«No hay agua suficiente para apagar ningún incendio forestal»
Pocos investigadores en España conocen el comportamiento del fuego como Antonio Jordán . Catedrático de Edafología de la Universidad de Sevilla y uno de los mayores expertos internacionales en incendi
«No hay agua suficiente para apagar ningún incendio forestal» Antonio Jordán, investigador de la US y experto en la materia, advierte de que los fuegos han superado la capacidad de extinción y reclama una apuesta decidida por la prevención y la gestión del monte Regala esta noticia Añádenos en Google Este vídeo es exclusivo para suscriptores Disfruta de acceso ilimitado Suscríbete ¿Ya tienes una suscripción ? Inicia sesión Antonio Jordán posa en el campus de Reina Mercedes. (Foto y vídeo: Manuel Olmedo y María Guerra) Jaime Parejo 02/08/2026 Actualizado a las 07:11h.
Pocos investigadores en España conocen el comportamiento del fuego como Antonio Jordán. Catedrático de Edafología de la Universidad de Sevilla y uno de los mayores expertos internacionales en incendios forestales, ha dedicado gran parte de su carrera a estudiar cómo se originan, evolucionan y ... qué consecuencias dejan sobre el suelo y los ecosistemas. Sus investigaciones sobre los llamados incendios de nueva generación, el impacto del cambio climático y la gestión preventiva del territorio lo han convertido en una voz de referencia para administraciones, servicios de emergencias y la comunidad científica.
En un verano marcado por la sucesión de grandes incendios en España, Jordán analiza las causas de este fenómeno, los errores que se siguen cometiendo y los desafíos que plantea un escenario en el que aprender a convivir con el fuego será cada vez más necesario. —¿Estamos ante una situación excepcional o vamos a tener que acostumbrarnos a la nueva normalidad con los incendios? —La situación actual es la misma que la del año pasado o incluso de algunos años anteriores. Es verdad que el año pasado y este están ocurriendo incendios especialmente virulentos, que es lo que llamamos incendios de quinta o de sexta generación. —¿Por qué se llega a esta situación? —Por múltiples caminos. Uno es el abandono o la falta de gestión de la masa forestal.
El abandono de la ganadería extensiva, la aparición de grandes monocultivos... Todo eso contribuye a modular la acción humana sobre el paisaje. También hay paisajes que se han degradado, a veces por incendios, otras veces por cambios de uso.
En general, la repoblación no siempre se ha hecho con criterio científico, porque se tiende a procurar que el paisaje esté verde, entonces no podemos esperar que eso llegue a un equilibrio con el sistema semejante al que había. —¿Y el cambio climático? Newsletter —A mí no me gusta hablar de cambio climático, porque el cambio climático ya ha ocurrido, lo que tenemos ahora es el nuevo clima. La gente dice «siempre ha hecho calor en verano», y es verdad que siempre ha hecho calor.
Lo que ocurre es que nunca ha habido olas de calor tan prolongadas, tan intensas y tan seguidas una de otra. Entonces tenemos que tener en cuenta cómo responde la vegetación o la masa forestal a esa nueva situación. «El cambio climático ya ha ocurrido, lo que tenemos ahora es el nuevo clima» —Usted habla de la 'paradoja de la extinción', explíquemelo. —Cuando ocurre un incendio forestal, la primera opción es apagarlo.
Y resulta que nosotros somos muy buenos apagando fuegos, tenemos muy buenos equipos de extinción y la gente muy capacitada. Recuerdo que a mediados de los 90 hubo una ola de incendios brutal en España. Incluso se quemaron cantidades de terrenos superiores a las del año pasado.
¿Qué ocurrió en ese momento y qué está ocurriendo ahora también? Que si apagamos todos los fuegos forestales, lo único que estamos dejando es el combustible que se iba a quemar para que ardan en años posteriores. No podemos dedicarnos sólo a apagar incendios si no gestionamos adecuadamente la masa forestal. —Leí una frase que decía que el mejor camión de bomberos es una buena gestión forestal. —Absolutamente.
Lo que pasa es que tenemos una relativa falta de información. Quiero decir, la información estadística que tenemos es bastante exhaustiva, pero no son homogéneos en todo el territorio. Y deberíamos plantearnos que los informes fuesen ibéricos, porque el fuego no entiende de fronteras. —¿Falta trabajo en el monte? —Estamos en un proceso de abandono de los usos tradicionales del territorio.
