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Internacional
jueves, 30 de julio de 2026

Los secretos de Chamberí, la estación fantasma del Metro de Madrid

Su existencia comenzó como un rumor y terminó siendo una leyenda urbana relacionada con los misterios de la Villa y Corte. Muchos madrileños han sido -tanto niños y no tan niños-, los que, al coger el

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Los secretos de Chamberí, la estación fantasma del Metro de Madrid Era parte del mundo de las leyendas urbanas y hoy es uno de los singulares lugares que podemos descubrir en la capital. Fue una de las primeras estaciones y en ella se emprende un viaje en el tiempo a los orígenes de este medio de transporte Regala esta noticia Añádenos en Google Estación Chamberí es parte de los Museos Metro de Madrid. (Fran Contreras) Fran Contreras Madrid 30/07/2026 a las 15:56h. Su existencia comenzó como un rumor y terminó siendo una leyenda urbana relacionada con los misterios de la Villa y Corte.

Muchos madrileños han sido -tanto niños y no tan niños-, los que, al coger el metro, más concretamente la línea 1, en el trayecto ... entre las paradas de Bilbao e Iglesia, pegaban la cara y manos a los cristales del vagón para escudriñar en la oscuridad e intentar ver la conocida como 'estación fantasma'. Era un instante, un momento fugaz, en el que las sombras desaparecían, todo se iluminaba, y se podía contemplar velozmente una vieja estación. Su existencia era un secreto a voces, más aún después de que apareciese en la película 'El Barrio' de Fernando León a finales de los años noventa.

Cualquier pasajero del metro podía observarla, pero nadie sabía más de ella. Esa 'estación fantasma' es hoy una realidad, se llama Andén 0. Estación Chamberí es parte de los Museos Metro de Madrid, y visitarla es hacer un precioso viaje al pasado y vivir una experiencia única que nadie se debe perder en la capital.

Metropolitano, un viaje a los orígenes El ruido del tráfico desaparece y el silencio se apodera de todo cuando, desde la céntrica plaza de Chamberí, se accede a la antigua estación. Una peculiar sensación surge nada más entrar al vestíbulo, donde el tiempo se ha quedado parado. Vestíbulo con la taquilla, tornos con letreros y cuarto de vigilancia para los mozos. (Fran Contreras) Una amplia sala de azulejos blancos, con una taquilla metálica gris, estanterías y sillas de madera, y viejos tornos, con letreros donde se puede leer, «billetes usados».

Es el lugar en el que comienza un recorrido que traslada al visitante a principios del siglo XX para conocer los origines del ferrocarril subterráneo, de la estación y de la propia ciudad. A la época en que Madrid comenzó a transformarse. Cuando la vieja urbe, que se resistía al cambio, vivió una revolución urbana y arquitectónica con la apertura de la Gran Vía, la desaparición de los carruajes, la aparición de los tranvías y después la circulación de los primeros coches en 1911.

Al momento, como se descubre durante la visita, en que surge la idea de construir un ferrocarril eléctrico subterráneo que uniera el centro con el extrarradio y pusiera a la villa a la altura de las grandes y bellas metrópolis europeas. Así nació la Compañía Metropolitano Alfonso XIII en 1917. Un proyecto, que contaba con cuatro líneas que recorrían catorce kilómetros a diez metros de profundidad, ideado por los ingenieros Miguel Otamendi, Antonio González Echarte y Carlos Mendoza, cuyo diseño realizó el arquitecto Antonio Palacios.

Chamberí, el 'Callejón de los Muertos' y 'Campo de las Calaveras' Desde el vestíbulo -en el que se recuerda que los mozos de estación desempeñaban misiones de vigilancia de andenes y vestíbulos, el movimiento del público, la revisión de billetes y otras funciones subalternas en general, y que la compañía metropolitana confiaba en que el pueblo de Madrid obedeciera las indicaciones de los empleados y tratara con cortesía al personal femenino, encargado de las taquillas-, el itinerario prosigue por pasillos y escaleras, estrechos y de baja altura, de paredes recubiertas con azulejos en los que aparecen viejos paneles indicativos, de gruesas líneas rojas interrumpidas por puntos negros en los que aparecen las estaciones, y sus nombres. Andenes y pasillos de la estación fantasma.. (Fran Contreras) Hipnotiza contemplar cómo eran las primeras estaciones que aunaban modernidad, progreso, funcionalidad y sencillez. Y sobrecoge que fuera construida sobre un arrabal, cuyo nombre procedía del regimiento francés que aquí estuvo asentado, marcado por un lúgubre pasado.

