Los 400 hijos de Sabah en Ceuta: la empresaria da pan, ropa y aseo en su casa 14 horas al día
Una particular hace una parte del trabajo que, casi una semana después de la llegada masiva de migrantes, todavía no han asumido los servicios sociales de la ciudad autónoma ni los del Gobierno centra
ESPA�ACrisis en CeutaLos 400 hijos de Sabah en Ceuta: la empresaria da pan, ropa y aseo en su casa 14 horas al d�aUna particular hace una parte del trabajo que, casi una semana despu�s de la llegada masiva de migrantes, todav�a no han asumido los servicios sociales de la ciudad aut�noma ni los del Gobierno centralCompartir3 comentariosSabah, en su vivienda de Ceuta, transformada en un centro log�stico de ayuda.Daniel J. Ollero (Texto)Alberto di Lolli (Fotograf�as)Enviados especiales CeutaEnviados especiales CeutaActualizado Mi�rcoles, 5 agosto 2026 - 22:51A�ADE EL MUNDO EN GOOGLEHaz que nuestras noticias aparezcan en tus b�squedasDirecto �ltima hora sobre la crisis migratoria en Ceuta Crisis migratoria La Guardia Civil busca a los 6.000 inmigrantes que "deambulan" por Ceuta para devolverlos por la fuerza a Marruecos Cada ma�ana, a las nueve, Sabah abre la puerta de su casa. No vuelve a cerrarla hasta cerca de las 11 de la noche.
A veces, incluso m�s tarde. Por esa puerta pasan hasta 400 personas al d�a. Su vivienda de Los Rosales se ha convertido en comedor social, almac�n de ropa para inmigrantes, ba�o p�blico, oficina de b�squeda de desaparecidos y refugio para menores.
Una casa particular est� haciendo una parte del trabajo que, casi una semana despu�s de la llegada masiva de migrantes a Ceuta, todav�a no han asumido los servicios sociales de la ciudad aut�noma ni los del Gobierno central.Sabah es empresaria de bazares y comparte normalmente las dos plantas y la terraza del edificio con su marido, su hijo y una sobrina. �Cuando estall� todo esto se fueron de vacaciones y me dejaron aqu� a lo m�o�, cuenta. Ahora, sus habitaciones sirven de refugio para ni�as vulnerables y de almac�n para bolsas de ropa, cajas de comida y perolas. Tambi�n reciben a personas que necesitan comer, lavarse, vestirse o encontrar a sus seres queridos.No est� sola.
Una red de mujeres musulmanas de Los Rosales, El Pr�ncipe y La Reina cocina durante horas, clasifica prendas, re�ne productos de higiene y busca un lugar seguro para quienes duermen en la calle. Los vecinos aportan alimentos, dinero y veh�culos. Algunas familias abren sus casas. �Los productos son donaciones de vecinos, empresarios locales e incluso ni�os que han vaciado sus huchas�, cuenta emocionada.En la terraza, varias mujeres remueven un estofado de carne picada dentro de grandes perolas.
Otras llenan recipientes que despu�s se reparten en la calle. La actividad no se detiene. �Ayer entregamos unas 200 y pico raciones�, calcula Sabah. �Pero luego est� la gente que estaba escondida en los campos y que viene por la tarde para ducharse y comer. Han pasado unas 400 y pico personas�.Varios hombres se asean en la azotea de la vivienda.Los hombres y los ni�os se lavan al aire libre en la azotea.
Suben en peque�os grupos con la ropa dentro de bolsas de basura. No hay duchas ni vestuarios. Se asean con cubos, barre�os y recipientes de pl�stico, mientras los voluntarios reponen el agua y reparten jab�n.