La interfaz urbano-forestal es el límite entre las zonas pobladas y el monte. Durante muchas décadas esa interfaz ha estado sometida a usos tradicionales como ganadería, cultivo, dehesas, extracción de corcho, extracción de madera... Eso incluye que las personas encargadas de esas labores o que desarrollaron esos trabajos, necesitaban accesos y los mantenían, necesitaban limpiar el monte de matorral y lo hacían.
Era una medida beneficiosa desde el punto de vista de la prevención. ¿Qué ocurre ahora? Que en esas casitas que tenemos en el monte, o incluso en zonas amplias de la costa, y en parte eso está muy relacionado con el incendio que ha habido en Los Gallardos en Almería, tenemos gente que no vive ahí, que no se encarga directamente de la gestión de ese territorio, por lo tanto no puede aplicar medidas de protección y tampoco se lo podemos pedir. —Las administraciones deben actuar en mantener estos territorios preparados ante posibles incendios ¿Existe alguna normativa que ponga trabas para llevar a cabo esta tarea? —Hay que entender lo que es una traba.
Mucha gente, por ejemplo, habla de la Agenda 2030. La Agenda 2030 no es una ley; es una serie de recomendaciones si queremos conservar nuestro medio y poder seguir viviendo en él, con una serie de directrices. Las leyes son otra cosa.
En España, por ejemplo, tenemos la Ley de Montes, y muchas otras a nivel más regional. Es verdad que plantean recomendaciones y prohibiciones, pero en ningún caso la ley impide desbrozar el monte o eliminar el matorral o el combustible. De hecho, la Ley de Montes lo recomienda.
«En ningún caso la ley impide desbrozar el monte o eliminar el matorral; de hecho, la Ley de Montes lo recomienda» —¿Entonces? —Sin afán de meternos en cuestiones políticas, por ejemplo en Castilla-La Mancha está el índice de propagación del fuego que dice que, a partir de una temperatura concreta no se puede cosechar. ¿Por qué? Porque una cosechadora es una fábrica de incendios.
Una cosechadora o una empacadora son aparatos muy calientes que producen chispas y, efectivamente, eso es un riesgo de incendio grandísimo. Es que si no fuera así, lo que estaríamos facilitando es que hubiera más incendios como el que hubo en Guadalajara. Muchas veces los agricultores dicen «es que llevo cinco días sin cosechar».
A lo mejor yo llevo cinco días confinado en una casa porque hay un incendio... Hay que comprenderlo. —¿Qué son las generaciones a la hora de hablar de incendios? —Cuando se abandona una producción agrícola tenemos una cantidad enorme de territorio en el que empieza a crecer la vegetación de matorral, de arbolado y aumenta el combustible forestal. Entonces pasamos a tener incendios de segunda o tercera generación, que son aquellos en los que el material es continuo, el combustible es continuo; por lo tanto, se pueden expandir con mucha velocidad.
Los incendios de quinta generación son incendios que se forman por todas estas causas en común: continuidad de la masa forestal, velocidad de propagación y múltiples focos. Los múltiples focos ocurren cuando el viento es muy fuerte, entonces las pavesas que están ardiendo son transportadas por el viento y pueden transportarse a kilómetros. Los de sexta generación son incendios que liberan una cantidad muy grande de energía térmica.
La energía de la combustión es tal que empieza a afectar a las capas altas de la atmósfera, formando una columna de humo que sube rápidamente y se generan vientos en espiral muy fuertes. Claro, eso ya no lo puedes manejar. Si a eso le sumas que una tormenta de ese tipo puede generar rayos y generar múltiples focos, en realidad apagar eso es imposible.
«Con incendios de quinta o sexta generación, los equipos de extinción son realmente equipos de salvamento» —Como titular no está mal… —Es que apagar un incendio, en general, es bastante difícil. Las personas que vivimos en ciudad, que creemos que sabemos cómo es el campo, pensamos que un incendio en el campo se apaga igual que en la ciudad, van los camiones de bomberos con las mangueritas, echan agua y ya, pero eso no es así. No hay agua suficiente para apagar ningún incendio forestal.
Con incendios de quinta o sexta generación, los equipos de extinción son realmente equipos de salvamento. Lo que hay que hacer es sacar a la población porque es mucho más importante rescatar las vidas humanas que intentar manejar una tormenta de fuego que es absolutamente inmanejable. —¿En algún momento viene bien un incendio? —A lo largo de los últimos miles de años absolutamente cualquier sitio de Andalucía se ha quemado ya, y se volverá a quemar. El fuego es un agente que modela los ecosistemas.
