Björn Borg: «Sobreviví a un accidente, dos sobredosis... y volví al tenis. Si no lo hubiera hecho, estaría muerto»
Un apartamento en el centro de Ibiza: Björn Borg y su esposa, Patricia, aguardan en la puerta. Se han instalado en la isla balear, aunque siguen viajando con frecuencia, por ejemplo, para acompañar a
Björn Borg: «Sobreviví a un accidente, dos sobredosis... y volví al tenis. Si no lo hubiera hecho, estaría muerto» Sexo, drogas, alcohol...
Björn Borg lo cuenta todo en sus descarnadas memorias, donde el hombre que hizo del tenis un deporte global confiesa sus pecados. Nos recibe en su casa de Ibiza. Regala esta noticia Añádenos en Google Florian Haupt | Mattias Edwall 31/07/2026 a las 11:39h.
Un apartamento en el centro de Ibiza: Björn Borg y su esposa, Patricia, aguardan en la puerta. Se han instalado en la isla balear, aunque siguen viajando con frecuencia, por ejemplo, para acompañar a su hijo Leo (número 534 del ranking del tenis profesional), de ... 23 años, a los torneos. Borg, una de las mayores estrellas de la historia del deporte, el hombre que popularizó el tenis como espectáculo de masas, celebró su 70 cumpleaños el pasado 6 de junio.
Entre 1974 y 1981, Borg ganó once Grand Slam (seis Roland Garros y cinco Wimbledon) antes de retirarse, para sorpresa de todo el mundo, con apenas 25 años. Arrancó entonces una pesadilla de la cual el tenista sueco, quien en otoño anunció que padece un cáncer de próstata, tardaría años en escapar. Alcohol, cocaína y otras drogas, prostitutas, sexo extremo e incluso una experiencia cercana a la muerte, de todo ello habla Borg en sus descarnadas memorias, Latidos, (editado en España por Alianza) escritas con ayuda de su mujer y donde revela al mundo los recuerdos más intensos de un icono que sufrió como pocos el peso de la fama y una espiral destructiva que a punto estuvo de llevárselo por delante.
XLSemanal. Para un matrimonio, ¿es arriesgado escribir un libro juntos? Björn Borg.
Ambos estamos muy contentos. Durante décadas recibí innumerables ofertas. Quería contar la historia de mi vida con mis propias palabras, pero no quería sentarme durante horas, semanas, meses con alguien que no conozco.
XL. Así que finalmente se lo preguntó a su esposa. B.B.
Nos conocemos desde hace 26 años; ella conoce mis sentimientos, mi personalidad y el tenis. A veces me enseñaba textos suyos de la universidad. Me gustaban muchísimo.
Un día, hace tres años y medio, cenábamos en un restaurante de Estocolmo y se lo pregunté. XL. ¿Aceptó?
B.B. «Eso implica mucha responsabilidad –me dijo–, déjame pensarlo». Al día siguiente aceptó.
Trabajamos en ello tres años y contiene todo lo que quería. Era importante desahogarme porque tenía muchos sentimientos negativos, culpa. He tomado muchas decisiones equivocadas en mi vida, con las drogas y todo eso.
El legendario extenista hoy, a sus 70 años. XL. ¿Fue una forma de terapia?
B.B. Terapia, confesión, como quieras llamarlo. Incluso hoy pienso a veces en lo que hice mal, en cómo pude tomar ese camino.
Intento comprender por qué hice todas esas tonterías. Ahora todo está a la vista y me siento mejor, porque antes la gente no sabía lo que estaba pasando. Fue terrible.
Pero lo superé. Sobreviví. XL.
Sufrió un accidente de coche en 1975, casi se ahoga dos veces y casi muere otras dos por sobredosis... B.B. Sí, sobreviví a todo y volví al tenis.
Fue una hazaña. No quería volver a ser un buen tenista, solo necesitaba una rutina estructurada que me ayudara a dejar atrás las drogas. Despertarme y jugar al tenis.
