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Internacional
jueves, 6 de agosto de 2026

Los sonidos blancos

Mi prima Carmen me cuenta la cosa de los « sonidos blancos ». Se trata de una frecuencia en la que nuestro cerebro descansa por la regularidad del ruido. Un ventilador encendido o el agua del mar lleg

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Los sonidos blancos Tal vez crecer consista en eso. En pasar media vida buscando el mismo ruido que un día nos hizo sentir a salvo. Porque todos, aunque no lo sepamos, llevamos un sonido blanco dentro Escucha el artículo. 2 min Escucha el artículo. 2 min Regala esta noticia Añádenos en Google Atlas de un cerebro humano. (ABC) Alfonso J.

Ussía 06/08/2026 a las 18:56h. Mi prima Carmen me cuenta la cosa de los «sonidos blancos». Se trata de una frecuencia en la que nuestro cerebro descansa por la regularidad del ruido.

Un ventilador encendido o el agua del mar llegando a costa son algunos ejemplos. Está relacionado con ... lo de la memoria antropológica, ya sea mirar el fuego en una chimenea, admirar la luna o reconocer a un viejo familiar que nunca habíamos visto, pero que nos transmite la sensación de llevar toda la vida en la misma casa bajo las mismas normas. Carmen lo usa para tranquilizar a su segunda hija en esas primeras sorpresas de los niños cuando no entienden lo que ocurre a su alrededor.

Juan, mi alma gemela, se coloca debajo de la campana de extracción de humos de su cocina y resulta un método infalible para que Juanito concilie el sueño. Cada uno es padre a su manera y ningún método es perfecto, salvo el que se desarrolla con tamaña precisión. Cuando crecemos, todos tenemos algún sonido blanco, aunque sea un recuerdo que nos hace volver al tiempo en el todo era perfecto.

También ocurre que nuestra capacidad de sobrevivir borra lo que dolió más de la cuenta. No se quita la cicatriz, simplemente, deja de ser una herida abierta. Como los golpes que tenía Mate en esa película maravillosa de 'Cars', que vi unas mil quinientas veces cuando mis hijos crecían.

Los niños pequeños son tan conservadores que necesitan algo conocido para sentirse seguros. No son muy de cambios y repetir una misma cosa les pirra. Si tuviera que elegir cuáles son mis sonidos blancos diría que una estrofa de Calamaro, una canción de Nacho Vegas, una página de Camba o un libro de Wilbur Smith.

Aunque es verdad que cuando suena el motor de un barco pesquero podría detener el tiempo sin que pasara nada. Los veranos son especialmente generosos con los sonidos blancos. También, el momento perfecto para dibujar la memoria que nos acompañará siempre.

Nadie se acuerda de su trece de noviembre, pero solemos mantener a buen recaudo lo que pasó un quince de agosto. Ahora mismo, mientras ustedes leen esto, montones de pinceles colorean un sinfín de cabezas que servirán de refugio cuando las cosas se tuerzan. Y quizá sea la mejor manera de celebrar el verano.

No tanto por todo lo que uno puede hacer sino por el poso que nos dejará para llevarlo el resto del año, para cuando la vida se empeñe en ponernos la zancadilla. Tal vez crecer consista en eso. En pasar media vida buscando el mismo ruido que un día nos hizo sentir a salvo.

Porque todos, aunque no lo sepamos, llevamos un sonido blanco dentro. Y cuando la vida aprieta demasiado, no buscamos regresar a un lugar. Buscamos regresar a ese sonido donde siguen viviendo las personas que fuimos cuando aún creíamos que el mundo cabía entero en un verano.

Temas Niños Cerebro Cars Andrés Calamaro comentarios Reportar un error Los sonidos blancos Tal vez crecer consista en eso. En pasar media vida buscando el mismo ruido que un día nos hizo sentir a salvo. Porque todos, aunque no lo sepamos, llevamos un sonido blanco dentro Escucha el artículo. 2 min Escucha el artículo. 2 min Regala esta noticia Añádenos en Google Atlas de un cerebro humano. (ABC) Alfonso J.

Ussía 06/08/2026 a las 18:56h. Mi prima Carmen me cuenta la cosa de los «sonidos blancos». Se trata de una frecuencia en la que nuestro cerebro descansa por la regularidad del ruido.

Un ventilador encendido o el agua del mar llegando a costa son algunos ejemplos. Está relacionado con ... lo de la memoria antropológica, ya sea mirar el fuego en una chimenea, admirar la luna o reconocer a un viejo familiar que nunca habíamos visto, pero que nos transmite la sensación de llevar toda la vida en la misma casa bajo las mismas normas. Carmen lo usa para tranquilizar a su segunda hija en esas primeras sorpresas de los niños cuando no entienden lo que ocurre a su alrededor.

Juan, mi alma gemela, se coloca debajo de la campana de extracción de humos de su cocina y resulta un método infalible para que Juanito concilie el sueño. Cada uno es padre a su manera y ningún método es perfecto, salvo el que se desarrolla con tamaña precisión. Cuando crecemos, todos tenemos algún sonido blanco, aunque sea un recuerdo que nos hace volver al tiempo en el todo era perfecto.

También ocurre que nuestra capacidad de sobrevivir borra lo que dolió más de la cuenta. No se quita la cicatriz, simplemente, deja de ser una herida abierta. Como los golpes que tenía Mate en esa película maravillosa de 'Cars', que vi unas mil quinientas veces cuando mis hijos crecían.

Los niños pequeños son tan conservadores que necesitan algo conocido para sentirse seguros. No son muy de cambios y repetir una misma cosa les pirra. Si tuviera que elegir cuáles son mis sonidos blancos diría que una estrofa de Calamaro, una canción de Nacho Vegas, una página de Camba o un libro de Wilbur Smith.

Aunque es verdad que cuando suena el motor de un barco pesquero podría detener el tiempo sin que pasara nada. Los veranos son especialmente generosos con los sonidos blancos. También, el momento perfecto para dibujar la memoria que nos acompañará siempre.

Nadie se acuerda de su trece de noviembre, pero solemos mantener a buen recaudo lo que pasó un quince de agosto. Ahora mismo, mientras ustedes leen esto, montones de pinceles colorean un sinfín de cabezas que servirán de refugio cuando las cosas se tuerzan. Y quizá sea la mejor manera de celebrar el verano.

No tanto por todo lo que uno puede hacer sino por el poso que nos dejará para llevarlo el resto del año, para cuando la vida se empeñe en ponernos la zancadilla. Tal vez crecer consista en eso. En pasar media vida buscando el mismo ruido que un día nos hizo sentir a salvo.

Porque todos, aunque no lo sepamos, llevamos un sonido blanco dentro. Y cuando la vida aprieta demasiado, no buscamos regresar a un lugar. Buscamos regresar a ese sonido donde siguen viviendo las personas que fuimos cuando aún creíamos que el mundo cabía entero en un verano.

Temas Niños Cerebro Cars Andrés Calamaro comentarios Reportar un error Los expertos eligen: las 7 cuentas remuneradas sin comisiones con mejor TIN de agosto Javier López Pando José Manuel Soto, 65 años, sobre su infancia: «Estuve en un colegio interno con los jesuitas. Mi padre era agricultor y mi madre, hija de militares, era muy disciplinada» Francisco J.

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Publicado por Redacción · jueves, 6 de agosto de 2026

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