Y es que desconocido y olvidado por muchos, la estación y línea del metropolitano, fue construida en el camino que conducía a los camposantos, sobre el llamado Callejón de los Muertos, más tarde, tras la clausura de los cementerios dentro de las urbes, conocido como 'Campo de las Calaveras' o 'Barrio de los Enterramientos' porque aquí se asentaron carpinteros, marmolistas y santeros. Una estación marcada por una sombría aura -al igual que la estación de Tirso de Molina, cuyos andenes esconden restos óseos del osario del convento de la Merced-, que continúo durante la Guerra Civil, cuando la estación se convirtió en refugio ante los bombardeos, 'hospital de sangre' y en cementerio temporal y móvil, ya que los vagones circulaban cargados de ataúdes con los cadáveres de los caídos en el frente. La Estación Fantasma, una leyenda muy real Ya en el andén, el visitante quedará fascinado, y no por su truculento pasado, sino al conocer los orígenes e historia del Metro y por la belleza que atesora.

El rey Alfonso XIII inauguró en 1919 la primera línea, que unía Cuatro Caminos y la Puerta del Sol. Contaba con cinco coches vagones, capacidad para doscientas cincuenta personas, una frecuencia de paso de entre dos y tres minutos, y como se observa en los amarillentos paneles informativos de la época, había dos tipos de billetes; de 1ª y de 2ª, que costaban 30 y 20 céntimos respectivamente. Aquel primer trayecto paraba en seis estaciones; Río Rosas, Martínez Campos (Iglesias), Bilbao, Hospicio (Tribunal), Red de San Luis (Gran Vía)- y la que recorre el visitante, la de Chamberí.

Carteles de cerámica anunciando la línea y paradas del metro. (Fran Contreras) Una estación donde todo se conserva tal y como fue creado para su apertura en 1920. Desde la bóveda recubierta de azulejo blanco biselado, pasando por los estribos decorados con recuadros de azulejos sevillanos o los carteles anunciadores de cerámica, en encintado ocre y azul. Una estación que, tras cuarenta y siete años en funcionamiento, fue cerrada por la ampliación de la red ferroviaria, el cambio de vagones y su ubicación en curva.

Clausurada en mayo de 1969, quedó inutilizada, cayendo primero en el silencio, después en el olvido y, finalmente, en el mundo de las leyendas urbanas, donde permaneció cuatro décadas. Andén 0. La Estación de Chamberí Un tesoro que quedó a salvo -gracias a que todas las entradas fueron tapiadas y a la escritora María Isabel Gea, quien propuso su uso museístico-, que se recuperó y rehabilitó en el año 2006, abriéndose al público dos años más tarde, en 2008.

Hoy ya no es una 'estación fantasma'. Se llama Andén 0 Estación de Chamberí y es uno de los museos del Metro de Madrid, junto a la Nave de motores de Pacífico, y los espacios expositivos de Chamartín, Pacífico, Ópera y Carpetana. Entrada al Andén 0, la Estación Museo de Chamberí. (Fran Contreras) Así que, amigo lector, tome nota porque tiene dos opciones; la primera, seguir viendo fugazmente la 'estación fantasma' cuando se monte en el metro, el segundo más extenso más de Europa, con 14 líneas, 302 estaciones y más de 280 kilómetros de vías ferroviarias, el transporte urbano que utilizan dos millones de personas diariamente, setecientos millones de viajeros anualmente.

La segunda, visitar y descubrir, paso a paso, con calma, la estación 'fantasma' de Chamberí, que guarda no solo una romántica belleza sino un gran valor histórico, arquitectónico y artístico. Más información Precio: Entrada gratuita. Necesaria reserva previa: museosmetromadrid.es Horarios: Viernes de 16 h a 20 h.

Sábado de 10 h a 14 h y de 16 h a 20 h. Domingo de 10 h a 20 h. Una de las primeras estaciones que tuvo el metropolitano formaba parte de esa ruta mágica de la ciudad que fue fundada según la leyenda sobre siete colinas por el mitológico héroe Ocno Bianor -hijo de Tiberis-, tal y como le mandó el dios Apolo en sueños.

