De la 'Metamorfosis' de Ovidio a la de Meloni: el arte de sobrevivir cambiando
En la Galería Borghese, Dafne escapa dos veces. En la pared, en un pequeño cuadro de Piero del Pollaiuolo, la ninfa empieza a desaparecer bajo dos masas oscuras de laurel. En el centro de la sala, sig
De la 'Metamorfosis' de Ovidio a la de Meloni: el arte de sobrevivir cambiando La Galería Borghese devuelve a Roma al poeta de las Metamorfosis con una exposición cuyo catálogo abre con una frase profética: «Todo cambia y nada muere» Regala esta noticia Añádenos en Google Un visitante de la exposición fotografía el pequeño 'Apolo y Dafne' de Piero del Pollaiuolo, la obra que dialoga en la sala con el gran 'Apolo y Dafne' de Bernini.'. (Á. G.
Fuentes) Ángel Gómez Fuentes Roma 04/08/2026 a las 01:32h. En la Galería Borghese, Dafne escapa dos veces. En la pared, en un pequeño cuadro de Piero del Pollaiuolo, la ninfa empieza a desaparecer bajo dos masas oscuras de laurel.
En el centro de la sala, siglo y medio después, Bernini la detiene en mármol ... en el segundo exacto de la transformación: los dedos se vuelven hojas, los pies echan raíz, el cuerpo deja de pertenecerle. Entre una Dafne y otra, un visitante levanta el móvil y encierra el mito en otra pantalla. Ovidio no pudo imaginar Instagram.
Pero quizá habría entendido el gesto. La escena resume el viaje entero: del verso a la pintura, de la pintura al mármol, del mármol al teléfono. Todo cambia de soporte, nada desaparece del todo.
El catálogo lo proclama desde la primera página, en latín y en italiano, como una ley del mundo: Omnia mutantur, nihil interit. 'Todo cambia y nada muere'. Esa frase sostiene 'Metamorfosi. Ovidio e le arti (Metamorfosis.
Ovidio y las artes)', la gran muestra que la Galería Borghese abre al público del 23 de junio al 20 de septiembre, tras su primera etapa en el Rijksmuseum de Ámsterdam, pero en Roma adquiere un sentido inevitablemente distinto. Es el regreso del poeta a la ciudad que lo expulsó. Augusto lo desterró en el año 8 d.C. a Tomis, a orillas del mar Negro, la actual Constanza rumana, por una causa que el propio poeta resumió en dos palabras enigmáticas: carmen et error (un poema y un error).
La ironía es digna de las Metamorfosis: el hombre que narró todas las transformaciones sufrió la más cruel, la del destierro. Roma lo expulsó; dos mil años después lo devuelve bajo los focos de uno de sus museos más prestigiosos. Noticia relacionada Lujuria, celos, pasión y deseo: las 'Metamorfosis' de Ovidio, 2.000 años de inspiración Natividad Pulido La profesora Francesca Cappelletti, directora de la Galería Borghese y comisaria de la muestra, no habla del museo como de un simple contenedor.
Lo llama 'la villa de las metamorfosis'. No exagera. El cardenal Scipione Borghese, sobrino de Pablo V, no construyó solo una residencia para guardar obras maestras.
Fabricó una máquina de prestigio, placer, mito y poder, pensada para que la Antigüedad, la poesía, la pintura y la escultura se mirasen unas a otras. Las Metamorfosis son, recuerda Cappelletti, el libro más ilustrado tras la Biblia. Durante siglos el poema fue cantera de imágenes para artistas, traductores, moralistas, miniaturistas, pintores y escultores.
Si hay un cuerpo que cambia, una pasión que desborda, un dios que desea, una mujer que huye, un castigo que se vuelve forma o una pérdida que se transforma en flor, casi siempre hay un Ovidio detrás. Los comisarios explican a ABC por qué Ovidio sigue hablando a una época obsesionada con transformar cuerpo, imagen e identidad La directora elige, en entrevista con ABC, el pequeño 'Apolo y Dafne' de Piero del Pollaiuolo como una de las obras que más la conmueven: todavía muy cerca de la tradición ilustrada del libro, pero anunciando ya el dinamismo que llegará en el siglo XVI y culminará en el Bernini del XVII. Ese cuadrito, discreto en la pared, parece mirar al mármol gigantesco de Bernini en el centro de la sala.
