Mi paraíso en Italia: Isquia, la isla refugio de emperadores, piratas y estrellas de Hollywood
Cuando el cielo está límpido, desde la costa de Nápoles se distinguen tres islas: Capri, que exhibe presumida su belleza inalcanzable; Prócida, agreste y salvaje, uno de los pueblos de pescadores más
Mi paraíso en Italia: Isquia, la isla refugio de emperadores, piratas y estrellas de Hollywood Algunos identifican este lugar paradisiaco con Esqueria, la última parada de Ulises antes de llegar a Ítaca Regala esta noticia Añádenos en Google Bellísimo atardecer desde la iglesia del Soccorso, construida a pico sobre el mar. (ABC) Javier Martínez-Brocal Corresponsal en Italia 04/08/2026 a las 01:37h. Cuando el cielo está límpido, desde la costa de Nápoles se distinguen tres islas: Capri, que exhibe presumida su belleza inalcanzable; Prócida, agreste y salvaje, uno de los pueblos de pescadores más encantadores del Mediterráneo; e Isquia, exuberante y misteriosa, escenario de la puesta ... de sol más hermosa del mundo. Esta isla inspiró los versos más antiguos que se conservan, fue refugio de emperadores y de piratas, y escenario de las aventuras de Ulises, de la escapada clandestina de Liz Taylor y de la última aventura de Tintín.
Es uno de los lugares más interesantes y menos conocidos de Italia. En Isquia abundan secretos que sus habitantes guardan celosamente. De generación en generación se transmiten una receta para cocinar conejos criados en fosas; hacen un licor de hierbas sabrosísimo del que nunca revelan todos sus ingredientes; y de su tierra manan durante los doce meses fuentes de agua caliente.
Es todo mérito de Zeus. Cuenta el mito griego que cuando Tifón, un gigante que escupe fuego por sus cien cabezas de dragón, intentó hacerse con el control del Olimpo, Zeus lo aprisionó bajo el Monte Epomeo que corona Isquia. Desde entonces, las lágrimas de rabia y dolor de la criatura son fuentes de aguas termales y crean un clima sereno y suave que acerca bastante este lugar al paraíso.
Noticia relacionada Mi paraíso en Líbano: Beirut, la ciudad mil veces muerta y mil veces renacida Nathalie Duplan Esta isla completamente verde emergió del fondo del mar a causa de erupciones de magma y lava y por eso en sus bosques es fácil encontrar fósiles de conchas. De sus tierras brota una exuberante vegetación que embriaga los sentidos, pues nacen con desorden mirtos, hinojos silvestres, malvas, hierbalunas y ajenjos. Y eso que los griegos y los romanos asociaban Isquia en la antigüedad con el inframundo.
Atribuían su actividad volcánica a que escondía las puertas del infierno. Por contraste, miraban hacia su vecina Capri como el lugar celestial desde el que las sirenas intentaron hechizar a Ulises. Para Homero, Isquia era la mítica Esqueria, escenario de la última etapa de 'La Odisea'.
Allí Ulises naufragó y fue acogido por el rey de los feacios, Alcínoo. Acariciado por las prodigiosas aguas termales del lugar, recuperó sus fuerzas antes de dirigirse a Ítaca. 'La Colombaia', villa en Isquia que compró Luchino Visconti. (ABC) Newsletter Ciertamente esas aguas, de las que hablan Ovidio y Virgilio y cuyas propiedades curativas mencionó Plinio el Viejo, calman desde hace milenios los miedos y achaques de todo tipo de personas. Octaviano, futuro emperador Augusto, quedó prendado de ellas.
Más adelante, también Marco Aurelio se sumergió en estas aguas. Otro que estuvo aquí es el pirata Barbarroja, pesadilla del Imperio español en el Mediterráneo y de la Europa cristiana. Cuentan que en 1864 Giuseppe Garibaldi se recuperó con estos baños de una mala herida de bala en la pierna, resultado de la batalla de Aspromonte, y que Marie Curie las analizó e identificó el radón como causante de sus propiedades termales y curativas.
Incluso el cardenal Joseph Ratzinger las elogió. Ahora, el centro termal más visitado de la isla lleva el nombre de Poseidón, divinidad que controla mares y maremotos. Visconti compró una espectacular villa, la reconstruyó a su gusto con azulejos blancos y azules y la llamó 'La Colombaia' La antigua Grecia impregna este fascinante lugar.
