La pregunta del verano para miles de padres: ¿hasta qué hora dejar salir a un hijo adolescente?
Cada verano, con la llegada de las vacaciones y de las pandillas veraniegas, miles de familias vuelven a hacerse la misma pregunta: ¿hasta qué hora deberían dejar salir a sus hijos adolescentes ? Aunq
La pregunta del verano para miles de padres: ¿hasta qué hora dejar salir a un hijo adolescente? Negociar la hora de llegada requiere previamente de conversaciones abiertas sobre varios asuntos, advierte una psicóloga Regala esta noticia Añádenos en Google En opinión de la fundadora de los centros Crece Bien, «la autonomía no se concede de golpe; se entrena». (afbc) Carlota Fominaya Madrid 04/08/2026 a las 01:31h. Cada verano, con la llegada de las vacaciones y de las pandillas veraniegas, miles de familias vuelven a hacerse la misma pregunta: ¿hasta qué hora deberían dejar salir a sus hijos adolescentes?
Aunque muchos padres buscan una referencia basada únicamente en la edad, Silvia ... Martínez Lomás, directora y fundadora de Crece Bien, asegura que no existe una hora universal válida para todos. A su juicio, la edad es solo uno de los elementos que deben tenerse en cuenta.
Tan importante como los años del adolescente son su grado de madurez, el tipo de plan que va a realizar, la distancia hasta el lugar al que acude, el medio de transporte que utilizará, el grupo con el que sale, el entorno y la confianza que haya construido previamente con su familia. «No es lo mismo un chaval de 14 años que sale cerca de casa, con amigos conocidos y un plan claro, que otro de 16 que va a una zona más alejada, con un grupo que la familia apenas conoce o sin saber bien cómo va a volver», aclara. Por ello, esta experta recomienda que las primeras incursiones de tarde noche durante la adolescencia sean más breves y con horarios más tempranos, siempre vinculadas a planes concretos.
A medida que el menor demuestra responsabilidad, esa libertad puede ampliarse de forma progresiva. En su opinión, «la autonomía no se concede de golpe; se entrena». Noticia relacionada Lucía Mi Pediatra: «Hay una forma muy clara de luchar contra el acoso escolar desde casa»
Carlota Fominaya Más allá de la edad o del reloj, Martínez Lomás considera que la verdadera pregunta que deben hacerse los padres es «si el adolescente está preparado para gestionar la libertad que se le concede». Esa preparación, afirma, «se aprecia cuando cumple los acuerdos establecidos, avisa si cambia de plan, responde al teléfono sin interpretar el contacto de sus padres como una persecución, llega a la hora pactada, informa con naturalidad de dónde está y con quién se encuentra, no recurre habitualmente a la mentira y acepta hablar sobre seguridad sin ponerse siempre a la defensiva». También resulta fundamental observar cómo toma decisiones cuando no hay un adulto delante.
La directora de Crece Bien considera que «un adolescente preparado debe ser capaz de resistir la presión del grupo, saber decir 'no' cuando algo no le convence, abandonar una situación incómoda y reconocer conductas no le benefician, aunque todos sus amigos la estén llevando a cabo. En definitiva, que tenga una madurez que no se mide únicamente por el buen comportamiento, sino por su capacidad para cuidarse cuando los padres no están presentes». «Proteger no significa eliminar cualquier riesgo, ya que hacerlo impediría que los adolescentes desarrollasen su autonomía»
Esta psicóloga reconoce que muchos progenitores sienten que ampliar el horario supone asumir un riesgo, y admite que, «conforme avanza la noche, aumentan determinadas situaciones de peligro, como el cansancio, la menor supervisión adulta, la presión del grupo o el posible consumo de alcohol y otras sustancias. Sin embargo, proteger no significa eliminar cualquier riesgo, ya que hacerlo impediría que los adolescentes desarrollasen autonomía». Por ello, defiende una concesión gradual de la libertad.
«La confianza no es un cheque en blanco; es una escalera que hay que subir», resume. «Cada peldaño, explica, se gana con hechos. Si el adolescente demuestra responsabilidad, podrá acceder a mayores cotas de autonomía; si incumple los acuerdos, no se trata de castigar por castigar, pero sí de retroceder temporalmente hasta recuperar la confianza necesaria».
