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Internacional
martes, 18 de agosto de 2026

La tentación plebiscitaria

Nada se parece más a un populista de extrema derecha que un populista de extrema izquierda. Y viceversa. Entre las muchas cosas que les unen –que son casi todas menos la ideología porque el populismo

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

La tentación plebiscitaria El método populista de romper los candados constitucionales consiste en apelar a la legitimidad directa de las consultas populares Escucha el artículo. 3 min Escucha el artículo. 3 min Regala esta noticia Añádenos en Google Pedro Sánchez, preside una reunión telemática de coordinación sobre la situación en Ceuta. (EFE) Ignacio Camacho 18/08/2026 Actualizado a las 18:41h. Nada se parece más a un populista de extrema derecha que un populista de extrema izquierda. Y viceversa.

Entre las muchas cosas que les unen –que son casi todas menos la ideología porque el populismo no es una idea sino un método, una técnica– está ... la proclividad a los referendos como expresión de una supuesta democracia directa. Los populistas huyen de los mecanismos institucionales porque las leyes en los que están basados embridan a través de la razón jurídica sus soluciones de falsos profetas; la organicidad representativa incomoda con sus procedimientos reglados la impugnación del sistema. La consulta popular, con su tramposa simpleza dialéctica, aparece así como el instrumento idóneo para saltarse unos procesos reformistas de naturaleza necesariamente compleja.

El 'brexit', monumental error de Cameron, fue sin duda el mayor éxito del populismo europeo contemporáneo. Aquella campaña de propaganda embaucadora, reconocida por los demagogos que la agitaron, jamás habría pasado el filtro del veredicto parlamentario. El resultado está a la vista: el sólido régimen bipartidista británico se ha descompuesto en apenas diez años.

Ahora es Marine Le Pen la que propone un plebiscito para cambiar la Constitución francesa –y meter en ella la 'prioridad nacional', ¿les suena de algo?– por un camino ajeno al actual ordenamiento republicano. El que construyó De Gaulle, que no era precisamente un 'woke' desorejado… y que dejó el poder al salir derrotado en un referéndum de rango secundario. Los constituyentes españoles del 78 se empeñaron a fondo en dejar la Carta Magna a salvo de bandazos políticos mediante el trámite de reforma agravada.

Gracias a esa previsión la estructura del Estado, incluidas la Corona y la descentralización autonómica, ha podido cumplir casi medio siglo intacta pese a las intentonas separatistas de alterarla. Pero la agonía del sanchismo, su necesidad imperativa de sobreponerse a la existencia de una creciente mayoría social adversaria, amenaza con la tentación de una mutación constitucional forzada: abrir el melón del 'modelo plurinacional' como aliciente para recomponer su maltrecho bloque de alianzas. La única forma de romper los candados consiste en apelar al sufragio directo, a la legitimidad de los votos populares.

En teoría no es posible… salvo que el Tribunal de Garantías lo autorizase con una interpretación creativa del Artículo 92 a favor de los intereses gubernamentales. Ni siquiera es menester un resultado vinculante; bastaría con la coartada 'consultiva' para desestabilizar el marco vigente creando una presión polarizadora insoportable. Sánchez ya tiene experiencia en modificaciones encubiertas bajo normas habilitantes, y su liderazgo de raíces populistas parte de un concepto plebiscitario de la interlocución con las bases.

Si se ve desesperado, y lo parece, la vía Le Pen pone a su alcance una potente palanca con la que abanderar el debate. Y hay en España mucha gente, también en la derecha, cansada de una Constitución intocable. comentarios Reportar un error La tentación plebiscitaria El método populista de romper los candados constitucionales consiste en apelar a la legitimidad directa de las consultas populares Escucha el artículo. 3 min Escucha el artículo. 3 min Regala esta noticia Añádenos en Google Pedro Sánchez, preside una reunión telemática de coordinación sobre la situación en Ceuta. (EFE) Ignacio Camacho 18/08/2026 Actualizado a las 18:41h. Nada se parece más a un populista de extrema derecha que un populista de extrema izquierda.

Y viceversa. Entre las muchas cosas que les unen –que son casi todas menos la ideología porque el populismo no es una idea sino un método, una técnica– está ... la proclividad a los referendos como expresión de una supuesta democracia directa. Los populistas huyen de los mecanismos institucionales porque las leyes en los que están basados embridan a través de la razón jurídica sus soluciones de falsos profetas; la organicidad representativa incomoda con sus procedimientos reglados la impugnación del sistema.

La consulta popular, con su tramposa simpleza dialéctica, aparece así como el instrumento idóneo para saltarse unos procesos reformistas de naturaleza necesariamente compleja. El 'brexit', monumental error de Cameron, fue sin duda el mayor éxito del populismo europeo contemporáneo. Aquella campaña de propaganda embaucadora, reconocida por los demagogos que la agitaron, jamás habría pasado el filtro del veredicto parlamentario.

El resultado está a la vista: el sólido régimen bipartidista británico se ha descompuesto en apenas diez años. Ahora es Marine Le Pen la que propone un plebiscito para cambiar la Constitución francesa –y meter en ella la 'prioridad nacional', ¿les suena de algo?– por un camino ajeno al actual ordenamiento republicano. El que construyó De Gaulle, que no era precisamente un 'woke' desorejado… y que dejó el poder al salir derrotado en un referéndum de rango secundario.

Los constituyentes españoles del 78 se empeñaron a fondo en dejar la Carta Magna a salvo de bandazos políticos mediante el trámite de reforma agravada. Gracias a esa previsión la estructura del Estado, incluidas la Corona y la descentralización autonómica, ha podido cumplir casi medio siglo intacta pese a las intentonas separatistas de alterarla. Pero la agonía del sanchismo, su necesidad imperativa de sobreponerse a la existencia de una creciente mayoría social adversaria, amenaza con la tentación de una mutación constitucional forzada: abrir el melón del 'modelo plurinacional' como aliciente para recomponer su maltrecho bloque de alianzas.

La única forma de romper los candados consiste en apelar al sufragio directo, a la legitimidad de los votos populares. En teoría no es posible… salvo que el Tribunal de Garantías lo autorizase con una interpretación creativa del Artículo 92 a favor de los intereses gubernamentales. Ni siquiera es menester un resultado vinculante; bastaría con la coartada 'consultiva' para desestabilizar el marco vigente creando una presión polarizadora insoportable.

Sánchez ya tiene experiencia en modificaciones encubiertas bajo normas habilitantes, y su liderazgo de raíces populistas parte de un concepto plebiscitario de la interlocución con las bases. Si se ve desesperado, y lo parece, la vía Le Pen pone a su alcance una potente palanca con la que abanderar el debate. Y hay en España mucha gente, también en la derecha, cansada de una Constitución intocable. comentarios Reportar un error Navegación, música y manos libres del móvil en la misma pantalla para modernizar el coche Alejandra Santisteban Guiu Elsa Pataky: «Ceno a las 18.30 y ayuno hasta las 10.

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Marina Ortiz

Publicado por Redacción · martes, 18 de agosto de 2026

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