«El tenis era muy tradicional hasta que llegamos nosotros. Pelo largo, cintas para la cabeza, jugábamos diferente... Éramos como estrellas del rock»
XL. En 1991, casi diez años después de su retiro, volvió a competir en Montecarlo... B.B.
Solo mis padres y yo sabíamos lo grave que había sido mi estado. En 1990 pasé seis meses en Londres. Me alojaba en el mismo hotel, en la misma habitación.
Horario fijo. Cuando llegué a Montecarlo, todos decían: «¡Será emocionante! Björn vuelve a la competición, esperamos mucho de él».
Pero nadie sabía que volvía a competir para vivir. Si no hubiera vuelto a jugar, habría muerto. XL.
¿Qué drogas tomó? B.B. Solo cocaína.
Lo digo en serio, pero ya es bastante malo. XL. ¿Cómo sucedió eso?
B.B. Durante mi carrera, siempre estuve muy concentrado: dormir, comer, jugar al tenis. Y no me arrepiento, me encantaba.
Pero cuando llegaba a un hotel, había 500 personas en recepción. Nunca tenía privacidad. Disfrutaba del tenis, pero eso no es vivir de verdad.
Así que me dije: «Esto no puede ser». Su rivalidad con el estadounidense John McEnroe fue determinante en su carrera. Borg, de hecho, se retiró poco después de perder contra él su cuarta final del US Open un torneo que nunca ganó.
Borg contó más tarde que ya dudab de su motivación; la derrota le confirmó ese sentimiento. «Sentí un vacío total», rememora. XL.
Quería escapar. B.B. Perdí la motivación.
Solo lamento no haber seguido vinculado al tenis. Tenía muchos patrocinadores que así lo querían y les dije que no. Qué tonto fui.
Dejé atrás a mis amigos, mis conocidos, al mundo que llevaba en mi corazón. Era agradable no tener obligaciones, despertarme y hacer lo que quisiera, pero solo por un tiempo. ¿Y después?
Necesitas un propósito. Pero me metí en una vida diferente. Una vida muy mala.
XL. Cuando ves imágenes antiguas, hay una expectación a su alrededor como la que había con los Beatles. B.B.
Éramos como estrellas de rock. Fuimos los pioneros del tenis. Hice mucho por este deporte y estoy orgulloso.
Cuando me retiré, me decían: «¿Por qué no te tomas tres meses de descanso y sigues vinculado al tenis?», pero yo respondía: «No, ya terminé». Un error garrafal. XL.
Cuando se retiró, ¿sintió que debía redescubrir a Björn? B.B. Sí, eso lo resume todo.
En 1981 acababa de perder la final del US Open contra McEnroe, pero seguía jugando bien. A pesar de eso y del éxito, cuando estuve de vuelta en casa, en Long Island (Nueva York), supe que no podía seguir, que esa vida no era para mí. Es una de las peores sensaciones que se pueden tener.
XL. Tenía una imagen de 'hombre de hielo'. ¿Quizá explotó por haber reprimido muchas emociones?
Borg con sus padres, Rune, electricista, y Margaretha, que alentaron su afición al deporte. Siendo Borg niño, Rune ganó una raqueta como premio en un torneo de ping-pong. Björn se la quedó y así empezó todo, golpeando una bola horas y horas contra la pared del garaje.
B.B. Con 11 años era pésimo en la cancha, horrible. Hacía trampas, tiraba raquetas...
Mi club convocó a mis padres y les dijo: «Su hijo se está portando tan mal que tenemos que suspenderlo seis meses». Mis padres estaban muy avergonzados. Regresé y ya no dije una palabra.
No quería que me suspendieran; amaba el tenis. XL. ¿Nunca más lo vetaron?
B.B. Seguía teniendo muchas emociones, pero aprendí a controlarlas. Fue un proceso largo, pero lo logré: nada podía perturbarme.
La gente me veía y decía: «Es un hombre de hielo. No tiene sentimientos». XL.