Newsletter De hecho, antes incluso de negociar la hora de regreso, Martínez Lomás considera imprescindible abordar otros aspectos relacionados con la salida. Las familias, señala, «deberían hablar sobre el lugar al que acudirán sus hijos, las personas con las que estarán, cómo regresarán a casa, qué pueden hacer si el plan cambia, cómo actuarán si se sienten incómodos, si tendrán batería suficiente en el teléfono o si saben pedir ayuda en caso necesario». Asimismo, la fundadora de los centros Crece Bien defiende la importancia de conversar de forma natural sobre el alcohol, las drogas, la presión del grupo, el uso de las redes sociales, la difusión de fotografías, el consentimiento, el respeto y la seguridad.
Pero todo ello, insiste, «debe hacerse desde la información y la confianza, no desde el miedo ni los sermones. En este aspecto, funciona el hecho de transmitir a los adolescentes que el objetivo no es controlar su vida, sino asegurarse de que cuentan con recursos para cuidarse». Cuando un adolescente incumple el horario pactado, esta experta recomienda evitar las conversaciones en caliente.
«Si los padres están muy enfadados o preocupados, es más aconsejable morderse la lengua y limitarse a expresar el alivio por su regreso, posponiendo el análisis de lo ocurrido hasta el día siguiente, cuando todos estén más tranquilos». También es importante, aclara, distinguir entre un retraso puntual comunicado previamente y un incumplimiento sin ninguna explicación. «En lugar de recurrir automáticamente al castigo de prohibir nuevas salidas, sugiero aplicar consecuencias relacionadas directamente con la confianza, como reducir temporalmente el horario o volver al nivel de autonomía anterior hasta que el adolescente vuelva a demostrar que puede cumplir los acuerdos.
El objetivo, insisto, no es sancionar desde el enfado, sino enseñar que la libertad siempre va acompañada de responsabilidad». Fomentar el criterio propio Otro de los aspectos que preocupa a los padres, especialmente durante el verano, es la presión del grupo. Para valorar si un adolescente está preparado para resistirla, Silvia Martínez Lomás recomienda fijarse en cómo actúa en situaciones cotidianas: «Si es capaz de expresar desacuerdo, rechazar un plan que no le interesa o mantener criterios propios, probablemente contará con más herramientas cuando esté con sus amigos.
Por el contrario, si necesita constantemente la aprobación del grupo o acepta hacer cosas que realmente no desea para evitar sentirse excluido, conviene trabajar previamente esa capacidad». Para ello, una buena idea, propone, «es ensayar con ellos respuestas sencillas que puedan utilizar cuando necesiten rechazar una propuesta, así como pactar con los propios padres una palabra clave por WhatsApp que les permita pedir ayuda para abandonar una situación incómoda sin sentirse expuestos delante de sus amigos». «Interesarse por la seguridad de los hijos no debe confundirse con invadir su intimidad»
La directora de Crece Bien también insiste en que interesarse por la seguridad de los hijos no debe confundirse con invadir su intimidad. En su opinión, la diferencia está en la forma de plantear las preguntas. «Explicar que conocer dónde estarán, con quién salen y cómo volverán forma parte de los acuerdos familiares resulta mucho más eficaz que transmitir desconfianza.
Y, por descontado, no olvidar que esa información no debe utilizarse después para criticar continuamente a sus amistades, ya que esa reacción solo conseguirá que los adolescentes no se vuelvan a fiar y compartan cada vez menos aspectos de su vida». Por todo esto, Martínez Lomás anima a las familias a no centrar la negociación exclusivamente en la hora de vuelta a casa. «La conversación debe girar alrededor de la confianza y de la responsabilidad que el adolescente es capaz de demostrar.
Cuando entiende que la libertad no depende de una imposición arbitraria, sino de un proceso gradual basado en hechos, resulta mucho más sencillo alcanzar acuerdos», insiste. Porque, concluye, «el verdadero objetivo no es controlar a los hijos ni evitar cualquier riesgo, sino ayudarles a aprender a desenvolverse con libertad y responsabilidad». Temas Adolescentes Hijos Verano Padres comentarios Reportar un error La pregunta del verano para miles de padres: ¿hasta qué hora dejar salir a un hijo adolescente?
