José Manuel Casañ: «Me he arruinado dos veces con Seguridad Social»
No se puede decir que el de José Manuel Casañ (Benetússer, 1963) haya sido un camino de rosas desde que fundó Seguridad Social en 1982. En aquel momento era un punki de los de cresta e imperdible, en
José Manuel Casañ: «Me he arruinado dos veces con Seguridad Social» El autor de 'Chiquilla' recuerda los 45 años de la banda, desde que era un punki con cresta y cantaba 'Luzi es una zorra' hasta que le llegó el éxito una década después de girar por España y Europa mientras trabajaba por las noches en el horno de la panadería familiar Regala esta noticia Añádenos en Google José Manuel Casañ, de Seguridad Social. (ABC) Israel Viana Madrid 20/08/2026 a las 01:35h. No se puede decir que el de José Manuel Casañ (Benetússer, 1963) haya sido un camino de rosas desde que fundó Seguridad Social en 1982.
En aquel momento era un punki de los de cresta e imperdible, en cuya primera maqueta autoeditada –'Konsspiracion'–, ... incluía la pertinente «A» de anarquía y temas como 'Luzi es una zorra', 'Mata a un jubilado' y 'Mi almohada está preñada'. «Como era suicidamente optimista, pensaba que los temas que publicábamos se alzarían al número uno de las listas. Estuve convencido desde 'Comerranas', el primer sencillo del debut, pero luego nada.
Me estuve llevando tortas durante diez años», recuerda. Tuvo que seguir viviendo en casa de sus padres hasta los 30 años y cada madrugada debía ir a trabajar al horno de la panadería familiar, aunque esa noche hubiera actuado. Cuando regresaba a Valencia de sus primeras giras por Europa reventado de kilómetros, en cuanto se bajaba de la furgoneta, se marchaba directo a hacer el pan del día siguiente con su padre, quien no le vio en concierto ni una sola vez hasta que Seguridad Social cumplió 15 años.
«Menos mal, porque se habría sorprendido de lo punkarras que éramos», asegura. Un día de 1991 se presentó en el local de ensayo con una canción que había compuesto «en quince minutos», proponiendo a sus compañeros dejar atrás las influencias anglosajonas para abrazar la música de raíces latinas. Al escucharla, todos abandonaron la banda.
Aquel tema se llamaba 'Chiquilla', y cambió para siempre la historia de Seguridad Social. Por si fuera poco, los últimos nueve años sin sacar material nuevo tampoco han sido perfectos: «Han ocurrido muchas cosas, desde un accidente de coche hasta la muerte de mi padre y mi mánager, que fueron golpes muy duros, pasando por el Covid, que casi me mató, o la ruptura sentimental con la que pensaba que era la mujer de mi vida», reconoce. Noticia relacionada Los del Río: «Michael Jackson estaba loco por grabar la 'Macarena'»
Israel Viana Es lo que Casañ llama sus «duelos», en los que se ha volcado para dar forma a su próximo álbum, 'Voy a Marte', que reúne las canciones escritas durante este tiempo y que ha estructurado en torno a las cinco fases que ha atravesado: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Un trabajo que llegará acompañado de un libro editado por Sargantana, con ilustraciones, poemas, relatos y fábulas, en el que participa su amigo Paco Roca, premio Nacional del Cómic por 'Arrugas' en 2008. Servirá de eje para el concierto de celebración del 45 aniversario del grupo en el Roig Arena de Valencia, el 1 de mayo de 2027. —¿Estuvo a punto de morir por el Covid? —Sí.
Lo cogí en un momento complicado. Acababa de separarme y se me juntó todo: el Covid, la separación y verme en un apartamento perdido de la mano de Dios que acababa de alquilar ese mismo mes. Mis hijos, además, estaban fuera.
Ahora me río, pero no tuvo gracia. Afortunadamente, improvisé un pequeño estudio en mi trastero con colchones y Javi Vela y yo empezamos a componer canciones por internet. La música me salvó.
Newsletter —¿Es un superviviente de la música? —Estoy vivo, evidentemente, pero nunca lo vi como una cuestión de supervivencia, sino de seguir avanzando con curiosidad. He tenido la suerte de escribir una decena de canciones que forman parte del imaginario colectivo. Eso es maravilloso, pero sigo teniendo la necesidad de buscar caminos nuevos.
