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Internacional
martes, 18 de agosto de 2026

Cristina Martínez Girón «Con seis hijos he aprendido que en vacaciones no hace falta tenerlo todo controlado»

Para Cristina Martínez Girón, las vacaciones familiares empiezan incluso antes de poner un pie en el destino . «Uno de nuestros grandes momentos de crisis empieza incluso antes de que comiencen las va

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Cristina Martínez Girón «Con seis hijos he aprendido que en vacaciones no hace falta tenerlo todo controlado» La influencer y madre de familia numerosa comparte cómo afronta los conflictos, las rabietas y el caos del verano y reivindica el humor como una de las claves de la convivencia Regala esta noticia Añádenos en Google Cristina Martínez Girón: «Uno de nuestros momentos de crisis empieza cuando hacemos las maletas». (ABC) Soledad Barbacil Madrid 18/08/2026 a las 20:03h. Para Cristina Martínez Girón, las vacaciones familiares empiezan incluso antes de poner un pie en el destino.

«Uno de nuestros grandes momentos de crisis empieza incluso antes de que comiencen las vacaciones: cuando hacemos las maletas», reconoce entre risas. En su casa, con seis ... hijos, la logística puede convertirse en toda una aventura y aquello que sobre el papel debería ser el momento de descanso del año no siempre transcurre como estaba previsto. Sin embargo, si algo ha aprendido después de tantos veranos en familia es que intentar controlarlo todo solo añade más presión.

«Con seis he aprendido que es imposible y que, además, no hace falta», asegura. Cristina, que decidió dar un giro a su trayectoria profesional para dedicarse por completo a su familia, comparte en redes sociales con naturalidad y sentido del humor el día a día de un hogar numeroso junto a su marido, Álvaro, y sus seis hijos. Una experiencia que le ha enseñado, entre otras cosas, que los conflictos entre hermanos, las rabietas o los cambios de planes forman parte de la convivencia y que no siempre es necesario intervenir para resolverlos.

Durante las vacaciones, uno de los momentos más complicados llega precisamente alrededor de la mesa. «Como estamos de vacaciones, no suelo llevar un plan demasiado organizado y ese «ya veremos qué comemos» con seis hijos puede ser una bomba de relojería», cuenta. Entre comidas que se retrasan, niños que quieren cosas diferentes y unos horarios mucho más flexibles, la tensión puede aparecer con facilidad.

En esas situaciones, Cristina y Álvaro han asumido roles diferentes. Mientras ella reconoce ser más flexible y llegar incluso a preparar «hasta tres cenas diferentes» para intentar contentar a todos, su marido aporta una mayor dosis de autoridad. «Si le preguntaras a Álvaro, te diría que no hay mucho donde elegir: él aporta carácter y autoridad y, cuando hay que decidir, no deja demasiado margen para la negociación», explica.

La flexibilidad no significa, sin embargo, ausencia de límites. Cuando una rabieta aparece en un restaurante, en la playa o en cualquier otro lugar público, la familia intenta mantener las mismas normas que en casa. «Un mal comportamiento tiene consecuencias, también cuando estamos fuera», señala.

La clave, dice, está en mantener la calma y evitar que los padres terminen protagonizando un espectáculo mayor que el de los propios niños. Noticia relacionada Más de dos mil familias con 7 hijos o más: la realidad de los clanes numerosos especiales Ana I. Martínez También considera importante no intervenir constantemente en las discusiones entre hermanos.

«Discutir también forma parte de convivir», explica. Cuando el conflicto no va a más, prefieren dejar que sean ellos quienes aprendan a gestionar sus diferencias, aunque finalmente tengan que pedir perdón. «Igual que aprenden a jugar juntos, también tienen que aprender a ceder, a pedir perdón y a arreglar sus diferencias.

Y con seis hermanos, tienen muchas oportunidades para practicar». En su familia, además, hay dos ingredientes que Cristina considera fundamentales: «amor y humor». Cristina comenta que "hay momentos en vacaciones que no tienen gracia pero que con el tiempo te ríes". (ABC) Una filosofía que quedó especialmente demostrada durante un viaje a Valencia que terminó convirtiéndose en una auténtica odisea.

Un vuelo cancelado, una noche de hotel improvisada, taxis que no podían trasladarles por no disponer de sillas infantiles, un viaje en metro con todos los niños y las maletas, una caminata de media hora y dos habitaciones situadas en plantas diferentes del hotel fueron algunos de los obstáculos que tuvieron que superar. En aquel momento, reconoce, la situación no tenía ninguna gracia. Ahora, sin embargo, es una de esas historias familiares que recuerdan entre risas.

