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Internacional
sábado, 1 de agosto de 2026

Zapatero no quiere denuncias falsas

Todo ha quedado enterrado bajo incendios desaforados, muchedumbres que entran en Ceuta y pisos de lujo comprados por la Comunidad de Madrid y luego vendidos tras el escándalo. Sin embargo, yo no quier

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Zapatero no quiere denuncias falsas En el caso improbable de que su proceso quedara en nada, al menos habría probado el plato que él mismo cocinó y obligó a comer a todos los hombres españoles Escucha el artículo. 6 min Escucha el artículo. 6 min Regala esta noticia Añádenos en Google (Gabriel Sanz) Juan Soto Ivars 01/08/2026 Actualizado a las 20:12h. Todo ha quedado enterrado bajo incendios desaforados, muchedumbres que entran en Ceuta y pisos de lujo comprados por la Comunidad de Madrid y luego vendidos tras el escándalo. Sin embargo, yo no quiero olvidar aquel momento en 'Mañaneros 360', durante la entrevista de Javier Ruiz ... a Zapatero.

En un momento inolvidable, el expresidente se cargó de electricidad estática y proclamó: «Quien insinúa, acusa, ¡tiene que probarlo! Y además asumir la responsabilidad de que, si no es cierto, la responsabilidad que tenga». La frase no es gramaticalmente correcta pero se entiende el sentido.

Siente José Luis Rodríguez Zapatero que la abrumadora cantidad de indicios en su contra componen una suerte de denuncia falsa. No sé quién insinúa según él, si Calama o su presunto testaferro. Habla sin tregua de su presunción de inocencia, la manosea como un anillo, la abrillanta, y yo me río, porque Zapatero fue el responsable de poner en hielo la presunción de inocencia de todos los varones en España.

Su gobierno convirtió el sintagma «denuncia falsa» en un supuesto atentado contra la seguridad de las mujeres. La primera ley que aprobó ese hombre hizo pedazos un derecho elemental para la mitad de la población y llevan más de veinte años presumiendo de ello. Los tribunales españoles notaron la proliferación de denuncias instrumentales y falsas en procesos de divorcio desde la mismísima entrada en vigor del texto.

Esas denuncias dejaban a los hombres en un limbo de criminalidad hasta que se resolvían, con frecuencia en forma de absolución o archivo. Nadie ha exigido nunca ninguna responsabilidad a quien «insinúa, acusa» en este terreno. Al contrario: el sistema considera víctima incluso a quien no probó su acusación o despertó sospechas.

Un número asombroso pero desconocido de varones, hombres como Zapatero, han padecido esta arbitrariedad. Vieron cómo se pisoteaba su vida sin que nadie persiguiera a quien «insinúa, acusa». Uno de ellos fue el ministro de Justicia de Zapatero que defendió esta ley que pretendía erradicar la violencia en el Congreso de los Diputados.

A Juan Fernando López Aguilar lo denunció su exmujer. «Todo es falso –dijo–. Pido a mis compañeros que confíen en mi inocencia».

Ellos le retiraron la militancia mientras se desarrollaba el proceso en el Supremo. Durante un tiempo estuvo en ese limbo que tantos otros han visto por dentro. Cuando el tribunal se inclinó por su inocencia, en el PSOE lo restituyeron con honores.

En el acto del 20º aniversario de la ley, le dieron una medalla al mérito feminista. Que Zapatero hable de la presunción de inocencia y la pertinencia de perseguir a quien acusa en falso es posiblemente el rasgo más atroz de su cinismo. Como cuando perora de paz y derechos humanos mientras colabora con la dictadura venezolana o cuando proclama que ser socialista es tener poco y estar dispuesto a dar mucho con joyas de más de un millón de euros sin declarar y escondidas en una caja fuerte.

Lo peor de todo es que se les advirtió desde sus propios aromas ideológicos y no hicieron caso. Las primeras personas que elevaron la voz de alarma hace veinte años fueron juezas progresistas. Nada más entrar en vigor la ley, la juez María Sanahuja, de Jueces Para la Democracia, dijo: «Los jueces estamos vomitando tal cantidad de órdenes de protección a mujeres que muchas de ellas ya no se pueden controlar y las que se han acordado, amenazan con paralizar a la Policía».

Añadió que «no sólo estamos provocando problemas con las órdenes de protección a las mujeres, estamos también haciendo millares de detenciones para nada. Con la reforma del Código Penal hemos convertido en delincuentes a la inmensa mayoría de maridos y parejas, como consecuencia de la tensiones que se producen en los momentos más conflictivos de las separaciones y divorcios». En 2006 pidió una reforma razonable del Código Penal en materia de violencia de género.

