Se acabó la paz en la Isla de los Conejos y los jabalíes amenazan su gran símbolo: han comenzado a cazarlos
Alteración ecológica - Los visitantes llevan décadas ofreciendo alimento a los lepóridos de Okunoshima, una costumbre asociada ahora con nuevas conductas alimentarias entre otros mamíferos de la isla
Se acabó la paz en la Isla de los Conejos y los jabalíes amenazan su gran símbolo: han comenzado a cazarlos Alteración ecológica — Los visitantes llevan décadas ofreciendo alimento a los lepóridos de Okunoshima, una costumbre asociada ahora con nuevas conductas alimentarias entre otros mamíferos de la isla Los investigadores observaron persecuciones y ataques sobre ejemplares vivos Eri Kondo Héctor Farrés 18 de agosto de 2026 19:08 h 0 La isla japonesa de Okunoshima lleva décadas recibiendo turistas atraídos por sus conejos, y esa costumbre turística asociada a darles comida ha acabado alterando hasta la manera de alimentarse de otros animales del lugar. Un estudio publicado en Journal of Ecotourism documenta que algunos jabalíes han comenzado a capturar conejos vivos, un comportamiento que se sale de su pauta habitual y que los investigadores relacionan con la abundancia creada por la alimentación de los visitantes. El caso añade una vuelta poco habitual a un destino conocido por sus grandes concentraciones de lepóridos.
La elevada población de conejos agota parte de la vegetación Okunoshima, situada en la prefectura de Hiroshima, alberga una población de conejos descendiente de ejemplares domésticos introducidos después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la isla había quedado vinculada a pruebas con armas químicas. Los ejemplares procedentes de animales domésticos introducidos tras la guerra alcanzan una densidad superior a la capacidad natural Brian Shamblen La llegada de decenas de miles de visitantes y la costumbre de alimentar a los animales han favorecido una densidad que supera la capacidad natural del ecosistema. Esa presión ha dejado ramas bajas y vegetación consumidas hasta formar una línea vertical reconocible en distintas zonas.
Algunos suidos persiguen presas vivas pese a su dieta vegetal La abundancia de comida sobrante y cadáveres también ha atraído a especies que aprovechan esos recursos, entre ellas cuervos, milanos negros y jabalíes. Shingo Kaneko, coautor del estudio y ecólogo de la Universidad de Fukushima, señaló que el equipo detectó encuentros frecuentes entre estos últimos y los conejos en las áreas con mayor concentración de animales. Según Kaneko, “los restos de comida que dejan los turistas pueden estar atrayendo a los jabalíes a zonas densamente pobladas por conejos”.
Los investigadores comprobaron después que algunos jabalíes no se limitaban a consumir carroña y restos dispersos, ya que en ocasiones perseguían y capturaban conejos vivos. Ese comportamiento sorprendió al equipo porque la especie es omnívora y oportunista, con una dieta basada sobre todo en vegetales, raíces y frutos, aunque también aprovecha animales muertos o moribundos. Kaneko situó la rareza del hallazgo en ese cambio de conducta y declaró que “los jabalíes son conocidos por alimentarse de cadáveres de animales, pero por lo general no se los considera animales que cacen activamente presas vivas”.
Los investigadores reclaman límites para alimentar a los animales EUROPA PRESS La densidad de conejos aumenta al mismo tiempo la disponibilidad de cadáveres y la probabilidad de cruces entre ambas especies, una situación que puede favorecer nuevos hábitos alimentarios entre los jabalíes. El equipo encontró además una proximidad poco habitual entre fauna silvestre y actividad humana dentro de un espacio insular reducido. Kaneko describió esa relación con otra observación del trabajo y señaló que “nos sorprendió la estrecha interacción entre jabalíes, conejos y humanos en la isla”.
El ecólogo añadió que “dentro de este entorno aislado, parecían estar ocurriendo por toda la isla sucesos distintos de los que solemos observar en otros lugares”. La gestión humana determinará la evolución ecológica de la isla Los autores advierten de que la llegada de nuevos depredadores ocupa un lugar secundario frente al efecto acumulado de la intervención humana sobre el ecosistema. Su propuesta pasa por endurecer las normas de alimentación, seguir la evolución de la población de conejos y analizar la cubierta vegetal para detectar cambios ligados a la presión turística.
También plantean reforzar la educación ambiental entre visitantes y responsables públicos, con el objetivo de reducir conductas que favorezcan nuevas alteraciones en islas con condiciones parecidas. El estudio presenta a Okunoshima como un caso en el que una actividad turística presentada durante años como una forma de acercarse a los animales puede modificar relaciones entre especies y empujar a algunos ejemplares hacia comportamientos poco habituales. El margen de actuación queda en la gestión del contacto humano con la fauna, porque la continuidad de la alimentación masiva mantiene una densidad de conejos que el entorno no produciría por sí solo.
