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Internacional
miércoles, 19 de agosto de 2026

Corales contra el reloj climático

Hay lugares donde el cambio climático no se mide en grados, sino en colores. Bajo las aguas de las Bahamas, el coral que alguna vez formó extensas estructuras de tonos ocres y dorados puede convertirs

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

CONSERVACIÓN Corales contra el reloj climático La Fundación MSC ha trasplantado 32 ejemplares de coral cuerno de alce y mantiene otros fragmentos en viveros submarinos para protegerlos del estrés térmico Regala esta noticia Añádenos en Google La restauración de los arrecifes es una herramienta clave para reforzar la resiliencia de los ecosistemas marinos frente calentamiento. (Fundación MSC) Charo Barroso Madrid 20/08/2026 a las 00:54h. Hay lugares donde el cambio climático no se mide en grados, sino en colores. Bajo las aguas de las Bahamas, el coral que alguna vez formó extensas estructuras de tonos ocres y dorados puede convertirse, cuando el océano se calienta demasiado, en una pálida sombra ... de sí mismo.

El blanqueamiento de los corales es una de las señales más visibles de un mar que está dejando de parecerse al que conocíamos. En los arrecifes próximos a Browns Cay, sin embargo, algunos de esos corales tienen una segunda oportunidad. La Fundación MSC acaba de completar una nueva fase de su programa de restauración «Super Coral Reefs» con el trasplante de 32 fragmentos de coral cuerno de alce (Acropora palmata), cultivados previamente en viveros submarinos.

Con ellos, el proyecto alcanza ya 285 corales replantados en los arrecifes de las Bahamas. Sin embargo, las previsiones de temperaturas excepcionalmente elevadas del océano han llevado al equipo científico a detener temporalmente nuevos trasplantes. Los fragmentos que todavía permanecen en los viveros submarinos quedarán allí protegidos y bajo vigilancia hasta que las condiciones del mar sean más favorables.

«La restauración no consiste simplemente en plantar más corales, sino también en colocarlos en la mejor posición para que prosperen», explica Emeline Bouchet, directora del Programa Marino del Centro de Conservación Marina de Ocean Cay. Las previsiones de Coral Reef Watch, de la NOAA, apuntan a condiciones de blanqueamiento de nivel 2 en el norte de las Bahamas hasta septiembre. Una especie al borde del abismo El cuerno de alce es uno de los grandes arquitectos del Caribe, sus ramas, que recuerdan a la cornamenta de un alce, pueden formar estructuras tridimensionales que sirven de refugio a peces, crustáceos y otros organismos marinos.

Al mismo tiempo, los arrecifes que construye funcionan como una barrera natural frente al oleaje y contribuyen a proteger las costas. Su desaparición, por tanto, no supondría únicamente perder una especie sino que significaría perder parte de la estructura física que sostiene todo un ecosistema. La situación es especialmente delicada.

Las poblaciones de Acropora palmata se han reducido aproximadamente un 97% en el Caribe desde la década de 1980, y la especie ha desaparecido de numerosos enclaves después de episodios extremos de calentamiento del océano, entre ellos la ola de calor marina de 2023-24. Los arrecifes de las Bahamas cumplen además una función económica fundamental. La pesca y el turismo dependen en buena medida de la biodiversidad marina que albergan estos ecosistemas.

Y, frente a la costa, cada formación coralina constituye también una primera línea de defensa frente a la energía de las olas. El calor que rompe una alianza Un coral no vive solo. En el interior de sus tejidos habitan diminutas algas microscópicas, las zooxantelas, con las que mantiene una relación de beneficio mutuo.

Las algas aportan al coral buena parte de la energía que necesita y son responsables de una parte importante de sus características tonalidades. Pero cuando el agua alcanza temperaturas excesivamente elevadas, esta relación se rompe. El coral, sometido a estrés térmico, expulsa las algas y entonces pierde su color y adquiere ese aspecto blanquecino.

Sin sus algas simbiontes, el coral pierde una de sus principales fuentes de alimento y queda debilitado, de modo que si el episodio de calor se prolonga, aumenta el riesgo de enfermedades y mortalidad. Y el problema ya no es excepcional. Los episodios de temperaturas marinas extremas son cada vez más frecuentes e intensos, lo que está obligando a los proyectos de restauración a cambiar su estrategia: no basta con cultivar corales y devolverlos al arrecife.

