Judith Godrèche, la cineasta que alzó la voz del #MeToo francés: “Necesitamos más personas como Javier Bardem”
La directora, que presenta en Mallorca su debut en el largometraje con 'Memoria de chica', reivindica más voces críticas frente a una industria cultural “que sigue siendo profundamente aristocrática y
ENTREVISTA Judith Godrèche, la cineasta que alzó la voz del #MeToo francés: “Necesitamos más personas como Javier Bardem” La directora, que presenta en Mallorca su debut en el largometraje con 'Memoria de chica', reivindica más voces críticas frente a una industria cultural “que sigue siendo profundamente aristocrática y piramidal” — La 'era postMeToo': el feminismo afronta una contraofensiva en auge que busca silenciar la violencia sexual La directora francesa Judith Godrèche presenta Memoria de chica en Mallorca. Imagen cedida por Atlàntida Mallorca Film Fest. Alejandro Alcolea Mallorca — 31 de julio de 2026 06:02 h Actualizado el 31/07/2026 06:02 h 0 Hay imágenes que marcan una época para siempre.
En mayo de 2024, un grupo de mujeres se puso las manos en la boca frente a una multitud. En mitad de las escaleras del Palacio de Festivales y Congresos de Cannes, el gesto pretendía mostrar el silencio impuesto a las víctimas de los abusos sexuales en Francia. Una de ellas era Judith Godrèche, la reconocida actriz francesa que, en aquella ocasión, presentaba su cortometraje Moi aussi, el documental con el que reunió los testimonios de más de dos mil supervivientes de violencia sexual.
Ella y el resto de mujeres de su equipo que la acompañaban no pronunciaron una sola palabra, porque no hacía falta. Esta imagen, que resumía décadas de silencio impuesto a las víctimas, convirtió a Godrèche en el rostro más visible del #MeToo en su país. Su historia, sin embargo, comenzó mucho antes.
Convertida en una de las grandes actrices del cine francés desde finales de los años ochenta, denunció en 2024 los abusos sexuales que sufrió cuando tenía 14 y 15 años por parte de los directores Benoît Jacquot y Jacques Doillon. Sus acusaciones desencadenaron una oleada de nuevos testimonios, sacudieron a la Academia de los Premios César y obligaron a la industria francesa a enfrentarse a una cultura de impunidad largamente sostenida. Tras volver a Cannes este año con Memoria de chica, su primer largometraje como directora, aterriza en Mallorca para presentarla en el Atlàntida Mallorca Film Fest.
La película es una adaptación de la novela homónima de Annie Ernaux protagonizada por su propia hija, Tess Barthélémy, que retoma cuestiones que atraviesan la biografía de su directora como la memoria, el consentimiento, las relaciones de poder y la manera en que el cine puede narrar la violencia sin reproducirla. Acompañada por su hija, la directora de cine visita la isla con las vivencias de Ernaux en la mente y la profunda conciencia de lo universales que pueden llegar a ser. Fotograma de 'Memoria de chica'.
Windy Production - Moana Films Annie Ernaux escribió Memoria de chica mucho antes del #MeToo, pero hoy el libro parece dialogar directamente con este momento histórico. Cuando volvió a él para adaptarlo al cine, ¿qué descubrió que quizá no había visto en una primera lectura? Creo que fue a través de los ojos de Annie Ernaux como redescubrí la película.
Después de un mes de montaje y de todo el trabajo de edición, verla con ella fue una experiencia muy emocionante. Annie se emocionó profundamente porque, de algún modo, volvió a verse a sí misma en la historia. Fue entonces cuando redescubrí la película y comprendí hasta qué punto una adaptación cinematográfica puede tener un impacto completamente nuevo sobre la persona cuya historia se está contando.
En ese momento tomé verdadera conciencia del poder del cine, del poder de las imágenes. Annie había escrito ese libro después de trabajar en él durante años; de hecho, tardó cincuenta años en escribirlo. Y, de repente, llegó la película y la vi completamente sobrepasada por la emoción.
Recuerdo pensar: “Ese es el poder de las imágenes y de contar una historia”. Fue una experiencia muy reveladora para mí. ¿Qué puede aportar hoy Memoria de chica a una conversación colectiva sobre el consentimiento, la memoria y la violencia en un momento en el que asistimos, en muchos países, a un giro conservador que cuestiona algunos avances del movimiento feminista?