Las medidas propuestas buscan reducir esa presión antes de que las alteraciones observadas se extiendan dentro de la isla. Etiquetas / Mundo animal / Animales / Investigación / Japón / Fauna Salvaje Se acabó la paz en la Isla de los Conejos y los jabalíes amenazan su gran símbolo: han comenzado a cazarlos Alteración ecológica — Los visitantes llevan décadas ofreciendo alimento a los lepóridos de Okunoshima, una costumbre asociada ahora con nuevas conductas alimentarias entre otros mamíferos de la isla Los investigadores observaron persecuciones y ataques sobre ejemplares vivos Eri Kondo Héctor Farrés 18 de agosto de 2026 19:08 h 0 La isla japonesa de Okunoshima lleva décadas recibiendo turistas atraídos por sus conejos, y esa costumbre turística asociada a darles comida ha acabado alterando hasta la manera de alimentarse de otros animales del lugar. Un estudio publicado en Journal of Ecotourism documenta que algunos jabalíes han comenzado a capturar conejos vivos, un comportamiento que se sale de su pauta habitual y que los investigadores relacionan con la abundancia creada por la alimentación de los visitantes.
El caso añade una vuelta poco habitual a un destino conocido por sus grandes concentraciones de lepóridos. La elevada población de conejos agota parte de la vegetación Okunoshima, situada en la prefectura de Hiroshima, alberga una población de conejos descendiente de ejemplares domésticos introducidos después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la isla había quedado vinculada a pruebas con armas químicas. Los ejemplares procedentes de animales domésticos introducidos tras la guerra alcanzan una densidad superior a la capacidad natural Brian Shamblen La llegada de decenas de miles de visitantes y la costumbre de alimentar a los animales han favorecido una densidad que supera la capacidad natural del ecosistema.
Esa presión ha dejado ramas bajas y vegetación consumidas hasta formar una línea vertical reconocible en distintas zonas. Algunos suidos persiguen presas vivas pese a su dieta vegetal La abundancia de comida sobrante y cadáveres también ha atraído a especies que aprovechan esos recursos, entre ellas cuervos, milanos negros y jabalíes. Shingo Kaneko, coautor del estudio y ecólogo de la Universidad de Fukushima, señaló que el equipo detectó encuentros frecuentes entre estos últimos y los conejos en las áreas con mayor concentración de animales.
Según Kaneko, “los restos de comida que dejan los turistas pueden estar atrayendo a los jabalíes a zonas densamente pobladas por conejos”. Los investigadores comprobaron después que algunos jabalíes no se limitaban a consumir carroña y restos dispersos, ya que en ocasiones perseguían y capturaban conejos vivos. Ese comportamiento sorprendió al equipo porque la especie es omnívora y oportunista, con una dieta basada sobre todo en vegetales, raíces y frutos, aunque también aprovecha animales muertos o moribundos.
Kaneko situó la rareza del hallazgo en ese cambio de conducta y declaró que “los jabalíes son conocidos por alimentarse de cadáveres de animales, pero por lo general no se los considera animales que cacen activamente presas vivas”. Los investigadores reclaman límites para alimentar a los animales EUROPA PRESS La densidad de conejos aumenta al mismo tiempo la disponibilidad de cadáveres y la probabilidad de cruces entre ambas especies, una situación que puede favorecer nuevos hábitos alimentarios entre los jabalíes. El equipo encontró además una proximidad poco habitual entre fauna silvestre y actividad humana dentro de un espacio insular reducido.
Kaneko describió esa relación con otra observación del trabajo y señaló que “nos sorprendió la estrecha interacción entre jabalíes, conejos y humanos en la isla”. El ecólogo añadió que “dentro de este entorno aislado, parecían estar ocurriendo por toda la isla sucesos distintos de los que solemos observar en otros lugares”. La gestión humana determinará la evolución ecológica de la isla Los autores advierten de que la llegada de nuevos depredadores ocupa un lugar secundario frente al efecto acumulado de la intervención humana sobre el ecosistema.
Su propuesta pasa por endurecer las normas de alimentación, seguir la evolución de la población de conejos y analizar la cubierta vegetal para detectar cambios ligados a la presión turística. También plantean reforzar la educación ambiental entre visitantes y responsables públicos, con el objetivo de reducir conductas que favorezcan nuevas alteraciones en islas con condiciones parecidas. El estudio presenta a Okunoshima como un caso en el que una actividad turística presentada durante años como una forma de acercarse a los animales puede modificar relaciones entre especies y empujar a algunos ejemplares hacia comportamientos poco habituales.
El margen de actuación queda en la gestión del contacto humano con la fauna, porque la continuidad de la alimentación masiva mantiene una densidad de conejos que el entorno no produciría por sí solo. Las medidas propuestas buscan reducir esa presión antes de que las alteraciones observadas se extiendan dentro de la isla. Etiquetas / Mundo animal / Animales / Investigación / Japón / Fauna Salvaje