¿Dónde quedaron? B.B. Cuando perdí y volví al hotel, ¿quién crees que se comía toda esa mierda?
Mi entrenador. XL. Lennart Bergelin, su famoso mentor.
B.B. Me aguantaba. Podía volverme loco, pero él sabía que me calmaría en diez minutos.
Lennart sabía cómo tratarme. «Con 11 años hacía trampas, tiraba raquetas... Mi club me suspendió seis meses.
Mis padres estaban avergonzados. No volví a decir una palabra» XL.
En un torneo en Estados Unidos contra McEnroe, que le gritaba al árbitro y a todos, lo llamaste a la red y le dijiste: «John, vamos, es solo un juego». B.B. Me miró como si estuviera loco.
Pero me hizo caso. Tras ese partido, nos hicimos aún más amigos. Lo seguimos siendo.
XL. ¿Alguna vez envidió su expresividad? B.B.
Nunca. Sabía que volverme loco no me haría bien. Él tenía que hacerlo.
Yo no. XL. ¿Cómo le demostró McEnroe su respeto?
B.B. Tras aquel incidente, no volvió a hacer nada en nuestros partidos. Contra los demás se quejaba sin parar; contra mí se portaba muy bien.
Borg huye de sus fans en Wimbledon en 1974.. XL. Sus duelos con él fueron la rivalidad por excelencia de la época dorada del tenis.
Al leer su libro, pensé: «Qué época tan relajada». Viajar siendo adolescente por Europa en furgoneta con otros talentos suecos, Bergelin al volante y escuchando casetes de Elvis… B.B. Yo tendría 14 años; los demás eran tres o cuatro años mayores.
Formar parte de esa vida, en esa época, fue fantástico. No podría haber deseado un mejor comienzo. XL.
De repente se convirtió en un ídolo. ¿Se dio cuenta de que algo especial estaba sucediendo, de que usted era el símbolo de un cambio? B.B.
El tenis era muy tradicional hasta que llegamos nosotros. Pelo largo, cintas para el pelo, jugábamos diferente, nos convertimos en las estrellas de nuestra generación. Llevamos el tenis a otro nivel, pero yo no lo veía así entonces.
Solo se trataba de ganar partidos y torneos. Borg con Loredana Bertè, su segunda esposa. Bertè ha contado que, una vez, tras un partido, Borg pidió prostitutas vestidas de cuero y con látigos para hacer una orgía.
XL. Su legado deportivo es inmenso y el estético no se queda atrás. Los hipsters siguen luciendo cintas para el pelo.
¿Elegía su propia ropa o se adaptaba a lo que le daban? B.B. Tenía contrato con Fila, la ropa estaba muy bien diseñada y, simplemente, la usaba.
A menos que tuviese alguna superstición. XL. ¿Era supersticioso?
B.B. Sin duda. Después de ganar París y Wimbledon una vez, necesitaba ponerme la misma ropa en otros partidos.
XL. ¿Qué siente al ser considerado un icono de estilo, parte de la cultura pop? B.B.
Es muy bonito cuando me dicen: «Has hecho mucho por el tenis y todo lo relacionado con él». Me ponía un collar, por ejemplo. Ningún jugador los había usado antes y luego todos empezaron a llevarlos.
Pero yo lo hice porque me gustaba, sin más. Borg y Mariana Simionescu, su primera mujer, abrieron sus vidas a la prensa. En 1980 posaron así en Montecarlo.
XL. Las amistades entre jugadores son típicas de su época, pero es difícil imaginarlos juntos en una discoteca como Studio 54... B.B.
Ja, ja, ja, no te puedes ni imaginar. XL. Le gustaba ir allí con el tenista Vitas Gerulaitis...
B.B. Fue de mis mejores amigos. Entrenábamos juntos y a veces decíamos: «Vamos a Studio 54».