Annie Ernaux vivió el momento en que el aborto era ilegal en Francia y tuvo que someterse a un aborto clandestino y después vivió la legalización del aborto. Y ahora, con 84 años, mientras presentamos esta película —que también aborda esta cuestión, aunque no sea su tema principal—, está viendo cómo ese derecho vuelve a ser cuestionado en distintas partes del mundo. Pensaba en lo increíble que resulta imaginar que, cuando el aborto fue legalizado, pudiera creer que algún día volvería a presenciar un retroceso semejante.
Es una locura comprobar hasta qué punto nuestros derechos son frágiles, porque vivimos en un mundo patriarcal. En el fondo, eso es también lo que cuenta la película. Habla de una mujer que intenta emanciparse del poder y del abuso de poder ejercido por los hombres y, en un sentido más amplio, del propio patriarcado.
Es la historia de alguien que resiste, que lucha y que sobrevive. Es una locura comprobar hasta qué punto nuestros derechos son frágiles, porque vivimos en un mundo patriarcal La película se estrenó en la sección Una cierta mirada del Festival de Cannes y ahora llega al Atlàntida Mallorca Film Fest. ¿Cómo está viviendo este recorrido y qué conversaciones espera que abra con el público?
Puede sonar muy sencillo, pero hay dos cosas que me parecen importantes. La primera es que intenté hacer una película feminista en el sentido de que toda la historia está filmada desde la mirada de una mujer. No está contada desde el punto de vista de los hombres que la rodean ni del grupo al que intenta pertenecer, sino desde sus propios ojos.
Para mí, este personaje es completamente universal. Es un personaje en el que puede reconocerse cualquiera. Por eso espero que la película haga que quienes la vean se sientan menos solos con aquello que han vivido.
En el documental Moi aussi, Godrèche reunió los testimonios de más de dos mil supervivientes de violencia sexual. Windy Production - Moana Films Quizá también pueda ayudar a algunas personas a poner palabras a experiencias que todavía no habían logrado comprender del todo. A veces necesitamos toda una vida para entender lo que nos ocurrió o para reconocer situaciones que sucedieron sin nuestro consentimiento, aunque no respondan a la imagen espectacular que solemos asociar a la violencia.
La película puede ayudar a algunas personas a poner palabras a experiencias que todavía no habían logrado comprender del todo. A veces necesitamos toda una vida para entender lo que nos ocurrió o para reconocer situaciones que sucedieron sin nuestro consentimiento, aunque no respondan a la imagen espectacular que solemos asociar a la violencia ¿Qué significó compartir entre madre e hija una historia que habla precisamente de la transmisión entre generaciones, del consentimiento y de la construcción del deseo? ¿Cómo lo han vivido, cada una, desde su propia perspectiva?
Para ser sincera, pensé en Tess desde el primer momento. Y ese pensamiento vino acompañado de muchas preguntas. La primera era muy sencilla: ¿querrá Tess hacer esta película?
Después vino otra cuestión importante: una película nunca depende solo de mí. Hay productores, socios financieros y muchas personas implicadas. Es una decisión colectiva y Tess tendría que convencerlos a todos, igual que cualquier otra actriz.
Godrèche junto a su hija Tess Barthélémy, protagonista de la película. Imagen cedida por Atlàntida Mallorca Film Fest. También me planteé el tema del nepotismo.
Quería afrontar ese elefante en la habitación y no evitar una realidad que existe. Pero, sobre todo, para mí era muy importante que su primera gran experiencia como protagonista —porque ella llevaba mucho tiempo queriendo ser actriz y ya había trabajado antes, conmigo y con otras personas— tuviera lugar en un entorno donde yo supiera que estaba protegida. Quería que ese primer gran rodaje fuera la base desde la que pudiera construir el resto de su carrera.
Un lugar desde el que pudiera despegar con seguridad. Trabajamos con una coordinadora de intimidad durante todo el rodaje y quisimos hacer una película feminista también desde la puesta en escena. Queríamos demostrar que es posible contar una historia que incluye violencia sexual sin recurrir al desnudo, sin cosificar el cuerpo de la actriz y sin convertir esa violencia en un espectáculo o en algo glamurizado.
Además de su trayectoria como actriz y directora, desde hace unos años se ha convertido en una de las voces que han impulsado el #MeToo en Francia. Hace dos años, en los Premios César dijo: “Sé que da miedo. Miedo de perder las subvenciones, miedo de perder papeles”.
¿Hasta qué punto cree que ese miedo sostenía el silencio dentro del cine francés? Sí, creo que la gente tiene miedo. En vuestro país tenéis a alguien extraordinario: Javier Bardem.
Necesitamos muchos Javier Bardem en Francia. Necesitamos muchas personas como él. No hay demasiadas.
