El crédito al consumo crece cuatro veces más rápido que la hipoteca: ¿a quién beneficia?
El saldo de crédito al consumo de los hogares españoles alcanzó los 120.437 millones de euros en junio de 2026, un 11,04% más que un año antes, según el Banco de España. En el mismo periodo, el crédito para vivienda creció un 4,1%. Es decir: la deuda cara se acelera casi tres veces más rápido que la barata. Y si se miran los préstamos nuevos, la brecha se abre hasta cuatro veces. La pregunta no es si el dato es bueno o malo, sino a quién le conviene.
Los números, sin adornos
Empecemos por los hechos, que son terreno firme. Con datos del Banco de España a junio de 2026, la deuda total de los hogares se sitúa en 719.878 millones de euros, un 1,3% más en un año. Dentro de esa cifra, dos partidas se mueven a velocidades muy distintas:
- Vivienda: 527.669 millones, el 73% de la deuda familiar, creciendo un 4,1% interanual.
- Consumo: 120.437 millones, creciendo un 11,04% interanual.
En el flujo de crédito nuevo —el que se firma cada mes— el contraste es aún mayor. Entre marzo y junio se concedieron 16.762 millones en nuevos préstamos al consumo, un 12% más que un año antes y el mayor volumen trimestral desde 2006-2007. La nueva hipoteca, en cambio, creció alrededor de un 3%. De ahí sale el titular del "cuatro veces más rápido".
"Cuatro veces": conviene ser exactos
Aquí toca separar el grano de la paja, porque no es lo mismo el saldo que el flujo. El saldo (todo lo que se debe) de consumo crece un 11% frente al 4,1% de vivienda: unas 2,7 veces más. El flujo (lo que se firma nuevo) crece un 12% frente a un 3%: ahí sí, cuatro veces. Ambas cifras son ciertas; miden cosas distintas. Quien mezcle las dos para engordar el titular está haciendo trampa con los números.
¿A quién beneficia? Al margen
Lo que sigue es análisis, no dato. Un préstamo al consumo es, para el banco, mucho más rentable que una hipoteca. La TAE media de un préstamo personal ronda hoy el 7%-10% —y se dispara por encima del 18% en las tarjetas—, frente al 2,84% de una hipoteca media para vivienda libre (Banco de España, marzo de 2026). Cada euro prestado al consumo deja tres o cuatro veces más margen que un euro prestado en una hipoteca.
Y ese margen importa justo ahora. El BCE lleva meses bajando tipos, no subiéndolos. Con el euríbor a la baja, la hipoteca variable se abarata para el cliente… y adelgaza la rentabilidad para el banco. ¿Cómo se defiende un margen que se estrecha por el lado hipotecario? Empujando el producto que más renta: el crédito al consumo. No hace falta atribuir mala fe a nadie; basta con leer la cuenta de resultados. A la banca le conviene que crezca el crédito caro y no el barato.
El envés social: ¿bonanza o defensa?
Hay una segunda lectura, y también es análisis. El crédito al consumo financia gasto corriente —un electrodoméstico, unas vacaciones, llegar a fin de mes—, no inversión. Cuando se dispara, admite dos relatos opuestos. El optimista: las familias gastan porque tienen confianza. El incómodo: las familias se endeudan porque el sueldo no cubre la vida. La estadística no distingue el motivo, así que desconfíe de quien venda el "dinamismo del consumo" como prueba automática de bonanza. Puede serlo. O puede ser endeudamiento defensivo disfrazado con buen vocabulario.
El espejo de 2008, con lupa
El paralelismo con 2008 es tentador, pero exige rigor. Lo que hoy toca máximos de casi veinte años es el volumen de crédito nuevo, no el impago. La morosidad del sistema cerró marzo de 2026 en el 2,54%, con unos 30.000 millones en dudosos: mínimos desde julio de 2008, sostenidos por un mercado laboral fuerte. Es decir, lo contrario de una crisis.
La diferencia de fondo es cualitativa. En 2008 el problema fue la hipoteca: deuda enorme, a largo plazo y ligada a una burbuja de precios. Hoy el riesgo se desplaza al consumo: importes menores, plazos cortos, sin garantía real detrás y a un tipo mucho más alto. No hay crisis a la vista; sí un cambio en dónde se acumula la fragilidad. Si el empleo flojeara, el crédito sin garantía es el primero que deja de pagarse.
Qué vigilar
No estamos ante un 2008 en diferido, y quien lo agite miente tanto como quien celebre el "tirón del consumo" sin mirar la letra pequeña. Estamos ante un traslado silencioso: del crédito barato y garantizado al caro y desnudo, en plena bajada de tipos y con la banca defendiendo su margen. El dato a seguir de aquí a final de año es sencillo: si la morosidad del consumo empieza a subir mientras el empleo aguanta, la respuesta a ¿a quién beneficia? habrá dejado de ser solo la banca.
Pablo Reina | Economía