Negociar la hora de llegada requiere previamente de conversaciones abiertas sobre varios asuntos, advierte una psicóloga Regala esta noticia Añádenos en Google En opinión de la fundadora de los centros Crece Bien, «la autonomía no se concede de golpe; se entrena». (afbc) Carlota Fominaya Madrid 04/08/2026 a las 01:31h. Cada verano, con la llegada de las vacaciones y de las pandillas veraniegas, miles de familias vuelven a hacerse la misma pregunta: ¿hasta qué hora deberían dejar salir a sus hijos adolescentes? Aunque muchos padres buscan una referencia basada únicamente en la edad, Silvia ...
Martínez Lomás, directora y fundadora de Crece Bien, asegura que no existe una hora universal válida para todos. A su juicio, la edad es solo uno de los elementos que deben tenerse en cuenta. Tan importante como los años del adolescente son su grado de madurez, el tipo de plan que va a realizar, la distancia hasta el lugar al que acude, el medio de transporte que utilizará, el grupo con el que sale, el entorno y la confianza que haya construido previamente con su familia.
«No es lo mismo un chaval de 14 años que sale cerca de casa, con amigos conocidos y un plan claro, que otro de 16 que va a una zona más alejada, con un grupo que la familia apenas conoce o sin saber bien cómo va a volver», aclara. Por ello, esta experta recomienda que las primeras incursiones de tarde noche durante la adolescencia sean más breves y con horarios más tempranos, siempre vinculadas a planes concretos. A medida que el menor demuestra responsabilidad, esa libertad puede ampliarse de forma progresiva.
En su opinión, «la autonomía no se concede de golpe; se entrena». Noticia relacionada Lucía Mi Pediatra: «Hay una forma muy clara de luchar contra el acoso escolar desde casa» Carlota Fominaya Más allá de la edad o del reloj, Martínez Lomás considera que la verdadera pregunta que deben hacerse los padres es «si el adolescente está preparado para gestionar la libertad que se le concede».
Esa preparación, afirma, «se aprecia cuando cumple los acuerdos establecidos, avisa si cambia de plan, responde al teléfono sin interpretar el contacto de sus padres como una persecución, llega a la hora pactada, informa con naturalidad de dónde está y con quién se encuentra, no recurre habitualmente a la mentira y acepta hablar sobre seguridad sin ponerse siempre a la defensiva». También resulta fundamental observar cómo toma decisiones cuando no hay un adulto delante. La directora de Crece Bien considera que «un adolescente preparado debe ser capaz de resistir la presión del grupo, saber decir 'no' cuando algo no le convence, abandonar una situación incómoda y reconocer conductas no le benefician, aunque todos sus amigos la estén llevando a cabo.
En definitiva, que tenga una madurez que no se mide únicamente por el buen comportamiento, sino por su capacidad para cuidarse cuando los padres no están presentes». «Proteger no significa eliminar cualquier riesgo, ya que hacerlo impediría que los adolescentes desarrollasen su autonomía» Esta psicóloga reconoce que muchos progenitores sienten que ampliar el horario supone asumir un riesgo, y admite que, «conforme avanza la noche, aumentan determinadas situaciones de peligro, como el cansancio, la menor supervisión adulta, la presión del grupo o el posible consumo de alcohol y otras sustancias.
Sin embargo, proteger no significa eliminar cualquier riesgo, ya que hacerlo impediría que los adolescentes desarrollasen autonomía». Por ello, defiende una concesión gradual de la libertad. «La confianza no es un cheque en blanco; es una escalera que hay que subir», resume.
«Cada peldaño, explica, se gana con hechos. Si el adolescente demuestra responsabilidad, podrá acceder a mayores cotas de autonomía; si incumple los acuerdos, no se trata de castigar por castigar, pero sí de retroceder temporalmente hasta recuperar la confianza necesaria». Newsletter De hecho, antes incluso de negociar la hora de regreso, Martínez Lomás considera imprescindible abordar otros aspectos relacionados con la salida.
