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Internacional
sábado, 1 de agosto de 2026

En febrero es verano en Harare

Fue la Navidad más triste de mi vida, la de 1987, mis padres se habían empezado a separar. Todo era tenso, extraño, como si siempre alguien estuviera a punto de ponerse a llorar. Mi regalo de Reyes fu

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

En febrero es verano en Harare «Con lo mal que un niño lleva que sus padres sepan más que él de sus ídolos, quedé paralizado cuando el señor Halee me llamó por mi nombre y me dijo que fuera muy rápido a ponerme el bañador y que bajara a la piscina» Regala esta noticia Añádenos en Google Paul Simon en uno de sus conciertos. (Ángel de Antonio) Salvador Sostres 02/08/2026 a las 01:19h. Fue la Navidad más triste de mi vida, la de 1987, mis padres se habían empezado a separar.

Todo era tenso, extraño, como si siempre alguien estuviera a punto de ponerse a llorar. Mi regalo de Reyes fue un sobre con dos entradas para el ... concierto de Paul Simon el 14 de febrero en Harare, la capital de Zimbabue. Yo era un gran fan de Paul Simon pero en 1987 no íbamos a conciertos como ahora ni mucho menos si eran en África.

A mi madre le gustaba más yo explicando al señor Simon que lo que él cantaba, y ya en el avión le conté que la canción que daba título al disco era un viaje que el artista hace con el hijo de su primer matrimonio a Graceland. Primero se refiere a la casa de Elvis en Memphis pero luego Graceland es un espacio abstracto donde simplemente esperan ser bien recibidos junto a los demás peregrinos del mundo. Yo entonces creía que conocía mejor a mi madre que ella a mí, y estaba convencido de que aquel viaje había sido impulsivo, doloroso, improvisado, con la idea de compensarme por los meses que habíamos vivido; y que además le daba terror África.

Por eso pensé que tenía que tomar las riendas de la expedición, y que si la revestía de travesía moral podría sentirse mejor y evadirse del lugar concreto. Llegamos al hotel Meikles y justo a la entrada vi a Roy Halee, un ídolo para mí, el ingeniero de sonido de Paul Simon y también de la época con Garfunkel. Fue hacia mi madre y se abrazaron con entusiasmo.

Y con lo mal que un niño lleva que sus padres sepan más que él de sus ídolos, quedé paralizado cuando el señor Halee me llamó por mi nombre y me dijo que fuera muy rápido a ponerme el bañador y que bajara a la piscina. En febrero es verano en Harare y no había una nube en el cielo. El sol del atardecer me cegaba camino de la piscina, cuando un hombre mojado, en bañador, me dio sus gafas de sol y en inglés me dijo: «ahora verás mejor», y al ponérmelas vi que era Paul Simon, que me dio la mano pero yo me lancé a abrazarlo.

Mi madre, a la que yo tomaba por medio loca y la otra mitad miedosa, había organizado el viaje y el encuentro desde hacía meses, a través de Warner España, que la puso en contacto con Roy Halee. Había pagado el mejor hotel de Harare y yo la veía al otro lado de la piscina, sin poder ni pensar, a través de las gafas de mi ídolo. Newsletter Paul Simon fue muy amable.

Hablamos de música, le pregunté por el significado de algunas letras y me explicó que Congreso Nacional Africano había prohibido a los músicos negros tocar con los artistas blancos mientras durara el 'apartheid'. Pero él pensaba que Graceland daría a conocer al mundo la belleza de la música africana y arriesgó su vida para grabarlo. Pero la gran estrella de aquel viaje fue mi madre.

Creía que la conocía mejor y me dejó sin palabras. El Congreso Nacional Africano amenazó con poner una bomba en el estadio pero nosotros igualmente fuimos al concierto, en parte porque nos hacía mucha ilusión y en parte porque los dos habíamos vivido lo suficiente -aunque sea triste decirlo- para saber que morir no era lo peor que nos podía pasar. Y en un tiempo en que en España no había negros ni en el Barça, cantamos y bailamos entre toda aquella gente igual de perdida, alegre, rota y esperanzada que nosotros.

