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España
domingo, 23 de agosto de 2026

Confinar Ceuta por sarna: el 'riesgo sanitario' que ni Sanidad ni Defensa confirman

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, pidió el 21 de agosto en una entrevista con Europa Press que el Gobierno "estudie muy bien la posibilidad de decretar el confinamiento" de Ceuta ante un "riesgo sanitario" de enfermedades "infectocontagiosas": sarna, tuberculosis, "algún caso de varicela" y "más de 450 casos de gastroenteritis", tras la entrada masiva de migrantes de finales de julio. Dos días después, la ministra de Sanidad, Mónica García, respondió en un mensaje extenso en la red social X que la propuesta "parece injustificada y totalmente desmesurada" y que "podría ser contraproducente". Entre la alarma y el desmentido hay un dato que incomoda a los dos bandos: nadie ha puesto encima de la mesa las cifras epidemiológicas reales.

Conviene empezar separando lo que Feijóo dijo de lo que luego matizó, porque no es lo mismo. En la entrevista habló de confinar la ciudad —"creo que se dan los supuestos de confinamiento por riesgo sanitario"—. Horas después, en X, acotó: el Gobierno "debería estudiar decretar un confinamiento de los portadores de enfermedades infectocontagiosas por razones de salud pública". Del confinamiento de una ciudad al aislamiento de "los portadores" hay un abismo. Y ese abismo importa, porque una de las dos cosas ya existe en el ordenamiento.

La sarna existe; el vínculo con los migrantes, no

El protocolo obliga a ir al hecho duro antes que a la sensación. Y el hecho es este: sí hubo un brote de sarna en Ceuta. Según el Ministerio de Defensa, 24 militares de la Comandancia General contrajeron sarna a fecha de 18 de agosto. Hasta ahí, la parte verificable de la alarma.

El problema es la causa. El propio comunicado oficial de Defensa afirma que el brote "no está relacionado con el contacto que el personal militar haya podido tener con los inmigrantes", y que dos de los contagios son anteriores a la llegada masiva. La Unión de Militares de Tropa lo remató: no es un fenómeno nuevo, sino recurrente, asociado al "clima húmedo de Ceuta y las condiciones de ciertos espacios de instrucción". Es decir: el único brote documentado que se esgrime como prueba del "peligro migrante" lo desvincula de los migrantes la propia institución afectada. Esto es hecho, no interpretación.

De la tuberculosis, García sostiene que hay dos casos y "ninguno de ellos contagioso". No hay constancia pública de un brote atribuible a los recién llegados. El resto —gastroenteritis, varicela— son cifras que aporta Feijóo de boca de los médicos con los que se reunió, sin contexto epidemiológico publicado.

El agujero que ninguno de los dos tapa

Aquí empieza el análisis. Sería cómodo cerrar el caso como un simple bulo de Feijóo, pero en ReversoDigital no repartimos carnés. La respuesta de García también flojea: descarta el riesgo, pero el Gobierno no ha aclarado —tampoco a los verificadores de Maldita.es— cuántas personas permanecen hoy en Ceuta ni qué cribado sanitario se les ha practicado. Interior cifró en 50.000 las entradas de la noche del 30 al 31 de julio, luego habló de 72.000 y después de 70.000 retornados a Marruecos. Un baile de cifras que el propio Ejecutivo no ordena.

El resultado es una discusión a oscuras: Feijóo alarma sin datos de contagio y el Gobierno tranquiliza sin datos de cribado.

"Confinamiento" no es una palabra neutra

Confinar tiene marco legal. Aislar a un enfermo contagioso concreto es medicina ordinaria y ya lo ampara la Ley Orgánica 3/1986 de medidas especiales en salud pública: se hace por diagnóstico individual, no por origen. Lo que no cabe en ese cajón es confinar a un colectivo por su procedencia. El confinamiento general de la población en 2020 exigió declarar el estado de alarma, y el Tribunal Constitucional dejó claro que no bastaba la ley sanitaria.

Así que la propuesta se bifurca: o pide algo que ya existe —aislar a los contagiosos, que según Sanidad no los hay— o pide algo nuevo, cuya cobertura jurídica para confinar a alguien por ser migrante y no por estar enfermo, sencillamente, no aparece. En ambos casos, el "decreto de confinamiento" suena más a titular que a protocolo.

¿A quién beneficia?

El argumento del contagio como muralla de frontera no lo inventó nadie este agosto: los cordones sanitarios y las inspecciones médicas en las puertas de entrada tienen un siglo largo de historia, y casi siempre sirvieron más para ordenar quién entra que para curar a nadie. Aplicado a Ceuta, el patrón es reconocible: control migratorio envuelto en el papel de regalo de la salud pública, en pleno agosto, cuando el resto de la actualidad duerme.

Si la autoridad sanitaria descarta el riesgo y la militar desvincula el brote, la medida no beneficia a la salud de nadie. Beneficia a quien la enarbola: coloca la inmigración en el centro del verano político y obliga al Gobierno a responder en su terreno. Pero el Ejecutivo tampoco sale indemne mientras esconda las cifras que zanjarían la discusión.

Queda la pregunta sobre la mesa. Cuando la política se pone la bata blanca para justificar el control de fronteras, ¿quién verifica que la enfermedad existe de verdad?

Carmen Vega | Madrid

Publicado por Redacción · domingo, 23 de agosto de 2026

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