Las mujeres utilizan los ba�os de las plantas inferiores para conservar su intimidad. Algunos migrantes, despu�s de recibir comida o ropa, se quedan para ayudar a quienes contin�an esperando.Las camas de la vivienda han desaparecido bajo bolsas, barras de pan, latas, ropa, paquetes de macarrones... Lo que antes era una casa es ahora un centro log�stico. �Qu� es lo que m�s cuesta encontrar? �Ropa interior�, responde ella. �Mi hija fue a Algeciras a recoger varios paquetes que enviaron unas amigas de Gibraltar y he regalado los calzoncillos de mi marido y mis hijos...
Ver�s cuando vuelvan�, cuenta riendo.Su prioridad, sin embargo, son los menores. Especialmente, las ni�as. Cuatro llegaron sin previo aviso esta madrugada.
La v�spera, le despert� el timbre: otras tres entraron �con la ropa desgarrada y pidiendo auxilio�. El relato de Sabah coincide con lo que otros vecinos ya contaron a este diario: algunas de menores que vagan solas por Ceuta han sufrido abusos o situaciones de explotaci�n sexual.�Yo no quiero tener a nadie durmiendo�, comienza. Despu�s se interrumpe: �Pero cuando ves un intento de violaci�n...�.
Las ni�as duermen donde pueden, dentro de las habitaciones de una familia que no conoc�an antes de cruzar la frontera. �Ayer, estaban como sardinas en lata�, afirma.La violencia sexual contra las chicas es uno de los problemas que m�s preocupa a los habitantes de estas barriadas. Usman y su amigo Abdal� son dos veteranos activistas de estos barrios que han montado una zona segura para mujeres y ni�as -en su mayor�a magreb�es, pero tambi�n subsaharianas- en una pista de f�tbol sala en la que, antes de la crisis humanitaria, los vecinos se reun�an para ver los partidos del Mundial.All�, dos ni�as de 17 a�os tratan de relajarse bebiendo una Fanta de naranja. Fueron rescatadas in extremis la noche anterior de un grupo de cinco personas con aspecto patibulario. �Ten�an unos 40 a�os, tatuajes carcelarios, estaban bebiendo alcohol y vimos c�mo trataban de arrastrar a las ni�as al bosque�, cuentan.
Los hombres les dijeron que las chicas eran �sus hermanas�; luego, que eran �sus novias�. Los activistas los definen como �una manada� que �quer�a llev�rselas al bosque�.Afortunadamente, consiguieron trasladarlas hasta un lugar seguro. Las j�venes trataron de denunciar lo sucedido ante la Polic�a Nacional.
Sin embargo, las propias menores relatan a este diario que los agentes les dijeron �que se marchasen a las naves del Tarajal�, la favela situada junto a la frontera cuya existencia ya ha denunciado este diario.La protecci�n de las menores se ha convertido en una carrera sin descanso para los vecinos de las barriadas musulmanas. Los voluntarios intentan localizarlas antes de que los hombres se acerquen a ellas. Despu�s, les hacen un hueco en alguna vivienda: a veces, en casa de Sabah; otras, en la de vecinas como �una anciana ciega� con la que contactaron los activistas para que se apiadara de las ni�as.Cola de inmigrantes esperando para comer o ducharse en casa de Sabah.La vivienda de Sabah funciona tambi�n como punto de b�squeda de desaparecidos.
Las vecinas llegan con fotograf�as y hacen circular por WhatsApp mensajes sobre ni�as supuestamente llevadas a Ceuta a las que sus padres buscan al otro lado de la frontera. Aprovechando el traj�n de la casa, Sabah pide que se impriman los avisos y se coloquen en la vivienda para que la gente los vea. Tambi�n promete difundirlos por los grupos de WhatsApp de las vecinas.Como la fama de Sabah precede a la �ltima gran ola migratoria, algunos padres incluso pidieron a sus hijos que se acercasen a casa de esta mujer.
As� lleg� un menor de 14 a�os a la vivienda convertida en centro log�stico. Sabah lo meti� en casa, le dio de comer e intent� convencerlo para que no volviera a la calle. �Yo lo met� en casa, lo duch�, le dimos de comer y le dije: 'No te vayas, que tu madre ha dicho que te quedes con nosotras'�, relata. El ni�o termin� march�ndose.