Y creo que una de las razones es precisamente el miedo. Aunque, a veces, también hay personas a las que simplemente no les importa. “Queríamos demostrar que es posible contar una historia que incluye violencia sexual sin recurrir al desnudo”, explica la directora. Imagen cedida por Atlàntida Mallorca Film Fest Me resulta difícil hablar de mi propia situación, porque sería injusto hacerlo.
He podido dirigir esta película, ha encontrado financiación y eso ya supone un enorme privilegio. Sería injusto ponerme a quejarme. Pero la realidad es que ya no trabajo como actriz.
Eso es un hecho. Y también veo a muchas directoras intentando sacar adelante sus películas en condiciones muy difíciles. Por eso me considero una privilegiada.
Sí, algunas puertas se han cerrado para mí, pero otras se han abierto. Necesitamos muchos Javier Bardem en Francia. Necesitamos muchas personas como él.
No hay demasiadas. Y creo que una de las razones es precisamente el miedo Han pasado ya varios años desde que decidió denunciar a Benoît Jacquot y Jacques Doillon y estalló el movimiento #MeToo en Francia. Desde su punto de vista, ¿qué cambios reales ha visto en la industria cinematográfica francesa y qué resistencias siguen intactas?
Creo que algunas cosas están cambiando. Lo que seguimos necesitando son más voces porque, aunque siempre las haya habido, estas han sido silenciadas. Hay muchísimas técnicas, trabajadoras y profesionales de la industria cuyos rostros no están en el foco mediático y que también hablan, que también denuncian, pero sus palabras quedan enterradas porque no tienen esa visibilidad.
La película es una adaptación de la novela homónima de Annie Ernaux que retoma las relaciones entre el poder y la violencia sexual. Windy Production - Moana Films Por eso creo que es importante que más mujeres, más actrices y más directoras con una posición reconocida —o, al menos, con un estatus que la sociedad esté dispuesta a escuchar— utilicen su voz. Y digo esto también porque tiene mucho que ver con la clase social.
En mi industria, y en Francia en general, el sistema sigue siendo profundamente aristocrático. Sigue siendo un sistema piramidal, con unos pocos arriba y muchos abajo. Y eso no está cambiando.
Es una estructura muy arraigada en nuestra cultura. Etiquetas / Cultura / Cultura / Islas Baleares / Mallorca / Películas / Me Too / Agresiones machistas / Machismo / Abusos sexuales / Violencia sexual / Agresiones sexuales / Libertad sexual / Feminismo / Francia / Cine / Cineastas ENTREVISTA Judith Godrèche, la cineasta que alzó la voz del #MeToo francés: “Necesitamos más personas como Javier Bardem” La directora, que presenta en Mallorca su debut en el largometraje con 'Memoria de chica', reivindica más voces críticas frente a una industria cultural “que sigue siendo profundamente aristocrática y piramidal” — La 'era postMeToo': el feminismo afronta una contraofensiva en auge que busca silenciar la violencia sexual La directora francesa Judith Godrèche presenta Memoria de chica en Mallorca. Imagen cedida por Atlàntida Mallorca Film Fest.
Alejandro Alcolea Mallorca — 31 de julio de 2026 06:02 h Actualizado el 31/07/2026 06:02 h 0 Hay imágenes que marcan una época para siempre. En mayo de 2024, un grupo de mujeres se puso las manos en la boca frente a una multitud. En mitad de las escaleras del Palacio de Festivales y Congresos de Cannes, el gesto pretendía mostrar el silencio impuesto a las víctimas de los abusos sexuales en Francia.
Una de ellas era Judith Godrèche, la reconocida actriz francesa que, en aquella ocasión, presentaba su cortometraje Moi aussi, el documental con el que reunió los testimonios de más de dos mil supervivientes de violencia sexual. Ella y el resto de mujeres de su equipo que la acompañaban no pronunciaron una sola palabra, porque no hacía falta. Esta imagen, que resumía décadas de silencio impuesto a las víctimas, convirtió a Godrèche en el rostro más visible del #MeToo en su país.
Su historia, sin embargo, comenzó mucho antes. Convertida en una de las grandes actrices del cine francés desde finales de los años ochenta, denunció en 2024 los abusos sexuales que sufrió cuando tenía 14 y 15 años por parte de los directores Benoît Jacquot y Jacques Doillon. Sus acusaciones desencadenaron una oleada de nuevos testimonios, sacudieron a la Academia de los Premios César y obligaron a la industria francesa a enfrentarse a una cultura de impunidad largamente sostenida.
