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Internacional
sábado, 1 de agosto de 2026

El lugar de España es con Europa, no con Rabat

La crisis vivida en Ceuta ha dejado al descubierto una realidad que trasciende el episodio fronterizo. La carta remitida por Pedro Sánchez a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen,

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

El lugar de España es con Europa, no con Rabat La carta de Sánchez refleja una preocupante inversión de prioridades en plena crisis de Ceuta y agrava el aislamiento de España Escucha el artículo. 4 min Escucha el artículo. 4 min Regala esta noticia Añádenos en Google Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, durante su comparecencia en Ceuta el pasado 31 de julio de 2026. (REUTERS) Editorial 01/08/2026 Actualizado a las 18:03h. La crisis vivida en Ceuta ha dejado al descubierto una realidad que trasciende el episodio fronterizo. La carta remitida por Pedro Sánchez a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la que denuncia la reacción «egoísta» e «ilegal» de algunos socios ... comunitarios, es un nuevo paso en una estrategia difícil de comprender desde el interés nacional.

Casi al mismo tiempo que 22 líderes europeos –liderados por la italiana Giorgia Meloni (nacionalista de derecha) y la danesa Mette Frederiksen (socialdemócrata)– exigían que se convoque una cumbre de ministros de Interior por los sucesos de España, el presidente del Gobierno, convencido de que el ataque es la mejor defensa, reaccionaba pidiendo la misma convocatoria y asegurando que la situación se ha encauzado perfectamente gracias «a la estrecha colaboración con las autoridades de Marruecos y con muy poco apoyo de otros países de la UE». En realidad, el problema de fondo no está en la respuesta europea, cuyos reproches –es verdad–han ido más hacia Madrid que a Rabat, sino en la posición del presidente ante Marruecos. Sánchez acertó al definir los hechos acaecidos el 30 de julio como una vulneración de la integridad territorial de España.

Lo difícil de explicar es su empeño posterior en evitar cualquier reproche al régimen marroquí, desplazando la responsabilidad hacia las mafias o insistiendo en una cooperación ejemplar con un país cuya actuación suscita serias dudas. Por momentos, el presidente ha parecido actuar como portavoz de Mohamed VI, percepción que se ve reforzada por una carta que carga contra los socios europeos mientras extrema la cautela hacia quien ha provocado la crisis. Este comportamiento no puede desligarse del giro unilateral de Sánchez sobre el Sáhara Occidental, nunca explicado ni debatido.

Desde entonces, nuestra política hacia Marruecos se desenvuelve en un terreno ambiguo que debilita la capacidad negociadora de España y genera incertidumbre entre sus aliados. Tampoco la reacción de los socios europeos surge en el vacío. En los últimos años, la política migratoria del Gobierno ha mostrado extraordinaria flexibilidad: medio millón de inmigrantes incorporados cada año, una regularización a la que han optado 1,2 millones de extranjeros, y un marco cada vez más amplio para acceder a la nacionalidad.

Son decisiones soberanas, pero con consecuencias europeas, pues afectan al conjunto del espacio Schengen, y resulta difícil exigir solidaridad sin asumir que esas decisiones han alimentado la preocupación de otros socios. Si algún reproche cabe dirigir hoy a la UE no es el que formula Sánchez. Es verdad que Europa debería haber reaccionado con mayor firmeza frente a Marruecos, como hizo en 2021, cuando condenó la instrumentalización de la inmigración como herramienta de presión.

La integridad de las fronteras europeas no admite dobles raseros, lo que hace aún más desconcertante que, en vez de exigir una respuesta contundente a quien usó la presión migratoria como arma diplomática, Sánchez dirija sus críticas a los socios europeos y reserve para Rabat una actitud de comprensión. Ese es el verdadero problema político. El modelo de sociedad al que aspira España es el europeo, no el marroquí.

Nuestros aliados naturales son los Estados miembros de la UE, con quienes compartimos libertades y responsabilidades comunes. La prioridad de un presidente debería ser reforzar esa posición común, no relativizar las críticas dirigidas a Marruecos. La crisis de Ceuta ha terminado convirtiéndose en una crisis de gobernanza europea, pero también en una prueba de credibilidad para España.

