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Internacional
miércoles, 29 de julio de 2026

Juan Jorge Graupner, primer «maestro bombero» de Madrid

Estos días hemos visto la importancia de unos tipos que se juegan la vida apagando fuegos , luchando con mangueras de agua contra las llamas, currando al límite de lo que una persona normal aguantaría

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

GATOS QUE FUERON TIGRES Juan Jorge Graupner, primer «maestro bombero» de Madrid Su vida es la de un visionario que quiso saber, conocer, aplicar y servir de su enorme talento para dejar una huella imborrable en la industria de España. Regala esta noticia Añádenos en Google Un camión de bomberos trabaja en la superficie arrasada el pasado miércoles en Casavieja (Ávila). (Adrián Arias/EFE) Alfonso J. Ussía 30/07/2026 a las 01:48h.

Estos días hemos visto la importancia de unos tipos que se juegan la vida apagando fuegos, luchando con mangueras de agua contra las llamas, currando al límite de lo que una persona normal aguantaría y, sobre todo, haciendo un trabajo que nos permite al ... resto seguir vivos. De los primeros «matafuegos» o «mozos mangueros» que acudían a los incendios cuando sonaban las campanas, a los profesionales de hoy en día, ha llovido mucho. Pero, quizá, le debemos a Juan Jorge Graupner el honor de haber sido el primer «maestro bombero» de la ciudad y, por tanto, la persona responsable de la profesionalización de este servicio que lleva siglos pendiente de los demás.

Nació en Viena en 1.736 y se licenció en Goslar, Alemania, como ingeniero metalúrgico. Con apenas 22 años de edad y atraído por la política de Carlos III de incorporar técnicos extranjeros para modernizar la industria, decidió instalarse en Madrid, nacionalizarse español, y aportar sus conocimientos para hacer de esta ciudad, y del país, un lugar mejor. Muy pronto, el bueno de Graupner obtuvo autorización para fabricar objetos de latón, bronce, cobre, hierro e incluso máquinas para otras fábricas.

Y es que, en el siglo XVIII, Madrid miraba a Europa al tiempo que la ciudad era un hervidero de idas y venidas, que se embellecía y mejoraba con el tesón de un Rey que era alcalde para bien de todos los madrileños. Graupner aprovechó sus conocimientos para ir ascender poco a poco en importancia, obteniendo el Escudo Real, a la vez que trabajaba también para el Ayuntamiento y otras instituciones. Así, en el año 1.767, el consistorio le encargó que diseñara bombas de agua y que fuera maquinista hidráulico para sofocar los incendios que consumían las casas en un santiamén.

Noticia relacionada Ayuso promete una reconstrucción «inédita» tras el incendio con 58 medidas en la Sierra Oeste Mariano Calleja Fue tal la importancia de sus diseños que fue nombrado primer «maestro bombero» de Madrid. De este modo, el Cuerpo de Bomberos se modernizaba con una maquinaria visionaria y práctica, en un tiempo en que los incendios en las ciudades eran demasiado habituales. Lo consiguió reemplazando los antiguos depósitos de madera por estructuras de latón, eliminando por completo las fugas de agua y multiplicando la durabilidad del equipo, al mismo tiempo que diseñó «la bomba de brazal», que debe su nombre a que los bomberos debían empujar con la fuerza de sus brazos en un movimiento continuo de vaivén para accionar los pistones internos.

También le debemos a Graupner que tanto las bombas como los vehículos de bomberos lucieran con ese rojo que ha llegado hasta nuestros días, cuando en Madrid, el rojo fue hasta entonces el color que pintaba las fachadas de las tabernas para que todos supieran que, allí dentro, servían vino. Poco después, su incansable carácter le llevó a descubrir los yacimientos de calamina de Riópar, en Albacete. Este mineral resultó fundamental para evitar que los objetos de latón o bronce jamás se oxidaran.

Dada su buena reputación en la Corte, Graupner convenció a Carlos III para fundar la las Reales Fábricas de Bronce y Latón de San Juan de Alcaraz, que supuso una de las primeras industrias metalúrgicas modernas de España. Para llevar a cabo su empresa, contrató a numerosos maestros metalúrgicos alemanes para que enseñaran sus conocimientos a los españoles, invirtió su propio dinero en la compañía y, tras varias dificultades, consiguió que las instalaciones salieran adelante, con la supervisión de arquitectos e ingenieros como Juan Villanueva o Carlos Lemaur. Y así vivió hasta que, en 1801, moriría después de dedicar su vida a modernizar el país.

Newsletter La vida de Juan Jorge Graupner es la de un visionario que quiso saber, conocer, aplicar y servir de su enorme talento para dejar una huella imborrable en la industria de España. Llegó como tantos lo hicieron, con una mano delante y otra detrás, pero con la convicción suficiente de poder trasmitir técnica y erudición para que las cosas funcionaran mejor. Temas Incendios Bomberos Madrid (ciudad) comentarios Reportar un error GATOS QUE FUERON TIGRES Juan Jorge Graupner, primer «maestro bombero» de Madrid Su vida es la de un visionario que quiso saber, conocer, aplicar y servir de su enorme talento para dejar una huella imborrable en la industria de España.