Las familias, señala, «deberían hablar sobre el lugar al que acudirán sus hijos, las personas con las que estarán, cómo regresarán a casa, qué pueden hacer si el plan cambia, cómo actuarán si se sienten incómodos, si tendrán batería suficiente en el teléfono o si saben pedir ayuda en caso necesario». Asimismo, la fundadora de los centros Crece Bien defiende la importancia de conversar de forma natural sobre el alcohol, las drogas, la presión del grupo, el uso de las redes sociales, la difusión de fotografías, el consentimiento, el respeto y la seguridad. Pero todo ello, insiste, «debe hacerse desde la información y la confianza, no desde el miedo ni los sermones.
En este aspecto, funciona el hecho de transmitir a los adolescentes que el objetivo no es controlar su vida, sino asegurarse de que cuentan con recursos para cuidarse». Cuando un adolescente incumple el horario pactado, esta experta recomienda evitar las conversaciones en caliente. «Si los padres están muy enfadados o preocupados, es más aconsejable morderse la lengua y limitarse a expresar el alivio por su regreso, posponiendo el análisis de lo ocurrido hasta el día siguiente, cuando todos estén más tranquilos».
También es importante, aclara, distinguir entre un retraso puntual comunicado previamente y un incumplimiento sin ninguna explicación. «En lugar de recurrir automáticamente al castigo de prohibir nuevas salidas, sugiero aplicar consecuencias relacionadas directamente con la confianza, como reducir temporalmente el horario o volver al nivel de autonomía anterior hasta que el adolescente vuelva a demostrar que puede cumplir los acuerdos. El objetivo, insisto, no es sancionar desde el enfado, sino enseñar que la libertad siempre va acompañada de responsabilidad».
Fomentar el criterio propio Otro de los aspectos que preocupa a los padres, especialmente durante el verano, es la presión del grupo. Para valorar si un adolescente está preparado para resistirla, Silvia Martínez Lomás recomienda fijarse en cómo actúa en situaciones cotidianas: «Si es capaz de expresar desacuerdo, rechazar un plan que no le interesa o mantener criterios propios, probablemente contará con más herramientas cuando esté con sus amigos. Por el contrario, si necesita constantemente la aprobación del grupo o acepta hacer cosas que realmente no desea para evitar sentirse excluido, conviene trabajar previamente esa capacidad».
Para ello, una buena idea, propone, «es ensayar con ellos respuestas sencillas que puedan utilizar cuando necesiten rechazar una propuesta, así como pactar con los propios padres una palabra clave por WhatsApp que les permita pedir ayuda para abandonar una situación incómoda sin sentirse expuestos delante de sus amigos». «Interesarse por la seguridad de los hijos no debe confundirse con invadir su intimidad» La directora de Crece Bien también insiste en que interesarse por la seguridad de los hijos no debe confundirse con invadir su intimidad.
En su opinión, la diferencia está en la forma de plantear las preguntas. «Explicar que conocer dónde estarán, con quién salen y cómo volverán forma parte de los acuerdos familiares resulta mucho más eficaz que transmitir desconfianza. Y, por descontado, no olvidar que esa información no debe utilizarse después para criticar continuamente a sus amistades, ya que esa reacción solo conseguirá que los adolescentes no se vuelvan a fiar y compartan cada vez menos aspectos de su vida».
Por todo esto, Martínez Lomás anima a las familias a no centrar la negociación exclusivamente en la hora de vuelta a casa. «La conversación debe girar alrededor de la confianza y de la responsabilidad que el adolescente es capaz de demostrar. Cuando entiende que la libertad no depende de una imposición arbitraria, sino de un proceso gradual basado en hechos, resulta mucho más sencillo alcanzar acuerdos», insiste.
Porque, concluye, «el verdadero objetivo no es controlar a los hijos ni evitar cualquier riesgo, sino ayudarles a aprender a desenvolverse con libertad y responsabilidad». Temas Adolescentes Hijos Verano Padres comentarios Reportar un error Lucía Mi Pediatra: «Hay una forma muy clara de luchar contra el acoso escolar desde casa» Carlota Fominaya Freidora de aire, heladera y ventilador: mis 3 imprescindibles de SharkNinja para el verano Alejandra Santisteban Guiu Jordi Cruz, sobre sus inicios en televisión: «Tuve dos años que viví la noche en Madrid.
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