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Internacional
miércoles, 19 de agosto de 2026

Logran, por primera vez, mantener vivos minicerebros humanos durante seis años

En investigación médica, ' organoides ' es la palabra de moda. Se trata de diminutas réplicas tridimensionales y miniaturizadas de tejidos humanos que los científicos crean en sus laboratorios a parti

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Logran, por primera vez, mantener vivos minicerebros humanos durante seis años El hito científico permite observar en tiempo real cómo maduran las células neuronales y abre una ventana inédita al estudio de enfermedades como el autismo, actualmente imposibles de investigar a largo plazo Regala esta noticia Añádenos en Google Organoides cerebrales humanos muestran neuronas y sus dendritas (en verde), células telencefálicas (azul) y un tipo células de contacto entre células llamado 'uniones estrechas' (rojo). (Noelia Anton Bolanos e Irene Faravelli) José Manuel Nieves 19/08/2026 a las 17:00h. En investigación médica, 'organoides' es la palabra de moda. Se trata de diminutas réplicas tridimensionales y miniaturizadas de tejidos humanos que los científicos crean en sus laboratorios a partir de células madre pluripotentes.

Estructuras milimétricas que se autoorganizan y reproducen en las placas de ... Petri la arquitectura y el funcionamiento básico de los órganos reales. Tenemos ya organoides de un buen número de órganos: corazones, hígados capaces de segregar bilis, riñones en miniatura, intestinos, pulmones y, por supuesto, también del órgano más complejo de todos: el cerebro.

Sin embargo, y a pesar de sus enormes ventajas y de haber supuesto un salto de gigante en neurobiología, estos organoides cerebrales tenían un serio problema: apenas lograban sobrevivir y 'evolucionar' durante unos pocos meses mientras que un cerebro humano, por el contrario, es una maquinaria que tarda unos veinte años en madurar por completo. En la práctica, eso significaba que estos 'minicerebros' sólo permitían investigar la evolución cerebral durante los primeros meses de vida de un bebé. Pero no era posible predecir cómo podrían evolucionar a largo plazo ciertas patologías del neurodesarrollo o enfermedades psiquiátricas.

Pero eso acaba de cambiar para siempre. Un equipo de investigadores financiados por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE.UU. y dirigidos por la bióloga Paola Arlotta, de la Universidad de Harvard, acaba de lograr algo que parecía imposible: mantener vivos y en constante maduración organoides cerebrales durante casi seis años. El trabajo, recién publicado en 'Nature', marca un antes y un después en la investigación del cerebro humano.

Noticia relacionada El laboratorio español que programa bacterias como si fuesen ordenadores Patricia Biosca Como explican los propios autores, cultivar con éxito durante años en laboratorio este complejo tejido, repleto de múltiples tipos de células cerebrales, nos permite al fin obtener una representación extraordinariamente precisa de cómo se desarrollan y maduran nuestros cerebros a lo largo del tiempo. Superando la barrera del tiempo En el pasado, cualquier intento de prolongar la vida de estos delicados tejidos chocaba siempre contra el mismo muro. Por un lado, los organoides cerebrales acababan teniendo una altísima variabilidad entre los distintos lotes, lo cual limitaba mucho la continuidad de las investigaciones; y por otro, las células más vulnerables y preciadas, como las neuronas, morían inevitablemente de forma prematura.

El equipo de Arlotta ya había dado un gran paso en investigaciones anteriores, logrando crear un método para producir organoides de la corteza cerebral a partir de células madre que garantizaba una composición celular altamente consistente. Pero aún había que superar el 'salto temporal'. Algo que Arlotta y su equipo han conseguido ahora sumergiendo el tejido en un fluido especialmente diseñado que incrementó su actividad.

Newsletter Gracias a eso, los investigadores detectaron una evolución alucinante: la aparición de las neuronas y de sus células gliales de soporte seguía exactamente la misma cadencia y ritmo que se da de forma natural en el desarrollo posnatal de un cerebro humano. Es más, esas neuronas se volvieron funcionalmente maduras, creando conexiones sinápticas entre sí y lanzando señales eléctricas que los organoides sostuvieron durante, al menos, dos años. Los investigadores crearon 'organoides quiméricos'.

En pocas palabras, mezclaron neuronas progenitoras procedentes de organoides muy maduros y viejos con otras células extraídas de cultivos jóvenes «El cerebro -explica la coautora principal del estudio, Irene Faravelli- no se desarrolla en el vacío. Es un órgano de increíble complejidad que interactúa con muchos otros sistemas. No era en absoluto seguro que nuestro modelo simplificado coincidiera con el desarrollo natural de tantas formas como lo ha hecho».

El experimento de las 'quimeras' Para estar del todo seguros de que este 'milagro' cronológico no era un mero accidente fortuito provocado por el entorno químico, los investigadores fueron un paso más allá y diseñaron un experimento digno de la ciencia ficción más extrema: crearon 'organoides quiméricos'. En pocas palabras, mezclaron neuronas progenitoras procedentes de organoides muy maduros y viejos con otras células extraídas de cultivos jóvenes. Fue algo parecido a poner a un adulto a jugar en el patio de un colegio.