Tras 45 años, es muy difícil competir con tus clásicos. También le pasa a los Rolling Stones. Estoy convencido de que si ahora compusiera una obra maestra comparable al 'Himno a la alegría' de Beethoven, jamás podría competir con 'Chiquilla', pero no me preocupa.
Lo importante es seguir creando. —Pero ha superado muchas crisis y modas de la industria musical. ¿Cuál ha sido la peor? —Somos grandes surferos del rock y la experiencia te enseña a ver venir las olas. Algunas no eran favorables para nosotros y, en vez de empeñarnos en navegarlas, preferimos agazaparnos y esperar a que pasaran.
La primera que nos cogió desprevenidos fue Operación Triunfo. Fue la peor. Estábamos en un gran momento, sacando discos y sonando con regularidad cuando, de repente, nos encontramos con que ya no había espacio para nosotros en los medios de comunicación ni en la industria.
Fue como el primer puñetazo cuando te subes a un ring: piensas que no te van a dar y, de pronto, llega. A pesar de todo, nunca dejamos de tocar. —Poca gente sabe que antes de 'Chiquilla', Seguridad Social ya había sacado cinco discos. No fue precisamente un pelotazo. —No, nos costó muchísimo trabajo, pero siempre he sido muy cabezón y mi objetivo nunca ha sido otro que subirme a un escenario.
De hecho, seguimos teniendo un caché relativamente asequible comparado con otras bandas, porque preferimos hacer muchos conciertos antes que ganar más dinero con la mitad. —¿Y cuál es su caché? Por si algún lector quiere contratar al grupo. —Ahora mismo estamos en torno a los 20.000 euros. Hacemos una media de 70 conciertos al año y tampoco queremos más.
El primer problema de un músico es conseguir vivir de la música, pero cuando lo consigue, necesita tiempo para la familia. En verano, si tienes hijos pequeños, es muy complicado disfrutar de ellos. Ese es el peaje de este oficio.
La formación actual de Seguridad Social. (ABC) —En la escena punk de Valencia, ¿vivió eso tan común de que le llamaran vendido? —Sí. Al principio me dolía un poco, porque era joven y me tomaba las cosas más en serio, pero con el tiempo entendí que las críticas, incluso las más duras, pueden servirte. Hay gente que vive enfadada con el mundo y que va a criticar cualquier cosa que hagas, porque arrastra una frustración enorme.
He recibido críticas de todos los colores y ya no me afectan demasiado. Lo curioso es que me cuesta más aceptar los halagos. Cuando me dan un premio o me elogian mucho, me siento más incómodo que cuando me critican. —Eso es inseguridad… —No lo sé… Podría ser, pero prefiero no analizarlo, por si acaso [risas]. —Tras el éxito de 'Chiquilla', ¿volvió a hablar con los compañeros de la banda que se fueron por esa canción? —Sí.
De hecho, durante la pandemia volvimos a reunirnos. No acabamos a hostias, simplemente no compartíamos el mismo camino y cada uno siguió el suyo. Con el tiempo me supo mal pensar que, después de haber luchado conmigo durante tantos años, se hubieran quedado a las puertas del éxito, porque antes habíamos hecho cosas importantes.
Giramos por Francia y actuamos en grandes festivales, pero no alcanzamos el éxito de verdad como con 'Chiquilla', así que volvimos a juntar la formación de 'Introglicerina' (Dro, 1990) y, de vez en cuando, hacemos algún concierto. Además, estarán en el Roig Arena. —¿Y cómo se pasa de 'Luzi es una zorra' a 'Chiquilla' o 'Mi rumba tarumba'? —Es una cuestión de madurez, de querer encontrar esos caminos nuevos. Me hice punk porque me sentía fuera de todo.
Era un inadaptado social, muy tímido, me costaba mucho relacionarme con la gente y me sentía marginado, aunque en realidad era automarginación, porque mi infancia fue feliz. Lo complicado fue la adolescencia. A medida que fui ganando seguridad, descubrí que había otras formas de expresar las cosas.
Nunca me ha gustado la frase: «No cambies nunca». Yo diría justo lo contrario: no dejes de cambiar jamás. —De tanto escucharla, ¿nunca llegó a aborrecer 'Chiquilla'? —Está feo que lo diga yo, pero es una de las pocas canciones de rock español de verdad. El rock utiliza un lenguaje universal, pero 'Chiquilla' tiene ese punto de rumba que la convierte en algo muy nuestro.