Sabah cree que sus amigos le hicieron pensar que las mujeres llamar�an a la Polic�a. Durante horas no supieron d�nde estaba. Finalmente, la madre comunic� que hab�a regresado a Marruecos y que hab�an podido reunirse.Las prioridades de esta red improvisada han cambiado con el paso de los d�as.
Primero hubo que alimentar a quienes permanec�an en las calles; despu�s, vestirlos y asearlos; ahora, mantener a los ni�os a salvo, porque �la calle no es lugar para ni�itos de ocho a�os como estos�, seg�n cuenta la mujer. �Lo primero son los ni�os. Es una cuesti�n de vulnerabilidad�, explica Usman.Barriadas musulmanasAunque ahora las barriadas musulmanas est�n cubriendo los huecos dejados por el Estado, la respuesta no fue inmediata. En las primeras horas hubo miedo, rumores y enfrentamientos.
Usman asegura que algunos vecinos salieron con barras y katanas. La percepci�n cambi� cuando comprobaron que muchos de los reci�n llegados eran j�venes hambrientos, ni�os o familias que hab�an cruzado sin saber qu� encontrar�an al otro lado.�La reacci�n del barrio ha sido solidaridad: 'de pobrecita esta gente'�, sostiene.Pero el abandono mantiene la tensi�n. A cinco minutos de la casa de Sabah, algunos migrantes han buscado refugio en el cementerio musulm�n.
Descansan a la sombra, lavan la ropa o duermen entre las tumbas. Otros han hecho all� sus necesidades.El vigilante acude al camposanto para intentar que los hombres se marchen �por respeto a los muertos� y evitar un enfrentamiento con los familiares de las personas enterradas. �La ropa la pueden lavar y tender. Pueden estar un rato aqu� a la sombra, pero no pueden dormir ni hacer sus necesidades.
Esto es un sitio sagrado�, afirma.Ante el intenso olor a or�n y la presencia de heces entre las tumbas de sus antepasados, algunos vecinos han amenazado con expulsarlos por la fuerza. �Ha habido gente a la que hemos tenido que calmar. Dec�an: 'Bajamos y los masacramos'. Est�n enfadados porque son sus muertos�, relata el trabajador, que tambi�n asegura que algunos vecinos quieren llamar al Ej�rcito para desalojar el cementerio, aunque se trata de �una soluci�n radical� que tampoco desean. �Si los militares montan aqu� un ret�n lo que pasar� es que se los llevar�n a todos a la frontera, y tampoco queremos eso�.Usman advierte de que el hambre, la falta de alojamiento y la presencia de miles de personas en las calles pueden volver a desatar los enfrentamientos si los servicios p�blicos no act�an.��Qu� hacemos, no les damos de comer, como dicen algunos?�, se pregunta. �Cuando llega el hambre, la gente empieza a saltar y no se dan cuenta de que esto es muy grave porque aqu� puede correr sangre�.Sabah tambi�n entiende su trabajo como una manera de contener el deterioro.
Cada plato, cada ducha, cada prenda y cada menor acogido por su red de sororidad reducen la presi�n en unas calles donde la solidaridad y el conflicto caminan hombro con hombro.�Nosotros estamos quitando mucho trabajo al Gobierno. Hay mucha gente ayudando a la que no se est� viendo, pero la situaci�n aguanta gracias a la ciudad, que se ha volcado�, sostiene.Sin embargo, se trata de un trabajo que no les corresponde y para el que no tienen apenas medios. Es donde, casi una semana despu�s de la llegada de 80.000 inmigrantes, de los cuales 6.000 contin�an �deambulando� por las calles -seg�n el Gobierno de Ceuta-, siguen sin llegar las administraciones p�blicas.CeutaMarruecosArt�culos Daniel J.