Hay que averiguar cuáles tienen más posibilidades de sobrevivir al océano que viene. Y es ahí donde comienza una de las partes más interesantes del programa de la Fundación MSC. Los corales utilizados para la restauración proceden de colonias que demostraron una tolerancia natural al estrés térmico y que sobrevivieron a la ola de calor de 2023-24 con una tasa de supervivencia del 100%.

Son, en cierto modo, los supervivientes del calor. A partir de estas colonias se obtienen pequeños fragmentos que se cultivan en viveros submarinos. En Ocean Cay, estas estructuras permanecen suspendidas bajo el agua y tienen una apariencia similar a pequeños árboles metálicos.

Cada vivero contiene fragmentos procedentes de una única colonia donante, por lo que los ejemplares comparten esencialmente el mismo patrimonio genético. Durante nueve meses y un año, los fragmentos crecen en estas condiciones controladas hasta alcanzar el tamaño y el estado sanitario adecuados para ser devueltos al arrecife. Una plantación bajo el agua La replantación comienza mucho antes de que los buceadores entren en el agua.

Los investigadores identifican primero las zonas más adecuadas mediante estudios topográficos y evaluaciones de biodiversidad. Porque no todo lugar sirve, ya que la temperatura, las características del fondo y la comunidad biológica existente determinan las posibilidades de supervivencia de los nuevos corales. Después se prepara en tierra un cemento especial apto para el medio marino.

Los fragmentos salen del vivero y son trasladados a la embarcación siempre dentro del agua y protegidos de la luz directa. El objetivo es minimizar el estrés durante el trayecto. Ya en el arrecife, los buceadores limpian cuidadosamente la superficie donde se instalarán.

Retiran sedimentos y algas y preparan el sustrato para recibir cada fragmento y después fijan los corales al fondo con el cemento marino. La disposición tampoco es aleatoria. Los fragmentos procedentes de una misma colonia se colocan próximos entre sí para favorecer que puedan fusionarse y terminar formando una colonia de mayor tamaño.

Al mismo tiempo, diferentes individuos y linajes genéticos se distribuyen por el arrecife para favorecer la diversidad y aumentar las posibilidades de que las futuras generaciones sean más resistentes. La restauración se convierte así en una mezcla de jardinería, ingeniería y genética. Medir para aprender Cada coral trasplantado es fotografiado y registrado.

Después comienza un seguimiento mensual que permite comprobar cómo evoluciona tanto el animal como el ecosistema que lo rodea. Una de las herramientas empleadas es la fotogrametría, una técnica que permite construir modelos tridimensionales a partir de fotografías. Con ellos, los investigadores pueden comparar el crecimiento y el estado de salud de las colonias a lo largo del tiempo.

Cada colonia proporciona información como qué ejemplares crecen más rápido, cuáles soportan mejor las temperaturas elevadas, cómo cambia la estructura del arrecife, qué zonas ofrecen mejores condiciones y qué estrategias pueden funcionar cuando el océano vuelva a calentarse. Por eso la decisión de detener temporalmente las replantaciones no supone abandonar el proyecto. Es, precisamente, parte de la estrategia de restauración.

Los fragmentos que permanecen en los viveros actúan como una reserva viva que puede protegerse mientras las condiciones exteriores resulten demasiado extremas. Cuando pase la ola de calor marina, el programa prevé reanudar los trasplantes y volver a llenar los viveros con nuevos fragmentos. La idea es mantener un ciclo continuo: seleccionar corales resistentes, cultivarlos, devolverlos al arrecife, monitorizar su evolución y volver a empezar.

En definitiva, se trata de ganar tiempo. Los arrecifes de coral han sobrevivido durante millones de años a cambios ambientales. Pero la velocidad con la que está aumentando la temperatura del océano plantea un desafío diferente.

La restauración no puede sustituir a la reducción del calentamiento global, pero puede convertirse en una herramienta para conservar parte de la biodiversidad mientras se intenta frenar la transformación del océano. En Browns Cay, esos 32 nuevos corales ya están de nuevo sobre el arrecife. Otros permanecen bajo el agua, creciendo lentamente en sus viveros.