No es una simple imitación del rock anglosajón. Eso hace que conecte con mucha gente y que siga sonando en las fiestas populares después de tantos años. Solo puedo sentir agradecimiento.
Me ha dado muchísimo y sigo disfrutando cada vez que la tocamos. —¿Fue con 'Chiquilla' cuando empezó a entrar la pasta? —En realidad ocurrió dos meses antes de que saliera, cuando vimos que aquello empezaba a funcionar. Por fin pude independizarme y alquilar mi primera casa. Más que empezar a ganar dinero de verdad, fue el momento en que vimos que podíamos apostar definitivamente por la música sin que nuestros padres pensaran que estábamos locos. —¿Y sabe cuánto dinero ha ganado con esa canción desde 1991? —No tengo ni idea y, sinceramente, tampoco me preocupa.
Nunca he medido mi carrera por el dinero ni por la fama. Evidentemente, me gustaría ser millonario porque viviría con más tranquilidad… o quizá ni eso, quién sabe. Lo que sí sé es que nunca han sido mis prioridades.
Ha habido momentos en los que me ha costado pagar el alquiler, lo digo en serio. Después me arruiné dos veces. Primero con la crisis de 2008, cuando me metí en una hipoteca y dejaron de salir giras.
Casi pierdo la casa. Luego, en la pandemia, cuando estuvimos dos años sin trabajar. Aun así, jamás he pensado que tener más dinero me fuera a hacer más feliz.
Lo mismo me ocurre con la fama. Me encantaría que la gente supiera mis canciones, pero que no me conociera a mí… Bueno, eso cada vez pasa más [risas]. —¿Pero ha llegado a vivir la fama hasta el punto de no poder caminar tranquilo por la calle? —Hubo una época en la que fue complicado. Afortunadamente, siempre he vivido en Valencia y allí todo resulta un poco más familiar.
Seguramente mi carrera habría sido distinta si me hubiera marchado a Madrid, pero nunca quise. Valencia me tira mucho: el Mediterráneo, mis raíces, mi gente... comentarios Reportar un error José Manuel Casañ: «Me he arruinado dos veces con Seguridad Social» El autor de 'Chiquilla' recuerda los 45 años de la banda, desde que era un punki con cresta y cantaba 'Luzi es una zorra' hasta que le llegó el éxito una década después de girar por España y Europa mientras trabajaba por las noches en el horno de la panadería familiar Regala esta noticia Añádenos en Google José Manuel Casañ, de Seguridad Social. (ABC) Israel Viana Madrid 20/08/2026 a las 01:35h.
No se puede decir que el de José Manuel Casañ (Benetússer, 1963) haya sido un camino de rosas desde que fundó Seguridad Social en 1982. En aquel momento era un punki de los de cresta e imperdible, en cuya primera maqueta autoeditada –'Konsspiracion'–, ... incluía la pertinente «A» de anarquía y temas como 'Luzi es una zorra', 'Mata a un jubilado' y 'Mi almohada está preñada'. «Como era suicidamente optimista, pensaba que los temas que publicábamos se alzarían al número uno de las listas.
Estuve convencido desde 'Comerranas', el primer sencillo del debut, pero luego nada. Me estuve llevando tortas durante diez años», recuerda. Tuvo que seguir viviendo en casa de sus padres hasta los 30 años y cada madrugada debía ir a trabajar al horno de la panadería familiar, aunque esa noche hubiera actuado.
Cuando regresaba a Valencia de sus primeras giras por Europa reventado de kilómetros, en cuanto se bajaba de la furgoneta, se marchaba directo a hacer el pan del día siguiente con su padre, quien no le vio en concierto ni una sola vez hasta que Seguridad Social cumplió 15 años. «Menos mal, porque se habría sorprendido de lo punkarras que éramos», asegura. Un día de 1991 se presentó en el local de ensayo con una canción que había compuesto «en quince minutos», proponiendo a sus compañeros dejar atrás las influencias anglosajonas para abrazar la música de raíces latinas.