En los años 50 del siglo XX, encontraron en una tumba de su necrópolis griega un vaso contemporáneo de 'La Odisea' con una de las inscripciones en griego más antiguas que se conservan. Está grabada en grafito, escrita en alfabeto eubeo y evoca la legendaria copa de oro descrita en 'La Ilíada'. «Yo soy la hermosa copa de Néstor; quien beba de ella sentirá inmediatamente el deseo de Afrodita, la de la hermosa corona», dice.
Al mirar la 'Copa de Néstor' en su Museo Arqueológico uno se explica por qué Isquia es uno de esos lugares donde parece que el tiempo se detiene. Otro enamorado de la isla fue Luchino Visconti. En 1953, mientras rodaba allí con Anna Magnani uno de los capítulos de 'Siamo donne', compró una espectacular villa 'liberty' en el bosque de Zaro.
La reconstruyó a su gusto con azulejos blancos y azules y la llamó 'La Colombaia' (El Palomar). Fue casa de familia y refugio para sus amigos. Maria Callas la consideraba un puerto seguro.
Alain Delon pasó allí largas temporadas para ensayar 'El Gatopardo' y 'Rocco y sus hermanos', y durante un periodo le acompañó Romy Schneider. Actualmente, 'La Colombaia' ha sido transformada en casa museo y parque. Una lápida en el jardín recuerda el punto en el que están enterradas las cenizas del director de cine.
Un fotógrafo cazó a Elizabeth Taylor y Richard Burton besándose a bordo de un yate y saltó a la luz su relación clandestina En junio de 1962 la isla acogió el rodaje de la superproducción 'Cleopatra' y en su mar se recrearon el puerto de Tarso y la batalla naval de Accio. Fue también escenario de un torbellino mediático, pues un fotógrafo cazó a Elizabeth Taylor y Richard Burton besándose a bordo de un yate y saltó a la luz su relación clandestina. Los abogados de Burton ofrecieron una millonada por las fotos, pero el fotógrafo quería verlas publicadas y prefirió vendérselas a revistas.
Entonces comenzó una puja entre medios de EE.UU. y el Reino Unido para hacerse con la exclusiva. Nunca se había pagado tanto por unas fotos, el equivalente a 300.000 euros. Fue mucho más serena la estancia de Truman Capote.
Llegó en abril de 1949, cuando tenía 24 años y había empezado a publicar, y se alojó en una pensión. En 'Los perros ladran', recoge entre los apuntes de sus viajes algunos episodios en Isquia, incluido un encuentro con la viuda de Benito Mussolini. También Isquia inspiró a Hergé, que ambientó allí la última e inacabada aventura de Tintín, 'Tintín y el Arte-Alfa'.
En ella el periodista y el Capitán Haddock investigan el homicidio de un mercader de arte y las pistas les llevan a la isla italiana donde vive la soprano Bianca Castafiore. Más recientemente, la misteriosa Elena Ferrante ha enmarcado en este mismo escenario parte de 'La amiga genial'. El imponente Castillo Aragonés. (ABC) Quizá el secreto de Isquia es que para llegar a ella es necesario escaparse del mundo.
La aventura comienza en Nápoles o en Pozzuoli. Desde uno de sus muelles se toma un 'traghetto' para esta isla. Unos minutos después, lejos del puerto, la ciudad regala una de sus mejores perspectivas, la de mil calles partenopeas de colores que descienden suavemente desde el Vesubio hasta la orilla del mar.
Tras menos de una hora de viaje, el ferry hace su primera parada junto al imponente Castillo Aragonés. Lo más reciente son sus murallas y un puente del siglo XV construidos por Alfonso V de Aragón, tío de Fernando el Católico. El resto se remonta incluso al siglo V a.C.
Vale la pena verlo desde el mar y tomar tierra más adelante, en Forío, al otro lado de la isla, pues desde el mar se aprecian sus costas imponentes. Está prohibido marcharse sin haber probado el 'conejo a la isquitana', un guiso de conejo local criado en libertad y cocinado con aroma a hierbas Forío conquista por su entramado de vías estrechas, cuestas enmarcadas entre flores y plantas y curvas imposibles detrás de las que casi siempre se asoma el mar. Su mirador principal rinde homenaje a un santo español, el belvedere Josemaría Escrivá.
Para alcanzar sus termas, calas y jardines, lo mejor es alquilar un scooter, más que suficiente, pues la isla tiene un litoral de 34 km. La alternativa es un Fiat Panda o un 500, únicos coches que circulan con holgura y pueden adentrarse serenamente por sus recovecos invadidos por plantas silvestres. Muchas de ellas se usan para completar su licor local, el 'rucolino'.
