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miércoles, 22 de julio de 2026

Una becerrada para Morante

Desde el helicóptero de la Policía no alcanzarían a ver qué animal era ese que se movía por el ruedo. Normal: un bicho indecente había salido por toriles, bautizado con sorna como 'becerriles'. Un bec

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Feria de Santander Una becerrada para Morante Decepción total en la primera cita del sevillano, con torillos impresentables y algunos que parecían de desecho; oreja para Hernández y Ortega Regala esta noticia Añádenos en Google Morante de la Puebla, en un derechzo al impresentable cuarto del Puerto. (Serrano Arce) Rosario Pérez Santander 22/07/2026 a las 22:15h. Desde el helicóptero de la Policía no alcanzarían a ver qué animal era ese que se movía por el ruedo. Normal: un bicho indecente había salido por toriles, bautizado con sorna como 'becerriles'.

Un becerro para Morante, un becerro para una máxima figura, un becerro ... para el maestro que mandaba en el cartel. Para colmo, era feo a rabiar, enseñando sus puntitas. Ojo con el chiquitín, tremendamente incómodo con esas miraditas, con rebrincado nervio.

Si no se movía aquel juvenil animalillo, con sus carnes sueltas, ¿qué se iba a mover? Decía la tablilla que pesaba 437 kilos, dos kilos por encima de lo obligatorio, dos kilos después de desayunar. Pero aquella criaturita exigía más de lo que aparentaba.

Tuvo que tirar de técnica y maestría, y lo imantó en una soberbia serie en redondo, llevándolo embebido en las telas. Por distintos terrenos pasó la faena, andándole con torería, que era menos cuando se contemplaba aquel bichejo del Puerto. El graznido de las gaviotas acompañó la última fase, con Buscacielos muy escarbador para cuadrarlo.

Casi se quedó sin toro -cosa lógica- y mató de una estocada traserísima. La petición no alcanzó la unanimidad y aquello quedó en saludos. Si los tendidos pensaban que aquel cuarto era el único gato por liebre del Puerto, lo llevaban crudo.

Había que tener cuidado con el quinto porque, al menor descuido, podía colarse por un burladero, contra el que se estrelló mientras brindaba a Gema Igual, una alcaldesa de bandera, defensora de las tradiciones. Nada tuvo importancia con aquel novillote de desecho, recién sacado de la UVI. No se quedaba atrás el sexto, un mono con dos plátanos gachitos.

«Que no son las vaquillas del pueblo», se oyó. Quieto como una vela planteó su faena Víctor Hernández, que si quiere ser gente más vale que no se apunte a estas becerradas. Tanto que se mira en el espejo de José Tomás, que observe los toros de sus últimos paseíllos: no un punto, sino tres por encima de lo que se estila.

Allí se alargó la firmeza del hombre -hasta anotarse un aviso- mientras la descastada vaca no tenía ganas de embestir. Desilusión absoluta con los del Puerto de San Lorenzo. Alguna alegría habían dado antes los de La Ventana.

De aparente volumen y amabilísima cara Rumbero, que quitó bruscamente el capote a Morante y acabó con un siete del varilarguero. Mermadísimo de poder andaba el torete. A terrenos del 3, donde se habían posado los papelillos, pidió el sevillano que le llevaran a Rumbero, que no valía un céntimo y andaba a la defensiva.

Más tiempo del que merecía aquella ruina estuvo delante, con una serie con aroma del sur. Partió el palo Zarandillo, de burraco pelaje y una cara de tristísimo perfil, con los cuatro añitos cumplidos en abril. Más movilidad que ritmo hubo en conjunto, aunque una tanda de tela puesta y dispuesta de Juan Ortega adquirió una rotundidad que trepó en el graderío.