Toda la exposición cabe en ese diálogo. 'El rapto de Proserpina', de Bernini y un detalle en primer plano y otras obras que se exhiben en la galería Borghese de Roma. (Á. G. F.) Newsletter Ovidio no presenta la metamorfosis como un accidente, sino como el principio que gobierna la naturaleza, los dioses y los hombres.
En torno al 'Rapto de Proserpina' de Bernini se despliega el mundo subterráneo de Plutón, con el conmovedor 'Orfeo y Eurídice' de Rubens, del Museo del Prado: el precio del amor hecho pintura. 'Pigmalión', en la obra de Gérôme y Rodin, lleva la metamorfosis al límite entre el arte y la vida. Y 'Perseo y Medusa' muestran el rostro opuesto: la transformación como destrucción y, a la vez, salvación. Tocados por los dioses Frits Scholten, conservador de escultura del Rijksmuseum y comisario de la muestra, cuenta a este diario que lo que más le 'golpeó' fue volver a ver el 'Rapto de Proserpina', de Bernini: ese instante de desesperación en el que la mano de Plutón se hunde en la carne de la joven.
No es solo virtuosismo barroco. Es deseo, violencia, miedo y mármol respirando. Scholten insiste en que no conviene leer todas las metamorfosis como castigo.
Lo decisivo, explica, es el momento en que los dioses tocan al ser humano: ese contacto libera una energía que siempre ha fascinado a los artistas. A veces salva, a veces destruye, a veces condena, a veces abre una libertad inesperada. «Por el amor se paga un precio», resume.
Cappelletti lo formula desde otra orilla. Ovidio nos habla hoy, dice a ABC, porque muestra hasta qué punto las formas son inestables y cómo «incluso los confines del cuerpo, que creemos dominar», pueden transformarse: antes por el toque divino, hoy por el deseo o por la ciencia. La frase parece escrita para una época que retoca el cuerpo, administra la imagen y convierte la biografía en relato.
La política también cambia la piel Esa inestabilidad de las formas, que Cappelletti lee en el cuerpo y Scholten en el deseo, gobierna también un territorio que Ovidio conoció en su forma más dura, el poder. Y en Italia, el poder tiene una vieja palabra asociada al cambio: transformismo, el arte de cambiar de alianzas o piel política que ejerce de deporte nacional desde el siglo XIX. Resulta entonces una paradoja ovidiana que la metamorfosis más comentada del momento sea la de quien presume de no mudar nunca: Giorgia Meloni vive la suya, y no una, sino dos.
Hacia fuera, frente a Donald Trump. Hacia dentro, frente al general Roberto Vannacci. En ambos casos, la misma pregunta: en qué debe convertirse una líder para no perderse.
Entre Trump y Vannacci, la primera ministra italiana descubre que también el poder muda de piel para sobrevivir La primera transformación se ha visto en la crisis con Washington tras el G-7 celebrado en la población francesa de Évian-les-Bains. Durante años, Meloni cultivó una sintonía natural con el mundo trumpiano: soberanismo, identidad nacional, crítica a las élites, desconfianza hacia Bruselas. Pero una cosa es compartir un lenguaje de oposición y otra ejercer el poder desde un Estado aliado, con bases militares y compromisos atlánticos.
Italian Prime Minister Giorgia Meloni accused her one-time close ally Donald Trump of fabricating a story about her, after the US president told an Italian TV channel that she had 'begged' him to take a photo with her at the G7 summit https://t.co/lMm0HYeIZi pic.twitter.com/PCAtaSRv8j— Reuters (@Reuters) June 19, 2026 Cuando Italia le negó el uso de sus pistas militares en la crisis con Irán, Trump la acusó de haberle suplicado una foto para maquillar sus encuestas. Meloni respondió con dureza inédita hacia un aliado: negó haber suplicado nada y le recordó que su popularidad no era asunto suyo. La frase estaba destinada a permanecer: «Italia y yo no imploramos jamás».