Este amargo digestivo nace de una tradición campesina que considera la rúcula silvestre como 'hierba mágica'. La planta crece en todas las laderas de la isla expuestas al sol. Se pone en infusión con alcohol junto a más de 20 especias que los productores no revelan a forasteros.
Se trata de cáscaras de cítricos, canela, clavo, vainilla y otras más que aportan una nota picante inconfundible. A pesar de que el pescado es la especialidad de la casa, está prohibido marcharse sin haber probado el 'conejo a la isquitana', un guiso de conejo local criado en libertad y cocinado con aroma a hierbas. Lo mejor es regarlo con vinos de esta isla, pues ya los griegos y los romanos elogiaban sus viñedos.
En la localidad de Panza d'Ischia, Leonardo Polito dirige su patronato de turismo y ha diseñado un recorrido que pasa por antiguas bodegas excavadas en la toba verde. Durante el camino salen al encuentro de los visitantes puestos gastronómicos con platos de esta tradición. «Somos, probablemente, el primer restaurante 'difuso' de Italia», asegura a ABC.
Desde la iglesia del Soccorso, cada tarde el cielo regala una explosión de azules, rosas, naranjas y amarillos Aquí el tiempo transcurre muy despacio y no hay lugar para el estrés. Por eso las jornadas culminan contemplando el atardecer desde la blanquísima iglesia del Soccorso, construida a pico sobre el mar. Cada tarde el cielo regala allí una explosión de azules, rosas, naranjas y amarillos, hasta que el último trozo de sol desaparece por el horizonte con un rayo verde que deja sin palabras.
«Esta isla atrae a quienes viajan en busca de bienestar, cultura, naturaleza y gastronomía. Somos una capital del turismo experiencial», presume orgullosa Jessica Lavista, concejal de Turismo de Forío. El rumor suave de las olas, la brisa salina y esa sinfonía de colores que enciende cada tarde su cielo explican por qué generaciones de fugitivos -dioses, emperadores, actrices, escritores- eligieron este mismo horizonte para esconderse del mundo.
Isquia no promete un paraíso perfecto. Pero, como a Ulises, regala el tiempo para recuperar fuerzas antes de retomar el viaje. Por eso nadie se marcha sin la certeza de que regresará.
Temas Truman Capote Tintin (Dibujos Animados) Ulises (Teatro) María Callas Islas Italia comentarios Reportar un error Mi paraíso en Italia: Isquia, la isla refugio de emperadores, piratas y estrellas de Hollywood Algunos identifican este lugar paradisiaco con Esqueria, la última parada de Ulises antes de llegar a Ítaca Regala esta noticia Añádenos en Google Bellísimo atardecer desde la iglesia del Soccorso, construida a pico sobre el mar. (ABC) Javier Martínez-Brocal Corresponsal en Italia 04/08/2026 a las 01:37h. Cuando el cielo está límpido, desde la costa de Nápoles se distinguen tres islas: Capri, que exhibe presumida su belleza inalcanzable; Prócida, agreste y salvaje, uno de los pueblos de pescadores más encantadores del Mediterráneo; e Isquia, exuberante y misteriosa, escenario de la puesta ... de sol más hermosa del mundo. Esta isla inspiró los versos más antiguos que se conservan, fue refugio de emperadores y de piratas, y escenario de las aventuras de Ulises, de la escapada clandestina de Liz Taylor y de la última aventura de Tintín.
Es uno de los lugares más interesantes y menos conocidos de Italia. En Isquia abundan secretos que sus habitantes guardan celosamente. De generación en generación se transmiten una receta para cocinar conejos criados en fosas; hacen un licor de hierbas sabrosísimo del que nunca revelan todos sus ingredientes; y de su tierra manan durante los doce meses fuentes de agua caliente.
Es todo mérito de Zeus. Cuenta el mito griego que cuando Tifón, un gigante que escupe fuego por sus cien cabezas de dragón, intentó hacerse con el control del Olimpo, Zeus lo aprisionó bajo el Monte Epomeo que corona Isquia. Desde entonces, las lágrimas de rabia y dolor de la criatura son fuentes de aguas termales y crean un clima sereno y suave que acerca bastante este lugar al paraíso.
