Siwa, el oasis más remoto y mágico de Egipto
Llegar es toda una aventura. Ubicado en el desierto occidental de Egipto, en el Sahara, el Gran Mar de Arena, a cincuenta kilómetros de la frontera con Libia, es necesario recorrer setecientos cuarent
Siwa, el oasis más remoto y mágico de Egipto Ubicado en el Sáhara, en el desierto occidental, junto a la frontera con Libia, es un paraíso natural perdido y olvidado, que atesora uno de los grandes santuarios de la antigüedad, el Oráculo de Amón Regala esta noticia Añádenos en Google Ciudadela medieval y fortificada de Sahli. (Fran Contreras) Fran Contreras Madrid 28/07/2026 Actualizado a las 16:48h. Llegar es toda una aventura. Ubicado en el desierto occidental de Egipto, en el Sahara, el Gran Mar de Arena, a cincuenta kilómetros de la frontera con Libia, es necesario recorrer setecientos cuarenta y un kilómetros, nueve horas en coche desde El Cairo. ...
Pero el largo trayecto -por solitarios, fantasmagóricos y embrujadores paisajes de eternos horizontes- merece la pena. Siwa es uno de los seis oasis de Egipto, el más remoto, singular, espectacular y fascinante. Y no solo por ser hogar de la tribu bereber Siwi, poseer el palmeral más grande -con trescientas mil palmeras-, y tres lagos salados únicos en el planeta, auténticos tesoros culturales y naturales, sino además por albergar importantes yacimientos históricos, arqueológicos y lugares mágico-sagrados; la medieval ciudad y fortaleza, el Laberinto de Shali, las tumbas faraónicas de Gabel al Mawata, La Montaña de la Muerte, y uno de los grandes santuarios de la antigüedad, al que se peregrinaba en busca de los antiguos dioses, al que acudió Alejandro Magno, el Oráculo de Amón.
La Tierra de las Palmeras y los Bereberes Asentamiento para el ser humano desde época neolítica, fue durante el Antiguo Egipto cuando este bello palmeral en medio del desierto, conocido en época faraónica como Sekht-am (tierra de palmeras), cobró protagonismo gracias al Oráculo de Amón. Santuario quecatapultó a la fama el historiador griego Heródoto en el siglo V -quien narró que el rey Cambises II de Persia envió a un ejército de cincuenta mil soldados para destruirlo ante los proféticos augurios, perdiendo a todas sus tropas en el desierto, sepultadas por las arenas y dunas enviadas por Amón. Y que alcanzó esplendor en el siglo IV a.C. cuando fue visitado por Alejandro Magno, quien aquí escuchó la voz de los dioses, siendo coronado como Hijo de Amón, naciendo su historia como conquistador y gobernante del mundo.
Un oasis, al que los romanos enviaban a los condenados, que recuperó importancia en la Edad Media, cuando se estableció la tribu bereber de los Siwis -descendientes de los Banu Wisan, procedentes a su vez de los Zenata-, siendo desde entonces eje de las rutas comerciales, al que llegó en el siglo XVIII el primer europeo, el explorador William Browne, que fue anexionado a Egipto en el siglo XIX, y ya en tiempos más modernos, escenario de batallas y campo de operaciones -tanto de las tropas británicas de la Long Range Desert Group, como de las alemanas de la Afrika Korps de Rommel- durante la II Guerra Mundial. Shali, la ciudad y fortaleza bereber Siwa -aislada de todo, incomunicada por no tener carreteras hasta los años noventa-, es diferente a cualquier otro oasis, pueblo o ciudad egipcia. Caminar por sus calles es hacer un viaje en el tiempo, más aún cuando el viajero se adentra en la medieval ciudad y fortaleza de Sahli, declarada Patrimonio de la Humanidad.