El soberanismo que la acercó al trumpismo la obliga ahora, desde el Gobierno, a plantarse ante Washington: otra metamorfosis, la de la aliada que se descubre rival para seguir siendo ella misma. Trump dijo que en el G-7 Giorgia Meloni le había rogado una foto. (Afp) La segunda presión llega desde dentro, y quizá sea más honda. El general Roberto Vannacci, reconvertido en tribuno y fundador de Futuro Nazionale, defensor de la «remigración»; y situado a la derecha de Matteo Salvini, líder de la Liga, ha adelantado este pasado mes de junio a la Liga en intención de voto por primera vez, según Sky TG24.
No amenaza todavía el liderazgo de Meloni, pero altera el equilibrio de la coalición de derechas. La tentación inmediata sería imitarlo: endurecer el gesto, desempolvar símbolos, cerrar filas en el fortín. Pero hay otra metamorfosis posible.
Ernesto Galli della Loggia, historiador y editorialista del Corriere della Sera, ha visto en el desafío de Vannacci una oportunidad para Meloni: no correr detrás de una derecha reaccionaria y simplificadora, sino plantarle cara desde «una derecha europea, conservadora en los valores, liberal en los derechos», atlántica y capaz de abrirse al centro. Cambiar de forma, en ese caso, no sería esconderse. Sería escoger una forma.
Ahí está, al fin, el precio de su metamorfosis, y es el más ovidiano de todos: entre lo que Meloni prometió en su programa electoral y lo que hace en Palazzo Chigi hay una distancia muy considerable: es el aprendizaje del poder. Para gobernar, ha tenido que dejar de ser, en parte, la que prometió ser. Las Metamorfosis son deseo y celos, lujuria y venganza, astucia y miedo, dolor, poder y redención.
Pero bajo casi todas sus fábulas late una sola ley: se sobrevive perdiendo algo. También la política exige sacrificios de identidad. Quien estos días recorra la Galería Borghese, quizá no sentirá que visita un museo del pasado.
Sospechará algo más incómodo: que Ovidio llevaba 2.000 esperándonos a la salida. Todo cambia y nada muere. Cambian las alianzas, los partidos, las máscaras, los cuerpos y los dioses.
Lo difícil, en Roma como en sus museos, no es cambiar. Es reconocer, bajo la forma nueva, lo que no muere. Temas Italia Roma Giorgia Meloni Donald Trump La Metamorfosis comentarios Reportar un error De la 'Metamorfosis' de Ovidio a la de Meloni: el arte de sobrevivir cambiando La Galería Borghese devuelve a Roma al poeta de las Metamorfosis con una exposición cuyo catálogo abre con una frase profética: «Todo cambia y nada muere»
Regala esta noticia Añádenos en Google Un visitante de la exposición fotografía el pequeño 'Apolo y Dafne' de Piero del Pollaiuolo, la obra que dialoga en la sala con el gran 'Apolo y Dafne' de Bernini.'. (Á. G. Fuentes) Ángel Gómez Fuentes Roma 04/08/2026 a las 01:32h.
En la Galería Borghese, Dafne escapa dos veces. En la pared, en un pequeño cuadro de Piero del Pollaiuolo, la ninfa empieza a desaparecer bajo dos masas oscuras de laurel. En el centro de la sala, siglo y medio después, Bernini la detiene en mármol ... en el segundo exacto de la transformación: los dedos se vuelven hojas, los pies echan raíz, el cuerpo deja de pertenecerle.
Entre una Dafne y otra, un visitante levanta el móvil y encierra el mito en otra pantalla. Ovidio no pudo imaginar Instagram. Pero quizá habría entendido el gesto.
La escena resume el viaje entero: del verso a la pintura, de la pintura al mármol, del mármol al teléfono. Todo cambia de soporte, nada desaparece del todo. El catálogo lo proclama desde la primera página, en latín y en italiano, como una ley del mundo: Omnia mutantur, nihil interit. 'Todo cambia y nada muere'.
Esa frase sostiene 'Metamorfosi. Ovidio e le arti (Metamorfosis. Ovidio y las artes)', la gran muestra que la Galería Borghese abre al público del 23 de junio al 20 de septiembre, tras su primera etapa en el Rijksmuseum de Ámsterdam, pero en Roma adquiere un sentido inevitablemente distinto.
Es el regreso del poeta a la ciudad que lo expulsó. Augusto lo desterró en el año 8 d.C. a Tomis, a orillas del mar Negro, la actual Constanza rumana, por una causa que el propio poeta resumió en dos palabras enigmáticas: carmen et error (un poema y un error). La ironía es digna de las Metamorfosis: el hombre que narró todas las transformaciones sufrió la más cruel, la del destierro.