Regala esta noticia Añádenos en Google Un camión de bomberos trabaja en la superficie arrasada el pasado miércoles en Casavieja (Ávila). (Adrián Arias/EFE) Alfonso J. Ussía 30/07/2026 a las 01:48h. Estos días hemos visto la importancia de unos tipos que se juegan la vida apagando fuegos, luchando con mangueras de agua contra las llamas, currando al límite de lo que una persona normal aguantaría y, sobre todo, haciendo un trabajo que nos permite al ... resto seguir vivos.

De los primeros «matafuegos» o «mozos mangueros» que acudían a los incendios cuando sonaban las campanas, a los profesionales de hoy en día, ha llovido mucho. Pero, quizá, le debemos a Juan Jorge Graupner el honor de haber sido el primer «maestro bombero» de la ciudad y, por tanto, la persona responsable de la profesionalización de este servicio que lleva siglos pendiente de los demás. Nació en Viena en 1.736 y se licenció en Goslar, Alemania, como ingeniero metalúrgico.

Con apenas 22 años de edad y atraído por la política de Carlos III de incorporar técnicos extranjeros para modernizar la industria, decidió instalarse en Madrid, nacionalizarse español, y aportar sus conocimientos para hacer de esta ciudad, y del país, un lugar mejor. Muy pronto, el bueno de Graupner obtuvo autorización para fabricar objetos de latón, bronce, cobre, hierro e incluso máquinas para otras fábricas. Y es que, en el siglo XVIII, Madrid miraba a Europa al tiempo que la ciudad era un hervidero de idas y venidas, que se embellecía y mejoraba con el tesón de un Rey que era alcalde para bien de todos los madrileños.

Graupner aprovechó sus conocimientos para ir ascender poco a poco en importancia, obteniendo el Escudo Real, a la vez que trabajaba también para el Ayuntamiento y otras instituciones. Así, en el año 1.767, el consistorio le encargó que diseñara bombas de agua y que fuera maquinista hidráulico para sofocar los incendios que consumían las casas en un santiamén. Noticia relacionada Ayuso promete una reconstrucción «inédita» tras el incendio con 58 medidas en la Sierra Oeste Mariano Calleja Fue tal la importancia de sus diseños que fue nombrado primer «maestro bombero» de Madrid.

De este modo, el Cuerpo de Bomberos se modernizaba con una maquinaria visionaria y práctica, en un tiempo en que los incendios en las ciudades eran demasiado habituales. Lo consiguió reemplazando los antiguos depósitos de madera por estructuras de latón, eliminando por completo las fugas de agua y multiplicando la durabilidad del equipo, al mismo tiempo que diseñó «la bomba de brazal», que debe su nombre a que los bomberos debían empujar con la fuerza de sus brazos en un movimiento continuo de vaivén para accionar los pistones internos. También le debemos a Graupner que tanto las bombas como los vehículos de bomberos lucieran con ese rojo que ha llegado hasta nuestros días, cuando en Madrid, el rojo fue hasta entonces el color que pintaba las fachadas de las tabernas para que todos supieran que, allí dentro, servían vino.

Poco después, su incansable carácter le llevó a descubrir los yacimientos de calamina de Riópar, en Albacete. Este mineral resultó fundamental para evitar que los objetos de latón o bronce jamás se oxidaran. Dada su buena reputación en la Corte, Graupner convenció a Carlos III para fundar la las Reales Fábricas de Bronce y Latón de San Juan de Alcaraz, que supuso una de las primeras industrias metalúrgicas modernas de España.

Para llevar a cabo su empresa, contrató a numerosos maestros metalúrgicos alemanes para que enseñaran sus conocimientos a los españoles, invirtió su propio dinero en la compañía y, tras varias dificultades, consiguió que las instalaciones salieran adelante, con la supervisión de arquitectos e ingenieros como Juan Villanueva o Carlos Lemaur. Y así vivió hasta que, en 1801, moriría después de dedicar su vida a modernizar el país. Newsletter La vida de Juan Jorge Graupner es la de un visionario que quiso saber, conocer, aplicar y servir de su enorme talento para dejar una huella imborrable en la industria de España.

Llegó como tantos lo hicieron, con una mano delante y otra detrás, pero con la convicción suficiente de poder trasmitir técnica y erudición para que las cosas funcionaran mejor. Temas Incendios Bomberos Madrid (ciudad) comentarios Reportar un error Ayuso promete una reconstrucción «inédita» tras el incendio con 58 medidas en la Sierra Oeste Mariano Calleja Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Javier Ruiz, sobre sus orígenes humildes: «Mi abuelo era minero y la familia de mi madre viene de un camionero que montó una yesería y trabajaba el olivar» Inés Romero Mercadona confirma el origen de las sandías que vende en sus supermercados este verano David Maroto Valencia

Publicado por Redacción · miércoles, 29 de julio de 2026

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