El tiranosaurio rex era de sangre caliente y tenía la misma temperatura que los humanos
Es el final de un largo y acalorado debate . Uno que afecta a las que sin duda son las criaturas más formidables que jamás hayan pisado la Tierra: los dinosaurios. La cuestión es peliaguda y se centra
El tiranosaurio rex era de sangre caliente y tenía la misma temperatura que los humanos Un nuevo y revolucionario análisis de los isótopos del esmalte dental demuestra que el gran depredador del Cretácico mantenía una temperatura corporal de 36 grados Regala esta noticia Añádenos en Google Ilustración de un tiranosaurio rex. (Archivo) José Manuel Nieves 17/09/2026 a las 03:20h. Es el final de un largo y acalorado debate. Uno que afecta a las que sin duda son las criaturas más formidables que jamás hayan pisado la Tierra: los dinosaurios.
La cuestión es peliaguda y se centra en una duda que, aunque parezca trivial, ... resulta de la máxima importancia: ¿tenían los dinosaurios la sangre caliente, como nosotros, los mamíferos, o fría, como los actuales reptiles? Porque no es en absoluto lo mismo. Tener la sangre caliente (endotermia) significa que un animal es capaz de generar y retener su propio calor interno, es decir, mantener una temperatura corporal constante independientemente del clima exterior.
Lo cual exige un metabolismo rápido y permite sostener una gran actividad física. Por el contrario, tener la sangre fría (ectotermia) implica depender del sol y del entorno para calentarse, lo que impone largos periodos de letargo y movimientos más lentos. Es un detalle fisiológico que lo cambia todo: define las formas de vida, las estrategias de caza y la posición real de cualquier criatura en la pirámide ecológica.
Pues bien, en el caso de los dinosaurios la discusión se centró desde el principio en uno de los mayores depredadores del Cretácico, el Tyrannosaurus rex. ¿Era un cazador incansable y veloz, como un león o un tigre, o un depredador letárgico que necesitaba tumbarse durante horas al sol antes de poder salir a comer, como un cocodrilo? Noticia relacionada No, el T. rex no era tan inteligente como un simio José Manuel Nieves Ahora, y gracias a un nuevo estudio sobre la temperatura corporal del T. rex, llevado a cabo por Randon Flores y Robert Eagle, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), y recién publicado en 'Science Advances', se ha demostrado por fin, sin lugar a dudas, que por lo menos algunos dinosaurios, y desde luego el T.rex, eran de sangre caliente.
El metabolismo de un rey Hasta hace muy poco, los científicos se veían obligados a deducir la fisiología de los dinosaurios a través de pistas indirectas. Ya en los años 70 y 80, paleontólogos como Robert Bakker apuntaban a la endotermia apoyándose en la estructura de sus huesos fosilizados (llenos de canales de irrigación sanguínea característicos de un crecimiento rápido) y en la bajísima proporción de carnívoros frente a herbívoros en el registro fósil, típica de depredadores que necesitan ingerir inmensas cantidades de alimento. El posterior descubrimiento en China de dinosaurios terópodos cubiertos de plumas reforzó la idea de que estas bestias necesitaban aislamiento térmico para retener el calor.
Sin embargo, faltaba la prueba definitiva: una medida térmica directa y real. Y ahora por fin la tenemos. Tener la sangre caliente o fría lo cambia todo: define si estos gigantes eran cazadores incansables o criaturas que necesitaban largas horas al sol para poder moverse El equipo de la UCLA, en efecto, ha conseguido por fin 'ponerle el termómetro' al T. rex.
Y sus resultados indican que tenía una temperatura corporal de 36,3 grados, con un margen de error de apenas 2,5 grados. Es una cifra casi idéntica a la del cuerpo humano y equivalente a la que hoy presentan los elefantes africanos. Newsletter «Nadie ha sido capaz de hacer una medición de temperatura como esta antes -asegura Robert Eagle, geobiólogo de la UCLA y coautor del estudio-.