Y cogíamos su Rolls-Royce. Tenía Porsches, Lamborghinis, Ferraris, Rolls... Así que conducíamos hasta Manhattan y aparcaba en la puerta del Studio 54.
Había cientos de personas en la cola, pero Vitas cogía la llave del coche, se la daba a alguien y entrábamos. XL. ¿Alguna vez salió de fiesta con McEnroe?
B.B. Vitas, John y yo salíamos a cenar o a hacer cualquier otra cosa en Nueva York. Sobre todo cuando John empezó a ascender en el ranking.
Borg probó la cocaína, inicio de una larga adicción, en el mítico club Studio 54 de Nueva York. En España alternó por Marbella y Puerto Banús, donde lo mismo se lanzaba por sevillanas que se subía a bailar al escenario. XL.
Otra cosa inimaginable desde la perspectiva actual: usted y muchos otros se saltaron el Abierto de Australia durante años. ¿Se arrepiente? Podría haber ganado más de once Grand Slam.
B.B. Te contaré una historia. A principios de los ochenta, me fue muy bien lanzando ropa, lencería y perfumes.
La compañía le puso '109' a una fragancia. Al mostrarme el frasco, pregunté: «¿Qué es 109?». No tenía ni idea.
«Es la cantidad de semanas que fuiste número uno». Nunca lo había pensado. XL.
¿Quiere decir que las estadísticas no le resultan relevantes? B.B. Vale, podría haber ganado en Australia varias veces, pero entonces a nadie le importaban los récords.
A mí tampoco. XL. ¿Era Australia demasiado difícil?
B.B. El problema era que se jugaba en las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Y yo quería estar en casa.
Mi familia es lo primero. Su tercera esposa, Patricia (aquí, juntos), y Lennart Bergelin, su entrenador, han sido capitales para Borg. Él le dio disciplina y una granítica fortaleza mental.
Ella ha sido un apoyo decisivo y su estabilidad personal desde que se casaron, en 2002. XL. Tiene dos hijos y está casado.
¿Sigue el tenis? B.B. Sin duda.
Casi todos los años voy a París, Wimbledon y otros torneos; veo todo lo que puedo por televisión. Hasta hace unos años estuve en la Copa Laver, una competición internacional por equipos. Yo era capitán de Europa y John del resto del mundo.
Lo pasamos genial. Los jugadores de hoy querían que les contara cómo era todo entonces. XL.
¿Se ve reflejado en algún jugador reciente? B.B. En cuanto a estilo de juego, mentalidad y físico: Nadal.
«Me gusta tener el control. Lo mejor era salir a la cancha de tenis y estar solo» XL.
¿Cómo va BB2? B.B. Ja, ja, ja, te refieres a Boris Becker.
XL. Sí. Escribe que él lo llama a usted BB1 y a sí mismo BB2 B.B.
Boris es un buen amigo. Nos vemos un par de veces al año; la última vez, en febrero, aquí en Ibiza. XL.
En el libro sugiere que son almas gemelas. B.B. Somos muy parecidos.
Ambos hemos pasado por momentos complicados y difíciles. Él está bien, muy feliz; tiene una familia, un bebé, y me alegro mucho por él. Nos divertimos mucho cuando nos vemos.
Borg con Loredana Bertè, su segunda esposa. Bertè ha contado que, una vez, tras un partido, Borg pidió prostitutas vestidas de cuero y con látigos para hacer una orgía. XL.
Hábleme de sus famosos rituales, como ajustarse la cinta y la cadena entre puntos. ¿Se debían a una necesidad de control? B.B.
Nunca lo había visto así. Probablemente tengas razón. Me gusta tener el control.
Así es mi personalidad. Lo mejor era salir a la cancha de tenis y estar solo. Miles de personas te miran, pero no piensas en eso.
Tienes el control. Sientes la armonía. Te sientes bien.
Nadie te molesta, nadie se acerca demasiado. XL. ¿Estaba en paz?
B.B. En tiempos de paz, sí. XL.