Y aunque los meses siguientes en Barcelona el desastre no se pudo evitar, y todos en mi familia extraviamos el Paraíso para siempre, por unas horas en Harare y con Paul Simon, mi madre y yo fuimos bien recibidos en Graceland. Temas Música Verano Zimbabue España Paul Simon Hotel Padres comentarios Reportar un error En febrero es verano en Harare «Con lo mal que un niño lleva que sus padres sepan más que él de sus ídolos, quedé paralizado cuando el señor Halee me llamó por mi nombre y me dijo que fuera muy rápido a ponerme el bañador y que bajara a la piscina» Regala esta noticia Añádenos en Google Paul Simon en uno de sus conciertos. (Ángel de Antonio) Salvador Sostres 02/08/2026 a las 01:19h.

Fue la Navidad más triste de mi vida, la de 1987, mis padres se habían empezado a separar. Todo era tenso, extraño, como si siempre alguien estuviera a punto de ponerse a llorar. Mi regalo de Reyes fue un sobre con dos entradas para el ... concierto de Paul Simon el 14 de febrero en Harare, la capital de Zimbabue.

Yo era un gran fan de Paul Simon pero en 1987 no íbamos a conciertos como ahora ni mucho menos si eran en África. A mi madre le gustaba más yo explicando al señor Simon que lo que él cantaba, y ya en el avión le conté que la canción que daba título al disco era un viaje que el artista hace con el hijo de su primer matrimonio a Graceland. Primero se refiere a la casa de Elvis en Memphis pero luego Graceland es un espacio abstracto donde simplemente esperan ser bien recibidos junto a los demás peregrinos del mundo.

Yo entonces creía que conocía mejor a mi madre que ella a mí, y estaba convencido de que aquel viaje había sido impulsivo, doloroso, improvisado, con la idea de compensarme por los meses que habíamos vivido; y que además le daba terror África. Por eso pensé que tenía que tomar las riendas de la expedición, y que si la revestía de travesía moral podría sentirse mejor y evadirse del lugar concreto. Llegamos al hotel Meikles y justo a la entrada vi a Roy Halee, un ídolo para mí, el ingeniero de sonido de Paul Simon y también de la época con Garfunkel.

Fue hacia mi madre y se abrazaron con entusiasmo. Y con lo mal que un niño lleva que sus padres sepan más que él de sus ídolos, quedé paralizado cuando el señor Halee me llamó por mi nombre y me dijo que fuera muy rápido a ponerme el bañador y que bajara a la piscina. En febrero es verano en Harare y no había una nube en el cielo.

El sol del atardecer me cegaba camino de la piscina, cuando un hombre mojado, en bañador, me dio sus gafas de sol y en inglés me dijo: «ahora verás mejor», y al ponérmelas vi que era Paul Simon, que me dio la mano pero yo me lancé a abrazarlo. Mi madre, a la que yo tomaba por medio loca y la otra mitad miedosa, había organizado el viaje y el encuentro desde hacía meses, a través de Warner España, que la puso en contacto con Roy Halee. Había pagado el mejor hotel de Harare y yo la veía al otro lado de la piscina, sin poder ni pensar, a través de las gafas de mi ídolo.

Newsletter Paul Simon fue muy amable. Hablamos de música, le pregunté por el significado de algunas letras y me explicó que Congreso Nacional Africano había prohibido a los músicos negros tocar con los artistas blancos mientras durara el 'apartheid'. Pero él pensaba que Graceland daría a conocer al mundo la belleza de la música africana y arriesgó su vida para grabarlo.

Pero la gran estrella de aquel viaje fue mi madre. Creía que la conocía mejor y me dejó sin palabras. El Congreso Nacional Africano amenazó con poner una bomba en el estadio pero nosotros igualmente fuimos al concierto, en parte porque nos hacía mucha ilusión y en parte porque los dos habíamos vivido lo suficiente -aunque sea triste decirlo- para saber que morir no era lo peor que nos podía pasar.

Y en un tiempo en que en España no había negros ni en el Barça, cantamos y bailamos entre toda aquella gente igual de perdida, alegre, rota y esperanzada que nosotros. Y aunque los meses siguientes en Barcelona el desastre no se pudo evitar, y todos en mi familia extraviamos el Paraíso para siempre, por unas horas en Harare y con Paul Simon, mi madre y yo fuimos bien recibidos en Graceland. Temas Música Verano Zimbabue España Paul Simon Hotel Padres comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero.

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Publicado por Redacción · sábado, 1 de agosto de 2026

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