Descubrimos que el T. rex estaba a 36 grados Celsius, casi igual que los humanos. La temperatura es más o menos lo que yo suponía: más alta que la de un reptil o un mamífero lento como un perezoso, pero más baja que la de un ave». Hoy en día, los reptiles de sangre fría rondan los 28 a 30 grados, mientras que las aves (los descendientes evolutivos directos del T. rex) funcionan como verdaderos hornos biológicos a temperaturas de entre 40 y 43 grados.
Robert Eagle, autor principal del nuevo estudio, señala detalles sobre uno de los dientes de T. rex utilizados para medir su temperatura corporal. (UV¡) Un reloj químico en los dientes Para llegar a sus resultados, los investigadores se centraron en el análisis de una peculiaridad atómica: los isótopos agrupados. El secreto reside en un enlace químico muy concreto. En el interior del esmalte dental, los isótopos raros de carbono y oxígeno tienden a unirse.
La proporción de estos enlaces aumenta cuando la temperatura de formación es más fría y disminuye cuando hace calor. Así, contando las 'parejas' que quedaron cristalizadas y fijas en el fósil, los científicos lograron deducir exactamente la temperatura interna del animal en el momento en que se estaba formando ese diente. Analizando las 'parejas' de isótopos del esmalte dental, los científicos lograron deducir exactamente el calor interno del animal mientras se formaba el diente «Esa es la base de usar los isótopos como termómetro -explica Eagle-.
En teoría, podemos hacer mediciones usando cualquier parte del esqueleto, pero los huesos de nuestro cuerpo se remodelan, disuelven y reemplazan constantemente. El esmalte dental tiene grandes estructuras cristalinas que son extremadamente duraderas, lo que lo convierte en la parte del esqueleto que más resiste la alteración química del entorno a lo largo de los eones». Usando un torno odontológico de precisión, Randon Flores extrajo polvo de esmalte y lo disolvió en ácido fosfórico para liberar el gas de dióxido de carbono que contenía los preciados enlaces.
Lo cual sólo fue posible gracias a una técnica depurada durante una década y que ahora requiere hasta un 90% menos de material fósil que en sus inicios. Mejora que resultó clave para convencer a Luis Chiappe, conservador del Instituto de Dinosaurios del Museo de Historia Natural (NHM) del Condado de Los Ángeles, para ceder muestras de 'Thomas', uno de los esqueletos de T. rex más completos del mundo. «Sacrificar pequeñas porciones de dos dientes para conocer la temperatura corporal del T. rex -señala Chiappe ante la importancia del descubrimiento- definitivamente valió la pena».
Conquistadores del frío Saber que el T. rex 'funcionaba' a 36 grados no solo nos habla de su biología, sino que transforma nuestra comprensión de su hábitat. Durante el Cretácico Superior, hace más de 66 millones de años, la Tierra era un planeta cálido, pero los inviernos en las latitudes altas seguían siendo oscuros y letales para los animales de sangre fría. No es casualidad que en formaciones geológicas de Alaska se hayan encontrado restos fósiles de tiranosáuridos, pero ni un solo hueso de cocodrilos, tortugas o lagartos del mismo periodo.
El rey de los dinosaurios era una máquina biológica activa, adaptada para cazar en latitudes altas donde un simple lagarto habría muerto congelado Para corroborar que su 'termómetro isotópico' era fiable, los investigadores aplicaron su técnica a fósiles de cocodrilos antiguos extraídos de la misma formación geológica de Hell Creek (Montana) donde se encontró a Thomas. Estos cocodrilos arrojaron temperaturas de unos 30 grados, demostrando que los resultados no eran fruto de una alteración geológica aleatoria del suelo, sino del reflejo exacto de la sangre de los animales que allí murieron. El rey de los dinosaurios, por lo tanto, no era un lagarto perezoso, sino una imponente máquina biológica activa, veloz y letal.