Tras volver a Cannes este año con Memoria de chica, su primer largometraje como directora, aterriza en Mallorca para presentarla en el Atlàntida Mallorca Film Fest. La película es una adaptación de la novela homónima de Annie Ernaux protagonizada por su propia hija, Tess Barthélémy, que retoma cuestiones que atraviesan la biografía de su directora como la memoria, el consentimiento, las relaciones de poder y la manera en que el cine puede narrar la violencia sin reproducirla. Acompañada por su hija, la directora de cine visita la isla con las vivencias de Ernaux en la mente y la profunda conciencia de lo universales que pueden llegar a ser.
Fotograma de 'Memoria de chica'. Windy Production - Moana Films Annie Ernaux escribió Memoria de chica mucho antes del #MeToo, pero hoy el libro parece dialogar directamente con este momento histórico. Cuando volvió a él para adaptarlo al cine, ¿qué descubrió que quizá no había visto en una primera lectura?
Creo que fue a través de los ojos de Annie Ernaux como redescubrí la película. Después de un mes de montaje y de todo el trabajo de edición, verla con ella fue una experiencia muy emocionante. Annie se emocionó profundamente porque, de algún modo, volvió a verse a sí misma en la historia.
Fue entonces cuando redescubrí la película y comprendí hasta qué punto una adaptación cinematográfica puede tener un impacto completamente nuevo sobre la persona cuya historia se está contando. En ese momento tomé verdadera conciencia del poder del cine, del poder de las imágenes. Annie había escrito ese libro después de trabajar en él durante años; de hecho, tardó cincuenta años en escribirlo.
Y, de repente, llegó la película y la vi completamente sobrepasada por la emoción. Recuerdo pensar: “Ese es el poder de las imágenes y de contar una historia”. Fue una experiencia muy reveladora para mí.
¿Qué puede aportar hoy Memoria de chica a una conversación colectiva sobre el consentimiento, la memoria y la violencia en un momento en el que asistimos, en muchos países, a un giro conservador que cuestiona algunos avances del movimiento feminista? Annie Ernaux vivió el momento en que el aborto era ilegal en Francia y tuvo que someterse a un aborto clandestino y después vivió la legalización del aborto. Y ahora, con 84 años, mientras presentamos esta película —que también aborda esta cuestión, aunque no sea su tema principal—, está viendo cómo ese derecho vuelve a ser cuestionado en distintas partes del mundo.
Pensaba en lo increíble que resulta imaginar que, cuando el aborto fue legalizado, pudiera creer que algún día volvería a presenciar un retroceso semejante. Es una locura comprobar hasta qué punto nuestros derechos son frágiles, porque vivimos en un mundo patriarcal. En el fondo, eso es también lo que cuenta la película.
Habla de una mujer que intenta emanciparse del poder y del abuso de poder ejercido por los hombres y, en un sentido más amplio, del propio patriarcado. Es la historia de alguien que resiste, que lucha y que sobrevive. Es una locura comprobar hasta qué punto nuestros derechos son frágiles, porque vivimos en un mundo patriarcal La película se estrenó en la sección Una cierta mirada del Festival de Cannes y ahora llega al Atlàntida Mallorca Film Fest.
¿Cómo está viviendo este recorrido y qué conversaciones espera que abra con el público? Puede sonar muy sencillo, pero hay dos cosas que me parecen importantes. La primera es que intenté hacer una película feminista en el sentido de que toda la historia está filmada desde la mirada de una mujer.
No está contada desde el punto de vista de los hombres que la rodean ni del grupo al que intenta pertenecer, sino desde sus propios ojos. Para mí, este personaje es completamente universal. Es un personaje en el que puede reconocerse cualquiera.
Por eso espero que la película haga que quienes la vean se sientan menos solos con aquello que han vivido. En el documental Moi aussi, Godrèche reunió los testimonios de más de dos mil supervivientes de violencia sexual. Windy Production - Moana Films Quizá también pueda ayudar a algunas personas a poner palabras a experiencias que todavía no habían logrado comprender del todo.
A veces necesitamos toda una vida para entender lo que nos ocurrió o para reconocer situaciones que sucedieron sin nuestro consentimiento, aunque no respondan a la imagen espectacular que solemos asociar a la violencia. La película puede ayudar a algunas personas a poner palabras a experiencias que todavía no habían logrado comprender del todo. A veces necesitamos toda una vida para entender lo que nos ocurrió o para reconocer situaciones que sucedieron sin nuestro consentimiento, aunque no respondan a la imagen espectacular que solemos asociar a la violencia ¿Qué significó compartir entre madre e hija una historia que habla precisamente de la transmisión entre generaciones, del consentimiento y de la construcción del deseo?