Noticia relacionada Mi paraíso en Líbano: Beirut, la ciudad mil veces muerta y mil veces renacida Nathalie Duplan Esta isla completamente verde emergió del fondo del mar a causa de erupciones de magma y lava y por eso en sus bosques es fácil encontrar fósiles de conchas. De sus tierras brota una exuberante vegetación que embriaga los sentidos, pues nacen con desorden mirtos, hinojos silvestres, malvas, hierbalunas y ajenjos. Y eso que los griegos y los romanos asociaban Isquia en la antigüedad con el inframundo.
Atribuían su actividad volcánica a que escondía las puertas del infierno. Por contraste, miraban hacia su vecina Capri como el lugar celestial desde el que las sirenas intentaron hechizar a Ulises. Para Homero, Isquia era la mítica Esqueria, escenario de la última etapa de 'La Odisea'.
Allí Ulises naufragó y fue acogido por el rey de los feacios, Alcínoo. Acariciado por las prodigiosas aguas termales del lugar, recuperó sus fuerzas antes de dirigirse a Ítaca. 'La Colombaia', villa en Isquia que compró Luchino Visconti. (ABC) Newsletter Ciertamente esas aguas, de las que hablan Ovidio y Virgilio y cuyas propiedades curativas mencionó Plinio el Viejo, calman desde hace milenios los miedos y achaques de todo tipo de personas. Octaviano, futuro emperador Augusto, quedó prendado de ellas.
Más adelante, también Marco Aurelio se sumergió en estas aguas. Otro que estuvo aquí es el pirata Barbarroja, pesadilla del Imperio español en el Mediterráneo y de la Europa cristiana. Cuentan que en 1864 Giuseppe Garibaldi se recuperó con estos baños de una mala herida de bala en la pierna, resultado de la batalla de Aspromonte, y que Marie Curie las analizó e identificó el radón como causante de sus propiedades termales y curativas.
Incluso el cardenal Joseph Ratzinger las elogió. Ahora, el centro termal más visitado de la isla lleva el nombre de Poseidón, divinidad que controla mares y maremotos. Visconti compró una espectacular villa, la reconstruyó a su gusto con azulejos blancos y azules y la llamó 'La Colombaia' La antigua Grecia impregna este fascinante lugar.
En los años 50 del siglo XX, encontraron en una tumba de su necrópolis griega un vaso contemporáneo de 'La Odisea' con una de las inscripciones en griego más antiguas que se conservan. Está grabada en grafito, escrita en alfabeto eubeo y evoca la legendaria copa de oro descrita en 'La Ilíada'. «Yo soy la hermosa copa de Néstor; quien beba de ella sentirá inmediatamente el deseo de Afrodita, la de la hermosa corona», dice.
Al mirar la 'Copa de Néstor' en su Museo Arqueológico uno se explica por qué Isquia es uno de esos lugares donde parece que el tiempo se detiene. Otro enamorado de la isla fue Luchino Visconti. En 1953, mientras rodaba allí con Anna Magnani uno de los capítulos de 'Siamo donne', compró una espectacular villa 'liberty' en el bosque de Zaro.
La reconstruyó a su gusto con azulejos blancos y azules y la llamó 'La Colombaia' (El Palomar). Fue casa de familia y refugio para sus amigos. Maria Callas la consideraba un puerto seguro.
Alain Delon pasó allí largas temporadas para ensayar 'El Gatopardo' y 'Rocco y sus hermanos', y durante un periodo le acompañó Romy Schneider. Actualmente, 'La Colombaia' ha sido transformada en casa museo y parque. Una lápida en el jardín recuerda el punto en el que están enterradas las cenizas del director de cine.
Un fotógrafo cazó a Elizabeth Taylor y Richard Burton besándose a bordo de un yate y saltó a la luz su relación clandestina En junio de 1962 la isla acogió el rodaje de la superproducción 'Cleopatra' y en su mar se recrearon el puerto de Tarso y la batalla naval de Accio. Fue también escenario de un torbellino mediático, pues un fotógrafo cazó a Elizabeth Taylor y Richard Burton besándose a bordo de un yate y saltó a la luz su relación clandestina. Los abogados de Burton ofrecieron una millonada por las fotos, pero el fotógrafo quería verlas publicadas y prefirió vendérselas a revistas.
Entonces comenzó una puja entre medios de EE.UU. y el Reino Unido para hacerse con la exclusiva. Nunca se había pagado tanto por unas fotos, el equivalente a 300.000 euros. Fue mucho más serena la estancia de Truman Capote.