Nuestro país necesita una política exterior asentada sobre la lealtad a sus aliados europeos, la defensa inequívoca de su soberanía y de sus fronteras, y la claridad frente a quienes la cuestionan. Confundir esas prioridades no fortalece la posición de España; la debilita. Situarse entre Europa y Marruecos, cuando es en Europa donde está nuestro proyecto nacional, es un error de largo alcance e imprevisibles consecuencias. comentarios Reportar un error El lugar de España es con Europa, no con Rabat La carta de Sánchez refleja una preocupante inversión de prioridades en plena crisis de Ceuta y agrava el aislamiento de España Escucha el artículo. 4 min Escucha el artículo. 4 min Regala esta noticia Añádenos en Google Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, durante su comparecencia en Ceuta el pasado 31 de julio de 2026. (REUTERS) Editorial 01/08/2026 Actualizado a las 18:03h.

La crisis vivida en Ceuta ha dejado al descubierto una realidad que trasciende el episodio fronterizo. La carta remitida por Pedro Sánchez a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la que denuncia la reacción «egoísta» e «ilegal» de algunos socios ... comunitarios, es un nuevo paso en una estrategia difícil de comprender desde el interés nacional. Casi al mismo tiempo que 22 líderes europeos –liderados por la italiana Giorgia Meloni (nacionalista de derecha) y la danesa Mette Frederiksen (socialdemócrata)– exigían que se convoque una cumbre de ministros de Interior por los sucesos de España, el presidente del Gobierno, convencido de que el ataque es la mejor defensa, reaccionaba pidiendo la misma convocatoria y asegurando que la situación se ha encauzado perfectamente gracias «a la estrecha colaboración con las autoridades de Marruecos y con muy poco apoyo de otros países de la UE».

En realidad, el problema de fondo no está en la respuesta europea, cuyos reproches –es verdad–han ido más hacia Madrid que a Rabat, sino en la posición del presidente ante Marruecos. Sánchez acertó al definir los hechos acaecidos el 30 de julio como una vulneración de la integridad territorial de España. Lo difícil de explicar es su empeño posterior en evitar cualquier reproche al régimen marroquí, desplazando la responsabilidad hacia las mafias o insistiendo en una cooperación ejemplar con un país cuya actuación suscita serias dudas.

Por momentos, el presidente ha parecido actuar como portavoz de Mohamed VI, percepción que se ve reforzada por una carta que carga contra los socios europeos mientras extrema la cautela hacia quien ha provocado la crisis. Este comportamiento no puede desligarse del giro unilateral de Sánchez sobre el Sáhara Occidental, nunca explicado ni debatido. Desde entonces, nuestra política hacia Marruecos se desenvuelve en un terreno ambiguo que debilita la capacidad negociadora de España y genera incertidumbre entre sus aliados.

Tampoco la reacción de los socios europeos surge en el vacío. En los últimos años, la política migratoria del Gobierno ha mostrado extraordinaria flexibilidad: medio millón de inmigrantes incorporados cada año, una regularización a la que han optado 1,2 millones de extranjeros, y un marco cada vez más amplio para acceder a la nacionalidad. Son decisiones soberanas, pero con consecuencias europeas, pues afectan al conjunto del espacio Schengen, y resulta difícil exigir solidaridad sin asumir que esas decisiones han alimentado la preocupación de otros socios.

Si algún reproche cabe dirigir hoy a la UE no es el que formula Sánchez. Es verdad que Europa debería haber reaccionado con mayor firmeza frente a Marruecos, como hizo en 2021, cuando condenó la instrumentalización de la inmigración como herramienta de presión. La integridad de las fronteras europeas no admite dobles raseros, lo que hace aún más desconcertante que, en vez de exigir una respuesta contundente a quien usó la presión migratoria como arma diplomática, Sánchez dirija sus críticas a los socios europeos y reserve para Rabat una actitud de comprensión.

Ese es el verdadero problema político. El modelo de sociedad al que aspira España es el europeo, no el marroquí. Nuestros aliados naturales son los Estados miembros de la UE, con quienes compartimos libertades y responsabilidades comunes.

La prioridad de un presidente debería ser reforzar esa posición común, no relativizar las críticas dirigidas a Marruecos. La crisis de Ceuta ha terminado convirtiéndose en una crisis de gobernanza europea, pero también en una prueba de credibilidad para España. Nuestro país necesita una política exterior asentada sobre la lealtad a sus aliados europeos, la defensa inequívoca de su soberanía y de sus fronteras, y la claridad frente a quienes la cuestionan.

Confundir esas prioridades no fortalece la posición de España; la debilita. Situarse entre Europa y Marruecos, cuando es en Europa donde está nuestro proyecto nacional, es un error de largo alcance e imprevisibles consecuencias. comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero. Los niños iban al comedor y yo, con ocho años, comía en las escaleras sola»

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Publicado por Redacción · sábado, 1 de agosto de 2026

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