OlleroPolic�a NacionalNLPremium Ver enlaces de inter�s �ltimas noticias Programacion TV Traductor Calendario Laboral Madrid 2026 Calendario Laboral Espa�a 2026 Temas Comprobar Loter�a Navidad 2026 Volver a la noticiaLos 400 hijos de Sabah en Ceuta: la empresaria da pan, ropa y aseo en su casa 14 horas al d�a Crisis en CeutaLos 400 hijos de Sabah en Ceuta: la empresaria da pan, ropa y aseo en su casa 14 horas al d�aUna particular hace una parte del trabajo que, casi una semana despu�s de la llegada masiva de migrantes, todav�a no han asumido los servicios sociales de la ciudad aut�noma ni los del Gobierno centralCompartir3 comentariosSabah, en su vivienda de Ceuta, transformada en un centro log�stico de ayuda.Daniel J. Ollero (Texto)Alberto di Lolli (Fotograf�as)Enviados especiales CeutaEnviados especiales CeutaActualizado Mi�rcoles, 5 agosto 2026 - 22:51A�ADE EL MUNDO EN GOOGLEHaz que nuestras noticias aparezcan en tus b�squedasDirecto �ltima hora sobre la crisis migratoria en Ceuta Crisis migratoria La Guardia Civil busca a los 6.000 inmigrantes que "deambulan" por Ceuta para devolverlos por la fuerza a Marruecos Cada ma�ana, a las nueve, Sabah abre la puerta de su casa. No vuelve a cerrarla hasta cerca de las 11 de la noche.
A veces, incluso m�s tarde. Por esa puerta pasan hasta 400 personas al d�a. Su vivienda de Los Rosales se ha convertido en comedor social, almac�n de ropa para inmigrantes, ba�o p�blico, oficina de b�squeda de desaparecidos y refugio para menores.
Una casa particular est� haciendo una parte del trabajo que, casi una semana despu�s de la llegada masiva de migrantes a Ceuta, todav�a no han asumido los servicios sociales de la ciudad aut�noma ni los del Gobierno central.Sabah es empresaria de bazares y comparte normalmente las dos plantas y la terraza del edificio con su marido, su hijo y una sobrina. �Cuando estall� todo esto se fueron de vacaciones y me dejaron aqu� a lo m�o�, cuenta. Ahora, sus habitaciones sirven de refugio para ni�as vulnerables y de almac�n para bolsas de ropa, cajas de comida y perolas. Tambi�n reciben a personas que necesitan comer, lavarse, vestirse o encontrar a sus seres queridos.No est� sola.
Una red de mujeres musulmanas de Los Rosales, El Pr�ncipe y La Reina cocina durante horas, clasifica prendas, re�ne productos de higiene y busca un lugar seguro para quienes duermen en la calle. Los vecinos aportan alimentos, dinero y veh�culos. Algunas familias abren sus casas. �Los productos son donaciones de vecinos, empresarios locales e incluso ni�os que han vaciado sus huchas�, cuenta emocionada.En la terraza, varias mujeres remueven un estofado de carne picada dentro de grandes perolas.
Otras llenan recipientes que despu�s se reparten en la calle. La actividad no se detiene. �Ayer entregamos unas 200 y pico raciones�, calcula Sabah. �Pero luego est� la gente que estaba escondida en los campos y que viene por la tarde para ducharse y comer. Han pasado unas 400 y pico personas�.Varios hombres se asean en la azotea de la vivienda.Los hombres y los ni�os se lavan al aire libre en la azotea.
Suben en peque�os grupos con la ropa dentro de bolsas de basura. No hay duchas ni vestuarios. Se asean con cubos, barre�os y recipientes de pl�stico, mientras los voluntarios reponen el agua y reparten jab�n.
