← Volver a la portada
Internacional
martes, 4 de agosto de 2026

Desesperada vigilia por sus hijos en la frontera: «No podemos dormir»

Bajo el sol africano, una mujer pasea con la imagen impresa de una joven. Camiseta amarilla, pantalón vaquero, el pelo recogido en un moño alto. Y hacia la cámara, dirige una sonrisa ligera. Podría se

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Desesperada vigilia por sus hijos en la frontera: «No podemos dormir» Los retornados entran en furgonetas que los llevan a autobuses para desplazarlos «a otros puntos» mientras quienes esperan tratan de encontrar entre ellos un rostro conocido Escucha el artículo. 4 min Escucha el artículo. 4 min Regala esta noticia Añádenos en Google Familias desesperadas aguardan junto a la frontera marroquí la llegada de sus hijos. (N. Loizaga) Natalia Loizaga En el lado marroquí de la frontera 04/08/2026 Actualizado a las 07:10h.

Bajo el sol africano, una mujer pasea con la imagen impresa de una joven. Camiseta amarilla, pantalón vaquero, el pelo recogido en un moño alto. Y hacia la cámara, dirige una sonrisa ligera.

Podría ser cualquier joven, pero es su hija y nadie la ha ... visto, lleva desaparecida desde que cruzó a nado la frontera con España. Así que su madre aguarda su llegada junto a la verja mientras todo lo que puede hacer, a falta de una mayor comunicación, es enseñar la imagen de su pequeña. Como ella, más de una veintena de personas aguardan en la rotonda que aparece nada más traspasar la línea que separa ambos países.

Comparten agua unos con otros porque al calor aprieta y de ahí no se piensan marchar, al menos, hasta dentro de unas horas, pero con la intención de volver. A Iqra, su hermano pequeño, de 16 años, le ha avisado de que está a punto de volver a Marruecos tras cruzar a nado la frontera con Ceuta y llegar a la esperada orilla. Ella tiembla porque, aunque sabe que va a volver, no será una absoluta certeza hasta que lo vea.

«No sabíamos que iba a saltar», cuenta, al borde de las lágrimas y con las manos apoderadas por un nervio incontrolable. Su hermano cruzó el espigón junto a sus amigos. Los tres juntos, de la misma edad, emprendieron una huida desde M'diq, a unos tres kilómetros de Ceuta, sin que ningún familiar lo supiese.

Comenzó entonces un martirio para la familia, a la espera de que llegasen noticias sobre él. Este lunes lo han hecho y dice que regresa, así que su hermana pasa más de cuarenta minutos aposentada frente a la verja azul de la frontera, rodeada con alambre. Está dispuesta a esperarlo cuanto haga falta.

Cuando el menor todavía no ha salido, le tiemblan las manos al mostrar su imagen. Iqra señala también que, entre los que cruzaron, «hay chavales que solo quieren ver qué hay dentro». Noticia relacionada Indignación y tristeza de los vecinos de Ceuta: «La ciudad ha sido abandonada por los Gobiernos»

Natalia Loizaga Aquí «no saben nada de sus hijos, nadie sabe». Lo dice mientras señala a todos los que, como ella, pasan la mañana aferrados a una esperanza que, en su caso, termina por llegar y en el de muchos otros se alarga hasta quién sabe cuánto. Comparten entre ellos las pocas botellas de agua que hay porque el sol se vuelve despiadado cuando llegan las dos de la tarde y la espera continúa.

Un hombre permanece allí a la espera de sus tres hijos y de su mujer, «muy triste» pues no ha recibido de ellos una sola llamada en cuatro días. «Toda la familia está triste, no podemos ni dormir, ni comer, ni nada», reconoce. «Estamos esperando a ver si sale su hermana», cuenta otra joven de 19 años, cuya prima se remueve, inquieta.

Su rostro juvenil, casi infantil, permanece serio mientras en su cuerpo no cesa un leve balanceo. Acaba de volver por obligación de Ceuta, a la que también cruzó a nado, y quiere intentar llegar de nuevo. Pregunta si la barrera que han puesto por mar es franqueable, si uno muere nada más tocarla, qué tipo de pasaporte se necesita para cruzar y si alguien puede ayudarla, aunque sea con respuestas.