La mayoría de las especies de pinos, por ejemplo, el pino mediterráneo, son pirófitas, dependen del fuego, efectivamente. Lo que no podemos hacer es pegar fuego nosotros. Si nosotros incendiamos sin control, no estamos haciendo más que daño al sistema.
En las próximas décadas la sociedad tiene que ser consciente, y para esto hace falta mucha pedagogía, que tenemos que aprender a convivir con el fuego. ¿Eso qué quiere decir? Que va a seguir habiendo incendios, y que sin el fuego tampoco tendríamos paisaje mediterráneo en el cual vivimos.
Existen las quemas prescritas, que son una manera muy sencilla de eliminar combustible para prevenir incendios en el año siguiente. —Imagine que le dan presupuesto para luchar contra los incendios, ¿en qué lo emplearía, en prevención o en extinción? —Es una pregunta muy difícil. Es como decir tengo dos gemelos, ¿a cuál de ellos salvo? Lo que sí está claro es que lo estamos haciendo mal, no estamos invirtiendo nada en prevención y estamos invirtiendo cada vez menos en extinción.
Hasta ahora, hemos tenido que evacuar pequeñas poblaciones, pero es que en Francia están evacuando Burdeos. Entonces, si un fuego llega en un momento dado a una ciudad es cuando realmente las personas que vivimos en las ciudades vamos a decir «¡uy! El problema es grave realmente».
«La cuestión no es que un pirómano pueda prender un fuego, sino por qué ese fuego llega a ser de cincuenta mil hectáreas» —¿Cómo imagina los incendios en el futuro? —No sé cómo se podría complicar más un incendio de sexta generación, eso ya es un monstruo que no podemos gestionar de ninguna manera. A corto plazo te digo que el año que viene va a pasar lo mismo que este, no tenemos manera de evitar lo que va a ocurrir el año que viene, porque las medidas que podemos aplicar, efectivas, no son a corto plazo. Y la cuestión no es que un pirómano pueda prender un fuego sino por qué ese fuego llega a ser de cincuenta mil hectáreas.
Y de eso el pirómano no tiene la culpa. De eso tiene la culpa la gestión que se haya hecho durante las décadas anteriores. Temas Incendios Andalucía Universidad de Sevilla comentarios Reportar un error «No hay agua suficiente para apagar ningún incendio forestal»
Antonio Jordán, investigador de la US y experto en la materia, advierte de que los fuegos han superado la capacidad de extinción y reclama una apuesta decidida por la prevención y la gestión del monte Regala esta noticia Añádenos en Google Este vídeo es exclusivo para suscriptores Disfruta de acceso ilimitado Suscríbete ¿Ya tienes una suscripción ? Inicia sesión Antonio Jordán posa en el campus de Reina Mercedes. (Foto y vídeo: Manuel Olmedo y María Guerra) Jaime Parejo 02/08/2026 Actualizado a las 07:11h. Pocos investigadores en España conocen el comportamiento del fuego como Antonio Jordán.
Catedrático de Edafología de la Universidad de Sevilla y uno de los mayores expertos internacionales en incendios forestales, ha dedicado gran parte de su carrera a estudiar cómo se originan, evolucionan y ... qué consecuencias dejan sobre el suelo y los ecosistemas. Sus investigaciones sobre los llamados incendios de nueva generación, el impacto del cambio climático y la gestión preventiva del territorio lo han convertido en una voz de referencia para administraciones, servicios de emergencias y la comunidad científica. En un verano marcado por la sucesión de grandes incendios en España, Jordán analiza las causas de este fenómeno, los errores que se siguen cometiendo y los desafíos que plantea un escenario en el que aprender a convivir con el fuego será cada vez más necesario. —¿Estamos ante una situación excepcional o vamos a tener que acostumbrarnos a la nueva normalidad con los incendios? —La situación actual es la misma que la del año pasado o incluso de algunos años anteriores.
Es verdad que el año pasado y este están ocurriendo incendios especialmente virulentos, que es lo que llamamos incendios de quinta o de sexta generación. —¿Por qué se llega a esta situación? —Por múltiples caminos. Uno es el abandono o la falta de gestión de la masa forestal. El abandono de la ganadería extensiva, la aparición de grandes monocultivos...