Se sumaron a su petición otras juristas progresistas como Manuela Carmena o Empar Pineda en un artículo conjunto en 'El País', donde tacharon la ley de violencia de género como un texto que infantiliza a las mujeres y criminaliza a los hombres. María Poza, también progresista, fue la juez murciana que elevó las dos primeras cuestiones de inconstitucionalidad. Pero sobre todas estas voces pasó el gobierno de Rodríguez Zapatero con el rodillo aupado en el lomo de las organizaciones feministas que habían ideado la ley y ahora la consideraban un texto sagrado.

Se desató la persecución y los linchamientos mediáticos. María Sanahuja abandonó el debate con la espalda sembrada de flechas. Pero como la realidad seguía manifestándose de manera implacable en todos los tribunales españoles, la Fiscalía tuvo que tomar cartas en el asunto.

Para negar la existencia de las denuncias falsas elaboraron un dato falso. Pretendían cimentar la idea de que ninguna mujer aprovecharía un resorte que convierte el duro proceso del divorcio en un tablero inclinado. Cada año dicen que sólo el 0,01% de las denuncias de violencia de género son falsas, con lo que la Fiscalía no hace más que constatar que no persigue de oficio estos fraudes de ley.

Las historias brotadas de este manantial de injusticia son tan escalofriantes como las de las mujeres maltratadas que no logran liberarse. Hay hombres pulverizados, niños sin padres, abuelos sin nietos. Pero sobre todo hay una inmensa impunidad.

En España se tomó la decisión de negar la existencia del problema en todos los frentes y no perseguir a quien comete este fraude por ventaja o por venganza. Luego, con los juicios mediáticos del MeToo, ya ni siquiera haría falta un tribunal. Unos cuantos titulares a partir de testimonios anónimos servían para marcar de por vida a una persona.

¿De qué se queja Zapatero? En el caso improbable de que su proceso quedara en nada, al menos habría probado el plato que él mismo cocinó y obligó a comer a todos los hombres españoles. Por eso empecé a reírme cuando le oí decir aquello.

Y por eso, pese a que la actualidad esté preñada de asuntos urgentes e importantes, he querido dejar clavada esta mariposa exótica en el corcho con unas cuantas agujas. Y ahora me voy de vacaciones. Volveré a escribir la última semana de agosto.

Feliz verano. Temas España Ceuta Comunidad de Madrid José Luis Rodríguez Zapatero comentarios Reportar un error Zapatero no quiere denuncias falsas En el caso improbable de que su proceso quedara en nada, al menos habría probado el plato que él mismo cocinó y obligó a comer a todos los hombres españoles Escucha el artículo. 6 min Escucha el artículo. 6 min Regala esta noticia Añádenos en Google (Gabriel Sanz) Juan Soto Ivars 01/08/2026 Actualizado a las 20:12h. Todo ha quedado enterrado bajo incendios desaforados, muchedumbres que entran en Ceuta y pisos de lujo comprados por la Comunidad de Madrid y luego vendidos tras el escándalo.

Sin embargo, yo no quiero olvidar aquel momento en 'Mañaneros 360', durante la entrevista de Javier Ruiz ... a Zapatero. En un momento inolvidable, el expresidente se cargó de electricidad estática y proclamó: «Quien insinúa, acusa, ¡tiene que probarlo! Y además asumir la responsabilidad de que, si no es cierto, la responsabilidad que tenga».

La frase no es gramaticalmente correcta pero se entiende el sentido. Siente José Luis Rodríguez Zapatero que la abrumadora cantidad de indicios en su contra componen una suerte de denuncia falsa. No sé quién insinúa según él, si Calama o su presunto testaferro.

Habla sin tregua de su presunción de inocencia, la manosea como un anillo, la abrillanta, y yo me río, porque Zapatero fue el responsable de poner en hielo la presunción de inocencia de todos los varones en España. Su gobierno convirtió el sintagma «denuncia falsa» en un supuesto atentado contra la seguridad de las mujeres. La primera ley que aprobó ese hombre hizo pedazos un derecho elemental para la mitad de la población y llevan más de veinte años presumiendo de ello.

Los tribunales españoles notaron la proliferación de denuncias instrumentales y falsas en procesos de divorcio desde la mismísima entrada en vigor del texto. Esas denuncias dejaban a los hombres en un limbo de criminalidad hasta que se resolvían, con frecuencia en forma de absolución o archivo. Nadie ha exigido nunca ninguna responsabilidad a quien «insinúa, acusa» en este terreno.