Un depredador formidable cuyo reinado se extendió mucho más allá de las zonas tropicales, perfectamente equipado por la evolución para cazar y dominar en entornos donde los reptiles comunes habrían muerto congelados. Temas Animales Paleontología Dinosaurios ciencia comentarios Reportar un error El tiranosaurio rex era de sangre caliente y tenía la misma temperatura que los humanos Un nuevo y revolucionario análisis de los isótopos del esmalte dental demuestra que el gran depredador del Cretácico mantenía una temperatura corporal de 36 grados Regala esta noticia Añádenos en Google Ilustración de un tiranosaurio rex. (Archivo) José Manuel Nieves 17/09/2026 a las 03:20h. Es el final de un largo y acalorado debate.
Uno que afecta a las que sin duda son las criaturas más formidables que jamás hayan pisado la Tierra: los dinosaurios. La cuestión es peliaguda y se centra en una duda que, aunque parezca trivial, ... resulta de la máxima importancia: ¿tenían los dinosaurios la sangre caliente, como nosotros, los mamíferos, o fría, como los actuales reptiles? Porque no es en absoluto lo mismo.
Tener la sangre caliente (endotermia) significa que un animal es capaz de generar y retener su propio calor interno, es decir, mantener una temperatura corporal constante independientemente del clima exterior. Lo cual exige un metabolismo rápido y permite sostener una gran actividad física. Por el contrario, tener la sangre fría (ectotermia) implica depender del sol y del entorno para calentarse, lo que impone largos periodos de letargo y movimientos más lentos.
Es un detalle fisiológico que lo cambia todo: define las formas de vida, las estrategias de caza y la posición real de cualquier criatura en la pirámide ecológica. Pues bien, en el caso de los dinosaurios la discusión se centró desde el principio en uno de los mayores depredadores del Cretácico, el Tyrannosaurus rex. ¿Era un cazador incansable y veloz, como un león o un tigre, o un depredador letárgico que necesitaba tumbarse durante horas al sol antes de poder salir a comer, como un cocodrilo?
Noticia relacionada No, el T. rex no era tan inteligente como un simio José Manuel Nieves Ahora, y gracias a un nuevo estudio sobre la temperatura corporal del T. rex, llevado a cabo por Randon Flores y Robert Eagle, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), y recién publicado en 'Science Advances', se ha demostrado por fin, sin lugar a dudas, que por lo menos algunos dinosaurios, y desde luego el T.rex, eran de sangre caliente. El metabolismo de un rey Hasta hace muy poco, los científicos se veían obligados a deducir la fisiología de los dinosaurios a través de pistas indirectas. Ya en los años 70 y 80, paleontólogos como Robert Bakker apuntaban a la endotermia apoyándose en la estructura de sus huesos fosilizados (llenos de canales de irrigación sanguínea característicos de un crecimiento rápido) y en la bajísima proporción de carnívoros frente a herbívoros en el registro fósil, típica de depredadores que necesitan ingerir inmensas cantidades de alimento.
El posterior descubrimiento en China de dinosaurios terópodos cubiertos de plumas reforzó la idea de que estas bestias necesitaban aislamiento térmico para retener el calor. Sin embargo, faltaba la prueba definitiva: una medida térmica directa y real. Y ahora por fin la tenemos.
Tener la sangre caliente o fría lo cambia todo: define si estos gigantes eran cazadores incansables o criaturas que necesitaban largas horas al sol para poder moverse El equipo de la UCLA, en efecto, ha conseguido por fin 'ponerle el termómetro' al T. rex. Y sus resultados indican que tenía una temperatura corporal de 36,3 grados, con un margen de error de apenas 2,5 grados. Es una cifra casi idéntica a la del cuerpo humano y equivalente a la que hoy presentan los elefantes africanos.
Newsletter «Nadie ha sido capaz de hacer una medición de temperatura como esta antes -asegura Robert Eagle, geobiólogo de la UCLA y coautor del estudio-. Descubrimos que el T. rex estaba a 36 grados Celsius, casi igual que los humanos. La temperatura es más o menos lo que yo suponía: más alta que la de un reptil o un mamífero lento como un perezoso, pero más baja que la de un ave».