Todo eso contribuye a modular la acción humana sobre el paisaje. También hay paisajes que se han degradado, a veces por incendios, otras veces por cambios de uso. En general, la repoblación no siempre se ha hecho con criterio científico, porque se tiende a procurar que el paisaje esté verde, entonces no podemos esperar que eso llegue a un equilibrio con el sistema semejante al que había. —¿Y el cambio climático?
Newsletter —A mí no me gusta hablar de cambio climático, porque el cambio climático ya ha ocurrido, lo que tenemos ahora es el nuevo clima. La gente dice «siempre ha hecho calor en verano», y es verdad que siempre ha hecho calor. Lo que ocurre es que nunca ha habido olas de calor tan prolongadas, tan intensas y tan seguidas una de otra.
Entonces tenemos que tener en cuenta cómo responde la vegetación o la masa forestal a esa nueva situación. «El cambio climático ya ha ocurrido, lo que tenemos ahora es el nuevo clima» —Usted habla de la 'paradoja de la extinción', explíquemelo. —Cuando ocurre un incendio forestal, la primera opción es apagarlo. Y resulta que nosotros somos muy buenos apagando fuegos, tenemos muy buenos equipos de extinción y la gente muy capacitada.
Recuerdo que a mediados de los 90 hubo una ola de incendios brutal en España. Incluso se quemaron cantidades de terrenos superiores a las del año pasado. ¿Qué ocurrió en ese momento y qué está ocurriendo ahora también?
Que si apagamos todos los fuegos forestales, lo único que estamos dejando es el combustible que se iba a quemar para que ardan en años posteriores. No podemos dedicarnos sólo a apagar incendios si no gestionamos adecuadamente la masa forestal. —Leí una frase que decía que el mejor camión de bomberos es una buena gestión forestal. —Absolutamente. Lo que pasa es que tenemos una relativa falta de información.
Quiero decir, la información estadística que tenemos es bastante exhaustiva, pero no son homogéneos en todo el territorio. Y deberíamos plantearnos que los informes fuesen ibéricos, porque el fuego no entiende de fronteras. —¿Falta trabajo en el monte? —Estamos en un proceso de abandono de los usos tradicionales del territorio. La interfaz urbano-forestal es el límite entre las zonas pobladas y el monte.
Durante muchas décadas esa interfaz ha estado sometida a usos tradicionales como ganadería, cultivo, dehesas, extracción de corcho, extracción de madera... Eso incluye que las personas encargadas de esas labores o que desarrollaron esos trabajos, necesitaban accesos y los mantenían, necesitaban limpiar el monte de matorral y lo hacían. Era una medida beneficiosa desde el punto de vista de la prevención.
¿Qué ocurre ahora? Que en esas casitas que tenemos en el monte, o incluso en zonas amplias de la costa, y en parte eso está muy relacionado con el incendio que ha habido en Los Gallardos en Almería, tenemos gente que no vive ahí, que no se encarga directamente de la gestión de ese territorio, por lo tanto no puede aplicar medidas de protección y tampoco se lo podemos pedir. —Las administraciones deben actuar en mantener estos territorios preparados ante posibles incendios ¿Existe alguna normativa que ponga trabas para llevar a cabo esta tarea? —Hay que entender lo que es una traba. Mucha gente, por ejemplo, habla de la Agenda 2030.
La Agenda 2030 no es una ley; es una serie de recomendaciones si queremos conservar nuestro medio y poder seguir viviendo en él, con una serie de directrices. Las leyes son otra cosa. En España, por ejemplo, tenemos la Ley de Montes, y muchas otras a nivel más regional.
Es verdad que plantean recomendaciones y prohibiciones, pero en ningún caso la ley impide desbrozar el monte o eliminar el matorral o el combustible. De hecho, la Ley de Montes lo recomienda. «En ningún caso la ley impide desbrozar el monte o eliminar el matorral; de hecho, la Ley de Montes lo recomienda» —¿Entonces? —Sin afán de meternos en cuestiones políticas, por ejemplo en Castilla-La Mancha está el índice de propagación del fuego que dice que, a partir de una temperatura concreta no se puede cosechar.
¿Por qué? Porque una cosechadora es una fábrica de incendios. Una cosechadora o una empacadora son aparatos muy calientes que producen chispas y, efectivamente, eso es un riesgo de incendio grandísimo.
Es que si no fuera así, lo que estaríamos facilitando es que hubiera más incendios como el que hubo en Guadalajara. Muchas veces los agricultores dicen «es que llevo cinco días sin cosechar». A lo mejor yo llevo cinco días confinado en una casa porque hay un incendio...
