Un pato cojo y aturdido
La Marcha Verde enseñó hace medio siglo que no hay frontera defendible ante una oleada de civiles en masa, a menos que un Estado esté dispuesto a ordenar disparar contra multitudes desarmadas. Desde e
Un pato cojo y aturdido El estatus de inferioridad ante Rabat es otro legado que Sánchez va a dejar más allá de su mandato. Con consecuencias a largo plazo Regala esta noticia Añádenos en Google El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reunidos con la Policía Nacional en Ceuta. (EP) Ignacio Camacho 31/07/2026 a las 19:34h. La Marcha Verde enseñó hace medio siglo que no hay frontera defendible ante una oleada de civiles en masa, a menos que un Estado esté dispuesto a ordenar disparar contra multitudes desarmadas.
Desde entonces cualquier militar sabe cuál es el verdadero punto vulnerable de ... las plazas norteafricanas, y sobre todo lo sabe el régimen de Marruecos, perfecto conocedor de las debilidades estratégicas de España. Unas flaquezas que han aumentado al retirar el Ejecutivo sanchista su apoyo a la autodeterminación del Sáhara, con la consiguiente renuncia a la influencia diplomática que le otorgaba. Decisión estrictamente unilateral del presidente, adoptada sin autorización parlamentaria y cuyas razones reales llevan cuatro años inexplicadas.
La invasión, que no crisis migratoria, de Ceuta no se puede entender sin esa clave geopolítica. La sentencia del Supremo sobre las llegadas por mar, que parece escrita en papel de fumar por su excesiva interpretación garantista, ha sido sólo la chispa; la causa es más profunda y tiene que ver con la presión discontinua ejercida por el reino alauita, al que el creciente respaldo de Estados Unidos y la sintonía con Israel mantienen en posición fortalecida. El asalto era previsible desde el instante mismo en que el tribunal abrió la grieta jurídica que dejaba la playa del Tarajal desprotegida, sin más custodia que un reducido grupo de guardias civiles y policías.
Una fuerza impotente ante cualquier situación conflictiva. No hay excusas para la reacción tardía. Algún día habrá que conocer qué saben las autoridades marroquíes de nuestro jefe del Gobierno.
Qué clase de información reservada, personal o de seguridad nacional, obtuvieron del pinchazo de su teléfono. La cortesía genuflexa con que Sánchez ha tratado al país vecino, eludiendo su evidente responsabilidad y su permisiva –cuando no colaborativa—actitud en el allanamiento abona las sospechas al respecto, más allá de la coartada de prudencia para no intensificar la gravedad del momento. Ese talante apocado parece también estar al fondo de la demora gubernamental para desplegar al Ejército, que sólo apareció cuando ya decenas de miles de ocupantes desbordaban la ciudad campando en las calles por sus (escasos) respetos.
Esta vez el asunto se le ha ido a Pedro de las manos. No sólo por la magnitud del colapso, ni por la oleada de indignación desatada en los ciudadanos. En las cancillerías y medios europeos ha cundido la alarma por la posibilidad de un desembarco de magrebíes en territorio comunitario.
El ya maltrecho prestigio internacional del líder español se ha derrumbado; ahora se le ve como un guiñapo, un pato cojo sin reflejos, aturdido hasta agradecer con mucha cortesía la colaboración de quienes han provocado el caos. Lo peor es que el problema de este 'statu quo' de inferioridad ante Rabat se prolongará más lejos del actual mandato y tiene visos de comprometer intereses españoles a largo plazo. Simplemente, España ha perdido fiabilidad como aliada en el eje atlántico-mediterráneo.
Temas Policía Nacional Marruecos Ceuta Pedro Sánchez comentarios Reportar un error Un pato cojo y aturdido El estatus de inferioridad ante Rabat es otro legado que Sánchez va a dejar más allá de su mandato. Con consecuencias a largo plazo Regala esta noticia Añádenos en Google El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reunidos con la Policía Nacional en Ceuta. (EP) Ignacio Camacho 31/07/2026 a las 19:34h. La Marcha Verde enseñó hace medio siglo que no hay frontera defendible ante una oleada de civiles en masa, a menos que un Estado esté dispuesto a ordenar disparar contra multitudes desarmadas.
Desde entonces cualquier militar sabe cuál es el verdadero punto vulnerable de ... las plazas norteafricanas, y sobre todo lo sabe el régimen de Marruecos, perfecto conocedor de las debilidades estratégicas de España. Unas flaquezas que han aumentado al retirar el Ejecutivo sanchista su apoyo a la autodeterminación del Sáhara, con la consiguiente renuncia a la influencia diplomática que le otorgaba. Decisión estrictamente unilateral del presidente, adoptada sin autorización parlamentaria y cuyas razones reales llevan cuatro años inexplicadas.
La invasión, que no crisis migratoria, de Ceuta no se puede entender sin esa clave geopolítica. La sentencia del Supremo sobre las llegadas por mar, que parece escrita en papel de fumar por su excesiva interpretación garantista, ha sido sólo la chispa; la causa es más profunda y tiene que ver con la presión discontinua ejercida por el reino alauita, al que el creciente respaldo de Estados Unidos y la sintonía con Israel mantienen en posición fortalecida. El asalto era previsible desde el instante mismo en que el tribunal abrió la grieta jurídica que dejaba la playa del Tarajal desprotegida, sin más custodia que un reducido grupo de guardias civiles y policías.
Una fuerza impotente ante cualquier situación conflictiva. No hay excusas para la reacción tardía. Algún día habrá que conocer qué saben las autoridades marroquíes de nuestro jefe del Gobierno.
Qué clase de información reservada, personal o de seguridad nacional, obtuvieron del pinchazo de su teléfono. La cortesía genuflexa con que Sánchez ha tratado al país vecino, eludiendo su evidente responsabilidad y su permisiva –cuando no colaborativa—actitud en el allanamiento abona las sospechas al respecto, más allá de la coartada de prudencia para no intensificar la gravedad del momento. Ese talante apocado parece también estar al fondo de la demora gubernamental para desplegar al Ejército, que sólo apareció cuando ya decenas de miles de ocupantes desbordaban la ciudad campando en las calles por sus (escasos) respetos.
Esta vez el asunto se le ha ido a Pedro de las manos. No sólo por la magnitud del colapso, ni por la oleada de indignación desatada en los ciudadanos. En las cancillerías y medios europeos ha cundido la alarma por la posibilidad de un desembarco de magrebíes en territorio comunitario.
El ya maltrecho prestigio internacional del líder español se ha derrumbado; ahora se le ve como un guiñapo, un pato cojo sin reflejos, aturdido hasta agradecer con mucha cortesía la colaboración de quienes han provocado el caos. Lo peor es que el problema de este 'statu quo' de inferioridad ante Rabat se prolongará más lejos del actual mandato y tiene visos de comprometer intereses españoles a largo plazo. Simplemente, España ha perdido fiabilidad como aliada en el eje atlántico-mediterráneo.
Temas Policía Nacional Marruecos Ceuta Pedro Sánchez comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero. Los niños iban al comedor y yo, con ocho años, comía en las escaleras sola» Inés Romero Jorge Rey se adelanta a la Aemet y alerta del tiempo que hará en agosto según las Cabañuelas: «Otra ola de calor»
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