Al escucharla, todos abandonaron la banda. Aquel tema se llamaba 'Chiquilla', y cambió para siempre la historia de Seguridad Social. Por si fuera poco, los últimos nueve años sin sacar material nuevo tampoco han sido perfectos: «Han ocurrido muchas cosas, desde un accidente de coche hasta la muerte de mi padre y mi mánager, que fueron golpes muy duros, pasando por el Covid, que casi me mató, o la ruptura sentimental con la que pensaba que era la mujer de mi vida», reconoce.
Noticia relacionada Los del Río: «Michael Jackson estaba loco por grabar la 'Macarena'» Israel Viana Es lo que Casañ llama sus «duelos», en los que se ha volcado para dar forma a su próximo álbum, 'Voy a Marte', que reúne las canciones escritas durante este tiempo y que ha estructurado en torno a las cinco fases que ha atravesado: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Un trabajo que llegará acompañado de un libro editado por Sargantana, con ilustraciones, poemas, relatos y fábulas, en el que participa su amigo Paco Roca, premio Nacional del Cómic por 'Arrugas' en 2008.
Servirá de eje para el concierto de celebración del 45 aniversario del grupo en el Roig Arena de Valencia, el 1 de mayo de 2027. —¿Estuvo a punto de morir por el Covid? —Sí. Lo cogí en un momento complicado. Acababa de separarme y se me juntó todo: el Covid, la separación y verme en un apartamento perdido de la mano de Dios que acababa de alquilar ese mismo mes.
Mis hijos, además, estaban fuera. Ahora me río, pero no tuvo gracia. Afortunadamente, improvisé un pequeño estudio en mi trastero con colchones y Javi Vela y yo empezamos a componer canciones por internet.
La música me salvó. Newsletter —¿Es un superviviente de la música? —Estoy vivo, evidentemente, pero nunca lo vi como una cuestión de supervivencia, sino de seguir avanzando con curiosidad. He tenido la suerte de escribir una decena de canciones que forman parte del imaginario colectivo.
Eso es maravilloso, pero sigo teniendo la necesidad de buscar caminos nuevos. Tras 45 años, es muy difícil competir con tus clásicos. También le pasa a los Rolling Stones.
Estoy convencido de que si ahora compusiera una obra maestra comparable al 'Himno a la alegría' de Beethoven, jamás podría competir con 'Chiquilla', pero no me preocupa. Lo importante es seguir creando. —Pero ha superado muchas crisis y modas de la industria musical. ¿Cuál ha sido la peor? —Somos grandes surferos del rock y la experiencia te enseña a ver venir las olas.
Algunas no eran favorables para nosotros y, en vez de empeñarnos en navegarlas, preferimos agazaparnos y esperar a que pasaran. La primera que nos cogió desprevenidos fue Operación Triunfo. Fue la peor.
Estábamos en un gran momento, sacando discos y sonando con regularidad cuando, de repente, nos encontramos con que ya no había espacio para nosotros en los medios de comunicación ni en la industria. Fue como el primer puñetazo cuando te subes a un ring: piensas que no te van a dar y, de pronto, llega. A pesar de todo, nunca dejamos de tocar. —Poca gente sabe que antes de 'Chiquilla', Seguridad Social ya había sacado cinco discos.
No fue precisamente un pelotazo. —No, nos costó muchísimo trabajo, pero siempre he sido muy cabezón y mi objetivo nunca ha sido otro que subirme a un escenario. De hecho, seguimos teniendo un caché relativamente asequible comparado con otras bandas, porque preferimos hacer muchos conciertos antes que ganar más dinero con la mitad. —¿Y cuál es su caché? Por si algún lector quiere contratar al grupo. —Ahora mismo estamos en torno a los 20.000 euros.
Hacemos una media de 70 conciertos al año y tampoco queremos más. El primer problema de un músico es conseguir vivir de la música, pero cuando lo consigue, necesita tiempo para la familia. En verano, si tienes hijos pequeños, es muy complicado disfrutar de ellos.
Ese es el peaje de este oficio. La formación actual de Seguridad Social. (ABC) —En la escena punk de Valencia, ¿vivió eso tan común de que le llamaran vendido? —Sí. Al principio me dolía un poco, porque era joven y me tomaba las cosas más en serio, pero con el tiempo entendí que las críticas, incluso las más duras, pueden servirte.
