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Internacional
miércoles, 29 de julio de 2026

La gran final

Hay «cosas que a cosas llegan», así concluye Cervantes el capítulo octavo de la segunda parte del Quijote, anunciando los sucesos que al Caballero de la Triste Figura y a su fiel escudero les aguardan

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

LA TERCERA La gran final Alejandro Marcos, Manuel Diosleguarde y Héctor Gutiérrez están, metafóricamente, a las puertas de El Toboso, en este caso ante la Puerta Grande de Las Ventas Regala esta noticia Añádenos en Google Plaza de Las Ventas durante una corrida de toros de la Feria de Otoño. (Guillermo Navarro) Gonzalo Santonja 29/07/2026 a las 19:40h. Hay «cosas que a cosas llegan», así concluye Cervantes el capítulo octavo de la segunda parte del Quijote, anunciando los sucesos que al Caballero de la Triste Figura y a su fiel escudero les aguardan en El Toboso. Pues bien, 'mutatis mutandis', esa frase me viene pintiparada para celebrar que hayamos alcanzado la final de la gran «la cosa» de la Copa Chenel, la afortunadísima competición taurina que en 2021 se sacaron del hondón de los aciertos la Comunidad de Madrid y la Fundación Toro de Lidia, a dirimir ésta tarde en la Plaza de Toros de las Ventas, otra vez el epicentro porvenirista del planeta taurino, condición que enaltece a las personas y entidades que lo han hecho posible.

La Copa Chenel era una «cosa» súper necesaria que ha venido a llenar un vacío muy dañino: el que se abre entre los novilleros y esos toreros con capacidad pero sin contratos a los que brinda la oportunidad de pasar de 'tenebris ad lucem'. En ese sentido, la Comunidad de Madrid marca el ejemplo a seguir por el resto de las comunidades autónomas, en algunas de las cuales sólo se aprecia postureo. Y es que la «Fiesta del Toro» madrileña ofrece, además de esta competición, el Circuito de Novilladas y el Certamen Kilómetro Cero, en total veintisiete festejos con variedad de encastes e identidad torista Encarando su futuro, ha conquistado la gran ocasión de esta final una terna verdaderamente prometedora, integrada por dos toreros charros, Alejandro Marcos y Manuel Diosleguarde, y un tercero mexicano, Héctor Gutiérrez, acartelados con un encierro de la saga Capea (todos sus integrantes están implicados de corazón y razón en la crianza del bravo), toros de Murube que por fin saltarán al ruedo venteño para su lidia a pie y no a caballo, en abono de lo cual esa familia lleva temporadas cargándose de argumentos de bravura.

Y es que, como Antonio Zamora titula su mejor obra teatral, ya se sabe que «no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague y Convidado de piedra», con el matiz de que en esta ocasión ejercerán de convidados de piedra los del taurineo rutinario de siempre las mismas ganaderías. Alejandro Marcos es de La Fuente de San Esteban, el lugar donde también vinieron al mundo diestros como Paco Pallarés o Juan José y se forjó Julio Robles, en cuyos dominios en la actualidad pastan vacadas tan señeras como la de Castillejo de Huebra (pedanía de Muñoz) y en cuyos bares prendes la hebra al azar con un paisano y al cabo de unos minutos caes en la cuenta de que estás disfrutando de la sabiduría de un mayoral de estirpe, un banderillero alado, un picador con brazo de hierro o un aficionado pata negra. Qué palabras del castellano rural les brotan de los adentros, qué bien suenan y qué precisas son.

En ese ambiente, muchos niños se sueñan toreros y Alejandro Marcos, que así se soñó, lo hizo realidad, apuntando entre los buenos, aunque por fas o nefas su carrera enfiló hacia la travesía del desierto cuando parecía en vísperas de dar el salto. Son altibajos nada infrecuentes en una profesión tan comprometida, pero de los que se puede salir si se tiene consistencia para no venirse abajo. Que se lo pregunten, por ejemplo, a Emilio de Justo.

O, sin ir más lejos, recuérdese la travesía del desierto que superó el propio Antonio Chenel 'Antoñete', que de la histórica faena al toro blanco de Osborne, 'Atrevido', casi pasó al ostracismo tras sufrir serios percances y una cornada muy grave, retirado del circuito español y toreando esporádicamente en Hispanoamérica, hasta que en 1981 se puso el mundo por montera y sentó cátedra de maestría, ¡olé su bohemia!, protagonizando un renacimiento que le convirtió en la encarnación del clasicismo y la pureza, que esa fue su personalidad y tal es su legado. Felipe II decía que «cada uno se gobierna con sus luces», y las de Manuel Diosleguarde, ahora mismo resplandecientes, se mantuvieron encendidas sobre las asperezas de los comienzos y ni siquiera se apagaron con la tremenda cogida de Cuéllar, que lo tuvo en poder de la mano de nieve. Manuel administra naturales por endecasílabos a los toros enclasados, sabe pasar de los tercetos encadenados a los tercetos con pausa según la condición de sus oponentes, no pierde el son ante los gañafones y mantiene la rima si se impone bajar la mano para tirar de las embestidas, como acaba de demostrar en su último aldabonazo en los Sanfermines frente a un astado imponente de Cebada Gago, la misma divisa de aquel 'Caminante' que a punto estuvo de arrancarle la vida.