Hoy en día, los reptiles de sangre fría rondan los 28 a 30 grados, mientras que las aves (los descendientes evolutivos directos del T. rex) funcionan como verdaderos hornos biológicos a temperaturas de entre 40 y 43 grados. Robert Eagle, autor principal del nuevo estudio, señala detalles sobre uno de los dientes de T. rex utilizados para medir su temperatura corporal. (UV¡) Un reloj químico en los dientes Para llegar a sus resultados, los investigadores se centraron en el análisis de una peculiaridad atómica: los isótopos agrupados. El secreto reside en un enlace químico muy concreto.
En el interior del esmalte dental, los isótopos raros de carbono y oxígeno tienden a unirse. La proporción de estos enlaces aumenta cuando la temperatura de formación es más fría y disminuye cuando hace calor. Así, contando las 'parejas' que quedaron cristalizadas y fijas en el fósil, los científicos lograron deducir exactamente la temperatura interna del animal en el momento en que se estaba formando ese diente.
Analizando las 'parejas' de isótopos del esmalte dental, los científicos lograron deducir exactamente el calor interno del animal mientras se formaba el diente «Esa es la base de usar los isótopos como termómetro -explica Eagle-. En teoría, podemos hacer mediciones usando cualquier parte del esqueleto, pero los huesos de nuestro cuerpo se remodelan, disuelven y reemplazan constantemente. El esmalte dental tiene grandes estructuras cristalinas que son extremadamente duraderas, lo que lo convierte en la parte del esqueleto que más resiste la alteración química del entorno a lo largo de los eones».
Usando un torno odontológico de precisión, Randon Flores extrajo polvo de esmalte y lo disolvió en ácido fosfórico para liberar el gas de dióxido de carbono que contenía los preciados enlaces. Lo cual sólo fue posible gracias a una técnica depurada durante una década y que ahora requiere hasta un 90% menos de material fósil que en sus inicios. Mejora que resultó clave para convencer a Luis Chiappe, conservador del Instituto de Dinosaurios del Museo de Historia Natural (NHM) del Condado de Los Ángeles, para ceder muestras de 'Thomas', uno de los esqueletos de T. rex más completos del mundo.
«Sacrificar pequeñas porciones de dos dientes para conocer la temperatura corporal del T. rex -señala Chiappe ante la importancia del descubrimiento- definitivamente valió la pena». Conquistadores del frío Saber que el T. rex 'funcionaba' a 36 grados no solo nos habla de su biología, sino que transforma nuestra comprensión de su hábitat. Durante el Cretácico Superior, hace más de 66 millones de años, la Tierra era un planeta cálido, pero los inviernos en las latitudes altas seguían siendo oscuros y letales para los animales de sangre fría.
No es casualidad que en formaciones geológicas de Alaska se hayan encontrado restos fósiles de tiranosáuridos, pero ni un solo hueso de cocodrilos, tortugas o lagartos del mismo periodo. El rey de los dinosaurios era una máquina biológica activa, adaptada para cazar en latitudes altas donde un simple lagarto habría muerto congelado Para corroborar que su 'termómetro isotópico' era fiable, los investigadores aplicaron su técnica a fósiles de cocodrilos antiguos extraídos de la misma formación geológica de Hell Creek (Montana) donde se encontró a Thomas. Estos cocodrilos arrojaron temperaturas de unos 30 grados, demostrando que los resultados no eran fruto de una alteración geológica aleatoria del suelo, sino del reflejo exacto de la sangre de los animales que allí murieron.
El rey de los dinosaurios, por lo tanto, no era un lagarto perezoso, sino una imponente máquina biológica activa, veloz y letal. Un depredador formidable cuyo reinado se extendió mucho más allá de las zonas tropicales, perfectamente equipado por la evolución para cazar y dominar en entornos donde los reptiles comunes habrían muerto congelados. Temas Animales Paleontología Dinosaurios ciencia comentarios Reportar un error No, el T. rex no era tan inteligente como un simio José Manuel Nieves Moldeador de pelo Cecotec AirGlisse 14in1: 14 accesorios en un solo aparato Teresa Rodríguez García El Gran Wyoming, sobre sus estudios universitarios: «Hice Medicina y trabajé como médico, pero había mucho paro»
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