Edificada en el siglo XII, abandonada debido a unas lluvias torrenciales a principios del siglo XX, hoy sigue siendo el corazón y símbolo del oasis y los bereberes. Arriba, las calles de Siwa. Abajo, el 'termitero humano' de la ciudad fortificada de Sahli. (Fran Contreras) La fortaleza y la vieja ciudad, que creció en su entorno, son un gigantesco 'termitero humano', construido con kershef, una mezcla de barro y sal, con madera de palmera y olivo.
Está protegida por una muralla que alcanza los treinta metros de altura y originariamente contaba con una puerta de entrada y salida, a la que se añadió posteriormente otra solo para mujeres. El silencio domina el interior de este laberinto formado estrechos pasadizos y callejuelas que comunican plazas y casas -bajas y sin techo-, talles y pozos -conectados a los acuíferos- por la que se asciende hasta las torres defensivas y a lo más alto del bastión defensivo. Es aquí, desde las alturas, con una panorámica única, donde el viajero toma conciencia del impresionante tamaño y dimensiones de la ciudad fortificada de barro.
Un conjunto urbano mágico, que parece caramelo derritiéndose, cuya tonalidad cambia en función de los rayos de sol del amanecer o el atardecer, cobrando por la noche un aspecto fantasmal tenuemente iluminada. Gebel Al Mawta, la Montaña de los Muertos Tres kilómetros separan la antigua ciudad y castillo del siguiente lugar clave; un cerro que domina el vergel llamado Gabel al Mawata. Merece la pena recorrerlos caminando; primero por las calles de la moderna Siwa, entre coloridas tiendas artesanales, cafés de té negro, envueltos en olor a pan recién hecho, en la que sorprende ver circular numerosos cuatro por cuatro sin matrícula, todos traídos desde Libia.
Y después por caminos de tierra, a la sombra de palmeras datileras, árbol sagrado del que se aprovecha todo, en las que trabajan los nakh-khal, los escaladores de palmeras, podándolas o recogiendo sus frutos, los dátiles. Montaña de los Muertos. (Fran Contreras) Gabel al Mawata, es conocida como la Montaña de los Muertos o Montaña de los Embalsamados. Un monte de caliza y arcilla que es una gran necrópolis -estructurado en terrazas y con más de tres mil tumbas-, descubierta cuando los siwis buscaban refugio durante la II Guerra Mundial.
Si ante el viajero recorrió un 'termitero humano', ahora recorrerá un 'hormiguero humano'. Nada más acceder al recinto arqueológico y comenzar la ascensión por la colina -marcada por leyendas de jinns, espíritus y genios-, ira sorteando centenares de agujeros. Las tumbas excavadas en el suelo y en las rocas, desde simples pozos hasta corredores con cámaras, pertenecen a época ptolemaica y romana y son una muestra única de la fusión entre el antiguo arte egipcio y el griego.
Entre todas destacan; la Tumba del Cocodrilo -con cuatro cámaras, llamada así por la representación en sus muros del dios Sobek, dios cocodrilo-, la Tumba de Si-Amoun - sepultura de un hombre rico, una de las más bellas del desierto occidental, que conserva su policromía original mostrando escenas de dioses-, la Tumba de Mesu-Isis - con gran iconografía policromada y la gran diosa Isis representada en los muros- y la Tumba de Niperpathot, profeta de Osiris y escriba, que conserva imágenes murales de Osiris e Isis. De arriba a abajo, Tumba del Cocodrilo, Tumba de Mesu-Isis y Tumba de Niperpathot. (Fran Contreras) El Oráculo de Amón y Alejandro Magno Los siguientes lugares que no debe perderse el viajero se encuentran a dos kilómetros de la Montaña de los Muertos, y a ellos también puede ir caminando, no en vano fueron centros de peregrinación. El primero es el templo Umm Obaidah, situado en un palmeral, fue construido en el siglo VI a.C. por Ahmose II, perteneciente a la dinastía XXVI.
