Ceuta como munición: tres partidos rentabilizan una crisis que ninguno resuelve
Un mes después de que más de 70.000 personas cruzaran a Ceuta los días 30 y 31 de julio, el arranque del curso político de 2026 ha convertido la ciudad autónoma en el primer campo de batalla del otoño. El Gobierno ha nombrado un mando único, ha ampliado el crédito humanitario y ha pedido dinero a Bruselas. La oposición exige comparecencias y se persona en los juzgados. Y en medio de todo, una certeza que nadie enuncia: mientras tres partidos se disputan el relato, la crisis sigue sin resolverse.
Conviene empezar por los hechos duros, los que se sostienen con fuente oficial y no con titular de tertulia.
Qué dice el papel, no el altavoz
Según la referencia del Consejo de Ministros del 25 de agosto, el Gobierno constituyó una autoridad funcional —un mando único— al frente de la respuesta, en la persona del ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, con un comité especializado. En ese mismo Consejo se aprobó una partida de 25 millones de euros para la atención de menores no acompañados.
Días después, el 28 de agosto, el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, con Elma Saiz al frente, amplió a 44,51 millones de euros —financiados por la Unión Europea, desde una partida previa de 6,4 millones— el crédito para la atención humanitaria: alojamientos temporales, comida, sanidad, traducción, obras y equipamiento. La ampliación incluye elevar la capacidad del centro de acogida (CETI) un 116%, de 512 a 1.105 plazas, con espacios diferenciados para mujeres con menores.
Aquí, un apunte de higiene informativa. En el arranque de esta crisis circuló la cifra de un "paquete urgente de 165 millones". No he encontrado respaldo oficial para ese número: lo que sí está documentado y cruzado con varias fuentes son los 44,51 millones humanitarios (vía UE) y los 25 millones para menores, es decir, en torno a 70 millones comprometidos hasta la fecha. El resto, hasta que Moncloa lo publique en el BOE o en una referencia oficial, va sin confirmar. Que la primera víctima de una crisis sea la exactitud de sus cifras no es casual: el número gordo impacta más en el titular, lo defienda quien lo defienda.
Sobre las devoluciones, Torres cifró en "más del 90%" los que regresaron a Marruecos en las primeras horas, y matizó lo que muchos prefieren no oír: "Afirmar que todos pueden ser devueltos de la noche a la mañana es una imprudencia". Es un dato técnico —el marco jurídico de las devoluciones tiene límites— disfrazado de gesto político.
El tablero: qué gana cada uno
Aquí empieza el análisis, y lo marco como tal.
Vox es quien ha fijado el marco sin gobernar la Moncloa. La entrada masiva le entrega su tema predilecto en bandeja, y desde las comunidades donde cogobierna endurece políticas migratorias para ocupar el terreno. No necesita resolver nada: le basta con que se hable de esto. Cuanto más dure la crisis, mejor le va.
El PP juega la partida más arriesgada. Feijóo ha subido la apuesta: exige la comparecencia de la directora del CNI, Esperanza Casteleiro, para explicar qué sabía el Gobierno antes del 30 de julio, califica de "patéticas" las comparecencias ministeriales, sostiene que "al menos, alguien miente" y anuncia que el partido se personará en la causa de la Audiencia Nacional. La estrategia es doble: desgastar a Sánchez por la vía de la seguridad y el CNI —terreno de credibilidad, no de pancarta— y disputarle a Vox el marco migratorio. El riesgo es evidente: al elevar el tono para no quedar detrás de Vox, el PP se arriesga a inflar el problema y a legitimar el discurso de quien le disputa el votante. Marcar la agenda de otro rara vez sale gratis.
El PSOE compra tiempo. Dinero público sobre la mesa, un mando único con foto de Consejo de Ministros, financiación pedida a Bruselas y un mensaje de gestión serena frente al "ruido". Rechaza que Casteleiro comparezca en el Senado —alega que solo puede hacerlo en el Congreso—, lo que le permite ganar semanas de calendario. La gestión existe; la escenografía de la gestión, también.
¿A quién beneficia? Y sobre todo: ¿quién paga?
La pregunta de siempre. Y la respuesta incómoda es que la crisis, como munición, beneficia a los tres actores en distinta medida: a Vox le da agenda, al PP le da un flanco contra Sánchez, al PSOE le da la oportunidad de exhibirse como el adulto en la sala. A todos les conviene que el asunto ocupe septiembre.
¿Y quién paga la factura? Los ceutíes, que llevan un mes conviviendo con la saturación de servicios y salieron a manifestarse el 28 de agosto —una jornada, por cierto, pacífica, pese a quien la quería incendiar—. Los migrantes, y en especial los menores, reducidos a un número en un comunicado y a una plaza en un CETI ampliado a toda prisa. Y el contribuyente, que financia parches —necesarios, pero parches— mientras la raíz, la relación con Marruecos y la gestión de una frontera que se abre y se cierra según conviene a Rabat, sigue sin abordarse en público.
Desconfíe del vocabulario. "Mando único", "espacios diferenciados", "devoluciones ordenadas": son envoltorios que hay que desenvolver. Dentro no hay una solución estructural a la vista, sino la administración de una emergencia que a demasiados les resulta rentable dejar abierta.
La próxima vez que un dirigente le hable de Ceuta, hágase la pregunta que ninguno quiere que se haga: si esta crisis se resolviera mañana, ¿quién saldría perdiendo en las encuestas?
Carmen Vega | Madrid