«Supongo que ahí está también el secreto: si no te ríes en esos momentos, lloras», afirma. Cuando el problema son las expectativas Para Cristina, uno de los grandes enemigos de las vacaciones familiares es precisamente la expectativa de que todo salga bien. «Creo que el mayor error es querer que todo salga perfecto cuando nosotros mismos estamos agotados», apunta.

El cansancio reduce la paciencia y hace que cualquier pequeño contratiempo pueda convertirse en «la gota que colma el vaso». Por eso considera importante que los padres también acepten sus propios errores y sepan pedir perdón cuando reaccionan peor de lo que les gustaría. Y en esa misma línea sitúa los límites.

«Creo que la clave es que haya límites, pero sin intentar controlar cada minuto de las vacaciones», sostiene. Hay normas que no son negociables y que deben mantenerse, pero eso no significa convertir cada jornada en una sucesión de prohibiciones, castigos o discusiones. Newsletter Después de haber pasado por numerosas vacaciones con sus seis hijos, Cristina reconoce que su manera de afrontarlas ha cambiado mucho.

Con uno o dos niños sentía una mayor necesidad de tener bajo control los horarios, las comidas y los planes. Ahora sabe que esa pretensión es prácticamente imposible. «Si un día comemos tarde, improvisamos la cena o el plan no sale como esperábamos, no pasa nada», asegura.

También ha aprendido a confiar más en sus hijos y a entender que no todo tiene que pasar por los padres. «Hay que intentar disfrutar incluso en los momentos caóticos» Cristina Martínez Girón Su conclusión para las familias que afrontan unas vacaciones con niños pequeños es clara: «Que se quiten presión».

Habrá cansancio, discusiones y momentos de caos, pero no tienen por qué convertirse en un fracaso. «Intentar disfrutar incluso de los momentos caóticos, porque al final muchas veces son precisamente esos los que más recordamos y de los que más nos reímos», recomienda. Porque, después de todo, su aprendizaje más importante tras formar una familia de seis hijos es quizá el más sencillo: «No se trata de que las vacaciones sean perfectas, sino de disfrutarlas juntos».

Y, como ella misma resume, con seis niños en casa, «si esperas que todo salga según lo previsto, no sales ni de casa». comentarios Reportar un error Cristina Martínez Girón «Con seis hijos he aprendido que en vacaciones no hace falta tenerlo todo controlado» La influencer y madre de familia numerosa comparte cómo afronta los conflictos, las rabietas y el caos del verano y reivindica el humor como una de las claves de la convivencia Regala esta noticia Añádenos en Google Cristina Martínez Girón: «Uno de nuestros momentos de crisis empieza cuando hacemos las maletas». (ABC) Soledad Barbacil Madrid 18/08/2026 a las 20:03h. Para Cristina Martínez Girón, las vacaciones familiares empiezan incluso antes de poner un pie en el destino.

«Uno de nuestros grandes momentos de crisis empieza incluso antes de que comiencen las vacaciones: cuando hacemos las maletas», reconoce entre risas. En su casa, con seis ... hijos, la logística puede convertirse en toda una aventura y aquello que sobre el papel debería ser el momento de descanso del año no siempre transcurre como estaba previsto. Sin embargo, si algo ha aprendido después de tantos veranos en familia es que intentar controlarlo todo solo añade más presión.

«Con seis he aprendido que es imposible y que, además, no hace falta», asegura. Cristina, que decidió dar un giro a su trayectoria profesional para dedicarse por completo a su familia, comparte en redes sociales con naturalidad y sentido del humor el día a día de un hogar numeroso junto a su marido, Álvaro, y sus seis hijos. Una experiencia que le ha enseñado, entre otras cosas, que los conflictos entre hermanos, las rabietas o los cambios de planes forman parte de la convivencia y que no siempre es necesario intervenir para resolverlos.

Durante las vacaciones, uno de los momentos más complicados llega precisamente alrededor de la mesa. «Como estamos de vacaciones, no suelo llevar un plan demasiado organizado y ese «ya veremos qué comemos» con seis hijos puede ser una bomba de relojería», cuenta. Entre comidas que se retrasan, niños que quieren cosas diferentes y unos horarios mucho más flexibles, la tensión puede aparecer con facilidad.

En esas situaciones, Cristina y Álvaro han asumido roles diferentes. Mientras ella reconoce ser más flexible y llegar incluso a preparar «hasta tres cenas diferentes» para intentar contentar a todos, su marido aporta una mayor dosis de autoridad. «Si le preguntaras a Álvaro, te diría que no hay mucho donde elegir: él aporta carácter y autoridad y, cuando hay que decidir, no deja demasiado margen para la negociación», explica.