Llegó en abril de 1949, cuando tenía 24 años y había empezado a publicar, y se alojó en una pensión. En 'Los perros ladran', recoge entre los apuntes de sus viajes algunos episodios en Isquia, incluido un encuentro con la viuda de Benito Mussolini. También Isquia inspiró a Hergé, que ambientó allí la última e inacabada aventura de Tintín, 'Tintín y el Arte-Alfa'.
En ella el periodista y el Capitán Haddock investigan el homicidio de un mercader de arte y las pistas les llevan a la isla italiana donde vive la soprano Bianca Castafiore. Más recientemente, la misteriosa Elena Ferrante ha enmarcado en este mismo escenario parte de 'La amiga genial'. El imponente Castillo Aragonés. (ABC) Quizá el secreto de Isquia es que para llegar a ella es necesario escaparse del mundo.
La aventura comienza en Nápoles o en Pozzuoli. Desde uno de sus muelles se toma un 'traghetto' para esta isla. Unos minutos después, lejos del puerto, la ciudad regala una de sus mejores perspectivas, la de mil calles partenopeas de colores que descienden suavemente desde el Vesubio hasta la orilla del mar.
Tras menos de una hora de viaje, el ferry hace su primera parada junto al imponente Castillo Aragonés. Lo más reciente son sus murallas y un puente del siglo XV construidos por Alfonso V de Aragón, tío de Fernando el Católico. El resto se remonta incluso al siglo V a.C.
Vale la pena verlo desde el mar y tomar tierra más adelante, en Forío, al otro lado de la isla, pues desde el mar se aprecian sus costas imponentes. Está prohibido marcharse sin haber probado el 'conejo a la isquitana', un guiso de conejo local criado en libertad y cocinado con aroma a hierbas Forío conquista por su entramado de vías estrechas, cuestas enmarcadas entre flores y plantas y curvas imposibles detrás de las que casi siempre se asoma el mar. Su mirador principal rinde homenaje a un santo español, el belvedere Josemaría Escrivá.
Para alcanzar sus termas, calas y jardines, lo mejor es alquilar un scooter, más que suficiente, pues la isla tiene un litoral de 34 km. La alternativa es un Fiat Panda o un 500, únicos coches que circulan con holgura y pueden adentrarse serenamente por sus recovecos invadidos por plantas silvestres. Muchas de ellas se usan para completar su licor local, el 'rucolino'.
Este amargo digestivo nace de una tradición campesina que considera la rúcula silvestre como 'hierba mágica'. La planta crece en todas las laderas de la isla expuestas al sol. Se pone en infusión con alcohol junto a más de 20 especias que los productores no revelan a forasteros.
Se trata de cáscaras de cítricos, canela, clavo, vainilla y otras más que aportan una nota picante inconfundible. A pesar de que el pescado es la especialidad de la casa, está prohibido marcharse sin haber probado el 'conejo a la isquitana', un guiso de conejo local criado en libertad y cocinado con aroma a hierbas. Lo mejor es regarlo con vinos de esta isla, pues ya los griegos y los romanos elogiaban sus viñedos.
En la localidad de Panza d'Ischia, Leonardo Polito dirige su patronato de turismo y ha diseñado un recorrido que pasa por antiguas bodegas excavadas en la toba verde. Durante el camino salen al encuentro de los visitantes puestos gastronómicos con platos de esta tradición. «Somos, probablemente, el primer restaurante 'difuso' de Italia», asegura a ABC.
Desde la iglesia del Soccorso, cada tarde el cielo regala una explosión de azules, rosas, naranjas y amarillos Aquí el tiempo transcurre muy despacio y no hay lugar para el estrés. Por eso las jornadas culminan contemplando el atardecer desde la blanquísima iglesia del Soccorso, construida a pico sobre el mar. Cada tarde el cielo regala allí una explosión de azules, rosas, naranjas y amarillos, hasta que el último trozo de sol desaparece por el horizonte con un rayo verde que deja sin palabras.
«Esta isla atrae a quienes viajan en busca de bienestar, cultura, naturaleza y gastronomía. Somos una capital del turismo experiencial», presume orgullosa Jessica Lavista, concejal de Turismo de Forío. El rumor suave de las olas, la brisa salina y esa sinfonía de colores que enciende cada tarde su cielo explican por qué generaciones de fugitivos -dioses, emperadores, actrices, escritores- eligieron este mismo horizonte para esconderse del mundo.
Isquia no promete un paraíso perfecto. Pero, como a Ulises, regala el tiempo para recuperar fuerzas antes de retomar el viaje. Por eso nadie se marcha sin la certeza de que regresará.
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