Quiere regresar para buscar a su hermana, que todavía está en el otro lado de la frontera, y conseguir ambas un trabajo para residir en España. La espera de la vuelta a Marruecos. (N. Loizaga) Arrúa, Alia, Hassan, Ihlafo... son algunos de los nombres que unos y otros pronuncian con la esperanza de que alguien los reconozca o, al menos, que haya escuchado hablar de ellos.

La mañana de este lunes, dos menores salen a pie de la frontera y sobre ellos se abalanzan las madres, preocupadas, con sus fotografías en alto. Ellos, pacientes, miran una a una las imágenes. También cruzan la valla numerosas furgonetas, repletas de hombres.

Newsletter «Solo dicen que van a salir en grupo en las camionetas y ya está, el nombre de quienes son no lo sabemos», añade Iqra. Es escasa la información que manejan. Ella sabe que ya está de vuelta, porque lo ve a través del cristal de un vehículo blanco en el que reza la palabra 'Tourist transport', pero no sabe dónde se dirige éste, que no se detiene al salir.

Los vehículos, entre los que sale alrededor de una decena solo por la mañana, suben una carretera hasta llegar a una rotonda en la que esperan autobuses. Allí se congregan todavía más familias a la espera de que salgan. «No sabíamos que iba a saltar», «hay chavales que solo quieren ver qué hay dentro [de la verja]», cuentan familiares de los retornados Pocos conocen el destino de los grandes autobuses, en los que los inmigrantes devueltos entran sin apenas tiempo para mirar las fotos que los preocupados les enseñan.

Solo unos pasos separan uno y otro vehículo en una operación que se repite cada poco tiempo. Desde el cristal, los rostros cansados de los repatriados no sonríen como lo hicieron al tocar tierra española. Un oficial de la policía marroquí dice que los llevan «a sus casas».

Quienes esperan dicen que se dirigen «a Tánger» y, en la frontera, apuntan que los llevan «a otros puntos». Los autobuses, uno tras otro, se marchan. Temas Inmigrantes Marruecos Ceuta comentarios Reportar un error Desesperada vigilia por sus hijos en la frontera: «No podemos dormir»

Los retornados entran en furgonetas que los llevan a autobuses para desplazarlos «a otros puntos» mientras quienes esperan tratan de encontrar entre ellos un rostro conocido Escucha el artículo. 4 min Escucha el artículo. 4 min Regala esta noticia Añádenos en Google Familias desesperadas aguardan junto a la frontera marroquí la llegada de sus hijos. (N. Loizaga) Natalia Loizaga En el lado marroquí de la frontera 04/08/2026 Actualizado a las 07:10h. Bajo el sol africano, una mujer pasea con la imagen impresa de una joven.

Camiseta amarilla, pantalón vaquero, el pelo recogido en un moño alto. Y hacia la cámara, dirige una sonrisa ligera. Podría ser cualquier joven, pero es su hija y nadie la ha ... visto, lleva desaparecida desde que cruzó a nado la frontera con España.

Así que su madre aguarda su llegada junto a la verja mientras todo lo que puede hacer, a falta de una mayor comunicación, es enseñar la imagen de su pequeña. Como ella, más de una veintena de personas aguardan en la rotonda que aparece nada más traspasar la línea que separa ambos países. Comparten agua unos con otros porque al calor aprieta y de ahí no se piensan marchar, al menos, hasta dentro de unas horas, pero con la intención de volver.

A Iqra, su hermano pequeño, de 16 años, le ha avisado de que está a punto de volver a Marruecos tras cruzar a nado la frontera con Ceuta y llegar a la esperada orilla. Ella tiembla porque, aunque sabe que va a volver, no será una absoluta certeza hasta que lo vea. «No sabíamos que iba a saltar», cuenta, al borde de las lágrimas y con las manos apoderadas por un nervio incontrolable.

Su hermano cruzó el espigón junto a sus amigos. Los tres juntos, de la misma edad, emprendieron una huida desde M'diq, a unos tres kilómetros de Ceuta, sin que ningún familiar lo supiese. Comenzó entonces un martirio para la familia, a la espera de que llegasen noticias sobre él.

Este lunes lo han hecho y dice que regresa, así que su hermana pasa más de cuarenta minutos aposentada frente a la verja azul de la frontera, rodeada con alambre. Está dispuesta a esperarlo cuanto haga falta. Cuando el menor todavía no ha salido, le tiemblan las manos al mostrar su imagen.