El cierre a la espalda y la eficaz estocada despertaron los pañuelos y la oreja. Al trianero le habían tirado un gallo en la vuelta al ruedo, y allí seguía acaparando las miradas mientras Víctor Hernández se echaba el capote por detrás en estoicas saltilleras. Andaba Morante pendiente de que no se moviera el ave a la jurisdicción de Pescadilla, el de más guapas hechuras, con otra expresión, con un ir y venir que se prestó al lucimiento, aunque a veces tendía a venir por dentro.

Aplomadísimo el de Los Santos de la Humosa, que intercaló pitones con listeza y supo darle fiesta con seriedad y, también, con adornos. Dos cierres explosivos tuvo aquello: por luquecinas de bárbaro asiento y por bernadinas apretadísimas. Un volteretón se llevó al perder la cara al de La Ventana, con el que se trabajó el trofeo.

Feria de Santander Coso de Cuatro Caminos Miércoles, 22 de julio de 2026. Quinta corrida. Cartel de 'No hay billetes'.

Toros de La Ventana del Puerto (1º, 2º y 3º) y Puerto de San Lorenzo (4º, 5º y 6º), impresentables; destacó el 3º, de más guapas hechuras. Morante de la Puebla, de azul Santander y oro: pinchazo y estocada trasera desprendida (silencio); estocada traserísima (petición y saludos tras aviso). Juan Ortega, de lila palo y oro: estocada delantera desprendida (oreja); estocada caída (silencio).

Víctor Hernández, de sangre de toro y oro: estocada caída y descabello (oreja tras aviso con petición de otra); pinchazo y estocada (palmas de despedida). Newsletter Fue el capítulo más intenso del primer festejo de 'No hay billetes'. Ni un gramo de brisa más cabía en los tendidos, llenos hasta la bandera y vacíos de ilusión con aquella becerrada para Morante.

La becerrada, como aquella película de Forqué en El Puerto, esta vez en Santander y con el hierro, qué curioso, del Puerto. De verdad, ¿aquí no se sonroja nadie? Temas Corrida de toros Morante de la Puebla Juan Ortega comentarios Reportar un error Feria de Santander Una becerrada para Morante Decepción total en la primera cita del sevillano, con torillos impresentables y algunos que parecían de desecho; oreja para Hernández y Ortega Regala esta noticia Añádenos en Google Morante de la Puebla, en un derechzo al impresentable cuarto del Puerto. (Serrano Arce) Rosario Pérez Santander 22/07/2026 a las 22:15h.

Desde el helicóptero de la Policía no alcanzarían a ver qué animal era ese que se movía por el ruedo. Normal: un bicho indecente había salido por toriles, bautizado con sorna como 'becerriles'. Un becerro para Morante, un becerro para una máxima figura, un becerro ... para el maestro que mandaba en el cartel.

Para colmo, era feo a rabiar, enseñando sus puntitas. Ojo con el chiquitín, tremendamente incómodo con esas miraditas, con rebrincado nervio. Si no se movía aquel juvenil animalillo, con sus carnes sueltas, ¿qué se iba a mover?

Decía la tablilla que pesaba 437 kilos, dos kilos por encima de lo obligatorio, dos kilos después de desayunar. Pero aquella criaturita exigía más de lo que aparentaba. Tuvo que tirar de técnica y maestría, y lo imantó en una soberbia serie en redondo, llevándolo embebido en las telas.

Por distintos terrenos pasó la faena, andándole con torería, que era menos cuando se contemplaba aquel bichejo del Puerto. El graznido de las gaviotas acompañó la última fase, con Buscacielos muy escarbador para cuadrarlo. Casi se quedó sin toro -cosa lógica- y mató de una estocada traserísima.

La petición no alcanzó la unanimidad y aquello quedó en saludos. Si los tendidos pensaban que aquel cuarto era el único gato por liebre del Puerto, lo llevaban crudo. Había que tener cuidado con el quinto porque, al menor descuido, podía colarse por un burladero, contra el que se estrelló mientras brindaba a Gema Igual, una alcaldesa de bandera, defensora de las tradiciones.

