy, al despedir a Luis Uruñuela, no deberíamos preguntarnos solo qué hizo por Sevilla, sino qué nos exige su ejemplo. Nos exige más escucha y menos estridencia; más sentido institucional y menos cálculo inmediato; más proyección a largo plazo de la ciudad real y menos atención al conflicto cotidiano.
Porque Sevilla se construye desde la base del tono de quienes las gobiernan. Y Luis Uruñuela, desde la serenidad, el diálogo y el respeto democrático, contribuyó a elevar ese tono en uno de los momentos más decisivos de la historia contemporánea de nuestra ciudad. Esa huella no pertenece al pasado.
Es una tarea para el presente y una obligación para quienes tenemos el honor de servir hoy a esta ciudad. Hoy despedimos a un alcalde, pero también a un protagonista de la historia de Sevilla. En nombre del Ayuntamiento de Sevilla y en el mío propio, quiero trasladar mi más sentido pésame a su familia, a sus amigos y a todas las personas que compartieron con él una vida dedicada al servicio público.
Descanse en paz, Luis Uruñuela. José Luis Sanz Alcalde de Sevilla Temas Alcaldes Sevilla comentarios Reportar un error Luis Uruñuela, la serenidad de la democracia: el alcalde que abrió las puertas del Ayuntamiento a Sevilla Luis fue un alcalde que se recuerda por una manera de estar en la ciudad, más que de gobernar la ciudad Regala esta noticia Añádenos en Google José Luis Sanz 31/07/2026 a las 20:46h. Luis Uruñuela nos ha dejado para la posteridad una de esas ausencias que obligan a detener el paso y mirar su aportación a la historia de Sevilla con serenidad y agradecimiento.
No desaparece solo un exalcalde; desaparece una figura esencial para la política municipal que ... ocupa un lugar singular en la memoria democrática de nuestra ciudad. Será recordado siempre como el primer alcalde elegido democráticamente tras la dictadura, pero pasará a la historia como el hombre que, el 21 de abril de 1979, devolvió al Ayuntamiento de Sevilla una legitimidad nacida de las urnas y del acuerdo entre las diferentes fuerzas políticas que pasaron a formar parte de su Pleno. Ese dato no es una anécdota más de la historia de la Transición en nuestra ciudad.
Hoy, cuando sentimos su pérdida, es también una lección política de plena actualidad. Recuerdo que el día de su toma de posesión, Luis Uruñuela salió al balcón del Ayuntamiento y saludó a una Plaza Nueva llena de esperanza. Cuarenta y siete años después, ese gesto adquiere un significado más profundo.
Porque gobernar una ciudad no consiste solo en asomarse al balcón de la historia, sino en sentirse responsable de la esperanza de los ciudadanos. Luis Uruñuela entendió esa responsabilidad con honestidad, con mesura y con respeto a todos los sevillanos. Aquel momento tuvo un valor que hoy conviene recordar.
Sevilla salía de una etapa de profundas divisiones y afrontaba el desafío de construir instituciones democráticas sólidas. Uruñuela llegó a la Alcaldía con 42 años, desde el andalucismo político y con un importante bagaje profesional desarrollado en el mundo de la abogacía laboralista y la defensa de las libertades públicas. Por eso hizo suyo, desde el primer día, un estilo propio en el que la capacidad de entendimiento fue su principal herramienta en la tarea de gobernar la ciudad en un primer mandato, entre 1979 y 1983, que estuvo fuertemente condicionado por enormes limitaciones económicas y por un marco legal que todavía distaba mucho de adaptarse a la gestión pública de finales del siglo XX.
Aun así, su gobierno dejó decisiones de largo alcance. Defendió la continuidad de las obras del Metro como una apuesta estratégica para el futuro de Sevilla, impulsó medidas de protección del patrimonio histórico mediante la paralización cautelar de derribos y apoyó proyectos de expansión urbana que resultarían decisivos para el crecimiento posterior de la ciudad, como el desarrollo del Polígono Aeropuerto, hoy Sevilla Este. Pero reducir a Luis Uruñuela a un sumatorio de actuaciones sería injusto, además de inexacto.
Luis fue un alcalde que se recuerda por una manera de estar en la ciudad, más que de gobernar la ciudad. Quienes tenemos la responsabilidad de gobernar Sevilla sabemos que la ciudad avanza más cuando sus dirigentes son capaces de reconocer al adversario político como un interlocutor legítimo. En tiempos de discrepancias intensas y de ruido permanente, la figura de Luis Uruñuela nos recuerda que la firmeza en las convicciones no está reñida con el respeto, y que la búsqueda de acuerdos no debilita la política, sino que la ennoblece.
Los testimonios de quienes trabajaron con él coinciden en describir a una persona dialogante, sobria en las formas, poco inclinada al enfrentamiento estéril y muy consciente de la dimensión institucional del cargo. Entendía que el Ayuntamiento no era patrimonio de un partido, sino la casa común de los sevillanos. Esa idea, tan sencilla y tan exigente, nos guía también a quienes ocupamos responsabilidades públicas.
La imagen que se vio en 2009, cuando Luis Uruñuela recibía la Medalla de Sevilla junto a Manuel del Valle y Soledad Becerril, simboliza precisamente esa continuidad democrática por encima de las legítimas diferencias partidistas fruto de las distintas sensibilidades políticas. Todos forman parte de la historia de la ciudad y merecen respeto institucional. Hoy, al despedir a Luis Uruñuela, no deberíamos preguntarnos solo qué hizo por Sevilla, sino qué nos exige su ejemplo.
Nos exige más escucha y menos estridencia; más sentido institucional y menos cálculo inmediato; más proyección a largo plazo de la ciudad real y menos atención al conflicto cotidiano. Porque Sevilla se construye desde la base del tono de quienes las gobiernan. Y Luis Uruñuela, desde la serenidad, el diálogo y el respeto democrático, contribuyó a elevar ese tono en uno de los momentos más decisivos de la historia contemporánea de nuestra ciudad.
Esa huella no pertenece al pasado. Es una tarea para el presente y una obligación para quienes tenemos el honor de servir hoy a esta ciudad. Hoy despedimos a un alcalde, pero también a un protagonista de la historia de Sevilla.
En nombre del Ayuntamiento de Sevilla y en el mío propio, quiero trasladar mi más sentido pésame a su familia, a sus amigos y a todas las personas que compartieron con él una vida dedicada al servicio público. Descanse en paz, Luis Uruñuela. José Luis Sanz Alcalde de Sevilla Temas Alcaldes Sevilla comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero.
Los niños iban al comedor y yo, con ocho años, comía en las escaleras sola» Inés Romero Jorge Rey se adelanta a la Aemet y alerta del tiempo que hará en agosto según las Cabañuelas: «Otra ola de calor» Borja Sánchez