Juan Carlos Espinosa, director general de Inés Rosales: «Cada trabajadora hace 10.000 tortas de aceite al día»
El secreto mejor guardado de Inés Rosales no se encuentra en una fórmula matemática ni en un software de última generación, sino en las manos de sus trabajadoras . En la fábrica de Huévar del Aljarafe
Juan Carlos Espinosa, director general de Inés Rosales: «Cada trabajadora hace 10.000 tortas de aceite al día» El director general de la firma andaluza desvela el exigente proceso de selección de las 16 labradoras que dan forma a la masa en la fábrica, un oficio exclusivo de mujeres Regala esta noticia Añádenos en Google Este vídeo es exclusivo para suscriptores Disfruta de acceso ilimitado Suscríbete ¿Ya tienes una suscripción ? Inicia sesión Las mujeres labradoras de Inés Rosales haciendo tortas a mano. (Víctor Rodríguez) Carolina Álvarez Álvarez 02/08/2026 a las 07:02h.
El secreto mejor guardado de Inés Rosales no se encuentra en una fórmula matemática ni en un software de última generación, sino en las manos de sus trabajadoras. En la fábrica de Huévar del Aljarafe, el factor humano se eleva a la categoría de ... arte e ingeniería gracias a las 'labradoras', un equipo compuesto exclusivamente por mujeres que estiran la masa a mano, una a una, antes de entrar al horno. Juan Carlos Espinosa, director general de la marca, revela la asombrosa magnitud de este trabajo artesanal: cada una de estas profesionales es capaz de moldear 10.000 tortas de aceite al día, un ritmo vertiginoso que combina una resistencia física impecable con una sensibilidad casi milimétrica.
Lograr la excelencia en este oficio tradicional no es una tarea al alcance de cualquiera, ya que el proceso de aprendizaje requiere un mínimo de seis meses y depende enteramente de una destreza innata. La compañía busca perfiles con un don específico para el movimiento y la memoria muscular, cualidades que les permiten dar la forma y el grosor perfectos al producto de manera automatizada. Según detalla el propio Espinosa, la ausencia de hombres en este departamento clave responde a una cuestión puramente de constancia, ya que, hasta la fecha, la empresa solo ha identificado esa sensibilidad y habilidad natural en las mujeres del obrador.
El don innato y los seis meses de formación de las labradoras El proceso para convertirse en una labradora profesional de Inés Rosales exige una inversión de tiempo y paciencia que choca con la inmediatez de la industria moderna. «Lo primero que identificamos es si tiene la habilidad; hay un don para ello y no todo el mundo que quiere lo consigue», explica Juan Carlos Espinosa. La empresa busca una sensibilidad especial en las manos de las aspirantes para, a partir de ahí, desarrollar la destreza y el ritmo físico que exige el mercado.
Este periodo de entrenamiento se prolonga durante medio año, un tiempo en el que no todas las candidatas consiguen adaptarse a las exigencias de la firma. «Lo normal es que tardemos unos seis meses en desarrollar una profesional. Algunas pueden ser antes, otras parece que tienen la habilidad y después, al cabo de los tres meses, resulta que aquello no evoluciona y lamentablemente tenemos que dejar de invertir en ello», confiesa el director general.
Sin embargo, cuando se domina la técnica, la producción fluye de forma casi intuitiva: «Si tiene la habilidad de desarrollar el movimiento muscular y la memoria, al final hace un producto sin mirar». Empleada de inés Rosales revisando las tortas de aceite. (Víctor Rodríguez) Una de las particularidades más llamativas del obrador de Inés Rosales es que el puesto de labradora está ocupado de forma exclusiva por mujeres, una tradición que se mantiene viva por razones estrictamente de calidad y rendimiento. Al ser preguntado por este hecho, Espinosa es rotundo: «Porque esa habilidad natural que intentamos descubrir no la hemos descubierto en ningún hombre.
Esa es la razón». El control de calidad ante el reto de las 10.000 unidades diarias Mantener un ritmo de producción tan elevado sin el uso de moldes mecánicos requiere una disciplina estricta y un sistema de apoyo visual para las propias trabajadoras. El objetivo prioritario es garantizar el abastecimiento del mercado global sin que la torta pierda sus propiedades crujientes y su silueta característica.
«Es un proceso en el que cada una hace 10.000 tortas al día», subraya Espinosa para dimensionar el esfuerzo del equipo. Newsletter Para guiar a las labradoras durante su jornada, el obrador cuenta con pantallas digitales que actúan como un espejo de control de calidad en tiempo real. «Esa pantalla sirve para que ellas mismas vayan viendo cómo está el producto, sirve un poco de control de calidad por si las tortas van especialmente alargadas», comenta el director general.
