Gobernados por los incas
Parece que los incas, cuando sufrían terremotos, epidemias o sequías, pensaban que la solución consistía en sacrificar a jóvenes puros capturados en las diferentes regiones de su imperio. No existe ni
El último liberal Gobernados por los incas «La pregunta no debería ser quién tiene razón en el debate climático, sino qué han hecho las administraciones para evitar que cada verano vuelva a repetirse la misma tragedia» Regala esta noticia Añádenos en Google Paisaje quemado por el incendio forestal en la Vilavella (Castellón). (EFE) Fernando Llopis 02/08/2026 a las 05:30h. Parece que los incas, cuando sufrían terremotos, epidemias o sequías, pensaban que la solución consistía en sacrificar a jóvenes puros capturados en las diferentes regiones de su imperio.
No existe ninguna evidencia científica de que aquel método cambiara el curso de la naturaleza, pero siguieron ... practicándolo durante mucho tiempo. Quizá por eso, cuando Francisco de Pizarro llegó a sus dominios, encontró mucha más colaboración de la que cabría esperar por parte de numerosas tribus sometidas por el Imperio inca. Ante un mismo problema, unas civilizaciones encontraron soluciones más eficaces que otras.
Los romanos también recurrieron en determinadas épocas a los sacrificios humanos. Sin embargo, cuando comprobaron que la superstición no evitaba las calamidades, acabaron confiando más en la ingeniería que en los rituales. Construyeron acueductos, presas y complejos sistemas de canalización capaces de llevar agua allí donde escaseaba.
Entendieron que los problemas reales exigen soluciones reales. Hubo un tiempo en el que, aunque uno no compartiera las políticas de nuestros gobernantes, podía encontrar cierta lógica en sus decisiones y apreciar un nivel razonable en quienes las tomaban y en los funcionarios que las respaldaban con sus informes. Pero ese tiempo parece haber quedado atrás.
Cada vez tengo más la sensación de que estamos gobernados por unos incas occidentales que, incapaces de afrontar los problemas cotidianos, prefieren hacer ofrendas simbólicas a algún ente superior con tal de desviar la atención de su propia incompetencia. La crisis climática y el eterno llamamiento a un pacto de Estado contra la emergencia climática se han convertido en el sacrificio ritual de los incas de nuestro tiempo, aunque, por supuesto, de una forma infinitamente menos sangrienta. Ocho años lleva el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, proclamando la necesidad de ese pacto, acompañado por una parte de la progresía de nuestro país, que parece considerar que basta con repetir el diagnóstico para haber resuelto el problema.
El esquema resulta sencillo: los responsables de la devastación provocada por los incendios no serían los gobiernos incapaces de prevenirlos, sino quienes cuestionan ese relato. Así se dispara contra Vox y también contra el PP, aunque este último se muestre mucho más dubitativo. Habría sido mucho más útil impulsar un pacto contra el fuego, sobre medidas concretas de prevención, limpieza de montes, gestión forestal y coordinación entre administraciones, un terreno en el que probablemente habría sido posible alcanzar algún acuerdo, aunque fuera modesto.
Pero sospecho que el objetivo nunca ha sido ese. Se trata, simplemente, de colocar otro ladrillo en el muro de la confrontación política. Más allá del debate sobre el origen o la intensidad del cambio climático, existe una realidad que nadie puede negar: llueve con intensidad durante el invierno y la primavera, los veranos son cada vez más calurosos y los montes acumulan toneladas de combustible vegetal.
Es la tormenta perfecta; solo hace falta una chispa para que los incendios forestales vuelvan a repetirse año tras año. Lo sabíamos hace unos meses, lo sabíamos el año pasado y lo sabíamos hace una década. La pregunta, por tanto, no debería ser quién tiene razón en el debate climático, sino qué han hecho las administraciones para evitar que cada verano vuelva a repetirse la misma tragedia.