Roma lo expulsó; dos mil años después lo devuelve bajo los focos de uno de sus museos más prestigiosos. Noticia relacionada Lujuria, celos, pasión y deseo: las 'Metamorfosis' de Ovidio, 2.000 años de inspiración Natividad Pulido La profesora Francesca Cappelletti, directora de la Galería Borghese y comisaria de la muestra, no habla del museo como de un simple contenedor. Lo llama 'la villa de las metamorfosis'.
No exagera. El cardenal Scipione Borghese, sobrino de Pablo V, no construyó solo una residencia para guardar obras maestras. Fabricó una máquina de prestigio, placer, mito y poder, pensada para que la Antigüedad, la poesía, la pintura y la escultura se mirasen unas a otras.
Las Metamorfosis son, recuerda Cappelletti, el libro más ilustrado tras la Biblia. Durante siglos el poema fue cantera de imágenes para artistas, traductores, moralistas, miniaturistas, pintores y escultores. Si hay un cuerpo que cambia, una pasión que desborda, un dios que desea, una mujer que huye, un castigo que se vuelve forma o una pérdida que se transforma en flor, casi siempre hay un Ovidio detrás.
Los comisarios explican a ABC por qué Ovidio sigue hablando a una época obsesionada con transformar cuerpo, imagen e identidad La directora elige, en entrevista con ABC, el pequeño 'Apolo y Dafne' de Piero del Pollaiuolo como una de las obras que más la conmueven: todavía muy cerca de la tradición ilustrada del libro, pero anunciando ya el dinamismo que llegará en el siglo XVI y culminará en el Bernini del XVII. Ese cuadrito, discreto en la pared, parece mirar al mármol gigantesco de Bernini en el centro de la sala. Toda la exposición cabe en ese diálogo. 'El rapto de Proserpina', de Bernini y un detalle en primer plano y otras obras que se exhiben en la galería Borghese de Roma. (Á.
G. F.) Newsletter Ovidio no presenta la metamorfosis como un accidente, sino como el principio que gobierna la naturaleza, los dioses y los hombres. En torno al 'Rapto de Proserpina' de Bernini se despliega el mundo subterráneo de Plutón, con el conmovedor 'Orfeo y Eurídice' de Rubens, del Museo del Prado: el precio del amor hecho pintura. 'Pigmalión', en la obra de Gérôme y Rodin, lleva la metamorfosis al límite entre el arte y la vida.
Y 'Perseo y Medusa' muestran el rostro opuesto: la transformación como destrucción y, a la vez, salvación. Tocados por los dioses Frits Scholten, conservador de escultura del Rijksmuseum y comisario de la muestra, cuenta a este diario que lo que más le 'golpeó' fue volver a ver el 'Rapto de Proserpina', de Bernini: ese instante de desesperación en el que la mano de Plutón se hunde en la carne de la joven. No es solo virtuosismo barroco.
Es deseo, violencia, miedo y mármol respirando. Scholten insiste en que no conviene leer todas las metamorfosis como castigo. Lo decisivo, explica, es el momento en que los dioses tocan al ser humano: ese contacto libera una energía que siempre ha fascinado a los artistas.
A veces salva, a veces destruye, a veces condena, a veces abre una libertad inesperada. «Por el amor se paga un precio», resume. Cappelletti lo formula desde otra orilla.
Ovidio nos habla hoy, dice a ABC, porque muestra hasta qué punto las formas son inestables y cómo «incluso los confines del cuerpo, que creemos dominar», pueden transformarse: antes por el toque divino, hoy por el deseo o por la ciencia. La frase parece escrita para una época que retoca el cuerpo, administra la imagen y convierte la biografía en relato. La política también cambia la piel Esa inestabilidad de las formas, que Cappelletti lee en el cuerpo y Scholten en el deseo, gobierna también un territorio que Ovidio conoció en su forma más dura, el poder.
Y en Italia, el poder tiene una vieja palabra asociada al cambio: transformismo, el arte de cambiar de alianzas o piel política que ejerce de deporte nacional desde el siglo XIX. Resulta entonces una paradoja ovidiana que la metamorfosis más comentada del momento sea la de quien presume de no mudar nunca: Giorgia Meloni vive la suya, y no una, sino dos. Hacia fuera, frente a Donald Trump.