Todos forman parte de la misma apuesta: que, cuando llegue el próximo verano y el mar vuelva a calentarse, alguno de estos pequeños fragmentos consiga resistir. Y que, con el tiempo, vuelva a convertirse en un bosque submarino. comentarios Reportar un error CONSERVACIÓN Corales contra el reloj climático La Fundación MSC ha trasplantado 32 ejemplares de coral cuerno de alce y mantiene otros fragmentos en viveros submarinos para protegerlos del estrés térmico Regala esta noticia Añádenos en Google La restauración de los arrecifes es una herramienta clave para reforzar la resiliencia de los ecosistemas marinos frente calentamiento. (Fundación MSC) Charo Barroso Madrid 20/08/2026 a las 00:54h. Hay lugares donde el cambio climático no se mide en grados, sino en colores.

Bajo las aguas de las Bahamas, el coral que alguna vez formó extensas estructuras de tonos ocres y dorados puede convertirse, cuando el océano se calienta demasiado, en una pálida sombra ... de sí mismo. El blanqueamiento de los corales es una de las señales más visibles de un mar que está dejando de parecerse al que conocíamos. En los arrecifes próximos a Browns Cay, sin embargo, algunos de esos corales tienen una segunda oportunidad.

La Fundación MSC acaba de completar una nueva fase de su programa de restauración «Super Coral Reefs» con el trasplante de 32 fragmentos de coral cuerno de alce (Acropora palmata), cultivados previamente en viveros submarinos. Con ellos, el proyecto alcanza ya 285 corales replantados en los arrecifes de las Bahamas. Sin embargo, las previsiones de temperaturas excepcionalmente elevadas del océano han llevado al equipo científico a detener temporalmente nuevos trasplantes.

Los fragmentos que todavía permanecen en los viveros submarinos quedarán allí protegidos y bajo vigilancia hasta que las condiciones del mar sean más favorables. «La restauración no consiste simplemente en plantar más corales, sino también en colocarlos en la mejor posición para que prosperen», explica Emeline Bouchet, directora del Programa Marino del Centro de Conservación Marina de Ocean Cay. Las previsiones de Coral Reef Watch, de la NOAA, apuntan a condiciones de blanqueamiento de nivel 2 en el norte de las Bahamas hasta septiembre.

Una especie al borde del abismo El cuerno de alce es uno de los grandes arquitectos del Caribe, sus ramas, que recuerdan a la cornamenta de un alce, pueden formar estructuras tridimensionales que sirven de refugio a peces, crustáceos y otros organismos marinos. Al mismo tiempo, los arrecifes que construye funcionan como una barrera natural frente al oleaje y contribuyen a proteger las costas. Su desaparición, por tanto, no supondría únicamente perder una especie sino que significaría perder parte de la estructura física que sostiene todo un ecosistema.

La situación es especialmente delicada. Las poblaciones de Acropora palmata se han reducido aproximadamente un 97% en el Caribe desde la década de 1980, y la especie ha desaparecido de numerosos enclaves después de episodios extremos de calentamiento del océano, entre ellos la ola de calor marina de 2023-24. Los arrecifes de las Bahamas cumplen además una función económica fundamental.

La pesca y el turismo dependen en buena medida de la biodiversidad marina que albergan estos ecosistemas. Y, frente a la costa, cada formación coralina constituye también una primera línea de defensa frente a la energía de las olas. El calor que rompe una alianza Un coral no vive solo.

En el interior de sus tejidos habitan diminutas algas microscópicas, las zooxantelas, con las que mantiene una relación de beneficio mutuo. Las algas aportan al coral buena parte de la energía que necesita y son responsables de una parte importante de sus características tonalidades. Pero cuando el agua alcanza temperaturas excesivamente elevadas, esta relación se rompe.

El coral, sometido a estrés térmico, expulsa las algas y entonces pierde su color y adquiere ese aspecto blanquecino. Sin sus algas simbiontes, el coral pierde una de sus principales fuentes de alimento y queda debilitado, de modo que si el episodio de calor se prolonga, aumenta el riesgo de enfermedades y mortalidad. Y el problema ya no es excepcional.

Los episodios de temperaturas marinas extremas son cada vez más frecuentes e intensos, lo que está obligando a los proyectos de restauración a cambiar su estrategia: no basta con cultivar corales y devolverlos al arrecife. Hay que averiguar cuáles tienen más posibilidades de sobrevivir al océano que viene. Y es ahí donde comienza una de las partes más interesantes del programa de la Fundación MSC.