¿Empezará a comportarse como un niño porque su entorno así se lo exige? No sabemos muy bien lo que haría el adulto en tales circunstancias, pero en el caso de estas células cerebrales, la respuesta fue un rotundo 'no'. Es decir, que a pesar de estar rodeadas de señales químicas inmaduras, las células más viejas siguieron progresando y madurando como si aún estuvieran en su antiguo organoide.

Se saltaron las fases tempranas de desarrollo y lograron producir tipos de neuronas maduras en apenas dos semanas, un proceso que normalmente llevaría dos meses. Hasta ahora, investigar dolencias a largo plazo era imposible porque los cultivos, muy inestables, morían a los pocos meses de ser creados «Me gusta pensar en esto como una especie de 'distorsión del tiempo de desarrollo', que indica que las células del organoide registran y recuerdan el tiempo que ya han pasado en cultivo -asegura Paola Arlotta-. Esto sugiere que su desarrollo está impulsado por un reloj intrínseco celular que refleja los mecanismos del desarrollo endógeno del cerebro humano».

Una esperanza real contra el autismo Las implicaciones de este estudio son abrumadoras. Hasta ahora, modelos animales como los ratones reproducían algunas características de nuestro desarrollo cerebral, pero su corto ciclo vital no era el ideal para recrear un proceso que en nosotros tarda más de dos décadas. Ahora, la asombrosa coincidencia entre la edad biológica de estos organoides y su edad cronológica ha roto por fin esa barrera.

«La longevidad sin precedentes y las cualidades realistas de estos modelos de tejido -asegura Andrea Beckel-Mitchener, directora interina del Instituto Nacional de Salud Mental de los NIH- podrían brindarnos la oportunidad de profundizar en cómo surgen y se desarrollan afecciones como el autismo más adelante en la vida». El siguiente paso, según la propia Arlotta, será seguir empujando los límites: aumentar la complejidad anatómica de estas estructuras, simular trastornos genéticos e incluso probar directamente nuevas terapias que eludan enfermedades devastadoras. Queda todavía mucho por aprender sobre cómo se construye nuestro cerebro.

Pero los científicos ya están en ese camino, viéndolo nacer y crecer en una placa de laboratorio. comentarios Reportar un error Logran, por primera vez, mantener vivos minicerebros humanos durante seis años El hito científico permite observar en tiempo real cómo maduran las células neuronales y abre una ventana inédita al estudio de enfermedades como el autismo, actualmente imposibles de investigar a largo plazo Regala esta noticia Añádenos en Google Organoides cerebrales humanos muestran neuronas y sus dendritas (en verde), células telencefálicas (azul) y un tipo células de contacto entre células llamado 'uniones estrechas' (rojo). (Noelia Anton Bolanos e Irene Faravelli) José Manuel Nieves 19/08/2026 a las 17:00h. En investigación médica, 'organoides' es la palabra de moda. Se trata de diminutas réplicas tridimensionales y miniaturizadas de tejidos humanos que los científicos crean en sus laboratorios a partir de células madre pluripotentes.

Estructuras milimétricas que se autoorganizan y reproducen en las placas de ... Petri la arquitectura y el funcionamiento básico de los órganos reales. Tenemos ya organoides de un buen número de órganos: corazones, hígados capaces de segregar bilis, riñones en miniatura, intestinos, pulmones y, por supuesto, también del órgano más complejo de todos: el cerebro.

Sin embargo, y a pesar de sus enormes ventajas y de haber supuesto un salto de gigante en neurobiología, estos organoides cerebrales tenían un serio problema: apenas lograban sobrevivir y 'evolucionar' durante unos pocos meses mientras que un cerebro humano, por el contrario, es una maquinaria que tarda unos veinte años en madurar por completo. En la práctica, eso significaba que estos 'minicerebros' sólo permitían investigar la evolución cerebral durante los primeros meses de vida de un bebé. Pero no era posible predecir cómo podrían evolucionar a largo plazo ciertas patologías del neurodesarrollo o enfermedades psiquiátricas.

Pero eso acaba de cambiar para siempre. Un equipo de investigadores financiados por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE.UU. y dirigidos por la bióloga Paola Arlotta, de la Universidad de Harvard, acaba de lograr algo que parecía imposible: mantener vivos y en constante maduración organoides cerebrales durante casi seis años. El trabajo, recién publicado en 'Nature', marca un antes y un después en la investigación del cerebro humano.

Noticia relacionada El laboratorio español que programa bacterias como si fuesen ordenadores Patricia Biosca Como explican los propios autores, cultivar con éxito durante años en laboratorio este complejo tejido, repleto de múltiples tipos de células cerebrales, nos permite al fin obtener una representación extraordinariamente precisa de cómo se desarrollan y maduran nuestros cerebros a lo largo del tiempo. Superando la barrera del tiempo En el pasado, cualquier intento de prolongar la vida de estos delicados tejidos chocaba siempre contra el mismo muro. Por un lado, los organoides cerebrales acababan teniendo una altísima variabilidad entre los distintos lotes, lo cual limitaba mucho la continuidad de las investigaciones; y por otro, las células más vulnerables y preciadas, como las neuronas, morían inevitablemente de forma prematura.