Newsletter Y, cuando todavía muchos de los focos permanecen activos, surge otra crisis: decenas de miles de marroquíes cruzan las fronteras de España sin que nadie en el Gobierno parezca haber previsto lo que estaba ocurriendo hasta que el problema ya se ha desbordado. A mi juicio, el Ejecutivo se resiste a reconocer que los procesos masivos de regularización, unidos a unas leyes de inmigración discutibles, a una política de acogida cuestionable y a la incomprensible gestión del Gobierno marroquí, han contribuido a generar un efecto llamada cuyas consecuencias resultan ahora muy difíciles de controlar. Lo peor no es solo que nuestros servicios de inteligencia parecieran no haber detectado lo que circulaba abiertamente por las redes sociales de muchos ciudadanos marroquíes, ni la aparente connivencia de las autoridades de aquel país.
Lo más sorprendente llega después, cuando el desastre ya se ha consumado y la situación amenaza con colmar la paciencia de otros países europeos que comparten con España el espacio Schengen. En ese momento, el ministro Albares decide interpretar el papel del 'Inca Mayor': en lugar de llamar a consultas al embajador marroquí, llama al italiano después de que la primera ministra de ese país expresara públicamente lo que muchos dirigentes europeos piensan sobre la política migratoria del presidente Sánchez. Algunos analistas sostienen que Pedro Sánchez resulta hoy menos convincente cuando vuelve a reclamar un pacto contra la emergencia climática o cuando habla de mafias culpables de la inmigración obviando al gobierno de Marruecos.
Yo no lo tengo tan claro. También quienes contemplaban los sacrificios de los incas o de los aztecas estaban convencidos de que aquellos rituales acabarían librándolos de sus males. La fe tiene esa capacidad de imponerse a la evidencia, y una parte de nuestra progresía demuestra una confianza inquebrantable en determinados dogmas.
Yo, por mi parte, sigo prefiriendo la ingeniería romana a la liturgia política de inspiración inca. Menos ceremonias, menos gestos grandilocuentes y muchas más soluciones. Porque, tal y como van las cosas, solo falta que aparezca un Pizarro del siglo XXI dispuesto a poner fin a lo que un día fue un imperio admirado.
Temas Cambio Climático Inmigración Incendios forestales Pedro Sánchez comentarios Reportar un error El último liberal Gobernados por los incas «La pregunta no debería ser quién tiene razón en el debate climático, sino qué han hecho las administraciones para evitar que cada verano vuelva a repetirse la misma tragedia» Regala esta noticia Añádenos en Google Paisaje quemado por el incendio forestal en la Vilavella (Castellón). (EFE) Fernando Llopis 02/08/2026 a las 05:30h. Parece que los incas, cuando sufrían terremotos, epidemias o sequías, pensaban que la solución consistía en sacrificar a jóvenes puros capturados en las diferentes regiones de su imperio.
No existe ninguna evidencia científica de que aquel método cambiara el curso de la naturaleza, pero siguieron ... practicándolo durante mucho tiempo. Quizá por eso, cuando Francisco de Pizarro llegó a sus dominios, encontró mucha más colaboración de la que cabría esperar por parte de numerosas tribus sometidas por el Imperio inca. Ante un mismo problema, unas civilizaciones encontraron soluciones más eficaces que otras.
Los romanos también recurrieron en determinadas épocas a los sacrificios humanos. Sin embargo, cuando comprobaron que la superstición no evitaba las calamidades, acabaron confiando más en la ingeniería que en los rituales. Construyeron acueductos, presas y complejos sistemas de canalización capaces de llevar agua allí donde escaseaba.
Entendieron que los problemas reales exigen soluciones reales. Hubo un tiempo en el que, aunque uno no compartiera las políticas de nuestros gobernantes, podía encontrar cierta lógica en sus decisiones y apreciar un nivel razonable en quienes las tomaban y en los funcionarios que las respaldaban con sus informes. Pero ese tiempo parece haber quedado atrás.
Cada vez tengo más la sensación de que estamos gobernados por unos incas occidentales que, incapaces de afrontar los problemas cotidianos, prefieren hacer ofrendas simbólicas a algún ente superior con tal de desviar la atención de su propia incompetencia. La crisis climática y el eterno llamamiento a un pacto de Estado contra la emergencia climática se han convertido en el sacrificio ritual de los incas de nuestro tiempo, aunque, por supuesto, de una forma infinitamente menos sangrienta. Ocho años lleva el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, proclamando la necesidad de ese pacto, acompañado por una parte de la progresía de nuestro país, que parece considerar que basta con repetir el diagnóstico para haber resuelto el problema.
