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Internacional
lunes, 3 de agosto de 2026

El pueblo shoshone devuelve la memoria al escenario de la mayor matanza de indígenas en Estados Unidos

Historia indígena - El vicepresidente de la Northwestern Band of the Shoshone Nation adquirió el enclave para conservar la historia, recuperar saberes ancestrales y mejorar el aporte de agua al Gran L

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

El pueblo shoshone devuelve la memoria al escenario de la mayor matanza de indígenas en Estados Unidos Historia indígena — El vicepresidente de la Northwestern Band of the Shoshone Nation adquirió el enclave para conservar la historia, recuperar saberes ancestrales y mejorar el aporte de agua al Gran Lago Salado El antiguo campo de la matanza se convirtió en un lugar de aprendizaje CC0 Héctor Farrés 3 de agosto de 2026 17:13 h 0 Las raíces de los sauces recién plantados empezaron a sujetar unas orillas degradadas, mientras el agua recuperaba espacio después de décadas encauzada para la agricultura. Los castores regresaron para favorecer la formación de humedales y los equipos retiraron especies invasoras antes de reintroducir plantas utilizadas tradicionalmente por los shoshone. Estas actuaciones forman parte de un proyecto de restauración ambiental y cultural que pretende recuperar el cauce del río Bear y devolver a la comunidad el espacio donde soldados de la Unión mataron el 29 de enero de 1863 a entre 250 y 500 hombres, mujeres y niños.

Brad Parry impulsa un proyecto para recuperar la memoria shoshone El proyecto tomó forma en 2018, cuando Brad Parry, vicepresidente de la Northwestern Band of the Shoshone Nation, compró 142 hectáreas del enclave y asumió la dirección de los trabajos. La recuperación del cauce podría devolver cada año unos 16 millones de metros cúbicos de agua al Gran Lago Salado, del que el río Bear es el mayor afluente. Parry sitúa el objetivo principal en la transmisión cultural. “Queremos que este sea un lugar donde nuestros hijos crezcan y aprendan sobre nuestra historia, las plantas y medicinas que utilizábamos y nuestra antigua forma de vida”, indica.

Mae Timbimboo Parry escribió los testimonios transmitidos por su familia después de aprender la lengua shoshone Brad Parry La memoria del ataque quedó durante décadas relegada frente a otras matanzas, pese a que su cifra de víctimas pudo superar las de Sand Creek y Wounded Knee. La Guerra Civil concentraba la atención pública en 1863, la prensa apenas cubrió la matanza y los historiadores ignoraron la perspectiva indígena. Brigham D.

Madsen, historiador de Utah, revisó aquel vacío en 1985. Darren Parry, antiguo presidente de la Northwestern Band of the Shoshone Nation, incorporó en 2019 una narración desde la comunidad. Darren Parry conoció el episodio por su abuela, Mae Timbimboo Parry, que conservó el relato de su abuelo, que sobrevivió con 12 años haciéndose pasar por muerto.

Mae pasó por el sistema de internados indígenas, donde castigaban a los menores por hablar su lengua o mencionar su cultura, pero aprendió shoshone y escribió las historias escuchadas a los mayores. Sus notas se convirtieron en una fuente del libro: “Honramos a nuestros antepasados contando su historia”. Las tropas atacaron un poblado mientras gran parte de sus habitantes dormía La presión sobre el territorio shoshone creció con la llegada de colonos mormones, que redujeron las zonas de caza y pesca hasta empujar a parte de la población a robar ganado y alimentos para sobrevivir.

Brigham Young, dirigente mormón, recomendó alimentar a los indígenas en lugar de combatirlos, pero acabó viéndolos como mendigos y ladrones. Una escaramuza dejó dos colonos blancos y dos indígenas muertos, aunque ninguno pertenecía a los shoshone del noroeste, según una web elaborada por historiadores tribales. El Ejército encargó al Tercer Regimiento de Infantería Voluntaria de California, dirigido por el coronel Patrick Edward Connor, que frenara a los shoshone.

El National Postal Museum señala que Connor consideraba sus actos una traición, llevaba órdenes de arresto contra tres jefes y había anunciado que no tomaría prisioneros. Un día antes del ataque, el Deseret News, periódico fundado por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, publicó que los voluntarios debían “acabar con ellos”. Patrick Edward Connor preparó una ofensiva sin intención de hacer prisioneros CC0 Los soldados llegaron con nieve abundante cuando parte del poblado aún dormía en un valle de aguas termales donde las bandas se reunían en invierno.

Los shoshone esperaban una petición de entrega de sus líderes, pero las tropas abrieron fuego sin aviso y agotaron pronto la escasa munición indígena. Anzee Chee se ocultó bajo una ribera con otras mujeres y ahogó a su bebé para evitar que el llanto revelara el escondite, según Mae. Connor recibió después un ascenso a general de brigada.

La disputa sobre el nombre modificó la forma de presentar el lugar, declarado Monumento Histórico Nacional en 1990 como Bear River Battleground y rebautizado tres años después como Bear River Massacre Site. Brad Parry rechazó que una incursión contra un poblado dormido pudiera llamarse batalla. La recuperación ambiental ha convertido ahora ese espacio en un lugar de aprendizaje, ceremonias y cultivo de plantas tradicionales, una respuesta que devuelve a la comunidad el control sobre la memoria y transforma el terreno de la matanza en una prueba de continuidad cultural.