Yo le he visto fundirse con el toro en tandas inspiradas desde la verticalidad, la verdad y el clasicismo que enseña la Escuela Taurina de Salamanca, la cual se mira en el espejo de El Viti, aspira a la capacidad instantánea de El Niño de la Capea para entenderse con cualquier morlaco y persigue el juego de muñecas de Julio Robles. Su apoderado Ignacio Cascón se está dejando la piel en la causa, prodigándose en doblones por bajo y ayudados por alto en los despachos, donde también se reparten cornadas. Como es lógico he visto torear mucho menos al mexicano Héctor Gutiérrez (gracias a Dios y a mis padres soy salmantino de Béjar, pero que nadie malentienda esta declaración, porque me parece estupendo que cualquiera se sienta igual de entrañado en su patria chica y tan orgulloso de sus padres como yo lo estoy de los míos), pero me consta formado en la escuela de Badajoz, lo que de por sí constituye una garantía, y taurinos con galones me lo han ponderado.

A mí me convencieron sus verónicas en Alapardo (semifinal a seis de esta Copa Chenel), su forma de llevarse al caballo al buen toro de Zacarías Moreno (el mejor de la tarde) y la solvencia de sus muletazos por ambos pitones, faena justamente premiada con dos orejas. En México hacen falta figuras, ¿por qué no él? En definitiva, estábamos en que hay «cosas que a cosas llegan».

Alejandro Marcos, Manuel Diosleguarde y Héctor Gutiérrez están, metafóricamente, a las puertas de El Toboso, en este caso ante la Puerta Grande de Las Ventas. Lo que yo deseo es que Dios reparta suerte y que, como manda la ley de las corridas, el toro (y sólo el toro) ponga en su sitio a estos tres diestros, jóvenes y prometedores. La Fundación Toro de Lidia y la Comunidad de Madrid ya han hecho lo suyo, ahora es su turno.

Están en «la del alba», como don Quijote cuando salió de la venta. Gonzalo Santonja es catedrático y escritor Temas Plaza Monumental de las Ventas Comunidad de Madrid Fundación del Toro de Lidia La Tercera de ABC comentarios Reportar un error LA TERCERA La gran final Alejandro Marcos, Manuel Diosleguarde y Héctor Gutiérrez están, metafóricamente, a las puertas de El Toboso, en este caso ante la Puerta Grande de Las Ventas Regala esta noticia Añádenos en Google Plaza de Las Ventas durante una corrida de toros de la Feria de Otoño. (Guillermo Navarro) Gonzalo Santonja 29/07/2026 a las 19:40h. Hay «cosas que a cosas llegan», así concluye Cervantes el capítulo octavo de la segunda parte del Quijote, anunciando los sucesos que al Caballero de la Triste Figura y a su fiel escudero les aguardan en El Toboso.

Pues bien, 'mutatis mutandis', esa frase me viene pintiparada para celebrar que hayamos alcanzado la final de la gran «la cosa» de la Copa Chenel, la afortunadísima competición taurina que en 2021 se sacaron del hondón de los aciertos la Comunidad de Madrid y la Fundación Toro de Lidia, a dirimir ésta tarde en la Plaza de Toros de las Ventas, otra vez el epicentro porvenirista del planeta taurino, condición que enaltece a las personas y entidades que lo han hecho posible. La Copa Chenel era una «cosa» súper necesaria que ha venido a llenar un vacío muy dañino: el que se abre entre los novilleros y esos toreros con capacidad pero sin contratos a los que brinda la oportunidad de pasar de 'tenebris ad lucem'. En ese sentido, la Comunidad de Madrid marca el ejemplo a seguir por el resto de las comunidades autónomas, en algunas de las cuales sólo se aprecia postureo.

Y es que la «Fiesta del Toro» madrileña ofrece, además de esta competición, el Circuito de Novilladas y el Certamen Kilómetro Cero, en total veintisiete festejos con variedad de encastes e identidad torista Encarando su futuro, ha conquistado la gran ocasión de esta final una terna verdaderamente prometedora, integrada por dos toreros charros, Alejandro Marcos y Manuel Diosleguarde, y un tercero mexicano, Héctor Gutiérrez, acartelados con un encierro de la saga Capea (todos sus integrantes están implicados de corazón y razón en la crianza del bravo), toros de Murube que por fin saltarán al ruedo venteño para su lidia a pie y no a caballo, en abono de lo cual esa familia lleva temporadas cargándose de argumentos de bravura. Y es que, como Antonio Zamora titula su mejor obra teatral, ya se sabe que «no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague y Convidado de piedra», con el matiz de que en esta ocasión ejercerán de convidados de piedra los del taurineo rutinario de siempre las mismas ganaderías. Alejandro Marcos es de La Fuente de San Esteban, el lugar donde también vinieron al mundo diestros como Paco Pallarés o Juan José y se forjó Julio Robles, en cuyos dominios en la actualidad pastan vacadas tan señeras como la de Castillejo de Huebra (pedanía de Muñoz) y en cuyos bares prendes la hebra al azar con un paisano y al cabo de unos minutos caes en la cuenta de que estás disfrutando de la sabiduría de un mayoral de estirpe, un banderillero alado, un picador con brazo de hierro o un aficionado pata negra.