¿Sigue soñando con el tenis por la noche? B.B. Sí, me pasa aún.
Pero no sueño con partidos ni con jugar contra John o Jimmy. Sueño que juego. Simplemente. comentarios Reportar un error Björn Borg: «Sobreviví a un accidente, dos sobredosis... y volví al tenis.
Si no lo hubiera hecho, estaría muerto» Sexo, drogas, alcohol... Björn Borg lo cuenta todo en sus descarnadas memorias, donde el hombre que hizo del tenis un deporte global confiesa sus pecados.
Nos recibe en su casa de Ibiza. Regala esta noticia Añádenos en Google Florian Haupt | Mattias Edwall 31/07/2026 a las 11:39h. Un apartamento en el centro de Ibiza: Björn Borg y su esposa, Patricia, aguardan en la puerta.
Se han instalado en la isla balear, aunque siguen viajando con frecuencia, por ejemplo, para acompañar a su hijo Leo (número 534 del ranking del tenis profesional), de ... 23 años, a los torneos. Borg, una de las mayores estrellas de la historia del deporte, el hombre que popularizó el tenis como espectáculo de masas, celebró su 70 cumpleaños el pasado 6 de junio. Entre 1974 y 1981, Borg ganó once Grand Slam (seis Roland Garros y cinco Wimbledon) antes de retirarse, para sorpresa de todo el mundo, con apenas 25 años.
Arrancó entonces una pesadilla de la cual el tenista sueco, quien en otoño anunció que padece un cáncer de próstata, tardaría años en escapar. Alcohol, cocaína y otras drogas, prostitutas, sexo extremo e incluso una experiencia cercana a la muerte, de todo ello habla Borg en sus descarnadas memorias, Latidos, (editado en España por Alianza) escritas con ayuda de su mujer y donde revela al mundo los recuerdos más intensos de un icono que sufrió como pocos el peso de la fama y una espiral destructiva que a punto estuvo de llevárselo por delante. XLSemanal.
Para un matrimonio, ¿es arriesgado escribir un libro juntos? Björn Borg. Ambos estamos muy contentos.
Durante décadas recibí innumerables ofertas. Quería contar la historia de mi vida con mis propias palabras, pero no quería sentarme durante horas, semanas, meses con alguien que no conozco. XL.
Así que finalmente se lo preguntó a su esposa. B.B. Nos conocemos desde hace 26 años; ella conoce mis sentimientos, mi personalidad y el tenis.
A veces me enseñaba textos suyos de la universidad. Me gustaban muchísimo. Un día, hace tres años y medio, cenábamos en un restaurante de Estocolmo y se lo pregunté.
XL. ¿Aceptó? B.B.
«Eso implica mucha responsabilidad –me dijo–, déjame pensarlo». Al día siguiente aceptó. Trabajamos en ello tres años y contiene todo lo que quería.
Era importante desahogarme porque tenía muchos sentimientos negativos, culpa. He tomado muchas decisiones equivocadas en mi vida, con las drogas y todo eso. El legendario extenista hoy, a sus 70 años.
XL. ¿Fue una forma de terapia? B.B.
Terapia, confesión, como quieras llamarlo. Incluso hoy pienso a veces en lo que hice mal, en cómo pude tomar ese camino. Intento comprender por qué hice todas esas tonterías.
Ahora todo está a la vista y me siento mejor, porque antes la gente no sabía lo que estaba pasando. Fue terrible. Pero lo superé.
Sobreviví. XL. Sufrió un accidente de coche en 1975, casi se ahoga dos veces y casi muere otras dos por sobredosis...
B.B. Sí, sobreviví a todo y volví al tenis. Fue una hazaña.
No quería volver a ser un buen tenista, solo necesitaba una rutina estructurada que me ayudara a dejar atrás las drogas. Despertarme y jugar al tenis. «El tenis era muy tradicional hasta que llegamos nosotros.
Pelo largo, cintas para la cabeza, jugábamos diferente... Éramos como estrellas del rock» XL.
