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Internacional
martes, 28 de julio de 2026

Pobres diablos: la toxicidad es el carburante de sus publicaciones

La mayoría disfrutamos más con un chapuzón y un brindis que amasando porquería en las redes.

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

DIRECTO Sigue la última hora de los incendios en España última horaEspaña registra la mayor cifra de trabajadores de su historia y reduce el paro en 213.300 personas Emma RiverolaEscritoraPobres diablos: la toxicidad es el carburante de sus publicacionesFoto de archivo de una persona usando un teléfono móvillEUROPA PRESSBarcelonaOpinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos. 28 jul 2026 - 09:16Emma RiverolaWhatsAppTwitterFacebookLinkedinTelegramBeloudCopiar URLLa mayoría disfrutamos más con un chapuzón y un brindis que amasando porquería en las redes.Consulte todos los artículos escritos por Emma Riverola en '20minutos'A veces, me imagino sus vidas. Cuando leo algunas de sus publicaciones en las redes sociales, cuando tropiezo con alguno de sus insultos, cuando descubro alguna de sus bravuconerías. No me refiero a los bots, esos perfiles falsos creados para modular la opinión, me refiero a personas concretas.

Tipos que, en algún momento, llegaron a tener su momento de gloria y ahora siguen esforzándose por atraer los focos. Quizá fue la política, quizá el periodismo, quizá las relaciones… Fuera por lo que fuera, hubo un día en que formaron parte de cierta corte mediática. Las tertulias los adoraban por su verbo afilado, por sus provocaciones.

Pero, como todo lo insustancial, llegó el día en que el foco se fue apagando.Sí, a veces los imagino buscando las palabras más hirientes, borrando y reescribiendo el mensaje hasta decidirse por el que creen más impactante y, al fin, publicándolo. Después llega la consulta compulsiva de la pantalla, angustiados por la tardanza en el movimiento, felicitándose por cada reacción, rezando para que llegue la respuesta airada de alguien relevante y esta multiplique sus visualizaciones. ‘Hazme casito’, parecen suplicar. La toxicidad es el carburante de sus publicaciones, pero no siempre es fácil manejarla.

El veneno genera adicción y pasarse con la dosis puede provocar efectos secundarios.¿Cuánta ponzoña puede una persona manejar sin que su cerebro resulte afectado? ¿Hasta qué punto la negatividad expresada se queda pegada a la mirada? ¿Cómo se vive con esa mezcla de sadismo y narcisismo?

Siempre buscando personas o actos que criticar, siempre dispuestos a caricaturizar a sus contrincantes o a los que ellos consideran sus contrincantes, siempre eligiendo las palabras más hirientes, los argumentos más simples, siempre transitando entre la frustración y la necesidad de una nueva dosis de exhibición. De todos los especímenes, destacan los deleznables que se dedican a alentar la destrucción o el descrédito de la obra que otros crean. Al fin, pobres diablos sin foco ni moral ni valor.¿Dormirán bien por las noches?

¿Seguirán buscando víctimas en los momentos de insomnio? ¿Descansarán alguna vez? En realidad, ¿importa?

La imaginación tiene esas cosas, lo que llama tu atención durante un instante desaparece un segundo más tarde. Justo el tiempo en que el mundo físico te ofrece motivos para desconectar. Por suerte, la mayoría disfrutamos más con un chapuzón y un brindis que amasando porquería en las redes.

Para los que aún las tienen pendientes: felices vacaciones en la vida real.Conforme a los criterios de¿Por qué confiar en nosotros?Más información sobre:Redes socialesBotsMedios de comunicación Mostrar comentarios Comentarios Emma RiverolaEscritoraPobres diablos: la toxicidad es el carburante de sus publicacionesFoto de archivo de una persona usando un teléfono móvillEUROPA PRESSBarcelonaOpinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos. 28 jul 2026 - 09:16Emma RiverolaWhatsAppTwitterFacebookLinkedinTelegramBeloudCopiar URLLa mayoría disfrutamos más con un chapuzón y un brindis que amasando porquería en las redes.Consulte todos los artículos escritos por Emma Riverola en '20minutos'A veces, me imagino sus vidas. Cuando leo algunas de sus publicaciones en las redes sociales, cuando tropiezo con alguno de sus insultos, cuando descubro alguna de sus bravuconerías. No me refiero a los bots, esos perfiles falsos creados para modular la opinión, me refiero a personas concretas.

Tipos que, en algún momento, llegaron a tener su momento de gloria y ahora siguen esforzándose por atraer los focos. Quizá fue la política, quizá el periodismo, quizá las relaciones… Fuera por lo que fuera, hubo un día en que formaron parte de cierta corte mediática. Las tertulias los adoraban por su verbo afilado, por sus provocaciones.

Pero, como todo lo insustancial, llegó el día en que el foco se fue apagando.Sí, a veces los imagino buscando las palabras más hirientes, borrando y reescribiendo el mensaje hasta decidirse por el que creen más impactante y, al fin, publicándolo. Después llega la consulta compulsiva de la pantalla, angustiados por la tardanza en el movimiento, felicitándose por cada reacción, rezando para que llegue la respuesta airada de alguien relevante y esta multiplique sus visualizaciones. ‘Hazme casito’, parecen suplicar. La toxicidad es el carburante de sus publicaciones, pero no siempre es fácil manejarla.

El veneno genera adicción y pasarse con la dosis puede provocar efectos secundarios.¿Cuánta ponzoña puede una persona manejar sin que su cerebro resulte afectado? ¿Hasta qué punto la negatividad expresada se queda pegada a la mirada? ¿Cómo se vive con esa mezcla de sadismo y narcisismo?

Siempre buscando personas o actos que criticar, siempre dispuestos a caricaturizar a sus contrincantes o a los que ellos consideran sus contrincantes, siempre eligiendo las palabras más hirientes, los argumentos más simples, siempre transitando entre la frustración y la necesidad de una nueva dosis de exhibición. De todos los especímenes, destacan los deleznables que se dedican a alentar la destrucción o el descrédito de la obra que otros crean. Al fin, pobres diablos sin foco ni moral ni valor.¿Dormirán bien por las noches?

¿Seguirán buscando víctimas en los momentos de insomnio? ¿Descansarán alguna vez? En realidad, ¿importa?

La imaginación tiene esas cosas, lo que llama tu atención durante un instante desaparece un segundo más tarde. Justo el tiempo en que el mundo físico te ofrece motivos para desconectar. Por suerte, la mayoría disfrutamos más con un chapuzón y un brindis que amasando porquería en las redes.

Para los que aún las tienen pendientes: felices vacaciones en la vida real.Conforme a los criterios de¿Por qué confiar en nosotros?

Publicado por Redacción · martes, 28 de julio de 2026

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