Solo quedan del mismo algunos grandes bloques de piedra con representaciones del farón Nectabebo II, de la dinastía XXX, y del gobernador libio Wenamun, adorando a diferentes dioses. El segundo, unido al templo por una calzada, es el alma del oasis de Siwa, el Oráculo de Amón. El dios egipcio del sol, el aire, la creación y el poder, cuyo nombre significa 'el oculto', el 'invisible a los dioses y hombres', asociado por los griegos a Zeus.
Su origen está ligado al griego oráculo de Dodona, y es que como cuenta la leyenda, dos palomas negras salieron del templo de Amon en Tebas para fundarlos. Descrito por Heródoto, Estrabón o Plinio el Viejo, fue uno de los centros mágico-sagrados de peregrinación de la antigüedad, al cual dicen acudieron Hércules y Perseo, y que visitó Alejandro Magno, donde fue declarado y reconocido semidios, comenzando su legendaria historia. Oráculo de Amón. (Fran Contreras) Ubicado sobre una roca, se accede al santuario por una rampa.
El oráculo se encuentra en una gran capilla y es una pequeña estancia, de cuarenta metros cuadrados, de grandes muros de piedra, con algunos relieves, y sin techo, donde los orantes, tras quedarse solos formulaban las preguntas a Amón, cuyas respuestas eran dadas más tarde por los sacerdotes. Un sanctasanctórum que atesora, en donde se siente, una energía especial, que va más allá de los ardides taumatúrgicos de los sacerdotes, que es además uno de los 'griales' de la arqueología, hay quien afirma que aquí podría estar la tumba del propio Alejandro Magno. El desierto, los Lagos de Sal y la Piscina de Cleopatra Nadie puede irse de Siwa sin vivir dos experiencias.
La primera, recorrer en cuatro por cuatro el desierto, 'navegar' por las grandes dunas, y contemplar el atardecer o el sobrecogedor cielo estrellado por las noches. La segunda, visitar las pozas termales, como la Piscina de Cleopatra, y los lagos salados, ubicados a seis kilómetros al oeste del oasis, el de Birket Siwa -el más grande, con treinta y dos kilómetros cuadrados de extensión, donde se halla la isla de Fatnas-, Birket Az-Zaytun y Briket Azmur. Se nutren de manantiales subterráneo y la concentración de sal es ocho veces mayor a la que posee el Mar Muerto.
Ubicados dieciocho metros por debajo del nivel del mar y expuestos al sol, la evaporización provoca las grandes cantidades salinas y hace posible que se flote en las lagunas de aguas color turquesa y orillas blancas resplandecientes. Para llegar a ellas se recorre un paisaje embrujador formado por charcas y estanques de sal solidificada que parecen una alfombra de colores ocres, azules y blancos. El acceso es libre y están acondicionados con pequeños puestos, con sillas y toldos, para disfrutar de los saludables baños para nuestra piel, por los que pasan coches con agua dulce para quitarnos el salitre.
Lagos salados y sal solidificada en las orilas. (Fran Contreras) Aunque lo mejor para que desaparezca toda la sal del cuerpo es poner rumbo y bañarse en la conocida Piscina de Cleopatra. Un manantial de agua dulce y cristalina, que brota de las profundidades, donde según la tradición se bañó la célebre faraona, que nunca estuvo en Siwa, y que formaba parte, olvidado por muchos, de las piscina-lagos sagrados del Templo y Oráculo de Amón, en el que se realizaban rituales de purificación antes y después de visitar el oráculo. Piscina de Cleopatra. (Fran Contreras) Un viaje por el desierto, al pasado, y en busca de los antiguos dioses Siwa es un tesoro.
Un perdido y olvidado paraíso natural. El secreto mejor guardado de Egipto. Un oasis, nunca mejor dicho, para los viajeros, ya que no se encuentra entre los principales destinos turísticos egipcios, que brinda la oportunidad de vivir el hormigueo de la aventura, un viaje marcado por lo inexplorado.