En 1991, casi diez años después de su retiro, volvió a competir en Montecarlo... B.B. Solo mis padres y yo sabíamos lo grave que había sido mi estado.
En 1990 pasé seis meses en Londres. Me alojaba en el mismo hotel, en la misma habitación. Horario fijo.
Cuando llegué a Montecarlo, todos decían: «¡Será emocionante! Björn vuelve a la competición, esperamos mucho de él». Pero nadie sabía que volvía a competir para vivir.
Si no hubiera vuelto a jugar, habría muerto. XL. ¿Qué drogas tomó?
B.B. Solo cocaína. Lo digo en serio, pero ya es bastante malo.
XL. ¿Cómo sucedió eso? B.B.
Durante mi carrera, siempre estuve muy concentrado: dormir, comer, jugar al tenis. Y no me arrepiento, me encantaba. Pero cuando llegaba a un hotel, había 500 personas en recepción.
Nunca tenía privacidad. Disfrutaba del tenis, pero eso no es vivir de verdad. Así que me dije: «Esto no puede ser».
Su rivalidad con el estadounidense John McEnroe fue determinante en su carrera. Borg, de hecho, se retiró poco después de perder contra él su cuarta final del US Open un torneo que nunca ganó. Borg contó más tarde que ya dudab de su motivación; la derrota le confirmó ese sentimiento.
«Sentí un vacío total», rememora. XL. Quería escapar.
B.B. Perdí la motivación. Solo lamento no haber seguido vinculado al tenis.
Tenía muchos patrocinadores que así lo querían y les dije que no. Qué tonto fui. Dejé atrás a mis amigos, mis conocidos, al mundo que llevaba en mi corazón.
Era agradable no tener obligaciones, despertarme y hacer lo que quisiera, pero solo por un tiempo. ¿Y después? Necesitas un propósito.
Pero me metí en una vida diferente. Una vida muy mala. XL.
Cuando ves imágenes antiguas, hay una expectación a su alrededor como la que había con los Beatles. B.B. Éramos como estrellas de rock.
Fuimos los pioneros del tenis. Hice mucho por este deporte y estoy orgulloso. Cuando me retiré, me decían: «¿Por qué no te tomas tres meses de descanso y sigues vinculado al tenis?», pero yo respondía: «No, ya terminé».
Un error garrafal. XL. Cuando se retiró, ¿sintió que debía redescubrir a Björn?
B.B. Sí, eso lo resume todo. En 1981 acababa de perder la final del US Open contra McEnroe, pero seguía jugando bien.
A pesar de eso y del éxito, cuando estuve de vuelta en casa, en Long Island (Nueva York), supe que no podía seguir, que esa vida no era para mí. Es una de las peores sensaciones que se pueden tener. XL.
Tenía una imagen de 'hombre de hielo'. ¿Quizá explotó por haber reprimido muchas emociones? Borg con sus padres, Rune, electricista, y Margaretha, que alentaron su afición al deporte.
Siendo Borg niño, Rune ganó una raqueta como premio en un torneo de ping-pong. Björn se la quedó y así empezó todo, golpeando una bola horas y horas contra la pared del garaje. B.B.
Con 11 años era pésimo en la cancha, horrible. Hacía trampas, tiraba raquetas... Mi club convocó a mis padres y les dijo: «Su hijo se está portando tan mal que tenemos que suspenderlo seis meses».
Mis padres estaban muy avergonzados. Regresé y ya no dije una palabra. No quería que me suspendieran; amaba el tenis.
XL. ¿Nunca más lo vetaron? B.B.
Seguía teniendo muchas emociones, pero aprendí a controlarlas. Fue un proceso largo, pero lo logré: nada podía perturbarme. La gente me veía y decía: «Es un hombre de hielo.
No tiene sentimientos». XL. ¿Dónde quedaron?
B.B. Cuando perdí y volví al hotel, ¿quién crees que se comía toda esa mierda? Mi entrenador.