El equipo de Arlotta ya había dado un gran paso en investigaciones anteriores, logrando crear un método para producir organoides de la corteza cerebral a partir de células madre que garantizaba una composición celular altamente consistente. Pero aún había que superar el 'salto temporal'. Algo que Arlotta y su equipo han conseguido ahora sumergiendo el tejido en un fluido especialmente diseñado que incrementó su actividad.

Newsletter Gracias a eso, los investigadores detectaron una evolución alucinante: la aparición de las neuronas y de sus células gliales de soporte seguía exactamente la misma cadencia y ritmo que se da de forma natural en el desarrollo posnatal de un cerebro humano. Es más, esas neuronas se volvieron funcionalmente maduras, creando conexiones sinápticas entre sí y lanzando señales eléctricas que los organoides sostuvieron durante, al menos, dos años. Los investigadores crearon 'organoides quiméricos'.

En pocas palabras, mezclaron neuronas progenitoras procedentes de organoides muy maduros y viejos con otras células extraídas de cultivos jóvenes «El cerebro -explica la coautora principal del estudio, Irene Faravelli- no se desarrolla en el vacío. Es un órgano de increíble complejidad que interactúa con muchos otros sistemas. No era en absoluto seguro que nuestro modelo simplificado coincidiera con el desarrollo natural de tantas formas como lo ha hecho».

El experimento de las 'quimeras' Para estar del todo seguros de que este 'milagro' cronológico no era un mero accidente fortuito provocado por el entorno químico, los investigadores fueron un paso más allá y diseñaron un experimento digno de la ciencia ficción más extrema: crearon 'organoides quiméricos'. En pocas palabras, mezclaron neuronas progenitoras procedentes de organoides muy maduros y viejos con otras células extraídas de cultivos jóvenes. Fue algo parecido a poner a un adulto a jugar en el patio de un colegio.

¿Empezará a comportarse como un niño porque su entorno así se lo exige? No sabemos muy bien lo que haría el adulto en tales circunstancias, pero en el caso de estas células cerebrales, la respuesta fue un rotundo 'no'. Es decir, que a pesar de estar rodeadas de señales químicas inmaduras, las células más viejas siguieron progresando y madurando como si aún estuvieran en su antiguo organoide.

Se saltaron las fases tempranas de desarrollo y lograron producir tipos de neuronas maduras en apenas dos semanas, un proceso que normalmente llevaría dos meses. Hasta ahora, investigar dolencias a largo plazo era imposible porque los cultivos, muy inestables, morían a los pocos meses de ser creados «Me gusta pensar en esto como una especie de 'distorsión del tiempo de desarrollo', que indica que las células del organoide registran y recuerdan el tiempo que ya han pasado en cultivo -asegura Paola Arlotta-. Esto sugiere que su desarrollo está impulsado por un reloj intrínseco celular que refleja los mecanismos del desarrollo endógeno del cerebro humano».

Una esperanza real contra el autismo Las implicaciones de este estudio son abrumadoras. Hasta ahora, modelos animales como los ratones reproducían algunas características de nuestro desarrollo cerebral, pero su corto ciclo vital no era el ideal para recrear un proceso que en nosotros tarda más de dos décadas. Ahora, la asombrosa coincidencia entre la edad biológica de estos organoides y su edad cronológica ha roto por fin esa barrera.

«La longevidad sin precedentes y las cualidades realistas de estos modelos de tejido -asegura Andrea Beckel-Mitchener, directora interina del Instituto Nacional de Salud Mental de los NIH- podrían brindarnos la oportunidad de profundizar en cómo surgen y se desarrollan afecciones como el autismo más adelante en la vida». El siguiente paso, según la propia Arlotta, será seguir empujando los límites: aumentar la complejidad anatómica de estas estructuras, simular trastornos genéticos e incluso probar directamente nuevas terapias que eludan enfermedades devastadoras. Queda todavía mucho por aprender sobre cómo se construye nuestro cerebro.

Pero los científicos ya están en ese camino, viéndolo nacer y crecer en una placa de laboratorio. comentarios Reportar un error El laboratorio español que programa bacterias como si fuesen ordenadores Patricia Biosca La cancelación de ruido no es de auriculares de 200 euros: 5 modelos por menos que un tope de gama Alejandra Santisteban Guiu Javier Bardem: «Sé que tipo de padre quiero ser. No quiero estar encima de ellos diciéndoles qué hacer y cómo hacerlo» Almudena Martín Jorge Rey alerta sobre lo va a pasar con el tiempo en España y es lo que mucha gente espera: «Las máximas pueden bajar de 20 grados en estas zonas»

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Publicado por Redacción · miércoles, 19 de agosto de 2026

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