A pesar de estar anexionada a Egipto desde 1819, fue abierta hace tan solo tres décadas a turistas, e incluso a los propios egipcios, debido a los conflictos con Libia. Es como una cápsula del tiempo donde todo se ha preservado. Los siwis, sus habitantes, cerca de veinte mil, la única población bereber del país del Nilo, son celosos guardianes de su cultura; de su idioma -el siwi, el que se utiliza en el oasis-, creencias -como la que afirma que cuando muere un anciano por la noche, un bebe nace por la mañana- y costumbres, algunas ilegalizadas, como el matrimonio entre hombres -entre terratenientes y jornaleros, los 'zaggalah', por los palmerales-, prohibidos en 1929 por el rey Faud.
Más información Marzo, abril, octubre y noviembre son los mejores meses para viajar a Siwa. La ciudad se puede recorrer caminando o en tuk-tuk (su precio se negocia, un trayecto cuesta entre 25 y 30 libras, el día completo entre 60 y 65 libras). La entrada al Templo y Oráculo de Amón es de 50 libras, y el horario, de 9 a 17h.
La entrada a Gebel al Mawata, la Montaña de los Muertos, es de 120 libras, y el horario, de 9 a 17h. Los lagos salados, así como la piscina de Cleopatra, son de acceso libre y gratuito. Un tour por el Sahara en 4x4: Precio, entorno a los 70 euros, comienzan a las 14h.
Aquí, en el desierto, el mismo que en tiempos remotos era la puerta del Amenti, el reino de los muertos, se descubre que el agua que brota de las profundidades de la tierra es un milagro. El milagro que da vida a este vergel -rodeado por dunas infinitas que alcanzan los ciento cincuenta metros de altura y que se extienden a la largo de setenta mil metros cuadrados-, tocado por los dioses en un oráculo. En Siwa, amigo lector, pervive y se siente una energía especial y el ancestral eco de lo sagrado y mágico. comentarios Reportar un error Siwa, el oasis más remoto y mágico de Egipto Ubicado en el Sáhara, en el desierto occidental, junto a la frontera con Libia, es un paraíso natural perdido y olvidado, que atesora uno de los grandes santuarios de la antigüedad, el Oráculo de Amón Regala esta noticia Añádenos en Google Ciudadela medieval y fortificada de Sahli. (Fran Contreras) Fran Contreras Madrid 28/07/2026 Actualizado a las 16:48h.
Llegar es toda una aventura. Ubicado en el desierto occidental de Egipto, en el Sahara, el Gran Mar de Arena, a cincuenta kilómetros de la frontera con Libia, es necesario recorrer setecientos cuarenta y un kilómetros, nueve horas en coche desde El Cairo. ... Pero el largo trayecto -por solitarios, fantasmagóricos y embrujadores paisajes de eternos horizontes- merece la pena.
Siwa es uno de los seis oasis de Egipto, el más remoto, singular, espectacular y fascinante. Y no solo por ser hogar de la tribu bereber Siwi, poseer el palmeral más grande -con trescientas mil palmeras-, y tres lagos salados únicos en el planeta, auténticos tesoros culturales y naturales, sino además por albergar importantes yacimientos históricos, arqueológicos y lugares mágico-sagrados; la medieval ciudad y fortaleza, el Laberinto de Shali, las tumbas faraónicas de Gabel al Mawata, La Montaña de la Muerte, y uno de los grandes santuarios de la antigüedad, al que se peregrinaba en busca de los antiguos dioses, al que acudió Alejandro Magno, el Oráculo de Amón. La Tierra de las Palmeras y los Bereberes Asentamiento para el ser humano desde época neolítica, fue durante el Antiguo Egipto cuando este bello palmeral en medio del desierto, conocido en época faraónica como Sekht-am (tierra de palmeras), cobró protagonismo gracias al Oráculo de Amón.