XL. Lennart Bergelin, su famoso mentor. B.B.
Me aguantaba. Podía volverme loco, pero él sabía que me calmaría en diez minutos. Lennart sabía cómo tratarme.
«Con 11 años hacía trampas, tiraba raquetas... Mi club me suspendió seis meses. Mis padres estaban avergonzados.
No volví a decir una palabra» XL. En un torneo en Estados Unidos contra McEnroe, que le gritaba al árbitro y a todos, lo llamaste a la red y le dijiste: «John, vamos, es solo un juego».
B.B. Me miró como si estuviera loco. Pero me hizo caso.
Tras ese partido, nos hicimos aún más amigos. Lo seguimos siendo. XL.
¿Alguna vez envidió su expresividad? B.B. Nunca.
Sabía que volverme loco no me haría bien. Él tenía que hacerlo. Yo no.
XL. ¿Cómo le demostró McEnroe su respeto? B.B.
Tras aquel incidente, no volvió a hacer nada en nuestros partidos. Contra los demás se quejaba sin parar; contra mí se portaba muy bien. Borg huye de sus fans en Wimbledon en 1974..
XL. Sus duelos con él fueron la rivalidad por excelencia de la época dorada del tenis. Al leer su libro, pensé: «Qué época tan relajada».
Viajar siendo adolescente por Europa en furgoneta con otros talentos suecos, Bergelin al volante y escuchando casetes de Elvis… B.B. Yo tendría 14 años; los demás eran tres o cuatro años mayores. Formar parte de esa vida, en esa época, fue fantástico.
No podría haber deseado un mejor comienzo. XL. De repente se convirtió en un ídolo.
¿Se dio cuenta de que algo especial estaba sucediendo, de que usted era el símbolo de un cambio? B.B. El tenis era muy tradicional hasta que llegamos nosotros.
Pelo largo, cintas para el pelo, jugábamos diferente, nos convertimos en las estrellas de nuestra generación. Llevamos el tenis a otro nivel, pero yo no lo veía así entonces. Solo se trataba de ganar partidos y torneos.
Borg con Loredana Bertè, su segunda esposa. Bertè ha contado que, una vez, tras un partido, Borg pidió prostitutas vestidas de cuero y con látigos para hacer una orgía. XL.
Su legado deportivo es inmenso y el estético no se queda atrás. Los hipsters siguen luciendo cintas para el pelo. ¿Elegía su propia ropa o se adaptaba a lo que le daban?
B.B. Tenía contrato con Fila, la ropa estaba muy bien diseñada y, simplemente, la usaba. A menos que tuviese alguna superstición.
XL. ¿Era supersticioso? B.B.
Sin duda. Después de ganar París y Wimbledon una vez, necesitaba ponerme la misma ropa en otros partidos. XL.
¿Qué siente al ser considerado un icono de estilo, parte de la cultura pop? B.B. Es muy bonito cuando me dicen: «Has hecho mucho por el tenis y todo lo relacionado con él».
Me ponía un collar, por ejemplo. Ningún jugador los había usado antes y luego todos empezaron a llevarlos. Pero yo lo hice porque me gustaba, sin más.
Borg y Mariana Simionescu, su primera mujer, abrieron sus vidas a la prensa. En 1980 posaron así en Montecarlo. XL.
Las amistades entre jugadores son típicas de su época, pero es difícil imaginarlos juntos en una discoteca como Studio 54... B.B. Ja, ja, ja, no te puedes ni imaginar.
XL. Le gustaba ir allí con el tenista Vitas Gerulaitis... B.B.
Fue de mis mejores amigos. Entrenábamos juntos y a veces decíamos: «Vamos a Studio 54». Y cogíamos su Rolls-Royce.
Tenía Porsches, Lamborghinis, Ferraris, Rolls... Así que conducíamos hasta Manhattan y aparcaba en la puerta del Studio 54. Había cientos de personas en la cola, pero Vitas cogía la llave del coche, se la daba a alguien y entrábamos.