La flexibilidad no significa, sin embargo, ausencia de límites. Cuando una rabieta aparece en un restaurante, en la playa o en cualquier otro lugar público, la familia intenta mantener las mismas normas que en casa. «Un mal comportamiento tiene consecuencias, también cuando estamos fuera», señala.

La clave, dice, está en mantener la calma y evitar que los padres terminen protagonizando un espectáculo mayor que el de los propios niños. Noticia relacionada Más de dos mil familias con 7 hijos o más: la realidad de los clanes numerosos especiales Ana I. Martínez También considera importante no intervenir constantemente en las discusiones entre hermanos.

«Discutir también forma parte de convivir», explica. Cuando el conflicto no va a más, prefieren dejar que sean ellos quienes aprendan a gestionar sus diferencias, aunque finalmente tengan que pedir perdón. «Igual que aprenden a jugar juntos, también tienen que aprender a ceder, a pedir perdón y a arreglar sus diferencias.

Y con seis hermanos, tienen muchas oportunidades para practicar». En su familia, además, hay dos ingredientes que Cristina considera fundamentales: «amor y humor». Cristina comenta que "hay momentos en vacaciones que no tienen gracia pero que con el tiempo te ríes". (ABC) Una filosofía que quedó especialmente demostrada durante un viaje a Valencia que terminó convirtiéndose en una auténtica odisea.

Un vuelo cancelado, una noche de hotel improvisada, taxis que no podían trasladarles por no disponer de sillas infantiles, un viaje en metro con todos los niños y las maletas, una caminata de media hora y dos habitaciones situadas en plantas diferentes del hotel fueron algunos de los obstáculos que tuvieron que superar. En aquel momento, reconoce, la situación no tenía ninguna gracia. Ahora, sin embargo, es una de esas historias familiares que recuerdan entre risas.

«Supongo que ahí está también el secreto: si no te ríes en esos momentos, lloras», afirma. Cuando el problema son las expectativas Para Cristina, uno de los grandes enemigos de las vacaciones familiares es precisamente la expectativa de que todo salga bien. «Creo que el mayor error es querer que todo salga perfecto cuando nosotros mismos estamos agotados», apunta.

El cansancio reduce la paciencia y hace que cualquier pequeño contratiempo pueda convertirse en «la gota que colma el vaso». Por eso considera importante que los padres también acepten sus propios errores y sepan pedir perdón cuando reaccionan peor de lo que les gustaría. Y en esa misma línea sitúa los límites.

«Creo que la clave es que haya límites, pero sin intentar controlar cada minuto de las vacaciones», sostiene. Hay normas que no son negociables y que deben mantenerse, pero eso no significa convertir cada jornada en una sucesión de prohibiciones, castigos o discusiones. Newsletter Después de haber pasado por numerosas vacaciones con sus seis hijos, Cristina reconoce que su manera de afrontarlas ha cambiado mucho.

Con uno o dos niños sentía una mayor necesidad de tener bajo control los horarios, las comidas y los planes. Ahora sabe que esa pretensión es prácticamente imposible. «Si un día comemos tarde, improvisamos la cena o el plan no sale como esperábamos, no pasa nada», asegura.

También ha aprendido a confiar más en sus hijos y a entender que no todo tiene que pasar por los padres. «Hay que intentar disfrutar incluso en los momentos caóticos» Cristina Martínez Girón Su conclusión para las familias que afrontan unas vacaciones con niños pequeños es clara: «Que se quiten presión».

Habrá cansancio, discusiones y momentos de caos, pero no tienen por qué convertirse en un fracaso. «Intentar disfrutar incluso de los momentos caóticos, porque al final muchas veces son precisamente esos los que más recordamos y de los que más nos reímos», recomienda. Porque, después de todo, su aprendizaje más importante tras formar una familia de seis hijos es quizá el más sencillo: «No se trata de que las vacaciones sean perfectas, sino de disfrutarlas juntos».

Y, como ella misma resume, con seis niños en casa, «si esperas que todo salga según lo previsto, no sales ni de casa». comentarios Reportar un error Más de dos mil familias con 7 hijos o más: la realidad de los clanes numerosos especiales Ana I. Martínez Navegación, música y manos libres del móvil en la misma pantalla para modernizar el coche Alejandra Santisteban Guiu Elsa Pataky: «Ceno a las 18.30 y ayuno hasta las 10. Acostarse con el estómago lleno no es beneficioso»

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Publicado por Redacción · martes, 18 de agosto de 2026

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