Las mujeres utilizan los ba�os de las plantas inferiores para conservar su intimidad. Algunos migrantes, despu�s de recibir comida o ropa, se quedan para ayudar a quienes contin�an esperando.Las camas de la vivienda han desaparecido bajo bolsas, barras de pan, latas, ropa, paquetes de macarrones... Lo que antes era una casa es ahora un centro log�stico. �Qu� es lo que m�s cuesta encontrar? �Ropa interior�, responde ella. �Mi hija fue a Algeciras a recoger varios paquetes que enviaron unas amigas de Gibraltar y he regalado los calzoncillos de mi marido y mis hijos...
Ver�s cuando vuelvan�, cuenta riendo.Su prioridad, sin embargo, son los menores. Especialmente, las ni�as. Cuatro llegaron sin previo aviso esta madrugada.
La v�spera, le despert� el timbre: otras tres entraron �con la ropa desgarrada y pidiendo auxilio�. El relato de Sabah coincide con lo que otros vecinos ya contaron a este diario: algunas de menores que vagan solas por Ceuta han sufrido abusos o situaciones de explotaci�n sexual.�Yo no quiero tener a nadie durmiendo�, comienza. Despu�s se interrumpe: �Pero cuando ves un intento de violaci�n...�.
Las ni�as duermen donde pueden, dentro de las habitaciones de una familia que no conoc�an antes de cruzar la frontera. �Ayer, estaban como sardinas en lata�, afirma.La violencia sexual contra las chicas es uno de los problemas que m�s preocupa a los habitantes de estas barriadas. Usman y su amigo Abdal� son dos veteranos activistas de estos barrios que han montado una zona segura para mujeres y ni�as -en su mayor�a magreb�es, pero tambi�n subsaharianas- en una pista de f�tbol sala en la que, antes de la crisis humanitaria, los vecinos se reun�an para ver los partidos del Mundial.All�, dos ni�as de 17 a�os tratan de relajarse bebiendo una Fanta de naranja. Fueron rescatadas in extremis la noche anterior de un grupo de cinco personas con aspecto patibulario. �Ten�an unos 40 a�os, tatuajes carcelarios, estaban bebiendo alcohol y vimos c�mo trataban de arrastrar a las ni�as al bosque�, cuentan.
Los hombres les dijeron que las chicas eran �sus hermanas�; luego, que eran �sus novias�. Los activistas los definen como �una manada� que �quer�a llev�rselas al bosque�.Afortunadamente, consiguieron trasladarlas hasta un lugar seguro. Las j�venes trataron de denunciar lo sucedido ante la Polic�a Nacional.
Sin embargo, las propias menores relatan a este diario que los agentes les dijeron �que se marchasen a las naves del Tarajal�, la favela situada junto a la frontera cuya existencia ya ha denunciado este diario.La protecci�n de las menores se ha convertido en una carrera sin descanso para los vecinos de las barriadas musulmanas. Los voluntarios intentan localizarlas antes de que los hombres se acerquen a ellas. Despu�s, les hacen un hueco en alguna vivienda: a veces, en casa de Sabah; otras, en la de vecinas como �una anciana ciega� con la que contactaron los activistas para que se apiadara de las ni�as.Cola de inmigrantes esperando para comer o ducharse en casa de Sabah.La vivienda de Sabah funciona tambi�n como punto de b�squeda de desaparecidos.
Las vecinas llegan con fotograf�as y hacen circular por WhatsApp mensajes sobre ni�as supuestamente llevadas a Ceuta a las que sus padres buscan al otro lado de la frontera. Aprovechando el traj�n de la casa, Sabah pide que se impriman los avisos y se coloquen en la vivienda para que la gente los vea. Tambi�n promete difundirlos por los grupos de WhatsApp de las vecinas.Como la fama de Sabah precede a la �ltima gran ola migratoria, algunos padres incluso pidieron a sus hijos que se acercasen a casa de esta mujer.