Hay que comprenderlo. —¿Qué son las generaciones a la hora de hablar de incendios? —Cuando se abandona una producción agrícola tenemos una cantidad enorme de territorio en el que empieza a crecer la vegetación de matorral, de arbolado y aumenta el combustible forestal. Entonces pasamos a tener incendios de segunda o tercera generación, que son aquellos en los que el material es continuo, el combustible es continuo; por lo tanto, se pueden expandir con mucha velocidad. Los incendios de quinta generación son incendios que se forman por todas estas causas en común: continuidad de la masa forestal, velocidad de propagación y múltiples focos.
Los múltiples focos ocurren cuando el viento es muy fuerte, entonces las pavesas que están ardiendo son transportadas por el viento y pueden transportarse a kilómetros. Los de sexta generación son incendios que liberan una cantidad muy grande de energía térmica. La energía de la combustión es tal que empieza a afectar a las capas altas de la atmósfera, formando una columna de humo que sube rápidamente y se generan vientos en espiral muy fuertes.
Claro, eso ya no lo puedes manejar. Si a eso le sumas que una tormenta de ese tipo puede generar rayos y generar múltiples focos, en realidad apagar eso es imposible. «Con incendios de quinta o sexta generación, los equipos de extinción son realmente equipos de salvamento» —Como titular no está mal… —Es que apagar un incendio, en general, es bastante difícil.
Las personas que vivimos en ciudad, que creemos que sabemos cómo es el campo, pensamos que un incendio en el campo se apaga igual que en la ciudad, van los camiones de bomberos con las mangueritas, echan agua y ya, pero eso no es así. No hay agua suficiente para apagar ningún incendio forestal. Con incendios de quinta o sexta generación, los equipos de extinción son realmente equipos de salvamento.
Lo que hay que hacer es sacar a la población porque es mucho más importante rescatar las vidas humanas que intentar manejar una tormenta de fuego que es absolutamente inmanejable. —¿En algún momento viene bien un incendio? —A lo largo de los últimos miles de años absolutamente cualquier sitio de Andalucía se ha quemado ya, y se volverá a quemar. El fuego es un agente que modela los ecosistemas. La mayoría de las especies de pinos, por ejemplo, el pino mediterráneo, son pirófitas, dependen del fuego, efectivamente.
Lo que no podemos hacer es pegar fuego nosotros. Si nosotros incendiamos sin control, no estamos haciendo más que daño al sistema. En las próximas décadas la sociedad tiene que ser consciente, y para esto hace falta mucha pedagogía, que tenemos que aprender a convivir con el fuego.
¿Eso qué quiere decir? Que va a seguir habiendo incendios, y que sin el fuego tampoco tendríamos paisaje mediterráneo en el cual vivimos. Existen las quemas prescritas, que son una manera muy sencilla de eliminar combustible para prevenir incendios en el año siguiente. —Imagine que le dan presupuesto para luchar contra los incendios, ¿en qué lo emplearía, en prevención o en extinción? —Es una pregunta muy difícil.
Es como decir tengo dos gemelos, ¿a cuál de ellos salvo? Lo que sí está claro es que lo estamos haciendo mal, no estamos invirtiendo nada en prevención y estamos invirtiendo cada vez menos en extinción. Hasta ahora, hemos tenido que evacuar pequeñas poblaciones, pero es que en Francia están evacuando Burdeos.
Entonces, si un fuego llega en un momento dado a una ciudad es cuando realmente las personas que vivimos en las ciudades vamos a decir «¡uy! El problema es grave realmente». «La cuestión no es que un pirómano pueda prender un fuego, sino por qué ese fuego llega a ser de cincuenta mil hectáreas» —¿Cómo imagina los incendios en el futuro? —No sé cómo se podría complicar más un incendio de sexta generación, eso ya es un monstruo que no podemos gestionar de ninguna manera.
A corto plazo te digo que el año que viene va a pasar lo mismo que este, no tenemos manera de evitar lo que va a ocurrir el año que viene, porque las medidas que podemos aplicar, efectivas, no son a corto plazo. Y la cuestión no es que un pirómano pueda prender un fuego sino por qué ese fuego llega a ser de cincuenta mil hectáreas. Y de eso el pirómano no tiene la culpa.
De eso tiene la culpa la gestión que se haya hecho durante las décadas anteriores. Temas Incendios Andalucía Universidad de Sevilla comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero. Los niños iban al comedor y yo, con ocho años, comía en las escaleras sola»
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