La ciudad recibió el nombre de Metragirta, conocida como Cibeles, que derivó en Magerit y, que el rey Felipe II convirtió aquella humilde villa castellana en capital. comentarios Reportar un error Los secretos de Chamberí, la estación fantasma del Metro de Madrid Era parte del mundo de las leyendas urbanas y hoy es uno de los singulares lugares que podemos descubrir en la capital. Fue una de las primeras estaciones y en ella se emprende un viaje en el tiempo a los orígenes de este medio de transporte Regala esta noticia Añádenos en Google Estación Chamberí es parte de los Museos Metro de Madrid. (Fran Contreras) Fran Contreras Madrid 30/07/2026 a las 15:56h. Su existencia comenzó como un rumor y terminó siendo una leyenda urbana relacionada con los misterios de la Villa y Corte.

Muchos madrileños han sido -tanto niños y no tan niños-, los que, al coger el metro, más concretamente la línea 1, en el trayecto ... entre las paradas de Bilbao e Iglesia, pegaban la cara y manos a los cristales del vagón para escudriñar en la oscuridad e intentar ver la conocida como 'estación fantasma'. Era un instante, un momento fugaz, en el que las sombras desaparecían, todo se iluminaba, y se podía contemplar velozmente una vieja estación. Su existencia era un secreto a voces, más aún después de que apareciese en la película 'El Barrio' de Fernando León a finales de los años noventa.

Cualquier pasajero del metro podía observarla, pero nadie sabía más de ella. Esa 'estación fantasma' es hoy una realidad, se llama Andén 0. Estación Chamberí es parte de los Museos Metro de Madrid, y visitarla es hacer un precioso viaje al pasado y vivir una experiencia única que nadie se debe perder en la capital.

Metropolitano, un viaje a los orígenes El ruido del tráfico desaparece y el silencio se apodera de todo cuando, desde la céntrica plaza de Chamberí, se accede a la antigua estación. Una peculiar sensación surge nada más entrar al vestíbulo, donde el tiempo se ha quedado parado. Vestíbulo con la taquilla, tornos con letreros y cuarto de vigilancia para los mozos. (Fran Contreras) Una amplia sala de azulejos blancos, con una taquilla metálica gris, estanterías y sillas de madera, y viejos tornos, con letreros donde se puede leer, «billetes usados».

Es el lugar en el que comienza un recorrido que traslada al visitante a principios del siglo XX para conocer los origines del ferrocarril subterráneo, de la estación y de la propia ciudad. A la época en que Madrid comenzó a transformarse. Cuando la vieja urbe, que se resistía al cambio, vivió una revolución urbana y arquitectónica con la apertura de la Gran Vía, la desaparición de los carruajes, la aparición de los tranvías y después la circulación de los primeros coches en 1911.

Al momento, como se descubre durante la visita, en que surge la idea de construir un ferrocarril eléctrico subterráneo que uniera el centro con el extrarradio y pusiera a la villa a la altura de las grandes y bellas metrópolis europeas. Así nació la Compañía Metropolitano Alfonso XIII en 1917. Un proyecto, que contaba con cuatro líneas que recorrían catorce kilómetros a diez metros de profundidad, ideado por los ingenieros Miguel Otamendi, Antonio González Echarte y Carlos Mendoza, cuyo diseño realizó el arquitecto Antonio Palacios.

Chamberí, el 'Callejón de los Muertos' y 'Campo de las Calaveras' Desde el vestíbulo -en el que se recuerda que los mozos de estación desempeñaban misiones de vigilancia de andenes y vestíbulos, el movimiento del público, la revisión de billetes y otras funciones subalternas en general, y que la compañía metropolitana confiaba en que el pueblo de Madrid obedeciera las indicaciones de los empleados y tratara con cortesía al personal femenino, encargado de las taquillas-, el itinerario prosigue por pasillos y escaleras, estrechos y de baja altura, de paredes recubiertas con azulejos en los que aparecen viejos paneles indicativos, de gruesas líneas rojas interrumpidas por puntos negros en los que aparecen las estaciones, y sus nombres. Andenes y pasillos de la estación fantasma.. (Fran Contreras) Hipnotiza contemplar cómo eran las primeras estaciones que aunaban modernidad, progreso, funcionalidad y sencillez. Y sobrecoge que fuera construida sobre un arrabal, cuyo nombre procedía del regimiento francés que aquí estuvo asentado, marcado por un lúgubre pasado.