Etiquetas / SPIN / Investigación / Estados Unidos / Indígenas / Pueblos indígenas El pueblo shoshone devuelve la memoria al escenario de la mayor matanza de indígenas en Estados Unidos Historia indígena — El vicepresidente de la Northwestern Band of the Shoshone Nation adquirió el enclave para conservar la historia, recuperar saberes ancestrales y mejorar el aporte de agua al Gran Lago Salado El antiguo campo de la matanza se convirtió en un lugar de aprendizaje CC0 Héctor Farrés 3 de agosto de 2026 17:13 h 0 Las raíces de los sauces recién plantados empezaron a sujetar unas orillas degradadas, mientras el agua recuperaba espacio después de décadas encauzada para la agricultura. Los castores regresaron para favorecer la formación de humedales y los equipos retiraron especies invasoras antes de reintroducir plantas utilizadas tradicionalmente por los shoshone. Estas actuaciones forman parte de un proyecto de restauración ambiental y cultural que pretende recuperar el cauce del río Bear y devolver a la comunidad el espacio donde soldados de la Unión mataron el 29 de enero de 1863 a entre 250 y 500 hombres, mujeres y niños.

Brad Parry impulsa un proyecto para recuperar la memoria shoshone El proyecto tomó forma en 2018, cuando Brad Parry, vicepresidente de la Northwestern Band of the Shoshone Nation, compró 142 hectáreas del enclave y asumió la dirección de los trabajos. La recuperación del cauce podría devolver cada año unos 16 millones de metros cúbicos de agua al Gran Lago Salado, del que el río Bear es el mayor afluente. Parry sitúa el objetivo principal en la transmisión cultural. “Queremos que este sea un lugar donde nuestros hijos crezcan y aprendan sobre nuestra historia, las plantas y medicinas que utilizábamos y nuestra antigua forma de vida”, indica.

Mae Timbimboo Parry escribió los testimonios transmitidos por su familia después de aprender la lengua shoshone Brad Parry La memoria del ataque quedó durante décadas relegada frente a otras matanzas, pese a que su cifra de víctimas pudo superar las de Sand Creek y Wounded Knee. La Guerra Civil concentraba la atención pública en 1863, la prensa apenas cubrió la matanza y los historiadores ignoraron la perspectiva indígena. Brigham D.

Madsen, historiador de Utah, revisó aquel vacío en 1985. Darren Parry, antiguo presidente de la Northwestern Band of the Shoshone Nation, incorporó en 2019 una narración desde la comunidad. Darren Parry conoció el episodio por su abuela, Mae Timbimboo Parry, que conservó el relato de su abuelo, que sobrevivió con 12 años haciéndose pasar por muerto.

Mae pasó por el sistema de internados indígenas, donde castigaban a los menores por hablar su lengua o mencionar su cultura, pero aprendió shoshone y escribió las historias escuchadas a los mayores. Sus notas se convirtieron en una fuente del libro: “Honramos a nuestros antepasados contando su historia”. Las tropas atacaron un poblado mientras gran parte de sus habitantes dormía La presión sobre el territorio shoshone creció con la llegada de colonos mormones, que redujeron las zonas de caza y pesca hasta empujar a parte de la población a robar ganado y alimentos para sobrevivir.

Brigham Young, dirigente mormón, recomendó alimentar a los indígenas en lugar de combatirlos, pero acabó viéndolos como mendigos y ladrones. Una escaramuza dejó dos colonos blancos y dos indígenas muertos, aunque ninguno pertenecía a los shoshone del noroeste, según una web elaborada por historiadores tribales. El Ejército encargó al Tercer Regimiento de Infantería Voluntaria de California, dirigido por el coronel Patrick Edward Connor, que frenara a los shoshone.

El National Postal Museum señala que Connor consideraba sus actos una traición, llevaba órdenes de arresto contra tres jefes y había anunciado que no tomaría prisioneros. Un día antes del ataque, el Deseret News, periódico fundado por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, publicó que los voluntarios debían “acabar con ellos”. Patrick Edward Connor preparó una ofensiva sin intención de hacer prisioneros CC0 Los soldados llegaron con nieve abundante cuando parte del poblado aún dormía en un valle de aguas termales donde las bandas se reunían en invierno.

Los shoshone esperaban una petición de entrega de sus líderes, pero las tropas abrieron fuego sin aviso y agotaron pronto la escasa munición indígena. Anzee Chee se ocultó bajo una ribera con otras mujeres y ahogó a su bebé para evitar que el llanto revelara el escondite, según Mae. Connor recibió después un ascenso a general de brigada.

La disputa sobre el nombre modificó la forma de presentar el lugar, declarado Monumento Histórico Nacional en 1990 como Bear River Battleground y rebautizado tres años después como Bear River Massacre Site. Brad Parry rechazó que una incursión contra un poblado dormido pudiera llamarse batalla. La recuperación ambiental ha convertido ahora ese espacio en un lugar de aprendizaje, ceremonias y cultivo de plantas tradicionales, una respuesta que devuelve a la comunidad el control sobre la memoria y transforma el terreno de la matanza en una prueba de continuidad cultural.

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Publicado por Redacción · lunes, 3 de agosto de 2026

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