Iqra señala también que, entre los que cruzaron, «hay chavales que solo quieren ver qué hay dentro». Noticia relacionada Indignación y tristeza de los vecinos de Ceuta: «La ciudad ha sido abandonada por los Gobiernos» Natalia Loizaga Aquí «no saben nada de sus hijos, nadie sabe».

Lo dice mientras señala a todos los que, como ella, pasan la mañana aferrados a una esperanza que, en su caso, termina por llegar y en el de muchos otros se alarga hasta quién sabe cuánto. Comparten entre ellos las pocas botellas de agua que hay porque el sol se vuelve despiadado cuando llegan las dos de la tarde y la espera continúa. Un hombre permanece allí a la espera de sus tres hijos y de su mujer, «muy triste» pues no ha recibido de ellos una sola llamada en cuatro días.

«Toda la familia está triste, no podemos ni dormir, ni comer, ni nada», reconoce. «Estamos esperando a ver si sale su hermana», cuenta otra joven de 19 años, cuya prima se remueve, inquieta. Su rostro juvenil, casi infantil, permanece serio mientras en su cuerpo no cesa un leve balanceo.

Acaba de volver por obligación de Ceuta, a la que también cruzó a nado, y quiere intentar llegar de nuevo. Pregunta si la barrera que han puesto por mar es franqueable, si uno muere nada más tocarla, qué tipo de pasaporte se necesita para cruzar y si alguien puede ayudarla, aunque sea con respuestas. Quiere regresar para buscar a su hermana, que todavía está en el otro lado de la frontera, y conseguir ambas un trabajo para residir en España.

La espera de la vuelta a Marruecos. (N. Loizaga) Arrúa, Alia, Hassan, Ihlafo... son algunos de los nombres que unos y otros pronuncian con la esperanza de que alguien los reconozca o, al menos, que haya escuchado hablar de ellos. La mañana de este lunes, dos menores salen a pie de la frontera y sobre ellos se abalanzan las madres, preocupadas, con sus fotografías en alto.

Ellos, pacientes, miran una a una las imágenes. También cruzan la valla numerosas furgonetas, repletas de hombres. Newsletter «Solo dicen que van a salir en grupo en las camionetas y ya está, el nombre de quienes son no lo sabemos», añade Iqra.

Es escasa la información que manejan. Ella sabe que ya está de vuelta, porque lo ve a través del cristal de un vehículo blanco en el que reza la palabra 'Tourist transport', pero no sabe dónde se dirige éste, que no se detiene al salir. Los vehículos, entre los que sale alrededor de una decena solo por la mañana, suben una carretera hasta llegar a una rotonda en la que esperan autobuses.

Allí se congregan todavía más familias a la espera de que salgan. «No sabíamos que iba a saltar», «hay chavales que solo quieren ver qué hay dentro [de la verja]», cuentan familiares de los retornados Pocos conocen el destino de los grandes autobuses, en los que los inmigrantes devueltos entran sin apenas tiempo para mirar las fotos que los preocupados les enseñan. Solo unos pasos separan uno y otro vehículo en una operación que se repite cada poco tiempo.

Desde el cristal, los rostros cansados de los repatriados no sonríen como lo hicieron al tocar tierra española. Un oficial de la policía marroquí dice que los llevan «a sus casas». Quienes esperan dicen que se dirigen «a Tánger» y, en la frontera, apuntan que los llevan «a otros puntos».

Los autobuses, uno tras otro, se marchan. Temas Inmigrantes Marruecos Ceuta comentarios Reportar un error Indignación y tristeza de los vecinos de Ceuta: «La ciudad ha sido abandonada por los Gobiernos» Natalia Loizaga Freidora de aire, heladera y ventilador: mis 3 imprescindibles de SharkNinja para el verano Alejandra Santisteban Guiu Jordi Cruz, sobre sus inicios en televisión: «Tuve dos años que viví la noche en Madrid.

Probé cosas, pero no me sentaron bien» Francisco J. Jurado David Céspedes, experto en longevidad: «No existe evidencia científica de que los huevos aumenten el colesterol»

Publicado por Redacción · martes, 4 de agosto de 2026

ReversoDigital — Pensamiento crítico, anti‑propaganda.

← Ver más noticias
Desesperada vigilia por sus hijos en la frontera: «No podemos dormir» · ReversoDigital