As� lleg� un menor de 14 a�os a la vivienda convertida en centro log�stico. Sabah lo meti� en casa, le dio de comer e intent� convencerlo para que no volviera a la calle. �Yo lo met� en casa, lo duch�, le dimos de comer y le dije: 'No te vayas, que tu madre ha dicho que te quedes con nosotras'�, relata. El ni�o termin� march�ndose.
Sabah cree que sus amigos le hicieron pensar que las mujeres llamar�an a la Polic�a. Durante horas no supieron d�nde estaba. Finalmente, la madre comunic� que hab�a regresado a Marruecos y que hab�an podido reunirse.Las prioridades de esta red improvisada han cambiado con el paso de los d�as.
Primero hubo que alimentar a quienes permanec�an en las calles; despu�s, vestirlos y asearlos; ahora, mantener a los ni�os a salvo, porque �la calle no es lugar para ni�itos de ocho a�os como estos�, seg�n cuenta la mujer. �Lo primero son los ni�os. Es una cuesti�n de vulnerabilidad�, explica Usman.Barriadas musulmanasAunque ahora las barriadas musulmanas est�n cubriendo los huecos dejados por el Estado, la respuesta no fue inmediata. En las primeras horas hubo miedo, rumores y enfrentamientos.
Usman asegura que algunos vecinos salieron con barras y katanas. La percepci�n cambi� cuando comprobaron que muchos de los reci�n llegados eran j�venes hambrientos, ni�os o familias que hab�an cruzado sin saber qu� encontrar�an al otro lado.�La reacci�n del barrio ha sido solidaridad: 'de pobrecita esta gente'�, sostiene.Pero el abandono mantiene la tensi�n. A cinco minutos de la casa de Sabah, algunos migrantes han buscado refugio en el cementerio musulm�n.
Descansan a la sombra, lavan la ropa o duermen entre las tumbas. Otros han hecho all� sus necesidades.El vigilante acude al camposanto para intentar que los hombres se marchen �por respeto a los muertos� y evitar un enfrentamiento con los familiares de las personas enterradas. �La ropa la pueden lavar y tender. Pueden estar un rato aqu� a la sombra, pero no pueden dormir ni hacer sus necesidades.
Esto es un sitio sagrado�, afirma.Ante el intenso olor a or�n y la presencia de heces entre las tumbas de sus antepasados, algunos vecinos han amenazado con expulsarlos por la fuerza. �Ha habido gente a la que hemos tenido que calmar. Dec�an: 'Bajamos y los masacramos'. Est�n enfadados porque son sus muertos�, relata el trabajador, que tambi�n asegura que algunos vecinos quieren llamar al Ej�rcito para desalojar el cementerio, aunque se trata de �una soluci�n radical� que tampoco desean. �Si los militares montan aqu� un ret�n lo que pasar� es que se los llevar�n a todos a la frontera, y tampoco queremos eso�.Usman advierte de que el hambre, la falta de alojamiento y la presencia de miles de personas en las calles pueden volver a desatar los enfrentamientos si los servicios p�blicos no act�an.��Qu� hacemos, no les damos de comer, como dicen algunos?�, se pregunta. �Cuando llega el hambre, la gente empieza a saltar y no se dan cuenta de que esto es muy grave porque aqu� puede correr sangre�.Sabah tambi�n entiende su trabajo como una manera de contener el deterioro.
Cada plato, cada ducha, cada prenda y cada menor acogido por su red de sororidad reducen la presi�n en unas calles donde la solidaridad y el conflicto caminan hombro con hombro.�Nosotros estamos quitando mucho trabajo al Gobierno. Hay mucha gente ayudando a la que no se est� viendo, pero la situaci�n aguanta gracias a la ciudad, que se ha volcado�, sostiene.Sin embargo, se trata de un trabajo que no les corresponde y para el que no tienen apenas medios. Es donde, casi una semana despu�s de la llegada de 80.000 inmigrantes, de los cuales 6.000 contin�an �deambulando� por las calles -seg�n el Gobierno de Ceuta-, siguen sin llegar las administraciones p�blicas.