Santuario quecatapultó a la fama el historiador griego Heródoto en el siglo V -quien narró que el rey Cambises II de Persia envió a un ejército de cincuenta mil soldados para destruirlo ante los proféticos augurios, perdiendo a todas sus tropas en el desierto, sepultadas por las arenas y dunas enviadas por Amón. Y que alcanzó esplendor en el siglo IV a.C. cuando fue visitado por Alejandro Magno, quien aquí escuchó la voz de los dioses, siendo coronado como Hijo de Amón, naciendo su historia como conquistador y gobernante del mundo. Un oasis, al que los romanos enviaban a los condenados, que recuperó importancia en la Edad Media, cuando se estableció la tribu bereber de los Siwis -descendientes de los Banu Wisan, procedentes a su vez de los Zenata-, siendo desde entonces eje de las rutas comerciales, al que llegó en el siglo XVIII el primer europeo, el explorador William Browne, que fue anexionado a Egipto en el siglo XIX, y ya en tiempos más modernos, escenario de batallas y campo de operaciones -tanto de las tropas británicas de la Long Range Desert Group, como de las alemanas de la Afrika Korps de Rommel- durante la II Guerra Mundial.
Shali, la ciudad y fortaleza bereber Siwa -aislada de todo, incomunicada por no tener carreteras hasta los años noventa-, es diferente a cualquier otro oasis, pueblo o ciudad egipcia. Caminar por sus calles es hacer un viaje en el tiempo, más aún cuando el viajero se adentra en la medieval ciudad y fortaleza de Sahli, declarada Patrimonio de la Humanidad. Edificada en el siglo XII, abandonada debido a unas lluvias torrenciales a principios del siglo XX, hoy sigue siendo el corazón y símbolo del oasis y los bereberes.
Arriba, las calles de Siwa. Abajo, el 'termitero humano' de la ciudad fortificada de Sahli. (Fran Contreras) La fortaleza y la vieja ciudad, que creció en su entorno, son un gigantesco 'termitero humano', construido con kershef, una mezcla de barro y sal, con madera de palmera y olivo. Está protegida por una muralla que alcanza los treinta metros de altura y originariamente contaba con una puerta de entrada y salida, a la que se añadió posteriormente otra solo para mujeres.
El silencio domina el interior de este laberinto formado estrechos pasadizos y callejuelas que comunican plazas y casas -bajas y sin techo-, talles y pozos -conectados a los acuíferos- por la que se asciende hasta las torres defensivas y a lo más alto del bastión defensivo. Es aquí, desde las alturas, con una panorámica única, donde el viajero toma conciencia del impresionante tamaño y dimensiones de la ciudad fortificada de barro. Un conjunto urbano mágico, que parece caramelo derritiéndose, cuya tonalidad cambia en función de los rayos de sol del amanecer o el atardecer, cobrando por la noche un aspecto fantasmal tenuemente iluminada.
Gebel Al Mawta, la Montaña de los Muertos Tres kilómetros separan la antigua ciudad y castillo del siguiente lugar clave; un cerro que domina el vergel llamado Gabel al Mawata. Merece la pena recorrerlos caminando; primero por las calles de la moderna Siwa, entre coloridas tiendas artesanales, cafés de té negro, envueltos en olor a pan recién hecho, en la que sorprende ver circular numerosos cuatro por cuatro sin matrícula, todos traídos desde Libia. Y después por caminos de tierra, a la sombra de palmeras datileras, árbol sagrado del que se aprovecha todo, en las que trabajan los nakh-khal, los escaladores de palmeras, podándolas o recogiendo sus frutos, los dátiles.
Montaña de los Muertos. (Fran Contreras) Gabel al Mawata, es conocida como la Montaña de los Muertos o Montaña de los Embalsamados. Un monte de caliza y arcilla que es una gran necrópolis -estructurado en terrazas y con más de tres mil tumbas-, descubierta cuando los siwis buscaban refugio durante la II Guerra Mundial. Si ante el viajero recorrió un 'termitero humano', ahora recorrerá un 'hormiguero humano'.
