Entre La Habana y la Oliva
El jueves, justo al mismo tiempo en el que decenas de miles de marroquíes asaltaban la frontera ceutí en un acto de guerra híbrida, medio Gobierno español rendía pleitesía a Mohamed VI en la embajada
Entre La Habana y la Oliva La España sanchista paga su deslealtad a Occidente mientras la derecha desnortada se preocupa por una mezquita Regala esta noticia Añádenos en Google Lucas Haurie 01/08/2026 a las 20:50h. El jueves, justo al mismo tiempo en el que decenas de miles de marroquíes asaltaban la frontera ceutí en un acto de guerra híbrida, medio Gobierno español rendía pleitesía a Mohamed VI en la embajada del reino alauí en Madrid con motivo del Día del ... Trono.
Para decepción de cuantos siguen encaramados al guindo de los «socialistas decentes», ese oxímoron para comentaristas de derecha 'ma non troppo', Felipe González también acudió sin hacer gala de su habitual locuacidad. Se le comió la lengua el gato de la 'realpolitik', ése que daba igual que fuese blanco o negro siempre que cazase ratones, según cuenta que le enseñó Deng Xiaoping. En Marruecos no se cuece un grano de sémola sin permiso de un sultán que aúna el poder civil y el religioso gracias al título de 'Amir al-Mu'minin' o Comendador de los creyentes.
Pero allí el rey, desde los tiempos de su abuelo, sabe que cualquier movimiento de soldados –vestidos de uniforme o emboscados bajo chilaba, tanto da– debe recibir el plácet de sus dos padrinos internacionales, el inquilino del número 37 del Quai d'Orsay de París y, sobre todo, el washingtoniano primo de Zumosol. La opinión de la España sanchista que tienen en el Departamento de Estado de Marco Rubio, hijo de represaliados del castrismo ergo anticomunista a machamartillo, es perfectamente descriptible. En geopolítica como en el viejo catecismo, Dios no castiga con palos ni con estacas, sino mediante documentos lacrados: hace poco más de tres meses, en abril, las dos cámaras estadounidenses cuestionaron en sendos informes la soberanía nacional sobre Ceuta y Melilla, «territorios de Marruecos administrados por España».
Los auspiciaron el congresista Díaz-Balart y el senador Cruz, otros descendientes de exiliados cubanos. La deslealtad con los socios occidentales y la cercanía con el Cártel de Puebla de Albares y del auténtico ministro de Asuntos Exteriores, Zapatero, ha sido la palanca que ha permitido al sátrapa marroquí forzar la frontera del Tarajal. Y el tórpido gafotas, todavía, se encampana con los italianos por unas declaraciones en prensa mientras se postra ante el moro invasor.
No se veía nada igual desde don Julián a orillas del Guadalete. Martín Prieto dejó escrito que el de canciller español era un cargo incómodo, pues se ejercía «con dos manos ajenas apretando permanentemente el huevo de Ceuta y el cojón de Melilla». Esto es así desde antes de la Marcha Verde pero en su mentecatez y cortedad de miras, nuestros (ir)responsables políticos pretenden relacionar los grandes hechos de la Historia con sus pequeñas cuitas de peluquería.
Los lacayos de Santiago Abascal y su 'force de frappe' de Núcleo Nazi-onal prestarían un servicio a España si relacionasen este episodio más con la iniquidad de su idolatrado Donald Trump que con la construcción de una mezquita en La Oliva. Pero pedirle patriotismo y sentido de Estado a esta tropa de cerebros rapados sería demasiado. Temas Marruecos Ceuta comentarios Reportar un error Entre La Habana y la Oliva La España sanchista paga su deslealtad a Occidente mientras la derecha desnortada se preocupa por una mezquita Regala esta noticia Añádenos en Google Lucas Haurie 01/08/2026 a las 20:50h.
El jueves, justo al mismo tiempo en el que decenas de miles de marroquíes asaltaban la frontera ceutí en un acto de guerra híbrida, medio Gobierno español rendía pleitesía a Mohamed VI en la embajada del reino alauí en Madrid con motivo del Día del ... Trono. Para decepción de cuantos siguen encaramados al guindo de los «socialistas decentes», ese oxímoron para comentaristas de derecha 'ma non troppo', Felipe González también acudió sin hacer gala de su habitual locuacidad.
Se le comió la lengua el gato de la 'realpolitik', ése que daba igual que fuese blanco o negro siempre que cazase ratones, según cuenta que le enseñó Deng Xiaoping. En Marruecos no se cuece un grano de sémola sin permiso de un sultán que aúna el poder civil y el religioso gracias al título de 'Amir al-Mu'minin' o Comendador de los creyentes. Pero allí el rey, desde los tiempos de su abuelo, sabe que cualquier movimiento de soldados –vestidos de uniforme o emboscados bajo chilaba, tanto da– debe recibir el plácet de sus dos padrinos internacionales, el inquilino del número 37 del Quai d'Orsay de París y, sobre todo, el washingtoniano primo de Zumosol.
La opinión de la España sanchista que tienen en el Departamento de Estado de Marco Rubio, hijo de represaliados del castrismo ergo anticomunista a machamartillo, es perfectamente descriptible. En geopolítica como en el viejo catecismo, Dios no castiga con palos ni con estacas, sino mediante documentos lacrados: hace poco más de tres meses, en abril, las dos cámaras estadounidenses cuestionaron en sendos informes la soberanía nacional sobre Ceuta y Melilla, «territorios de Marruecos administrados por España». Los auspiciaron el congresista Díaz-Balart y el senador Cruz, otros descendientes de exiliados cubanos.
La deslealtad con los socios occidentales y la cercanía con el Cártel de Puebla de Albares y del auténtico ministro de Asuntos Exteriores, Zapatero, ha sido la palanca que ha permitido al sátrapa marroquí forzar la frontera del Tarajal. Y el tórpido gafotas, todavía, se encampana con los italianos por unas declaraciones en prensa mientras se postra ante el moro invasor. No se veía nada igual desde don Julián a orillas del Guadalete.
Martín Prieto dejó escrito que el de canciller español era un cargo incómodo, pues se ejercía «con dos manos ajenas apretando permanentemente el huevo de Ceuta y el cojón de Melilla». Esto es así desde antes de la Marcha Verde pero en su mentecatez y cortedad de miras, nuestros (ir)responsables políticos pretenden relacionar los grandes hechos de la Historia con sus pequeñas cuitas de peluquería. Los lacayos de Santiago Abascal y su 'force de frappe' de Núcleo Nazi-onal prestarían un servicio a España si relacionasen este episodio más con la iniquidad de su idolatrado Donald Trump que con la construcción de una mezquita en La Oliva.
Pero pedirle patriotismo y sentido de Estado a esta tropa de cerebros rapados sería demasiado. Temas Marruecos Ceuta comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero. Los niños iban al comedor y yo, con ocho años, comía en las escaleras sola»
Inés Romero Jorge Rey se adelanta a la Aemet y alerta del tiempo que hará en agosto según las Cabañuelas: «Otra ola de calor» Borja Sánchez