Hacia dentro, frente al general Roberto Vannacci. En ambos casos, la misma pregunta: en qué debe convertirse una líder para no perderse. Entre Trump y Vannacci, la primera ministra italiana descubre que también el poder muda de piel para sobrevivir La primera transformación se ha visto en la crisis con Washington tras el G-7 celebrado en la población francesa de Évian-les-Bains.
Durante años, Meloni cultivó una sintonía natural con el mundo trumpiano: soberanismo, identidad nacional, crítica a las élites, desconfianza hacia Bruselas. Pero una cosa es compartir un lenguaje de oposición y otra ejercer el poder desde un Estado aliado, con bases militares y compromisos atlánticos. Italian Prime Minister Giorgia Meloni accused her one-time close ally Donald Trump of fabricating a story about her, after the US president told an Italian TV channel that she had 'begged' him to take a photo with her at the G7 summit https://t.co/lMm0HYeIZi pic.twitter.com/PCAtaSRv8j— Reuters (@Reuters) June 19, 2026 Cuando Italia le negó el uso de sus pistas militares en la crisis con Irán, Trump la acusó de haberle suplicado una foto para maquillar sus encuestas.
Meloni respondió con dureza inédita hacia un aliado: negó haber suplicado nada y le recordó que su popularidad no era asunto suyo. La frase estaba destinada a permanecer: «Italia y yo no imploramos jamás». El soberanismo que la acercó al trumpismo la obliga ahora, desde el Gobierno, a plantarse ante Washington: otra metamorfosis, la de la aliada que se descubre rival para seguir siendo ella misma.
Trump dijo que en el G-7 Giorgia Meloni le había rogado una foto. (Afp) La segunda presión llega desde dentro, y quizá sea más honda. El general Roberto Vannacci, reconvertido en tribuno y fundador de Futuro Nazionale, defensor de la «remigración»; y situado a la derecha de Matteo Salvini, líder de la Liga, ha adelantado este pasado mes de junio a la Liga en intención de voto por primera vez, según Sky TG24. No amenaza todavía el liderazgo de Meloni, pero altera el equilibrio de la coalición de derechas.
La tentación inmediata sería imitarlo: endurecer el gesto, desempolvar símbolos, cerrar filas en el fortín. Pero hay otra metamorfosis posible. Ernesto Galli della Loggia, historiador y editorialista del Corriere della Sera, ha visto en el desafío de Vannacci una oportunidad para Meloni: no correr detrás de una derecha reaccionaria y simplificadora, sino plantarle cara desde «una derecha europea, conservadora en los valores, liberal en los derechos», atlántica y capaz de abrirse al centro.
Cambiar de forma, en ese caso, no sería esconderse. Sería escoger una forma. Ahí está, al fin, el precio de su metamorfosis, y es el más ovidiano de todos: entre lo que Meloni prometió en su programa electoral y lo que hace en Palazzo Chigi hay una distancia muy considerable: es el aprendizaje del poder.
Para gobernar, ha tenido que dejar de ser, en parte, la que prometió ser. Las Metamorfosis son deseo y celos, lujuria y venganza, astucia y miedo, dolor, poder y redención. Pero bajo casi todas sus fábulas late una sola ley: se sobrevive perdiendo algo.
También la política exige sacrificios de identidad. Quien estos días recorra la Galería Borghese, quizá no sentirá que visita un museo del pasado. Sospechará algo más incómodo: que Ovidio llevaba 2.000 esperándonos a la salida.
Todo cambia y nada muere. Cambian las alianzas, los partidos, las máscaras, los cuerpos y los dioses. Lo difícil, en Roma como en sus museos, no es cambiar.
Es reconocer, bajo la forma nueva, lo que no muere. Temas Italia Roma Giorgia Meloni Donald Trump La Metamorfosis comentarios Reportar un error Lujuria, celos, pasión y deseo: las 'Metamorfosis' de Ovidio, 2.000 años de inspiración Natividad Pulido Freidora de aire, heladera y ventilador: mis 3 imprescindibles de SharkNinja para el verano Alejandra Santisteban Guiu Jordi Cruz, sobre sus inicios en televisión: «Tuve dos años que viví la noche en Madrid. Probé cosas, pero no me sentaron bien»
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