XL. ¿Alguna vez salió de fiesta con McEnroe? B.B.
Vitas, John y yo salíamos a cenar o a hacer cualquier otra cosa en Nueva York. Sobre todo cuando John empezó a ascender en el ranking. Borg probó la cocaína, inicio de una larga adicción, en el mítico club Studio 54 de Nueva York.
En España alternó por Marbella y Puerto Banús, donde lo mismo se lanzaba por sevillanas que se subía a bailar al escenario. XL. Otra cosa inimaginable desde la perspectiva actual: usted y muchos otros se saltaron el Abierto de Australia durante años.
¿Se arrepiente? Podría haber ganado más de once Grand Slam. B.B.
Te contaré una historia. A principios de los ochenta, me fue muy bien lanzando ropa, lencería y perfumes. La compañía le puso '109' a una fragancia.
Al mostrarme el frasco, pregunté: «¿Qué es 109?». No tenía ni idea. «Es la cantidad de semanas que fuiste número uno».
Nunca lo había pensado. XL. ¿Quiere decir que las estadísticas no le resultan relevantes?
B.B. Vale, podría haber ganado en Australia varias veces, pero entonces a nadie le importaban los récords. A mí tampoco.
XL. ¿Era Australia demasiado difícil? B.B.
El problema era que se jugaba en las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Y yo quería estar en casa. Mi familia es lo primero.
Su tercera esposa, Patricia (aquí, juntos), y Lennart Bergelin, su entrenador, han sido capitales para Borg. Él le dio disciplina y una granítica fortaleza mental. Ella ha sido un apoyo decisivo y su estabilidad personal desde que se casaron, en 2002.
XL. Tiene dos hijos y está casado. ¿Sigue el tenis?
B.B. Sin duda. Casi todos los años voy a París, Wimbledon y otros torneos; veo todo lo que puedo por televisión.
Hasta hace unos años estuve en la Copa Laver, una competición internacional por equipos. Yo era capitán de Europa y John del resto del mundo. Lo pasamos genial.
Los jugadores de hoy querían que les contara cómo era todo entonces. XL. ¿Se ve reflejado en algún jugador reciente?
B.B. En cuanto a estilo de juego, mentalidad y físico: Nadal. «Me gusta tener el control.
Lo mejor era salir a la cancha de tenis y estar solo» XL. ¿Cómo va BB2?
B.B. Ja, ja, ja, te refieres a Boris Becker. XL.
Sí. Escribe que él lo llama a usted BB1 y a sí mismo BB2 B.B. Boris es un buen amigo.
Nos vemos un par de veces al año; la última vez, en febrero, aquí en Ibiza. XL. En el libro sugiere que son almas gemelas.
B.B. Somos muy parecidos. Ambos hemos pasado por momentos complicados y difíciles.
Él está bien, muy feliz; tiene una familia, un bebé, y me alegro mucho por él. Nos divertimos mucho cuando nos vemos. Borg con Loredana Bertè, su segunda esposa.
Bertè ha contado que, una vez, tras un partido, Borg pidió prostitutas vestidas de cuero y con látigos para hacer una orgía. XL. Hábleme de sus famosos rituales, como ajustarse la cinta y la cadena entre puntos.
¿Se debían a una necesidad de control? B.B. Nunca lo había visto así.
Probablemente tengas razón. Me gusta tener el control. Así es mi personalidad.
Lo mejor era salir a la cancha de tenis y estar solo. Miles de personas te miran, pero no piensas en eso. Tienes el control.
Sientes la armonía. Te sientes bien. Nadie te molesta, nadie se acerca demasiado.
XL. ¿Estaba en paz? B.B.
En tiempos de paz, sí. XL. ¿Sigue soñando con el tenis por la noche?
B.B. Sí, me pasa aún. Pero no sueño con partidos ni con jugar contra John o Jimmy.
Sueño que juego. Simplemente. comentarios Reportar un error