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Internacional
martes, 4 de agosto de 2026

Yo soy más racista que tú

Si el referente político de Vox es el modelo impulsado por Trump, basado en deportaciones masivas, redadas y una exhibición constante de la fuerza frente a la inmigración irregular, ¿hasta dónde estar

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Yo soy más racista que tú Si el referente político de Vox es el modelo impulsado por Trump, basado en deportaciones masivas, redadas y una exhibición constante de la fuerza frente a la inmigración irregular, ¿hasta dónde estaría dispuesto a acompañarle el PP para conservar una mayoría parlamentaria? El presidente de Vox, Santiago Abascal, este domingo en Ceuta. EFE/Vox 4 de agosto de 2026 22:21 h Actualizado el 05/08/2026 05:30 h 0 Hay imágenes que retratan una crisis.

Y hay otras que retratan una época. Las de miles de personas intentando alcanzar Ceuta hablan, por supuesto, del fracaso del modelo migratorio europeo. Pero, sobre todo, revelan otra realidad: la competición política, en España y en la Unión Europea (UE), por demostrar quién es más duro con quienes intentan cruzar sus límites territoriales.

La discusión ya no gira solo en torno a cómo gestionar la llegada de personas. Gira, sobre todo, alrededor de quién promete más expulsiones. No estamos ante una excepción.

La externalización del control fronterizo ha convertido a terceros países en guardianes del perímetro sur. A cambio de financiación, cooperación o respaldo diplomático, Estados como Marruecos o Turquía contienen los flujos migratorios. Ahí reside una de las grandes debilidades del modelo europeo: quien controla ese grifo también dispone de una poderosa herramienta de presión geopolítica.

Ocurrió en el río Evros, cuando Turquía empujó a miles de personas hacia Grecia en 2020 para presionar a Bruselas. Volvió a suceder en 2021, cuando el régimen de Aleksandr Lukashenko facilitó la llegada de ciudadanos de Oriente Próximo y los condujo hasta Polonia, Lituania y Letonia como parte de una estrategia de guerra híbrida. Ese mismo año, Marruecos permitió la entrada de unas 10.000 personas para castigar a España tras la acogida hospitalaria del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.

La Eurocámara respondió entonces condenando el uso de seres humanos como arma de presión política. Yo soy más racista que tú Si el referente político de Vox es el modelo impulsado por Trump, basado en deportaciones masivas, redadas y una exhibición constante de la fuerza frente a la inmigración irregular, ¿hasta dónde estaría dispuesto a acompañarle el PP para conservar una mayoría parlamentaria? El presidente de Vox, Santiago Abascal, este domingo en Ceuta.

EFE/Vox 4 de agosto de 2026 22:21 h Actualizado el 05/08/2026 05:30 h 0 Hay imágenes que retratan una crisis. Y hay otras que retratan una época. Las de miles de personas intentando alcanzar Ceuta hablan, por supuesto, del fracaso del modelo migratorio europeo.

Pero, sobre todo, revelan otra realidad: la competición política, en España y en la Unión Europea (UE), por demostrar quién es más duro con quienes intentan cruzar sus límites territoriales. La discusión ya no gira solo en torno a cómo gestionar la llegada de personas. Gira, sobre todo, alrededor de quién promete más expulsiones.

No estamos ante una excepción. La externalización del control fronterizo ha convertido a terceros países en guardianes del perímetro sur. A cambio de financiación, cooperación o respaldo diplomático, Estados como Marruecos o Turquía contienen los flujos migratorios.

Ahí reside una de las grandes debilidades del modelo europeo: quien controla ese grifo también dispone de una poderosa herramienta de presión geopolítica. Ocurrió en el río Evros, cuando Turquía empujó a miles de personas hacia Grecia en 2020 para presionar a Bruselas. Volvió a suceder en 2021, cuando el régimen de Aleksandr Lukashenko facilitó la llegada de ciudadanos de Oriente Próximo y los condujo hasta Polonia, Lituania y Letonia como parte de una estrategia de guerra híbrida.

Ese mismo año, Marruecos permitió la entrada de unas 10.000 personas para castigar a España tras la acogida hospitalaria del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. La Eurocámara respondió entonces condenando el uso de seres humanos como arma de presión política.

Publicado por Redacción · martes, 4 de agosto de 2026

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