Nada tuvo importancia con aquel novillote de desecho, recién sacado de la UVI. No se quedaba atrás el sexto, un mono con dos plátanos gachitos. «Que no son las vaquillas del pueblo», se oyó.

Quieto como una vela planteó su faena Víctor Hernández, que si quiere ser gente más vale que no se apunte a estas becerradas. Tanto que se mira en el espejo de José Tomás, que observe los toros de sus últimos paseíllos: no un punto, sino tres por encima de lo que se estila. Allí se alargó la firmeza del hombre -hasta anotarse un aviso- mientras la descastada vaca no tenía ganas de embestir.

Desilusión absoluta con los del Puerto de San Lorenzo. Alguna alegría habían dado antes los de La Ventana. De aparente volumen y amabilísima cara Rumbero, que quitó bruscamente el capote a Morante y acabó con un siete del varilarguero.

Mermadísimo de poder andaba el torete. A terrenos del 3, donde se habían posado los papelillos, pidió el sevillano que le llevaran a Rumbero, que no valía un céntimo y andaba a la defensiva. Más tiempo del que merecía aquella ruina estuvo delante, con una serie con aroma del sur.

Partió el palo Zarandillo, de burraco pelaje y una cara de tristísimo perfil, con los cuatro añitos cumplidos en abril. Más movilidad que ritmo hubo en conjunto, aunque una tanda de tela puesta y dispuesta de Juan Ortega adquirió una rotundidad que trepó en el graderío. El cierre a la espalda y la eficaz estocada despertaron los pañuelos y la oreja.

Al trianero le habían tirado un gallo en la vuelta al ruedo, y allí seguía acaparando las miradas mientras Víctor Hernández se echaba el capote por detrás en estoicas saltilleras. Andaba Morante pendiente de que no se moviera el ave a la jurisdicción de Pescadilla, el de más guapas hechuras, con otra expresión, con un ir y venir que se prestó al lucimiento, aunque a veces tendía a venir por dentro. Aplomadísimo el de Los Santos de la Humosa, que intercaló pitones con listeza y supo darle fiesta con seriedad y, también, con adornos.

Dos cierres explosivos tuvo aquello: por luquecinas de bárbaro asiento y por bernadinas apretadísimas. Un volteretón se llevó al perder la cara al de La Ventana, con el que se trabajó el trofeo. Feria de Santander Coso de Cuatro Caminos Miércoles, 22 de julio de 2026.

Quinta corrida. Cartel de 'No hay billetes'. Toros de La Ventana del Puerto (1º, 2º y 3º) y Puerto de San Lorenzo (4º, 5º y 6º), impresentables; destacó el 3º, de más guapas hechuras.

Morante de la Puebla, de azul Santander y oro: pinchazo y estocada trasera desprendida (silencio); estocada traserísima (petición y saludos tras aviso). Juan Ortega, de lila palo y oro: estocada delantera desprendida (oreja); estocada caída (silencio). Víctor Hernández, de sangre de toro y oro: estocada caída y descabello (oreja tras aviso con petición de otra); pinchazo y estocada (palmas de despedida).

Newsletter Fue el capítulo más intenso del primer festejo de 'No hay billetes'. Ni un gramo de brisa más cabía en los tendidos, llenos hasta la bandera y vacíos de ilusión con aquella becerrada para Morante. La becerrada, como aquella película de Forqué en El Puerto, esta vez en Santander y con el hierro, qué curioso, del Puerto.

De verdad, ¿aquí no se sonroja nadie? Temas Corrida de toros Morante de la Puebla Juan Ortega comentarios Reportar un error Aspira y friega en la misma pasada: el robot Xiaomi S12 ideal para olvidarte de la escoba Alejandra Santisteban Guiu Vallés, tajante con la defensa de Sánchez a Zapatero: «Ha apoyado a imputados que fueron condenados» Borja Sánchez Lolita Flores, 68 años: «Estoy envejeciendo bastante bien, me cuido mucho.

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Publicado por Redacción · miércoles, 22 de julio de 2026

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