El color y el grosor están íntimamente ligados en este proceso artesanal: «Si van más quemadas es porque van más finas, con lo cual se caramelizan; si van más blancas, es porque posiblemente no se hayan extendido bien. La pantalla les sirve de guía de cómo va su producto», concluye. Temas Informaciones Sevilla Huévar del Aljarafe Castilleja de la Cuesta comentarios Reportar un error Juan Carlos Espinosa, director general de Inés Rosales: «Cada trabajadora hace 10.000 tortas de aceite al día»
El director general de la firma andaluza desvela el exigente proceso de selección de las 16 labradoras que dan forma a la masa en la fábrica, un oficio exclusivo de mujeres Regala esta noticia Añádenos en Google Este vídeo es exclusivo para suscriptores Disfruta de acceso ilimitado Suscríbete ¿Ya tienes una suscripción ? Inicia sesión Las mujeres labradoras de Inés Rosales haciendo tortas a mano. (Víctor Rodríguez) Carolina Álvarez Álvarez 02/08/2026 a las 07:02h. El secreto mejor guardado de Inés Rosales no se encuentra en una fórmula matemática ni en un software de última generación, sino en las manos de sus trabajadoras.
En la fábrica de Huévar del Aljarafe, el factor humano se eleva a la categoría de ... arte e ingeniería gracias a las 'labradoras', un equipo compuesto exclusivamente por mujeres que estiran la masa a mano, una a una, antes de entrar al horno. Juan Carlos Espinosa, director general de la marca, revela la asombrosa magnitud de este trabajo artesanal: cada una de estas profesionales es capaz de moldear 10.000 tortas de aceite al día, un ritmo vertiginoso que combina una resistencia física impecable con una sensibilidad casi milimétrica. Lograr la excelencia en este oficio tradicional no es una tarea al alcance de cualquiera, ya que el proceso de aprendizaje requiere un mínimo de seis meses y depende enteramente de una destreza innata.
La compañía busca perfiles con un don específico para el movimiento y la memoria muscular, cualidades que les permiten dar la forma y el grosor perfectos al producto de manera automatizada. Según detalla el propio Espinosa, la ausencia de hombres en este departamento clave responde a una cuestión puramente de constancia, ya que, hasta la fecha, la empresa solo ha identificado esa sensibilidad y habilidad natural en las mujeres del obrador. El don innato y los seis meses de formación de las labradoras El proceso para convertirse en una labradora profesional de Inés Rosales exige una inversión de tiempo y paciencia que choca con la inmediatez de la industria moderna.
«Lo primero que identificamos es si tiene la habilidad; hay un don para ello y no todo el mundo que quiere lo consigue», explica Juan Carlos Espinosa. La empresa busca una sensibilidad especial en las manos de las aspirantes para, a partir de ahí, desarrollar la destreza y el ritmo físico que exige el mercado. Este periodo de entrenamiento se prolonga durante medio año, un tiempo en el que no todas las candidatas consiguen adaptarse a las exigencias de la firma.
«Lo normal es que tardemos unos seis meses en desarrollar una profesional. Algunas pueden ser antes, otras parece que tienen la habilidad y después, al cabo de los tres meses, resulta que aquello no evoluciona y lamentablemente tenemos que dejar de invertir en ello», confiesa el director general. Sin embargo, cuando se domina la técnica, la producción fluye de forma casi intuitiva: «Si tiene la habilidad de desarrollar el movimiento muscular y la memoria, al final hace un producto sin mirar».
Empleada de inés Rosales revisando las tortas de aceite. (Víctor Rodríguez) Una de las particularidades más llamativas del obrador de Inés Rosales es que el puesto de labradora está ocupado de forma exclusiva por mujeres, una tradición que se mantiene viva por razones estrictamente de calidad y rendimiento. Al ser preguntado por este hecho, Espinosa es rotundo: «Porque esa habilidad natural que intentamos descubrir no la hemos descubierto en ningún hombre. Esa es la razón».
El control de calidad ante el reto de las 10.000 unidades diarias Mantener un ritmo de producción tan elevado sin el uso de moldes mecánicos requiere una disciplina estricta y un sistema de apoyo visual para las propias trabajadoras. El objetivo prioritario es garantizar el abastecimiento del mercado global sin que la torta pierda sus propiedades crujientes y su silueta característica. «Es un proceso en el que cada una hace 10.000 tortas al día», subraya Espinosa para dimensionar el esfuerzo del equipo.
Newsletter Para guiar a las labradoras durante su jornada, el obrador cuenta con pantallas digitales que actúan como un espejo de control de calidad en tiempo real. «Esa pantalla sirve para que ellas mismas vayan viendo cómo está el producto, sirve un poco de control de calidad por si las tortas van especialmente alargadas», comenta el director general. El color y el grosor están íntimamente ligados en este proceso artesanal: «Si van más quemadas es porque van más finas, con lo cual se caramelizan; si van más blancas, es porque posiblemente no se hayan extendido bien.
La pantalla les sirve de guía de cómo va su producto», concluye. Temas Informaciones Sevilla Huévar del Aljarafe Castilleja de la Cuesta comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero. Los niños iban al comedor y yo, con ocho años, comía en las escaleras sola»
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