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Internacional
miércoles, 16 de septiembre de 2026

Amelia tiene miedo

Tantas veces había tenido que inventarse una excusa, que al final acabó aprendiendo a disimular los efectos que le producía ese terror jamás conocido hasta que él entró en su vida. Ese miedo atroz que

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Amelia tiene miedo Le habían hecho creer que estaba en buenas manos, la de los políticos más feministas de la historia; que su lucha por salir de la paliza y el menosprecio diario eran una cuestión de Estado Regala esta noticia Añádenos en Google Silvia Tubio 16/09/2026 a las 20:59h. Tantas veces había tenido que inventarse una excusa, que al final acabó aprendiendo a disimular los efectos que le producía ese terror jamás conocido hasta que él entró en su vida. Ese miedo atroz que la paralizaba cada vez que escuchaba sus pasos aproximarse o ... dejaba volar su imaginación y se planteaba enfrentarse a sus golpes, pedir ayuda, gritar simplemente para que la oyeran.

A fuerza de tanto escuchar a los políticos sobre la importancia de denunciar, Amelia empezó a creerse que podía escapar de ese infierno. Se necesita mucho valor para hacerlo y lo que es más importante, mucho respaldo para socorrer a las víctimas de una lacra que está incrustada en el ADN de esos tipos que se creen dueños y señores de sus mujeres. Amelia empezó a madurar la idea.

Tan sólo tendría que buscar el momento propicio. Quizás ese día, cuando él se suele marchar pronto de casa y no regresa hasta la noche. Había pensado dejar primero a los niños en el colegio y después acudir al cuartel de la Guardia Civil.

Quería esquivar al marido de su amiga, guardia de profesión, porque le daba mucha vergüenza reconocer entre los conocidos el verdadero origen de esos moratones que afloraban por su cuerpo. Amelia había preparado un plan y estaba dispuesta a ello. Pero llegó aquella maldita noticia en verano.

Otra mujer asesinada por su marido en Asturias. Era guardia civil y el asesino le había dado muerte en el interior de un cuartel cuando estaba rodeada de compañeros. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo nada más leer la noticia del crimen de Laura.

Él se percató de inmediato que algo le pasaba a su mujer y le preguntó con la agresividad habitual de todas las mañanas. Café y tortas solía ser el menú diario. Amelia pasó página y le enseñó otra noticia, cualquiera que no hablara de maltrato.

La furia se disipó en los ojos de la bestia, pero el temor ya se había instalado en ella. Si aquella agente no había podido huir de su agresor, cómo iba a hacerlo ella, una simple ama de casa. Los días pasaron y la fortaleza volvió a florecer en el ánimo de Amelia.

Aquella idea de denunciar a su marido no se había borrado del todo. Volvieron las cábalas y la búsqueda del día más propicio. Pero el maldito periódico la volvió a hundir en un mar de dudas.

El Gobierno, ese que tanto vociferaba en defensa de las mujeres, era incapaz de arreglar un sistema de protección que les avisara simplemente cuando la amenaza estuviera demasiado cerca. Le habían hecho creer que estaba en buenas manos, la de los políticos más feministas de la historia; que su lucha por salir de la paliza y el menosprecio diario eran una cuestión de Estado. Pero ¿cómo es posible que ni tan siquiera sean capaces de arreglar los fallos de una pulsera de localización?

«Quién me asegura que mi maltratador no está esperándome en el portal para matarme», pensaba. Y así pasan los días de una mujer maltratada, sin pedir ayuda. Temas Violencia de género comentarios Reportar un error Amelia tiene miedo Le habían hecho creer que estaba en buenas manos, la de los políticos más feministas de la historia; que su lucha por salir de la paliza y el menosprecio diario eran una cuestión de Estado Regala esta noticia Añádenos en Google Silvia Tubio 16/09/2026 a las 20:59h.

Tantas veces había tenido que inventarse una excusa, que al final acabó aprendiendo a disimular los efectos que le producía ese terror jamás conocido hasta que él entró en su vida. Ese miedo atroz que la paralizaba cada vez que escuchaba sus pasos aproximarse o ... dejaba volar su imaginación y se planteaba enfrentarse a sus golpes, pedir ayuda, gritar simplemente para que la oyeran. A fuerza de tanto escuchar a los políticos sobre la importancia de denunciar, Amelia empezó a creerse que podía escapar de ese infierno.

Se necesita mucho valor para hacerlo y lo que es más importante, mucho respaldo para socorrer a las víctimas de una lacra que está incrustada en el ADN de esos tipos que se creen dueños y señores de sus mujeres. Amelia empezó a madurar la idea. Tan sólo tendría que buscar el momento propicio.

Quizás ese día, cuando él se suele marchar pronto de casa y no regresa hasta la noche. Había pensado dejar primero a los niños en el colegio y después acudir al cuartel de la Guardia Civil. Quería esquivar al marido de su amiga, guardia de profesión, porque le daba mucha vergüenza reconocer entre los conocidos el verdadero origen de esos moratones que afloraban por su cuerpo.

Amelia había preparado un plan y estaba dispuesta a ello. Pero llegó aquella maldita noticia en verano. Otra mujer asesinada por su marido en Asturias.

Era guardia civil y el asesino le había dado muerte en el interior de un cuartel cuando estaba rodeada de compañeros. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo nada más leer la noticia del crimen de Laura. Él se percató de inmediato que algo le pasaba a su mujer y le preguntó con la agresividad habitual de todas las mañanas.

Café y tortas solía ser el menú diario. Amelia pasó página y le enseñó otra noticia, cualquiera que no hablara de maltrato. La furia se disipó en los ojos de la bestia, pero el temor ya se había instalado en ella.

Si aquella agente no había podido huir de su agresor, cómo iba a hacerlo ella, una simple ama de casa. Los días pasaron y la fortaleza volvió a florecer en el ánimo de Amelia. Aquella idea de denunciar a su marido no se había borrado del todo.

Volvieron las cábalas y la búsqueda del día más propicio. Pero el maldito periódico la volvió a hundir en un mar de dudas. El Gobierno, ese que tanto vociferaba en defensa de las mujeres, era incapaz de arreglar un sistema de protección que les avisara simplemente cuando la amenaza estuviera demasiado cerca.

Le habían hecho creer que estaba en buenas manos, la de los políticos más feministas de la historia; que su lucha por salir de la paliza y el menosprecio diario eran una cuestión de Estado. Pero ¿cómo es posible que ni tan siquiera sean capaces de arreglar los fallos de una pulsera de localización? «Quién me asegura que mi maltratador no está esperándome en el portal para matarme», pensaba.

Y así pasan los días de una mujer maltratada, sin pedir ayuda. Temas Violencia de género comentarios Reportar un error Moldeador de pelo Cecotec AirGlisse 14in1: 14 accesorios en un solo aparato Teresa Rodríguez García El Gran Wyoming, sobre sus estudios universitarios: «Hice Medicina y trabajé como médico, pero había mucho paro» Inés Romero Juan del Val, sobre las próximas elecciones: «Hay gente que piensa que lo que viene es mucho peor y por eso se queda con Pedro Sánchez»

Marina Ortiz

Publicado por Redacción · miércoles, 16 de septiembre de 2026

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