Y es que desconocido y olvidado por muchos, la estación y línea del metropolitano, fue construida en el camino que conducía a los camposantos, sobre el llamado Callejón de los Muertos, más tarde, tras la clausura de los cementerios dentro de las urbes, conocido como 'Campo de las Calaveras' o 'Barrio de los Enterramientos' porque aquí se asentaron carpinteros, marmolistas y santeros. Una estación marcada por una sombría aura -al igual que la estación de Tirso de Molina, cuyos andenes esconden restos óseos del osario del convento de la Merced-, que continúo durante la Guerra Civil, cuando la estación se convirtió en refugio ante los bombardeos, 'hospital de sangre' y en cementerio temporal y móvil, ya que los vagones circulaban cargados de ataúdes con los cadáveres de los caídos en el frente. La Estación Fantasma, una leyenda muy real Ya en el andén, el visitante quedará fascinado, y no por su truculento pasado, sino al conocer los orígenes e historia del Metro y por la belleza que atesora.

El rey Alfonso XIII inauguró en 1919 la primera línea, que unía Cuatro Caminos y la Puerta del Sol. Contaba con cinco coches vagones, capacidad para doscientas cincuenta personas, una frecuencia de paso de entre dos y tres minutos, y como se observa en los amarillentos paneles informativos de la época, había dos tipos de billetes; de 1ª y de 2ª, que costaban 30 y 20 céntimos respectivamente. Aquel primer trayecto paraba en seis estaciones; Río Rosas, Martínez Campos (Iglesias), Bilbao, Hospicio (Tribunal), Red de San Luis (Gran Vía)- y la que recorre el visitante, la de Chamberí.

Carteles de cerámica anunciando la línea y paradas del metro. (Fran Contreras) Una estación donde todo se conserva tal y como fue creado para su apertura en 1920. Desde la bóveda recubierta de azulejo blanco biselado, pasando por los estribos decorados con recuadros de azulejos sevillanos o los carteles anunciadores de cerámica, en encintado ocre y azul. Una estación que, tras cuarenta y siete años en funcionamiento, fue cerrada por la ampliación de la red ferroviaria, el cambio de vagones y su ubicación en curva.

Clausurada en mayo de 1969, quedó inutilizada, cayendo primero en el silencio, después en el olvido y, finalmente, en el mundo de las leyendas urbanas, donde permaneció cuatro décadas. Andén 0. La Estación de Chamberí Un tesoro que quedó a salvo -gracias a que todas las entradas fueron tapiadas y a la escritora María Isabel Gea, quien propuso su uso museístico-, que se recuperó y rehabilitó en el año 2006, abriéndose al público dos años más tarde, en 2008.

Hoy ya no es una 'estación fantasma'. Se llama Andén 0 Estación de Chamberí y es uno de los museos del Metro de Madrid, junto a la Nave de motores de Pacífico, y los espacios expositivos de Chamartín, Pacífico, Ópera y Carpetana. Entrada al Andén 0, la Estación Museo de Chamberí. (Fran Contreras) Así que, amigo lector, tome nota porque tiene dos opciones; la primera, seguir viendo fugazmente la 'estación fantasma' cuando se monte en el metro, el segundo más extenso más de Europa, con 14 líneas, 302 estaciones y más de 280 kilómetros de vías ferroviarias, el transporte urbano que utilizan dos millones de personas diariamente, setecientos millones de viajeros anualmente.

La segunda, visitar y descubrir, paso a paso, con calma, la estación 'fantasma' de Chamberí, que guarda no solo una romántica belleza sino un gran valor histórico, arquitectónico y artístico. Más información Precio: Entrada gratuita. Necesaria reserva previa: museosmetromadrid.es Horarios: Viernes de 16 h a 20 h.

Sábado de 10 h a 14 h y de 16 h a 20 h. Domingo de 10 h a 20 h. Una de las primeras estaciones que tuvo el metropolitano formaba parte de esa ruta mágica de la ciudad que fue fundada según la leyenda sobre siete colinas por el mitológico héroe Ocno Bianor -hijo de Tiberis-, tal y como le mandó el dios Apolo en sueños.

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Publicado por Redacción · jueves, 30 de julio de 2026

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