¿Cómo lo han vivido, cada una, desde su propia perspectiva? Para ser sincera, pensé en Tess desde el primer momento. Y ese pensamiento vino acompañado de muchas preguntas.
La primera era muy sencilla: ¿querrá Tess hacer esta película? Después vino otra cuestión importante: una película nunca depende solo de mí. Hay productores, socios financieros y muchas personas implicadas.
Es una decisión colectiva y Tess tendría que convencerlos a todos, igual que cualquier otra actriz. Godrèche junto a su hija Tess Barthélémy, protagonista de la película. Imagen cedida por Atlàntida Mallorca Film Fest.
También me planteé el tema del nepotismo. Quería afrontar ese elefante en la habitación y no evitar una realidad que existe. Pero, sobre todo, para mí era muy importante que su primera gran experiencia como protagonista —porque ella llevaba mucho tiempo queriendo ser actriz y ya había trabajado antes, conmigo y con otras personas— tuviera lugar en un entorno donde yo supiera que estaba protegida.
Quería que ese primer gran rodaje fuera la base desde la que pudiera construir el resto de su carrera. Un lugar desde el que pudiera despegar con seguridad. Trabajamos con una coordinadora de intimidad durante todo el rodaje y quisimos hacer una película feminista también desde la puesta en escena.
Queríamos demostrar que es posible contar una historia que incluye violencia sexual sin recurrir al desnudo, sin cosificar el cuerpo de la actriz y sin convertir esa violencia en un espectáculo o en algo glamurizado. Además de su trayectoria como actriz y directora, desde hace unos años se ha convertido en una de las voces que han impulsado el #MeToo en Francia. Hace dos años, en los Premios César dijo: “Sé que da miedo.
Miedo de perder las subvenciones, miedo de perder papeles”. ¿Hasta qué punto cree que ese miedo sostenía el silencio dentro del cine francés? Sí, creo que la gente tiene miedo.
En vuestro país tenéis a alguien extraordinario: Javier Bardem. Necesitamos muchos Javier Bardem en Francia. Necesitamos muchas personas como él.
No hay demasiadas. Y creo que una de las razones es precisamente el miedo. Aunque, a veces, también hay personas a las que simplemente no les importa. “Queríamos demostrar que es posible contar una historia que incluye violencia sexual sin recurrir al desnudo”, explica la directora.
Imagen cedida por Atlàntida Mallorca Film Fest Me resulta difícil hablar de mi propia situación, porque sería injusto hacerlo. He podido dirigir esta película, ha encontrado financiación y eso ya supone un enorme privilegio. Sería injusto ponerme a quejarme.
Pero la realidad es que ya no trabajo como actriz. Eso es un hecho. Y también veo a muchas directoras intentando sacar adelante sus películas en condiciones muy difíciles.
Por eso me considero una privilegiada. Sí, algunas puertas se han cerrado para mí, pero otras se han abierto. Necesitamos muchos Javier Bardem en Francia.
Necesitamos muchas personas como él. No hay demasiadas. Y creo que una de las razones es precisamente el miedo Han pasado ya varios años desde que decidió denunciar a Benoît Jacquot y Jacques Doillon y estalló el movimiento #MeToo en Francia.
Desde su punto de vista, ¿qué cambios reales ha visto en la industria cinematográfica francesa y qué resistencias siguen intactas? Creo que algunas cosas están cambiando. Lo que seguimos necesitando son más voces porque, aunque siempre las haya habido, estas han sido silenciadas.
Hay muchísimas técnicas, trabajadoras y profesionales de la industria cuyos rostros no están en el foco mediático y que también hablan, que también denuncian, pero sus palabras quedan enterradas porque no tienen esa visibilidad. La película es una adaptación de la novela homónima de Annie Ernaux que retoma las relaciones entre el poder y la violencia sexual. Windy Production - Moana Films Por eso creo que es importante que más mujeres, más actrices y más directoras con una posición reconocida —o, al menos, con un estatus que la sociedad esté dispuesta a escuchar— utilicen su voz.
Y digo esto también porque tiene mucho que ver con la clase social. En mi industria, y en Francia en general, el sistema sigue siendo profundamente aristocrático. Sigue siendo un sistema piramidal, con unos pocos arriba y muchos abajo.
Y eso no está cambiando. Es una estructura muy arraigada en nuestra cultura. Etiquetas / Cultura / Cultura / Islas Baleares / Mallorca / Películas / Me Too / Agresiones machistas / Machismo / Abusos sexuales / Violencia sexual / Agresiones sexuales / Libertad sexual / Feminismo / Francia / Cine / Cineastas