Al contrario: el sistema considera víctima incluso a quien no probó su acusación o despertó sospechas. Un número asombroso pero desconocido de varones, hombres como Zapatero, han padecido esta arbitrariedad. Vieron cómo se pisoteaba su vida sin que nadie persiguiera a quien «insinúa, acusa».

Uno de ellos fue el ministro de Justicia de Zapatero que defendió esta ley que pretendía erradicar la violencia en el Congreso de los Diputados. A Juan Fernando López Aguilar lo denunció su exmujer. «Todo es falso –dijo–.

Pido a mis compañeros que confíen en mi inocencia». Ellos le retiraron la militancia mientras se desarrollaba el proceso en el Supremo. Durante un tiempo estuvo en ese limbo que tantos otros han visto por dentro.

Cuando el tribunal se inclinó por su inocencia, en el PSOE lo restituyeron con honores. En el acto del 20º aniversario de la ley, le dieron una medalla al mérito feminista. Que Zapatero hable de la presunción de inocencia y la pertinencia de perseguir a quien acusa en falso es posiblemente el rasgo más atroz de su cinismo.

Como cuando perora de paz y derechos humanos mientras colabora con la dictadura venezolana o cuando proclama que ser socialista es tener poco y estar dispuesto a dar mucho con joyas de más de un millón de euros sin declarar y escondidas en una caja fuerte. Lo peor de todo es que se les advirtió desde sus propios aromas ideológicos y no hicieron caso. Las primeras personas que elevaron la voz de alarma hace veinte años fueron juezas progresistas.

Nada más entrar en vigor la ley, la juez María Sanahuja, de Jueces Para la Democracia, dijo: «Los jueces estamos vomitando tal cantidad de órdenes de protección a mujeres que muchas de ellas ya no se pueden controlar y las que se han acordado, amenazan con paralizar a la Policía». Añadió que «no sólo estamos provocando problemas con las órdenes de protección a las mujeres, estamos también haciendo millares de detenciones para nada. Con la reforma del Código Penal hemos convertido en delincuentes a la inmensa mayoría de maridos y parejas, como consecuencia de la tensiones que se producen en los momentos más conflictivos de las separaciones y divorcios».

En 2006 pidió una reforma razonable del Código Penal en materia de violencia de género. Se sumaron a su petición otras juristas progresistas como Manuela Carmena o Empar Pineda en un artículo conjunto en 'El País', donde tacharon la ley de violencia de género como un texto que infantiliza a las mujeres y criminaliza a los hombres. María Poza, también progresista, fue la juez murciana que elevó las dos primeras cuestiones de inconstitucionalidad.

Pero sobre todas estas voces pasó el gobierno de Rodríguez Zapatero con el rodillo aupado en el lomo de las organizaciones feministas que habían ideado la ley y ahora la consideraban un texto sagrado. Se desató la persecución y los linchamientos mediáticos. María Sanahuja abandonó el debate con la espalda sembrada de flechas.

Pero como la realidad seguía manifestándose de manera implacable en todos los tribunales españoles, la Fiscalía tuvo que tomar cartas en el asunto. Para negar la existencia de las denuncias falsas elaboraron un dato falso. Pretendían cimentar la idea de que ninguna mujer aprovecharía un resorte que convierte el duro proceso del divorcio en un tablero inclinado.

Cada año dicen que sólo el 0,01% de las denuncias de violencia de género son falsas, con lo que la Fiscalía no hace más que constatar que no persigue de oficio estos fraudes de ley. Las historias brotadas de este manantial de injusticia son tan escalofriantes como las de las mujeres maltratadas que no logran liberarse. Hay hombres pulverizados, niños sin padres, abuelos sin nietos.

Pero sobre todo hay una inmensa impunidad. En España se tomó la decisión de negar la existencia del problema en todos los frentes y no perseguir a quien comete este fraude por ventaja o por venganza. Luego, con los juicios mediáticos del MeToo, ya ni siquiera haría falta un tribunal.

Unos cuantos titulares a partir de testimonios anónimos servían para marcar de por vida a una persona. ¿De qué se queja Zapatero? En el caso improbable de que su proceso quedara en nada, al menos habría probado el plato que él mismo cocinó y obligó a comer a todos los hombres españoles.

Por eso empecé a reírme cuando le oí decir aquello. Y por eso, pese a que la actualidad esté preñada de asuntos urgentes e importantes, he querido dejar clavada esta mariposa exótica en el corcho con unas cuantas agujas. Y ahora me voy de vacaciones.

Volveré a escribir la última semana de agosto. Feliz verano. Temas España Ceuta Comunidad de Madrid José Luis Rodríguez Zapatero comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero.

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Publicado por Redacción · sábado, 1 de agosto de 2026

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