Qué palabras del castellano rural les brotan de los adentros, qué bien suenan y qué precisas son. En ese ambiente, muchos niños se sueñan toreros y Alejandro Marcos, que así se soñó, lo hizo realidad, apuntando entre los buenos, aunque por fas o nefas su carrera enfiló hacia la travesía del desierto cuando parecía en vísperas de dar el salto. Son altibajos nada infrecuentes en una profesión tan comprometida, pero de los que se puede salir si se tiene consistencia para no venirse abajo.

Que se lo pregunten, por ejemplo, a Emilio de Justo. O, sin ir más lejos, recuérdese la travesía del desierto que superó el propio Antonio Chenel 'Antoñete', que de la histórica faena al toro blanco de Osborne, 'Atrevido', casi pasó al ostracismo tras sufrir serios percances y una cornada muy grave, retirado del circuito español y toreando esporádicamente en Hispanoamérica, hasta que en 1981 se puso el mundo por montera y sentó cátedra de maestría, ¡olé su bohemia!, protagonizando un renacimiento que le convirtió en la encarnación del clasicismo y la pureza, que esa fue su personalidad y tal es su legado. Felipe II decía que «cada uno se gobierna con sus luces», y las de Manuel Diosleguarde, ahora mismo resplandecientes, se mantuvieron encendidas sobre las asperezas de los comienzos y ni siquiera se apagaron con la tremenda cogida de Cuéllar, que lo tuvo en poder de la mano de nieve.

Manuel administra naturales por endecasílabos a los toros enclasados, sabe pasar de los tercetos encadenados a los tercetos con pausa según la condición de sus oponentes, no pierde el son ante los gañafones y mantiene la rima si se impone bajar la mano para tirar de las embestidas, como acaba de demostrar en su último aldabonazo en los Sanfermines frente a un astado imponente de Cebada Gago, la misma divisa de aquel 'Caminante' que a punto estuvo de arrancarle la vida. Yo le he visto fundirse con el toro en tandas inspiradas desde la verticalidad, la verdad y el clasicismo que enseña la Escuela Taurina de Salamanca, la cual se mira en el espejo de El Viti, aspira a la capacidad instantánea de El Niño de la Capea para entenderse con cualquier morlaco y persigue el juego de muñecas de Julio Robles. Su apoderado Ignacio Cascón se está dejando la piel en la causa, prodigándose en doblones por bajo y ayudados por alto en los despachos, donde también se reparten cornadas.

Como es lógico he visto torear mucho menos al mexicano Héctor Gutiérrez (gracias a Dios y a mis padres soy salmantino de Béjar, pero que nadie malentienda esta declaración, porque me parece estupendo que cualquiera se sienta igual de entrañado en su patria chica y tan orgulloso de sus padres como yo lo estoy de los míos), pero me consta formado en la escuela de Badajoz, lo que de por sí constituye una garantía, y taurinos con galones me lo han ponderado. A mí me convencieron sus verónicas en Alapardo (semifinal a seis de esta Copa Chenel), su forma de llevarse al caballo al buen toro de Zacarías Moreno (el mejor de la tarde) y la solvencia de sus muletazos por ambos pitones, faena justamente premiada con dos orejas. En México hacen falta figuras, ¿por qué no él?

En definitiva, estábamos en que hay «cosas que a cosas llegan». Alejandro Marcos, Manuel Diosleguarde y Héctor Gutiérrez están, metafóricamente, a las puertas de El Toboso, en este caso ante la Puerta Grande de Las Ventas. Lo que yo deseo es que Dios reparta suerte y que, como manda la ley de las corridas, el toro (y sólo el toro) ponga en su sitio a estos tres diestros, jóvenes y prometedores.

La Fundación Toro de Lidia y la Comunidad de Madrid ya han hecho lo suyo, ahora es su turno. Están en «la del alba», como don Quijote cuando salió de la venta. Gonzalo Santonja es catedrático y escritor Temas Plaza Monumental de las Ventas Comunidad de Madrid Fundación del Toro de Lidia La Tercera de ABC comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Javier Ruiz, sobre sus orígenes humildes: «Mi abuelo era minero y la familia de mi madre viene de un camionero que montó una yesería y trabajaba el olivar»

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Publicado por Redacción · miércoles, 29 de julio de 2026

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