Nada más acceder al recinto arqueológico y comenzar la ascensión por la colina -marcada por leyendas de jinns, espíritus y genios-, ira sorteando centenares de agujeros. Las tumbas excavadas en el suelo y en las rocas, desde simples pozos hasta corredores con cámaras, pertenecen a época ptolemaica y romana y son una muestra única de la fusión entre el antiguo arte egipcio y el griego. Entre todas destacan; la Tumba del Cocodrilo -con cuatro cámaras, llamada así por la representación en sus muros del dios Sobek, dios cocodrilo-, la Tumba de Si-Amoun - sepultura de un hombre rico, una de las más bellas del desierto occidental, que conserva su policromía original mostrando escenas de dioses-, la Tumba de Mesu-Isis - con gran iconografía policromada y la gran diosa Isis representada en los muros- y la Tumba de Niperpathot, profeta de Osiris y escriba, que conserva imágenes murales de Osiris e Isis.
De arriba a abajo, Tumba del Cocodrilo, Tumba de Mesu-Isis y Tumba de Niperpathot. (Fran Contreras) El Oráculo de Amón y Alejandro Magno Los siguientes lugares que no debe perderse el viajero se encuentran a dos kilómetros de la Montaña de los Muertos, y a ellos también puede ir caminando, no en vano fueron centros de peregrinación. El primero es el templo Umm Obaidah, situado en un palmeral, fue construido en el siglo VI a.C. por Ahmose II, perteneciente a la dinastía XXVI. Solo quedan del mismo algunos grandes bloques de piedra con representaciones del farón Nectabebo II, de la dinastía XXX, y del gobernador libio Wenamun, adorando a diferentes dioses.
El segundo, unido al templo por una calzada, es el alma del oasis de Siwa, el Oráculo de Amón. El dios egipcio del sol, el aire, la creación y el poder, cuyo nombre significa 'el oculto', el 'invisible a los dioses y hombres', asociado por los griegos a Zeus. Su origen está ligado al griego oráculo de Dodona, y es que como cuenta la leyenda, dos palomas negras salieron del templo de Amon en Tebas para fundarlos.
Descrito por Heródoto, Estrabón o Plinio el Viejo, fue uno de los centros mágico-sagrados de peregrinación de la antigüedad, al cual dicen acudieron Hércules y Perseo, y que visitó Alejandro Magno, donde fue declarado y reconocido semidios, comenzando su legendaria historia. Oráculo de Amón. (Fran Contreras) Ubicado sobre una roca, se accede al santuario por una rampa. El oráculo se encuentra en una gran capilla y es una pequeña estancia, de cuarenta metros cuadrados, de grandes muros de piedra, con algunos relieves, y sin techo, donde los orantes, tras quedarse solos formulaban las preguntas a Amón, cuyas respuestas eran dadas más tarde por los sacerdotes.
Un sanctasanctórum que atesora, en donde se siente, una energía especial, que va más allá de los ardides taumatúrgicos de los sacerdotes, que es además uno de los 'griales' de la arqueología, hay quien afirma que aquí podría estar la tumba del propio Alejandro Magno. El desierto, los Lagos de Sal y la Piscina de Cleopatra Nadie puede irse de Siwa sin vivir dos experiencias. La primera, recorrer en cuatro por cuatro el desierto, 'navegar' por las grandes dunas, y contemplar el atardecer o el sobrecogedor cielo estrellado por las noches.
La segunda, visitar las pozas termales, como la Piscina de Cleopatra, y los lagos salados, ubicados a seis kilómetros al oeste del oasis, el de Birket Siwa -el más grande, con treinta y dos kilómetros cuadrados de extensión, donde se halla la isla de Fatnas-, Birket Az-Zaytun y Briket Azmur. Se nutren de manantiales subterráneo y la concentración de sal es ocho veces mayor a la que posee el Mar Muerto. Ubicados dieciocho metros por debajo del nivel del mar y expuestos al sol, la evaporización provoca las grandes cantidades salinas y hace posible que se flote en las lagunas de aguas color turquesa y orillas blancas resplandecientes.