Los corales utilizados para la restauración proceden de colonias que demostraron una tolerancia natural al estrés térmico y que sobrevivieron a la ola de calor de 2023-24 con una tasa de supervivencia del 100%. Son, en cierto modo, los supervivientes del calor. A partir de estas colonias se obtienen pequeños fragmentos que se cultivan en viveros submarinos.

En Ocean Cay, estas estructuras permanecen suspendidas bajo el agua y tienen una apariencia similar a pequeños árboles metálicos. Cada vivero contiene fragmentos procedentes de una única colonia donante, por lo que los ejemplares comparten esencialmente el mismo patrimonio genético. Durante nueve meses y un año, los fragmentos crecen en estas condiciones controladas hasta alcanzar el tamaño y el estado sanitario adecuados para ser devueltos al arrecife.

Una plantación bajo el agua La replantación comienza mucho antes de que los buceadores entren en el agua. Los investigadores identifican primero las zonas más adecuadas mediante estudios topográficos y evaluaciones de biodiversidad. Porque no todo lugar sirve, ya que la temperatura, las características del fondo y la comunidad biológica existente determinan las posibilidades de supervivencia de los nuevos corales.

Después se prepara en tierra un cemento especial apto para el medio marino. Los fragmentos salen del vivero y son trasladados a la embarcación siempre dentro del agua y protegidos de la luz directa. El objetivo es minimizar el estrés durante el trayecto.

Ya en el arrecife, los buceadores limpian cuidadosamente la superficie donde se instalarán. Retiran sedimentos y algas y preparan el sustrato para recibir cada fragmento y después fijan los corales al fondo con el cemento marino. La disposición tampoco es aleatoria.

Los fragmentos procedentes de una misma colonia se colocan próximos entre sí para favorecer que puedan fusionarse y terminar formando una colonia de mayor tamaño. Al mismo tiempo, diferentes individuos y linajes genéticos se distribuyen por el arrecife para favorecer la diversidad y aumentar las posibilidades de que las futuras generaciones sean más resistentes. La restauración se convierte así en una mezcla de jardinería, ingeniería y genética.

Medir para aprender Cada coral trasplantado es fotografiado y registrado. Después comienza un seguimiento mensual que permite comprobar cómo evoluciona tanto el animal como el ecosistema que lo rodea. Una de las herramientas empleadas es la fotogrametría, una técnica que permite construir modelos tridimensionales a partir de fotografías.

Con ellos, los investigadores pueden comparar el crecimiento y el estado de salud de las colonias a lo largo del tiempo. Cada colonia proporciona información como qué ejemplares crecen más rápido, cuáles soportan mejor las temperaturas elevadas, cómo cambia la estructura del arrecife, qué zonas ofrecen mejores condiciones y qué estrategias pueden funcionar cuando el océano vuelva a calentarse. Por eso la decisión de detener temporalmente las replantaciones no supone abandonar el proyecto.

Es, precisamente, parte de la estrategia de restauración. Los fragmentos que permanecen en los viveros actúan como una reserva viva que puede protegerse mientras las condiciones exteriores resulten demasiado extremas. Cuando pase la ola de calor marina, el programa prevé reanudar los trasplantes y volver a llenar los viveros con nuevos fragmentos.

La idea es mantener un ciclo continuo: seleccionar corales resistentes, cultivarlos, devolverlos al arrecife, monitorizar su evolución y volver a empezar. En definitiva, se trata de ganar tiempo. Los arrecifes de coral han sobrevivido durante millones de años a cambios ambientales.

Pero la velocidad con la que está aumentando la temperatura del océano plantea un desafío diferente. La restauración no puede sustituir a la reducción del calentamiento global, pero puede convertirse en una herramienta para conservar parte de la biodiversidad mientras se intenta frenar la transformación del océano. En Browns Cay, esos 32 nuevos corales ya están de nuevo sobre el arrecife.

Otros permanecen bajo el agua, creciendo lentamente en sus viveros. Todos forman parte de la misma apuesta: que, cuando llegue el próximo verano y el mar vuelva a calentarse, alguno de estos pequeños fragmentos consiga resistir. Y que, con el tiempo, vuelva a convertirse en un bosque submarino. comentarios Reportar un error La cancelación de ruido no es de auriculares de 200 euros: 5 modelos por menos que un tope de gama Alejandra Santisteban Guiu Javier Bardem: «Sé que tipo de padre quiero ser.

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Publicado por Redacción · miércoles, 19 de agosto de 2026

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