El esquema resulta sencillo: los responsables de la devastación provocada por los incendios no serían los gobiernos incapaces de prevenirlos, sino quienes cuestionan ese relato. Así se dispara contra Vox y también contra el PP, aunque este último se muestre mucho más dubitativo. Habría sido mucho más útil impulsar un pacto contra el fuego, sobre medidas concretas de prevención, limpieza de montes, gestión forestal y coordinación entre administraciones, un terreno en el que probablemente habría sido posible alcanzar algún acuerdo, aunque fuera modesto.
Pero sospecho que el objetivo nunca ha sido ese. Se trata, simplemente, de colocar otro ladrillo en el muro de la confrontación política. Más allá del debate sobre el origen o la intensidad del cambio climático, existe una realidad que nadie puede negar: llueve con intensidad durante el invierno y la primavera, los veranos son cada vez más calurosos y los montes acumulan toneladas de combustible vegetal.
Es la tormenta perfecta; solo hace falta una chispa para que los incendios forestales vuelvan a repetirse año tras año. Lo sabíamos hace unos meses, lo sabíamos el año pasado y lo sabíamos hace una década. La pregunta, por tanto, no debería ser quién tiene razón en el debate climático, sino qué han hecho las administraciones para evitar que cada verano vuelva a repetirse la misma tragedia.
Newsletter Y, cuando todavía muchos de los focos permanecen activos, surge otra crisis: decenas de miles de marroquíes cruzan las fronteras de España sin que nadie en el Gobierno parezca haber previsto lo que estaba ocurriendo hasta que el problema ya se ha desbordado. A mi juicio, el Ejecutivo se resiste a reconocer que los procesos masivos de regularización, unidos a unas leyes de inmigración discutibles, a una política de acogida cuestionable y a la incomprensible gestión del Gobierno marroquí, han contribuido a generar un efecto llamada cuyas consecuencias resultan ahora muy difíciles de controlar. Lo peor no es solo que nuestros servicios de inteligencia parecieran no haber detectado lo que circulaba abiertamente por las redes sociales de muchos ciudadanos marroquíes, ni la aparente connivencia de las autoridades de aquel país.
Lo más sorprendente llega después, cuando el desastre ya se ha consumado y la situación amenaza con colmar la paciencia de otros países europeos que comparten con España el espacio Schengen. En ese momento, el ministro Albares decide interpretar el papel del 'Inca Mayor': en lugar de llamar a consultas al embajador marroquí, llama al italiano después de que la primera ministra de ese país expresara públicamente lo que muchos dirigentes europeos piensan sobre la política migratoria del presidente Sánchez. Algunos analistas sostienen que Pedro Sánchez resulta hoy menos convincente cuando vuelve a reclamar un pacto contra la emergencia climática o cuando habla de mafias culpables de la inmigración obviando al gobierno de Marruecos.
Yo no lo tengo tan claro. También quienes contemplaban los sacrificios de los incas o de los aztecas estaban convencidos de que aquellos rituales acabarían librándolos de sus males. La fe tiene esa capacidad de imponerse a la evidencia, y una parte de nuestra progresía demuestra una confianza inquebrantable en determinados dogmas.
Yo, por mi parte, sigo prefiriendo la ingeniería romana a la liturgia política de inspiración inca. Menos ceremonias, menos gestos grandilocuentes y muchas más soluciones. Porque, tal y como van las cosas, solo falta que aparezca un Pizarro del siglo XXI dispuesto a poner fin a lo que un día fue un imperio admirado.
Temas Cambio Climático Inmigración Incendios forestales Pedro Sánchez comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero. Los niños iban al comedor y yo, con ocho años, comía en las escaleras sola» Inés Romero Jorge Rey se adelanta a la Aemet y alerta del tiempo que hará en agosto según las Cabañuelas: «Otra ola de calor»
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