Para llegar a ellas se recorre un paisaje embrujador formado por charcas y estanques de sal solidificada que parecen una alfombra de colores ocres, azules y blancos. El acceso es libre y están acondicionados con pequeños puestos, con sillas y toldos, para disfrutar de los saludables baños para nuestra piel, por los que pasan coches con agua dulce para quitarnos el salitre. Lagos salados y sal solidificada en las orilas. (Fran Contreras) Aunque lo mejor para que desaparezca toda la sal del cuerpo es poner rumbo y bañarse en la conocida Piscina de Cleopatra.
Un manantial de agua dulce y cristalina, que brota de las profundidades, donde según la tradición se bañó la célebre faraona, que nunca estuvo en Siwa, y que formaba parte, olvidado por muchos, de las piscina-lagos sagrados del Templo y Oráculo de Amón, en el que se realizaban rituales de purificación antes y después de visitar el oráculo. Piscina de Cleopatra. (Fran Contreras) Un viaje por el desierto, al pasado, y en busca de los antiguos dioses Siwa es un tesoro. Un perdido y olvidado paraíso natural.
El secreto mejor guardado de Egipto. Un oasis, nunca mejor dicho, para los viajeros, ya que no se encuentra entre los principales destinos turísticos egipcios, que brinda la oportunidad de vivir el hormigueo de la aventura, un viaje marcado por lo inexplorado. A pesar de estar anexionada a Egipto desde 1819, fue abierta hace tan solo tres décadas a turistas, e incluso a los propios egipcios, debido a los conflictos con Libia.
Es como una cápsula del tiempo donde todo se ha preservado. Los siwis, sus habitantes, cerca de veinte mil, la única población bereber del país del Nilo, son celosos guardianes de su cultura; de su idioma -el siwi, el que se utiliza en el oasis-, creencias -como la que afirma que cuando muere un anciano por la noche, un bebe nace por la mañana- y costumbres, algunas ilegalizadas, como el matrimonio entre hombres -entre terratenientes y jornaleros, los 'zaggalah', por los palmerales-, prohibidos en 1929 por el rey Faud. Más información Marzo, abril, octubre y noviembre son los mejores meses para viajar a Siwa.
La ciudad se puede recorrer caminando o en tuk-tuk (su precio se negocia, un trayecto cuesta entre 25 y 30 libras, el día completo entre 60 y 65 libras). La entrada al Templo y Oráculo de Amón es de 50 libras, y el horario, de 9 a 17h. La entrada a Gebel al Mawata, la Montaña de los Muertos, es de 120 libras, y el horario, de 9 a 17h.
Los lagos salados, así como la piscina de Cleopatra, son de acceso libre y gratuito. Un tour por el Sahara en 4x4: Precio, entorno a los 70 euros, comienzan a las 14h. Aquí, en el desierto, el mismo que en tiempos remotos era la puerta del Amenti, el reino de los muertos, se descubre que el agua que brota de las profundidades de la tierra es un milagro.
El milagro que da vida a este vergel -rodeado por dunas infinitas que alcanzan los ciento cincuenta metros de altura y que se extienden a la largo de setenta mil metros cuadrados-, tocado por los dioses en un oráculo. En Siwa, amigo lector, pervive y se siente una energía especial y el ancestral eco de lo sagrado y mágico. comentarios Reportar un error Con GPS y asistente de voz para hablar sin móvil: el Huawei Watch GT6 aguanta 21 días sin cargar Alejandra Santisteban Guiu Héctor Latorre: «Para las mujeres, el atractivo físico no es imprescindible» Almudena Martín Jesús Calleja, sobre su hijo adoptivo: «Le encontré rodeado de ratas»
Borja Sánchez