Listas de espera en Valencia: la guerra de cifras que tapa a quién beneficia el atasco
Más de 313.000 valencianos esperaban a cierre de 2025 una primera consulta con el especialista, un 5,21% más que un año antes —unos 15.500 pacientes más—, según la memoria del Comité Económico y Social de la Comunitat Valenciana (CESCV) que ha aireado el PSPV. La Conselleria de Sanidad contesta con otra foto: la Comunitat es la autonomía que menos espera para operarse de toda España. Antes de tomar partido conviene una advertencia: las dos cosas pueden ser verdad a la vez.
Empecemos por lo que ninguna de las dos partes discute, porque también es periodismo reconocerlo. La lista de primera consulta ha crecido. La oftalmología concentra 64.248 pacientes pendientes de una primera visita; la traumatología, 56.736. Las demoras medias que cita la oposición —104 días en Cardiología, 106 en Neurología, 105 en Traumatología, 102 en Oftalmología— rondan o superan los tres meses. Detrás de cada número hay alguien que lleva un trimestre esperando a que le miren la rodilla o el fondo de ojo. Eso existe, es serio, y no es ningún fantasma.
Las dos contabilidades
A partir de ahí, empieza la aritmética de trinchera. El PSPV, por boca de su portavoz de Sanidad Yaissel Sánchez, habla de un sistema "crítico e insostenible" y suma 78.306 personas pendientes de una operación. La Conselleria, con los datos del Sistema de Información sobre Listas de Espera del SNS (SISLE) a 31 de diciembre, contabiliza 51.600 en espera estructural. Entre una cifra y otra hay casi 27.000 pacientes de diferencia. ¿Mienten unos u otros? No necesariamente: miden cosas distintas —listas totales frente a espera estructural, y cortes en fechas distintas—. Lo mismo pasa con las consultas: los 313.000 son solo las primeras visitas; la lista completa de consultas externas roza los 434.000.
(Análisis.) Ahí está la primera lección: el número depende de qué cuentas y de quién cuenta. Cada bando elige la cifra y el corte que mejor le sirve. El que gobierna enseña la espera estructural, más baja; el que fiscaliza, la lista total, más alta. Ninguna es un bulo; las dos son un recorte interesado de la misma realidad.
Y conviene poner Valencia en el mapa nacional, porque el marco del "colapso" tampoco resiste el contraste. Con datos del propio Ministerio de Sanidad, la Comunitat cierra 2025 con la tasa de espera quirúrgica más baja de España —9,91 pacientes por cada 1.000 habitantes, frente a una media nacional de 17,69— y una demora media para operarse de 88 días, por debajo del promedio del país. El sistema aprieta, pero no está peor que la media: está, en lo quirúrgico, entre los que menos hacen esperar. "Insostenible" es una palabra de mitin, no un diagnóstico.
Sigue el desvío
El dato que de verdad cambia la lectura no es cuántos esperan, sino a dónde van los que no esperan. Durante 2025 la sanidad pública valenciana derivó alrededor de 50.000 pacientes a la privada —3.908 solo desde el Hospital General de Alicante, 3.345 desde el de Elda, 2.500 en el departamento de la Marina Baixa—. El PSPV lo llama "privatización encubierta". La etiqueta es de parte, pero el mecanismo es real y merece mirarse sin ideología.
(Análisis.) Cuando la espera en lo público se hace larga, se abre una válvula: el concierto con la privada. Cada mes de demora en un quirófano público es, a la vez, un cliente potencial para un hospital privado o una póliza de seguro. No hace falta imaginar una conspiración para ver el incentivo: un sistema que deriva 50.000 operaciones al año traslada demanda —y presupuesto— a un sector al que el atasco, sencillamente, le renta. La pregunta no es si hay lista de espera, sino quién gana con ella.
Lo que la bronca partidista esconde
Aquí toca la parte incómoda para todos. El desvío a conciertos y la infrafinanciación no los inventó el actual Gobierno del PP. La Comunitat Valenciana arrastra el sambenito de ser la autonomía peor financiada de España, con una deuda que el Estado reconoce a medias —más de 1.000 millones por atender a desplazados de otras regiones—, y ese agujero venía ya con el Botànic socialista que gobernó entre 2015 y 2023. El mismo PSPV que hoy denuncia derivaba entonces. Señalar solo al color de turno es hacer de la sanidad un balón partidista.
Y el relato del recorte tampoco encaja con los números: el presupuesto sanitario subió a 9.170 millones en 2025 (+7,8%) y supera los 9.400 en 2026, el 36% de todo el gasto de la Generalitat. Hay más dinero, no menos. El problema, entonces, no es tanto cuánto se gasta como en qué modelo se gasta: si se refuerzan plantillas y quirófanos propios —el CES insiste en el ajuste de personal— o se sigue tirando del concierto como parche estructural.
Un apunte de rigor, porque los nombres importan: quien responde hoy por esta gestión no es Carlos Mazón, que dimitió el 3 de noviembre de 2025 por su papel en la DANA, sino el president Juanfran Pérez Llorca, con Marciano Gómez todavía al frente de Sanidad. Pero la lista de espera es más vieja que cualquiera de ellos.
La pregunta con la que le dejo
La lista de espera no es un accidente meteorológico ni el pecado de un solo partido. Es el resultado medible de decisiones sobre plantillas, presupuesto y modelo de derivación. Cuando la espera en lo público se vuelve insoportable, el que puede pagar migra a la privada o al seguro; el que no puede, aguanta —o enferma más—. Así que, por encima del duelo de cifras entre el 313.000 y el "somos los mejores de España", quédese con esta: cuando el atasco de lo público se convierte, mes a mes, en clientela de lo privado, ¿de verdad interesa a alguien con poder que la lista baje del todo?
Carmen Vega | Madrid