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Internacional
lunes, 27 de julio de 2026

Me enfurecen más los grupos de WhatsApp y las redes sociales de los políticos que el miedo a perder mi casa en el incendio

El profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y exdirector de la Filmoteca Española, Josetxo Cerdán, vivió la ugencia, el caos y la incertidumbre del desalojo de su casa en Chapinería (Madrid) a

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

En primera persona Me enfurecen más los grupos de WhatsApp y las redes sociales de los políticos que el miedo a perder mi casa en el incendio El profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y exdirector de la Filmoteca Española, Josetxo Cerdán, vivió la ugencia, el caos y la incertidumbre del desalojo de su casa en Chapinería (Madrid) a causa del mayor incendio de la historia de España Directo — Así te hemos contado los incendios de Madrid y Ávila el 27 de julio de 2026 Carretera cortada a la entrada de Chapinería (Madrid) el pasado viernes 24 de julio A. Perez Meca / Europa Press 27 de julio de 2026 22:04 h Actualizado el 28/07/2026 05:30 h 11 Vivo en Chapinería. Aunque el viernes llegué a pensar que tendría que decir: vivía en Chapinería.

Uno de los municipios más castigados por el momento de los incendios (que ya son uno) que azotan la Sierra Oeste de Madrid, Ávila y Toledo. El viernes estaba desplazándome a una reunión en Madrid cuando me avisaron de que iban a desalojar el pueblo y volví inmediatamente. El principal acceso es por una rotonda en la salida 37 de la M-501 (la que ven en la fotografía que acompaña este texto) y, cuando llegué, ya se había generado un importante arremolinamiento de coches entre los que ya salían (varios perros asomados a las ventanillas) y los que volvíamos para salir con nuestras familias o animales.

Había sensación de urgencia y caos. El cielo estaba de un amarillo enfermizo que luego han estetizado muchos videos y fotos que veo en los medios. Y ya se respiraba mal.

En realidad, ya se respiraba mal desde la noche anterior. Mi hija pequeña es un detector humano de aires contaminados, tiene asma. Sin embargo, a la salida, aproximadamente media hora más tarde, la situación se había enrarecido mucho más.

Coches pasando a una velocidad excesiva. Un concejal sofocado intentando ordenar la salida en la rotonda como podía. Caras de confusión entre los pocos viandantes que todavía se podían ver.

Caos y miedo. La tarde y la noche anterior todavía hice algunas fotos de la nube de humo sobre el pueblo con un efecto estético más o menos buscado, que envié a algunas personas cercanas, en plena evacuación, solo pensarlo me generó rechazo. Escribo esto desde Las Águilas, al sur de Madrid, en casa de una amiga que está de vacaciones.

La tarde del viernes fue una de las peores de mi vida. Y no solo por la incertidumbre que podemos compartir las más de 60.000 personas evacuadas de la zona en ese momento. Claro que me apenaba pensar que podíamos perder nuestra casa, nuestros recuerdos, nuestras pertenencias.

Pero me desgastaba mucho más la impotencia de pelearme para intentar encontrar en internet algún tipo de información realmente útil o clara sobre lo que podía estar pasando sobre el terreno. No importaba el medio al que recurriese. La información era siempre escasa y confusa, posiblemente porque no había mucho que contar.

Sin embargo, éramos portada en todos los medios. Por fortuna, me quité WhatsApp hace un año y no tuve que atender a la enorme cantidad de bazofia digital que empezó a inundar los grupos del pueblo. Pero sí pude ver como lo sufrió Cristina y como la desencajó por momentos y la agotó al final del día.

WhatsApp también sirvió para saber de algunas personas queridas y mantener un hilo con ellas, es innegable, pero el precio fue muy elevado. Más ofensivo incluso, me resultó, por momentos, el tono de ciertos post realizados por instancias oficiales en los que un impostado lenguaje desenfadado que se supone adecuado para las redes sociales, anunciaba su participación en las operaciones. Respeto, admiro y agradezco el trabajo de todos esos profesionales que llevan ya demasiados días trabajando para salvarnos del fuego.

Dudo, sin embargo, de las estrategias de sus equipos de comunicación. Pero lo peor de todo, lo que realmente me hizo enfurecer el viernes por la tarde, fue el aprovechamiento de nuestro dolor por parte de algunos políticos (encabezados por Isabel Díaz Ayuso, Óscar Puente y Alberto Núñez Feijóo) para continuar con su jarana particular, una fiesta privada que amplifican en esta ocasión sobre nuestra desgracia y nuestra desesperación. Es realmente repugnante y nauseabundo.

Nuestra sociedad parece sumida en un creciente proceso de desafección hacia los principios democráticos principalmente entre las personas más jóvenes. Algunas de ellas, estudiantes en la universidad en la que trabajo. De unos años a esta parte, me esfuerzo todo lo posible en clase, para hablar del bien común, de la necesidad del espacio público y del papel que pueden llegar a tener los representantes políticos en todo ello.