Hay gente que vive enfadada con el mundo y que va a criticar cualquier cosa que hagas, porque arrastra una frustración enorme. He recibido críticas de todos los colores y ya no me afectan demasiado. Lo curioso es que me cuesta más aceptar los halagos.
Cuando me dan un premio o me elogian mucho, me siento más incómodo que cuando me critican. —Eso es inseguridad… —No lo sé… Podría ser, pero prefiero no analizarlo, por si acaso [risas]. —Tras el éxito de 'Chiquilla', ¿volvió a hablar con los compañeros de la banda que se fueron por esa canción? —Sí. De hecho, durante la pandemia volvimos a reunirnos. No acabamos a hostias, simplemente no compartíamos el mismo camino y cada uno siguió el suyo.
Con el tiempo me supo mal pensar que, después de haber luchado conmigo durante tantos años, se hubieran quedado a las puertas del éxito, porque antes habíamos hecho cosas importantes. Giramos por Francia y actuamos en grandes festivales, pero no alcanzamos el éxito de verdad como con 'Chiquilla', así que volvimos a juntar la formación de 'Introglicerina' (Dro, 1990) y, de vez en cuando, hacemos algún concierto. Además, estarán en el Roig Arena. —¿Y cómo se pasa de 'Luzi es una zorra' a 'Chiquilla' o 'Mi rumba tarumba'? —Es una cuestión de madurez, de querer encontrar esos caminos nuevos.
Me hice punk porque me sentía fuera de todo. Era un inadaptado social, muy tímido, me costaba mucho relacionarme con la gente y me sentía marginado, aunque en realidad era automarginación, porque mi infancia fue feliz. Lo complicado fue la adolescencia.
A medida que fui ganando seguridad, descubrí que había otras formas de expresar las cosas. Nunca me ha gustado la frase: «No cambies nunca». Yo diría justo lo contrario: no dejes de cambiar jamás. —De tanto escucharla, ¿nunca llegó a aborrecer 'Chiquilla'? —Está feo que lo diga yo, pero es una de las pocas canciones de rock español de verdad.
El rock utiliza un lenguaje universal, pero 'Chiquilla' tiene ese punto de rumba que la convierte en algo muy nuestro. No es una simple imitación del rock anglosajón. Eso hace que conecte con mucha gente y que siga sonando en las fiestas populares después de tantos años.
Solo puedo sentir agradecimiento. Me ha dado muchísimo y sigo disfrutando cada vez que la tocamos. —¿Fue con 'Chiquilla' cuando empezó a entrar la pasta? —En realidad ocurrió dos meses antes de que saliera, cuando vimos que aquello empezaba a funcionar. Por fin pude independizarme y alquilar mi primera casa.
Más que empezar a ganar dinero de verdad, fue el momento en que vimos que podíamos apostar definitivamente por la música sin que nuestros padres pensaran que estábamos locos. —¿Y sabe cuánto dinero ha ganado con esa canción desde 1991? —No tengo ni idea y, sinceramente, tampoco me preocupa. Nunca he medido mi carrera por el dinero ni por la fama. Evidentemente, me gustaría ser millonario porque viviría con más tranquilidad… o quizá ni eso, quién sabe.
Lo que sí sé es que nunca han sido mis prioridades. Ha habido momentos en los que me ha costado pagar el alquiler, lo digo en serio. Después me arruiné dos veces.
Primero con la crisis de 2008, cuando me metí en una hipoteca y dejaron de salir giras. Casi pierdo la casa. Luego, en la pandemia, cuando estuvimos dos años sin trabajar.
Aun así, jamás he pensado que tener más dinero me fuera a hacer más feliz. Lo mismo me ocurre con la fama. Me encantaría que la gente supiera mis canciones, pero que no me conociera a mí… Bueno, eso cada vez pasa más [risas]. —¿Pero ha llegado a vivir la fama hasta el punto de no poder caminar tranquilo por la calle? —Hubo una época en la que fue complicado.
Afortunadamente, siempre he vivido en Valencia y allí todo resulta un poco más familiar. Seguramente mi carrera habría sido distinta si me hubiera marchado a Madrid, pero nunca quise. Valencia me tira mucho: el Mediterráneo, mis raíces, mi gente... comentarios Reportar un error Los del Río: «Michael Jackson estaba loco por grabar la 'Macarena'»
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