Pero lo vivido el viernes me deja sin (parte de) mis argumentos. La democracia necesita nuevas formas, aquella en la que quienes utilicen sus plataformas y posiciones públicas (ganadas en las urnas) para sus propios intereses o, incluso peor, para un insostenible negacionismo del cambio climático paguen por ello. Etiquetas / Sociedad / Incendio / Emergencias / Fuego / Protección Civil / Madrid / Ávila En primera persona Me enfurecen más los grupos de WhatsApp y las redes sociales de los políticos que el miedo a perder mi casa en el incendio El profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y exdirector de la Filmoteca Española, Josetxo Cerdán, vivió la ugencia, el caos y la incertidumbre del desalojo de su casa en Chapinería (Madrid) a causa del mayor incendio de la historia de España Directo — Así te hemos contado los incendios de Madrid y Ávila el 27 de julio de 2026 Carretera cortada a la entrada de Chapinería (Madrid) el pasado viernes 24 de julio A.

Perez Meca / Europa Press 27 de julio de 2026 22:04 h Actualizado el 28/07/2026 05:30 h 11 Vivo en Chapinería. Aunque el viernes llegué a pensar que tendría que decir: vivía en Chapinería. Uno de los municipios más castigados por el momento de los incendios (que ya son uno) que azotan la Sierra Oeste de Madrid, Ávila y Toledo.

El viernes estaba desplazándome a una reunión en Madrid cuando me avisaron de que iban a desalojar el pueblo y volví inmediatamente. El principal acceso es por una rotonda en la salida 37 de la M-501 (la que ven en la fotografía que acompaña este texto) y, cuando llegué, ya se había generado un importante arremolinamiento de coches entre los que ya salían (varios perros asomados a las ventanillas) y los que volvíamos para salir con nuestras familias o animales. Había sensación de urgencia y caos.

El cielo estaba de un amarillo enfermizo que luego han estetizado muchos videos y fotos que veo en los medios. Y ya se respiraba mal. En realidad, ya se respiraba mal desde la noche anterior.

Mi hija pequeña es un detector humano de aires contaminados, tiene asma. Sin embargo, a la salida, aproximadamente media hora más tarde, la situación se había enrarecido mucho más. Coches pasando a una velocidad excesiva.

Un concejal sofocado intentando ordenar la salida en la rotonda como podía. Caras de confusión entre los pocos viandantes que todavía se podían ver. Caos y miedo.

La tarde y la noche anterior todavía hice algunas fotos de la nube de humo sobre el pueblo con un efecto estético más o menos buscado, que envié a algunas personas cercanas, en plena evacuación, solo pensarlo me generó rechazo. Escribo esto desde Las Águilas, al sur de Madrid, en casa de una amiga que está de vacaciones. La tarde del viernes fue una de las peores de mi vida.

Y no solo por la incertidumbre que podemos compartir las más de 60.000 personas evacuadas de la zona en ese momento. Claro que me apenaba pensar que podíamos perder nuestra casa, nuestros recuerdos, nuestras pertenencias. Pero me desgastaba mucho más la impotencia de pelearme para intentar encontrar en internet algún tipo de información realmente útil o clara sobre lo que podía estar pasando sobre el terreno.

No importaba el medio al que recurriese. La información era siempre escasa y confusa, posiblemente porque no había mucho que contar. Sin embargo, éramos portada en todos los medios.

Por fortuna, me quité WhatsApp hace un año y no tuve que atender a la enorme cantidad de bazofia digital que empezó a inundar los grupos del pueblo. Pero sí pude ver como lo sufrió Cristina y como la desencajó por momentos y la agotó al final del día. WhatsApp también sirvió para saber de algunas personas queridas y mantener un hilo con ellas, es innegable, pero el precio fue muy elevado.

Más ofensivo incluso, me resultó, por momentos, el tono de ciertos post realizados por instancias oficiales en los que un impostado lenguaje desenfadado que se supone adecuado para las redes sociales, anunciaba su participación en las operaciones. Respeto, admiro y agradezco el trabajo de todos esos profesionales que llevan ya demasiados días trabajando para salvarnos del fuego. Dudo, sin embargo, de las estrategias de sus equipos de comunicación.

Pero lo peor de todo, lo que realmente me hizo enfurecer el viernes por la tarde, fue el aprovechamiento de nuestro dolor por parte de algunos políticos (encabezados por Isabel Díaz Ayuso, Óscar Puente y Alberto Núñez Feijóo) para continuar con su jarana particular, una fiesta privada que amplifican en esta ocasión sobre nuestra desgracia y nuestra desesperación. Es realmente repugnante y nauseabundo. Nuestra sociedad parece sumida en un creciente proceso de desafección hacia los principios democráticos principalmente entre las personas más jóvenes.

Algunas de ellas, estudiantes en la universidad en la que trabajo. De unos años a esta parte, me esfuerzo todo lo posible en clase, para hablar del bien común, de la necesidad del espacio público y del papel que pueden llegar a tener los representantes políticos en todo ello. Pero lo vivido el viernes me deja sin (parte de) mis argumentos.

La democracia necesita nuevas formas, aquella en la que quienes utilicen sus plataformas y posiciones públicas (ganadas en las urnas) para sus propios intereses o, incluso peor, para un insostenible negacionismo del cambio climático paguen por ello. Etiquetas / Sociedad / Incendio / Emergencias / Fuego / Protección Civil / Madrid / Ávila

Publicado por Redacción · lunes, 27 de julio de 2026

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